Espías, escuchas, guarangadas, dilemas

10 de febrero de 2017

Carlos Leyba

“La vida de los otros” –película alemana – relata el espionaje a disidentes en Berlín Oriental. El protagonista espía protege al disidente y despista a la SIDE alemana. La policía, no habiendo encontrado las pruebas que buscaba, no las inventa.Nuestra SIDE ha inventado pruebas al servicio del poder de turno. Siendo Jefe de Gabinete Alberto Fernández, los servicios le inventaron una cuenta ilegal en el exterior a Enrique Olivera, un hombre extraordinario. Esa artimaña del poder kirchnerista dio vuelta el que habría sido el triunfo de Olivera.Nuestros espías – con esas acciones – están en el subsuelo moral comparado con la infame SIDE del régimen comunista. Peores y soberanamente inútiles.Ningún gobierno ha elegido a una persona capacitada y además casi todos con antecedentes poco rescatables.Dos Jefes de la Inteligencia, uno PRO y el otro K, han sido protagonistas de conductas poco ejemplares. Oscar Parrilli está acusado de haber cajoneado la información que daba con el paradero de un perseguido por la Justicia. El vendedor de jugadores de futbol Gustavo Arribas, navega en un sancochado disparado por un arrepentido de la mayor de corrupción de América Latina. Continuar leyendo

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10 febrero 2017

Espías, escuchas, guarangadas, dilemas

Tiempos de pos verdad

3 de febrero de 2017

Carlos Leyba

El triunfo del “no” en Colombia, del Brexit, de Donald Trump o el de Benoit Hamon en la izquierda francesa ha provocado una conmoción. Todos los pronósticos basados en encuestas, los analistas más prestigiosos de los medios, los consultores políticos, de manera unánime habían instalado el triunfo de la verdad. La imposibilidad que la insensatez dominara los votos de los ciudadanos convenientemente informados por el pensamiento que, básicamente, todos entendían correcto.Como consecuencia de este desencuentro generalizado entre el pensamiento correcto y los votos, o los mecanismos que permiten acceder al poder, se ha pensado en un nuevo concepto que pueda explicarlo. No en las razones que pudieran dar lugar a comprender el origen del desencuentro en cada uno de esos escenarios.Ante la sorpresa el Diccionario Oxford incorporó la palabra pos-verdad (post-truth) y la definió como la situación en que “los hechos objetivos influyen menos … que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Hay una “verdad verdadera” y otra “emotiva” y ésta es la “mentira transformada por emoción” con la salvedad de que lo es siempre y cuando se convierta en creencia mayoritaria. Continuar leyendo

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03 febrero 2017

Tiempos de pos verdad

La gran opción proyecto propio o ajeno.

26 de enero de 2017

Carlos Leyba

 Cipayos hay y habrá siempre. Son los tributarios de un proyecto ajeno sean conscientes o no de serlo. La única manera de saberlo es la pregunta por el proyecto propio. Si no está, si no se lo busca, entonces, inexorablemente, el proyecto ajeno será el que se ejecute. Estamos a 200 años de la mayor epopeya liberadora, el Cruce de los Andes. Un proyecto propio realizado con investigaciones y un plano del que sería el camino de la liberación, encomendado por el Gran Capitán, llevado a cabo a partir de los planos del cruce realizados por José Antonio Alvarez de Condarco. Un dato histórico tan valorado por José de San Martín que lo hizo padrino de su hija. Continuar leyendo

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26 enero 2017

La gran opción proyecto propio o ajeno.

PROBEMOS CON EL MIEDO

19 de enero de 2017

Carlos Leyba

Cada año se repite en Davos un encuentro de CEOs globales, de las personalidades destacadas en el campo de las tendencias más sólidas en el mundo de los negocios y – en general – ocurre con poca presencia de empresarios argentinos. Continuar leyendo

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21 enero 2017

PROBEMOS CON EL MIEDO

Blanqueos, perdón y cancha desnivelada

30 de diciembre de 2016

Carlos Leyba

Esta semana hubo dos blanqueos. Uno, el blanqueo, de una parte, de los capitales en negro fugados. El perdón. El otro, el blanqueo público de las relaciones entre “son yo” y Alfonso Prat Gay. “Son yo” – por propia declaración presidencial – es (siendo tantos son uno) Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui más el alma, J. Duran Barba y la voz, Mauricio Macri. La cancha desnivelada. Veamos.  El blanqueo de capitales, o salida del escondite del anonimato fiscal, corresponde a una parte de los capitales fugados, cuyo total se estima en, aproximadamente, 400 mil millones de dólares. Los capitales se fugan, básicamente, por tres razones. Veamos. Continuar leyendo

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30 diciembre 2016

Blanqueos, perdón y cancha desnivelada

Salir por arriba

23 de diciembre de 2016 

Carlos Leyba

 

La Navidad será celebrada por el Gobierno con enorme alivio. Los nubarrones mas densos de fin de año parecen haberse aplacado. La señal más clara ha sido que, finalmente, la cuestión de Ganancias, en la que se había empantanado el gobierno por imprudencia por decir lo menos, fue rescatada por el senador Miguel Picheto que propuso salir por “arriba”.  

“Arriba” significó salir del Parlamento y habilitar una mesa de acuerdo con sindicalismo y gobernadores, para dar lugar a la votación parlamentaria que cerró el conflicto.

La zanahoria fue la mesa de acuerdo y el garrote votar el proyecto Kicillof.

Remedando al gran Leopoldo Marechal “de un laberinto se sale por arriba”. Miguel Picheto, que ha brillado en los espacios televisivos en los últimos días, logró darle al gobierno una lección acerca del valor incalculable de hacer política (lo repetiremos hasta el cansancio “argumentar y pactar” ) y lo beneficioso de sus consecuencias.

Hoy tenemos una ley de ganancias, la mejor políticamente posible, gracias a que se argumentó y se pactó y se dejó de lado el proyecto sorpresa de la soberbia de los CEOs, Marcos Peña y J. Duran Barba.

Pero al mismo tiempo, Picheto, ofreció una lección al interior de su partido, el peronismo, y es que sin la presencia del movimiento obrero y del peso de los gobernadores, no hay consenso posible. Y como corolario, logró, la reducción a su mínima verdadera dimensión de “La Campora” ,cuyo representante es hoy Axel Kicillof que, en el otro extremo de la soberbia, instrumentó un proyecto destinado a romper la lógica de la administración.

Pero lo que queda, más allá de esta pequeña buena nueva, es la resaca de este largo año de recesión hijo de un previo estancamiento. Este año, en materia económica, ha sido pésimo.

La pobreza, los problemas de empleo y el poder de compra de los salarios han empeorado. La consecuencia fue un consumo retraído. La competitividad de la estructura económica, definida por la capacidad de exportar creciente valor agregado, ha declinado. El balance de comercio exterior industrial ha sido negativo.

La capacidad del Estado para equilibrar sus cuentas se ha reducido notablemente.

Nada de todo esto es nuevo; simplemente prorroga lo heredado. Y habilita la pregunta más repetida, plena de ansiedad, de si en 2017 la economía crecerá.

Y la respuesta sin excepciones es que sí. El PBI del año próximo será mayor que el de 2016. Resuelve ese que será modesto crecimiento los problemas que heredamos ahora de 2016 y que acabamos de listar, sociales, de exportaciones, de fiscalidad. No.  

Es que ese PBI acrecentado de 2017 dará lugar a un producto por habitante tal vez menor al de 2010.

¿Somos conscientes de lo crítico de esa situación de retroceso y estancamiento?

Ese crecimiento de 3 o 4 por ciento será un alivio mayor. Pero es la consecuencia biológica de un rebote. Tocamos piso en el último trimestre de 2016 y la llegada al piso supone un rebote, no un cambio provocado de tendencia.

Y al ser así, n o nos saca de la situación crítica porque un rebote por sí no ayuda a superar los conflictos más comprometedores y lo que sí arriesga es a confundir rebote con crecimiento y generar una nueva modorra intelectual en el diseño de la política.

Durante estos años la población creció mas que el promedio del incremento del valor agregado neto: no olvide que nos consumimos muchos stocks.

Crecer es una buena noticia. Pero crecer un año no resuelve los problemas de varios años de malas noticias silenciadas por los gobiernos y descontextualizadas por los analistas más leídos. Baqueanos que tapan el rastro.

El conformismo que nos domina, el miedo a reconocer dónde realmente estamos, es consecuencia del espanto que produce la enorme dificultad de darle solución. La repetición del mismo diagnóstico, que es cómoda, y de los mismos remedios, que es inercial, es la causa de la inmensidad de la pobreza que

erosiona los cimientos de la sociedad. Y esa repetición es la consecuencia de la incapacidad colectiva de encontrar la llave del crecimiento. La buscamos, como el borracho, bajo el farol iluminado de la esquina a pesar que todos sabemos que la hemos perdido al intentar abrir la puerta del crecimiento que está a la mitad de la cuadra.

El farol de la esquina tiene colgadas frases, no la única, del tipo “inserción en el mundo” que, más allá de la obviedad, sin visión sistémica se convierte en una clase vacía. Deberíamos prohibir repetir lugares comunes, que nos han costado mucho, en un mundo que competirá con mayor virulencia por la captación de mercados.

Todo esto remite a la cuestión instalada de Mario Vargas Llosa que se traduce en  “cuándo se jodió Argentina”.

Un prestigioso dirigente empresario, que no lo nombró para no comprometerlo, dice que desde el año 1980 el crecimiento ha sido cero. Podemos ir más atrás. Pero una generación entera es más que suficiente para ubicarnos en la crónica del tiempo de la desgracia.

No crecimos y como consecuencia aumentó la pobreza (en 40 años de 800 mil a 13 millones) por cancelación expresa de oportunidades y ello arrastró a un colosal deterioro de la estructura del Estado y a la caída de su productividad.

La debilidad del Estado está asociada a los fracasos acumulados en la educación masiva medida en comparaciones internacionales, al agigantamiento de la inseguridad y al hecho gravísimo de que el país va quedando cautivo de oligarquías improductivas de concesionarios que se han hehco cargo de actividades que antes fueron estatales. Esta realidad más que grave no está siendo adecuadamente ponderada: está en la matriz del kirchnerismo y sus decisiones contrarias al desarrollo pero no ha quedado afuera en este período del PRO. Carlos Pagni, a quien es imposible acusar de enemigo de Mauricio Macri, lo dice cuando nos recuerda que “el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño reporta a Daniel Angelici, quien además de presidir Boca, explota bingos” (La Nación,22 diciembre). Todos esos son males que se entierran en el barro del estancamiento: la cabeza es lo que se pudre primero y si el control del Estado sigue en manos de la oligarquía de los concesionarios será muy difícil reconvenir la dirección equivocada del proceso histórico.

El crecimiento es el territorio desde dónde se pueden resolver los problemas sociales profundos. Si es así ¿el crecimiento puede esperar?

Obviamente que cada año perdido aleja la solución de los problemas de la misma manera que cada año más, viviendo en las condiciones de pobreza, aleja la posibilidad de salir de ella. El tiempo cuenta y mucho. La pobreza deteriora la capacidad de vivir plenamente, porque elimina la capacidad de proyectar la propia vida. Y la falta de crecimiento, en una economía, deteriora la estructura todos los días un poco más. Es obvio. Nada nuevo.

¿Pero qué es lo que hace que no estemos comprometidos en un debate profundo por cómo crecer?

“Para quedarte donde estás tienes que correr lo más rápido que puedas…y si quieres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido.” (A través del espejo, Lewis Carrol)

Esta frase sintetiza dos cuestiones centrales de la política económica.

La primera tiene que ver con el propósito de mantener el nivel de vida comparado con las economías nacionales que pertenecen al mismo círculo de nuestra periferia.

El segundo apunta a la convergencia respecto de aquellas economías de mayor nivel de desarrollo y que pertenecen al “centro”.

La convergencia de la periferia al centro es la idea que preside, salvo excepciones, la acción de todos los policy makers hoy y hace décadas.

El Centro ha ido cambiando de ocupantes a través de los años y de la misma manera quienes ocupan los distintos círculos de la Periferia.

No hay una sola medida para localizar la posición de cada Nación sea en el área del centro o en los distintos círculos de la Periferia.

Todas las mediciones adolecen de la pretensión de exactitud y de la realidad de ser simples aproximaciones.

Puede ocurrir que una Nación se encuentre en el mismo Centro por el tamaño, la capacidad tecnológica, la capacidad de generar capital y al mismo tiempo estar en niveles de equidad o de pobreza que, miradas de ese ángulo, deberían estar en la periferia. No es sencillo.

La ráfaga de inequidad, desempleo, conflictos sociales de las últimas décadas ha desvencijado a muchas economías que aún gozan del privilegio del tamaño, de la capacidad tecnológica y de generar capital.

Muchos problemas propios de la periferia, en estos años, han llegado al Centro. Pero ha sido la condición de Centro (tamaño, tecnología, capital) la que les permitió en su momento alejarse de los problemas de la periferia. Y sin duda esa condición es la que habrá de permitirles, condición necesaria aunque no suficiente, volver a superar esos problemas.

En la recreación de las condiciones de centro reside la posibilidad de escalar en los círculos de la periferia en dirección al Centro.

Desde esa comparación ¿qué nos pasó para alejarnos del Centro? Hemos experimentado una asombrosa caída de la

tasa de inversión. Los países que más han crecido en las últimas décadas, que han experimentado un incremento sostenido de su productividad urbana, medida a través de su participación en el comercio internacional de manufacturas, y que al mismo tiempo han mejorado la distribución interna del ingreso, son aquellos que casi duplican nuestra actual tasa de inversión. Esa es la medida de nuestro atraso en el proceso de crecimiento.

En los días que corren hay una confusión de lenguaje que es notablemente perniciosa. Nuestra economía urbana y particularmente la manufacturera, está condicionada por una importante capacidad ociosa. Estructuras disponibles para un mayor nivel de producción.

Lo que aqueja a esos sectores es la “desactivación” y hay que reactivarlas. Sin duda. Volver a poner en acto ese potencial ya acumulado que implica maquinarias, conocimientos y personal calificado para ello que hoy están ociosos. Es sin dudarlo una pérdida de recursos y una pérdida de bienestar colectivo a la que la visión keynesiana de la macroeconomía le aportó su terapia.

La política de ingresos, de crédito y de gasto público deben comprometerse para producir esa reactivación que implica promover todos los ítems de la demanda global privada y pública. Allí la promoción del consumo es un punto importante. Obviamente ex post facto el Consumo Privado representa el 58 por ciento de la Demanda Global y un incremento del 10 por ciento implica, lo demás constante, un incremento del 4,6 por ciento en el PBI y 1,2 en importaciones.

En este marco de recesión y estancamiento prolongado, resulta obvio que la prédica por un aumento en el Consumo privado implica una apuesta fuerte a la reactivación.

Pero para que esa reactivación de la demanda se materialice en expansión del PBI, las condiciones de competencia en el mercado local deben ser tales que, esa expansión, no se convierta en un incremento absorbido por las importaciones que, por un lado, deteriore el balance comercial y que por el otro incremente la capacidad ociosa y termine desplazando definitivamente sectores de la producción local. La elasticidad producto de las importaciones en los últimos años K estuvo en niveles extraordinarios: vale decir “crecer” sin más, es decir sin tener en cuenta dirección y administración de la reactivación, implica prepararse para un nuevo stop por balanza de pagos.

Sutilmente nos desbarrancamos en una enorme confusión. Para crecer hay que acumular. No hay crecimiento sin inversión. Y el consumo, así sin más, es una excelente herramienta de reactivación, pero – sin aditamentos – no es una herramienta del crecimiento.

La economía argentina está estancada desde hace décadas y en un período recesivo desde 2010 por la simple razón que la tasa de inversión es menor a la tasa de excedente local y menor al nivel necesario para la reproducción del sistema, que sólo está en estado vital si ocurre lo obvio: el crecimiento sostenido de la Población Económicamente Activa, el incremento del número de personas ocupadas en empleos productivos y una reducción de la tasa de desempleo real. Esto es las unidades del sistema de productividad media o alta, comparativamente hablando, deben absorber el desempleo no coyuntural, el sub empleo, los empleos informales y provocar el traspaso del empleo improductivo o de baja productividad.

Eso requiere una masa de inversiones anuales por el término de no menos de 6 años que duplique la actual tasa de inversión y orille el 30 por ciento anual. La base de ese proceso inversor debe surgir de excedentes locales. La inversión extranjera es, cualquiera sea la voluntad de los gobiernos, complementaria.

Para que los excedentes locales fluyan a la inversión debe crearse las condiciones imprescindibles. Las que rigen en todos los países del Centro y en muchos de la periferia. Condiciones de promoción al capital, condiciones financieras y fiscales.  Es obvio que no se puede competir en atraer inversiones locales sino se ofrecen las mismas condiciones que en los países centrales en términos de plazos de financiamiento y tasas y en términos de apoyos fiscales. La alternativa a esa decisión es pretender salarios de hambre como los supo tener China en su momento, momento en que, por otra parte, el Estado garantizaba la suerte de las inversiones.

Desde aquí no podemos cambiar al mundo. Pero modestamente podemos copiarlo. El Centro de Estrategia de Estado y Mercado, identificó, entre 2007 y 2015, 54 empresas estadounidenses con subsidios a la inversión por más de 100 millones de dólares cada una: entre ellas Nike, 2 mil millones, Ford 1,6 mil millones, Thyssen Krupp mil millones de dólares. El mundo pelea por inversiones … con instrumentos y no con “inserción en el mundo”.

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23 diciembre 2016

Salir por arriba

Más que humano

20 de diciembre de 2016

 

Carlos Leyba

 

Mauricio Macri sorprendió: “Marcos Peña, Mario Quintana, Gustavo Lopetegui, son mis ojos y mi inteligencia” (La Nación). Y agregó “son yo”. Estamos ante algo que es más que humano.

La conducción PRO no es un individuo, tampoco es un Comité ni una “mesa chica”. Es una “gestalt”.

Theodore Sturgeon (Más que humano, 1953) relata que seis niños, con habilidades psíquicas particulares, formaban una Gestalt (Forma, en alemán) porque eran capaces de unirse psíquicamente, de tal manera, que formaban una sola entidad. Lo que llamamos Macri, no es Mauricio, sino que es una Gestalt.

En la novela de Sturgeon la Gestalt estaba integrada por seis, en el caso Macri ¿son sólo cuatro? El “alma” inspiradora es Jaime Duran Barba: el quinto miembro.

El misterio es quién es el sexto que ha de ser el que brinda el carácter mutante de esta “Gestalt”. El sexto no es siempre el mismo – hay enormes diferencias de acción que indican lo distinto -, y su aparición mutante ha de ser la causa que cambia la dirección de la “forma”, que es la dirección del gobierno.

Hay aspectos imprevisibles en la Gestalt Macri. Veamos ejemplos: un decreto nombrando miembros de la Corte y vuelta inmediata atrás; una ley de blanqueo promulgada cerrando ese generoso perdón fiscal a los familiares de los funcionarios y luego otro decreto inmediato con incorporación del perdón a los funcionarios vía familiares.

Quien inspira pasos tan contrarios no puede ser el mismo miembro, aunque la “forma o Gestalt” siga siendo la misma.

Los miembros que entran y salen, brindan esa imagen de provisorio, de “ya corrijo”, de nada es definitivo.

La definición de Mauricio de “Gestalt” ¿ayuda a comprender lo que a los ojos simplemente humanos aparece como contradicción? ¿Se trata simplemente de un cambio de integración de la Gestalt lo que hace azarosa las idas y vueltas gubernamentales?

¿Cómo podríamos entender la acción de la Gestalt Macri sin “un sexto miembro mutante”? Cómo explicarnos, sin descalificaciones tempranas y sin introducir el criterio del sexto mutante, que se haya afirmado que se disponía del mejor equipo de gobierno de la historia y al mismo tiempo reconocer que no conocían (el equipo) el real estado de la Nación a fines de 2015.

La única explicación es que el miembro de la Gestalt que hizo el diagnóstico en 2015 no es el mismo que hizo el diagnóstico una vez en el poder.

En criollo, si el sexto miembro de 2015 es el mismo que el de 2016, la cuenta da ignorancia. Le damos el crédito que uno es el del 2015, y otro el de 2016. Mutación y no ignorancia.

¿Es el mejor equipo aquél que fue incapaz de un diagnóstico correcto?

Siendo indulgente pensemos que el sexto miembro de la Gestalt – el que marca los pasos – cambió y el de 2015 no es el de 2016.

De esa “diferencia” se desprende el galimatías en el que hoy todos estamos metidos. La cuestión Ganancias, Presupuesto, marcha de la economía.

El Presidente y los miembros de la etnia marketing prometieron, en campaña, excluir a los asalariados del pago del Impuesto a las Ganancias. Hasta noviembre 2016 la promesa estaba sepultada. Y como todos los que salen de bajo tierra, que es lo que ocurrió cuando el Ejecutivo incluyó un proyecto en Extraordinarias, generó el pánico lógico que producen los enterrados cuando se ponen a caminar.

Importa destacar que los errores, cambios, idas y vueltas, seguramente, no son responsabilidad de los cinco miembros plenos de la Gestalt (Macri, Quintana, Peña, Lopetegui, Duran) sino de aquellos que se incorporan de manera fugaz a “la forma”. Ellos causan daño por pasos exploratorios e improvisados y al retirarse, paradojalmente, habilitan la solución. Logran dar paso a la solución porque previamente dieron el paso del daño. Es el problema de la mutabilidad del sexto que también es parte de “son yo”, pero en este caso provisoriamente: los otros cinco son permanentes.

La confesión de su carácter gestalt ofrecida por Mauricio ayuda a comprender los pasos de un gobierno. Veamos. El gobierno está signado por el marketing que, a su vez, está gobernado por las encuestas. Ese es el mundo Duran-Peña. El marketing es el alma de este gobierno. Un marketing sin intermediación. De uno a uno. Vía redes sociales, que en realidad son vías individuales, twiter , etc., y que para el PRO son la “nueva política”. Es un aspecto fundamental de la Gestalt Macri.

Para los marketineros PRO no hay sociedad, no hay pueblo, en todo caso hay gente, que son individuos con problemas concretos, individuos a los que dirigirse individualmente y a los que hay que resolverle el problema “concreto” sin atender a cuestiones sistémicas que, para ellos, no existen: solo hay individuos.

Tentado estoy de decir que, en esta dimensión, la política es una suma de soluciones de gerentes municipales. Salvando la distancia, es notable la coincidencia con la transformación del peronismo que reemplazó la columna vertebral del movimiento obrero, que lo ponía de pie en torno a la producción como objetivo, por la columna vertebral de los intendentes del conurbano, que se sostiene mediante la distribución para sostener el mínimo consumo.

Sería muy largo reflexionar acerca de esto, pero hay un insólito parentesco cuya síntesis tal vez sea Mariah Eugenia Vidal. Pero es otro tema. Dejemos el marketing.

La visión de la Gestalt Macri también está motorizada por “la gestión”. Y ese el mundo Quintana-Lopetegui. La gestión, el Excel, es la otra fase permanente de esto “más que humano”: todos sumados, dice Mauricio, son uno yo.

Marketing más Gestión completan la plataforma sobre la que divisamos la cara visible que es Mauricio.

Todo parece indicar que los pasos que dan dirección (no el marketing ni la gestión ni la cara visible) aparecen como consecuencia de la acción del sexto y fugaz miembro de “la forma”.

Ese miembro que entra y sale, ha sido a veces Elisa Carrió, otras Alfonso Prat Gay o Daniel Angelici, etc.

A partir de esa frase original y provocadora del Presidente es posible despuntar el actual método de conducción de los asuntos públicos.

Nadie duda que el gobierno pondera “la gestión” y no sólo el marketing. Pero se gestiona para comprar o para vender, para exportar o para importar, para producir o para consumir. La gestión es independiente de qué, del para qué y del por qué. Por eso los CEOs, consultores, managers, gestionan. En este caso todo. La salud, la educación, la seguridad o la macro, son gestionadas por las mismos miembros de la Gestalt que no están especializados en ninguna rama y sí en “la gestión”. Pensemos en la idea de gestión sin objetivos. ¿Qué nos dice?

Si para la Gestalt Macri, en la gestión anida la idea de éxito, estamos ante un error grave. “Éxito” no es una categoría de la política pública.

El qué, el para qué y el por qué – en esta definición de la Gestalt Macri – están relegados al arbitrio del sexto miembro ocasional, que entra y sale, cuyos pasos son provisorios y pueden ser rectificados sin pudor.

Nunca son pasos largos, pasos con proyección de futuro, por eso son rápidamente rectificables. Si esto no funciona, corregimos. Esta idea de la política torna a la proyección ocasional. Una malformación

La característica de los pasos, que orienta el sexto miembro ocasional, no son ni de marketing – que es permanente -, ni de gestión que también se adjetiva de esa manera, son pasos “al toro”. Veamos.

Hubo presión por ganancias y aquí va un proyecto. No sabemos como terminará esta cuestión. Pero lo que sí sabemos es que ese proyecto del Ejecutivo no será ley. Será otra cosa pero no la que el Ejecutivo, a instancias del sexto miembro, se propuso.

En este esquema conceptual reside el problema principal del gobierno. El orden de las jerarquías altera su resultado. De lo que se ocupa el sexto miembro, los pasos a dar, la dirección, está relegado a ser el último orejón del tarro. Cuando debía ser el primero.

Los pasos a dar (el para qué) es lo ocasional, lo que se puede cambiar, el contragolpe. Muy K.

Al igual que para el kirchnerismo el marketing sin intermediación, pero que en los K era lanzado en cadena nacional, es lo más importante. La comunicación: Duran y Peña.

La primera diferencia con el Kirchnerismo es la preocupación por la gestión. Los K jamás se ocuparon de eso: la prueba es el despilfarro de recursos y la ausencia de resultados. Nadie duda que la construcción de rutas será ahora mejor administrada.

Pero la coincidencia fatal entre ambos elencos está en el manifiesto repudio a los planes, programas y consensos que Néstor y Cristina Kirchner ejercitaron de manera instintiva.

La coincidencia en el rechazo al plan y al consenso la manifiesta plenamente la Gestalt Macri cuando pone en el máximo nivel al marketing y a la gestión, sin siquiera ocuparse seriamente del para qué.

Con pésima gestión y buen marketing, a Néstor le fue bien cuando el “para qué” vino de los términos del intercambio y cuándo esa dinámica se desaceleró, todo empezó a ir mal.

La Gestalt Macri no tiene los términos del intercambio a favor y tiene a la economía en el piso y a la sociedad perforando la superficie hacia abajo. Nada indica que algo de eso vaya a cambiar sino se lo propone.

Primero “porque no hay viento favorable para velero sin rumbo” y segundo porque tampoco hay viento favorable. Con rumbo y motor se puede avanzar.

Sin rumbo ni motor, no hay marketing ni gestión que transforme la realidad. Pueden venderla mejor y administrarla de maravilla. Pero no cambiarla.

Macri, con su definición de Gestalt, ha dicho que eso, marketing y gestión, es lo que le preocupa. No alcanza. En realidad lo que debería hacer ya mismo Cambiemos, es repensar la función del sexto miembro de la “forma” Sturgeon. Ese sexto miembro tiene que ser el que piense el largo plazo, el país deseado y el que formule un programa de verdad: no hay programa sin instrumentos.

Ninguna de esas condiciones país deseado, largo plazo, programa, instrumentos tiene el menor sentido sin la búsqueda de consenso, de argumentar y pactar. Esa carencia nos está asfixiando.

Me temo que “la forma, la gestalt” sea un sustituto del diálogo y del consenso con “los demás”. Porque se sustancia sólo entre ellos que, además, son yo. El ensimismamiento trágico.

Es el método que, desgraciadamente, la Gestalt implica. Argumentan y pactan entre “nosotros cinco” y a veces seis. Ese método fracasó. ¿Entonces?

 

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20 diciembre 2016

Más que humano

Torpeza o método

17 de diciembre de 2006

Carlos Leyba

Este gobierno no la tiene fácil. La herencia económica y social aún, después de un año, no ha sido adecuadamente inventariada. Cada caja que se abre contiene nuevas malas noticias.Frente a los problemas, las fuerzas propias con las que cuenta la administración son, en síntesis, débiles.Minorías parlamentarias, territorios con mayoría de administradores de la oposición, un poder judicial imprevisible porque no está regido sólo por las leyes y el sentido común; y un elenco ejecutivo, seguramente, apto profesionalmente pero con una dosis enorme de inexperiencia y soberbia.El elenco adolece de una sobrestimación de su capacidad y de la eficiencia de sus ideas.La suma de todo eso define un gobierno difícil en una situación interna extremadamente compleja y a eso debemos sumarle un marco externo impiadoso. Continuar leyendo

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17 diciembre 2016

Torpeza o método

EXAMEN DE CONCIENCIA

12 de diciembre de 2016

Carlos Leyba

Llegan las fiestas. Las cuentas pendientes se vienen encima. Ultimo partido del año… parlamentario. Sesiones extraordinarias e impuesto a las ganancias propuesto por el Ejecutivo. Mauricio Macri esperaba que Sergio Massa firmara un contrato de adhesión. Massa no lo firmó. Y ahora la pelota correrá entre el Senado y el veto. Y en el medio idas y vueltas. La idea central era que, rechazada la posibilidad de acuerdo, en subsidio, el PRO supuso que cada uno se empecinaría en su proyecto. Había tres en danza. La reforma al impuesto a las ganancias habría de sucumbir por exceso de proyectos sin los votos necesarios. Continuar leyendo

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12 diciembre 2016

EXAMEN DE CONCIENCIA