La tendencia

15 de agosto de 2016

Carlos Leyba

En la coyuntura presente de la economía influye, de manera notable, la tendencia en la que la misma venía desenvolviéndose. Lo hace tanto la tendencia del marco exterior como la de las cosas que estaban ocurriendo internamente. En todas esas tendencias que, sobre el presente confluyen siendo una, tiene un peso definitivo las decisiones de la política pública previa. La economía del presente puede analizarse, entonces, desde la perspectiva de la tendencia en el sentido de discutir si la política actual ha, por ejemplo, revertido la tendencia o si acaso la ha profundizado. Continuar leyendo

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15 agosto 2016

La tendencia

¿Otra vez?

13 de agosto de 2016

 

Carlos Leyba

 

La Resolución 125 – sancionada con un notable desconocimiento de la estructura rural, con una inigualable soberbia que cerraba los oidos a las advertencias y las críticas, y con soprendentes contradicciones – ya que el autor (aunque luego lo ha tratado de negar) y protagonista (exponiendola en la Casa Rosada y en cadena nacional) había escrito, junto con Javier Gonzalez Fraga, un libro en el que abogaba en contra de todas las retenciones, puso al país en un estado de conflicto gratuito e inexplicable. Un ejemplo extraordinario de cómo las decisiones públicas sin conocimiento honesto de la situación, con cerrazón de oídos a todos los sectores y abiertos sólo a los que se quiere escuchar, y contradictorias con el propósito general, generan conflictos dificiles de resolver. Todo perdida.

Si entonces no hubiera sido por el “no positivo” de Julio Cobos, la 125 del trío Martín Lousteau, Alberto Fernández y Cristina Elisabet, el gobierno de CFK habría sido conmocionado por una rebelión rural de la que hubo atisbos en algunos municipios en los que los chacareros de mano pesada hicieron sentir el peso de la indignación.

El “no positivo” fue una salida política. Aún hoy nadie asume la responsabilidad del error técnico, económico y político que signó todo el gobierno de CFK y cavó la “grieta” en profundidad.

Ahora bien la cuestión tarifaria que generó el ruidazo, que complicó la vida de las empresas, que ha consumido energía social por los cuatro costados, también necesita de una solución política.

Es que los que tomaron la decisión de multiplicar no conocen, no saben cuál es el costo del gas en boca de pozo. Y el problema es que a partir de ese costo es que debe estructurarse la tarifa. El Estado no lo sabe porque no ha auditado esos costos. En la base de las cuestión hay una colosal ignorancia que puede ser voluntaria o involuntaria. Pero en cualquier caso en la decisión hay una ignorancia fundamental, y poco importa que sea inocente o culpable.

Los funcionarios se han negado a escuchar (no para defenderse o atacar, que no es escuchar) a los sectores afectados y a todas las voces técnicas, y no sólo la de los consultores que asesoran a las empresas petroleras. No escuchar es soberbia. Hasta ahora el diálogo, en la sede de las decisiones, se ha llevado a cabo con los que están de acuerdo. Y no es un grupo menor. Hay muchos, demasiados, intereses convergentes. No necesariamente ilegitimos. Pero el Estado, los funcionarios, son agentes del bien común, no de intereses parciales.

Y hay una contradicción en procurar la baja de la inflación y aumentar la competitividad de nuestra economía, y a la vez alterar bruscamente los precios relativos y transferir enormes recursos (sin conocer los costos) a sectores oligopólicos. El gobierno continuando el subsisio al barril de petróleo y colocando un precio al gas en boca de pozo que carece de fundamento, está generando una transferencia de ingresos a las petroleras, gigantesco. Casi el ingreso del impuesto extraordinario del blanqueo por año. Es una cifra que como mínimo obliga a repensar.

La no solución política de este entuerto (la política pasa por el consenso de largo plazo desde una perspectiva estratégica) contribuirá al crecimiento del clima de crispación, que le erosiona al gobierno la confianza ganada y que aleja las posibilidades de acordar una política de ingresos razonable que, hasta ahora, no ha estado siquiera en la agenda del PRO.

Las tarifas – que son las que están al final de este recorrido –son parte de la política de ingresos aunque el gobierno se niegue a entender que es así. Y reitera la actitud no sistémica de la política económica llevada a cabo en todos los sectores. Por un lado la política monetaria y en dirección contraria la del gasto público, por un lado compensaciones sociales y por el otro desmadre de las importaciones que terminaran mas adelante terminando con una fuente del valor que es el trabajo. Urge que el gobierno recupere la condición básica de lo que signfica gobernar “unificación de mando y criterio global”. Jack el Destripador no es un concepto de gobierno sino todo lo contrario.

Pues bien, Cobos con el “no positivo”, que enfureció al kirchnerismo, sacó a ese gobierno de un pantano en el que, empujando como venían, se enterreban más y más. Hoy estamos ahí. Sin una decisión política estamos empantanados.

También hay un menjunje juridico que fabricó el menemismo. Por ejemplo las decisiones podrían ser jurídicamente correctas y políticamente muy alejadas del Bien Común. Por eso la verdadera cuestión de fondo, que siempre es política, no puede quedar en manos de los jueces.

Es obvio que las tarifas absurdas de los servicios (gas, luz, agua) no tienen fundamento alguno y que – con fundamentos reales – hay que diseñar una ruta para lograr que no haya necesidad de financiamiento fiscal para la provisión de esos recursos con las excepciones que caben para consumidores que lo necesiten y para actividades productivas para las que el costo real sea insostenible. Pero esa decisión es posterior a una previa.

Aclaremos ¿qué deberíamos estar discutiendo?. Estamos discutiendo, aparentemente, lo que van a pagar por la energía los usuarios. Pero lo que en realidad estamos decidiendo es lo que se van a llevar los concesionarios de gas y de petróleo a sus bolsillos. Todo el dinero que sale de los usuarios pasa varias estaciones pero finalmente la llegada va al principio que es “la boca de pozo”: sale de ahí el gas y vuelve ahí el dinero.

El capricho jurídico es que las audiencias, que habría incumplido el gobierno, solo corresponden – de acuerdo a la ley menemista – a las tarifas, que son las que pagamos por el transporte y la distribución. Pero la ley no establece audiciencias para fijar el precio del gas y del petróleo en boca de pozo, que es la componente básica del valor final de la energía.

La justicia dejará que se deje el precio de boca de pozo en manos de las empresas y de los funcionarios energéticos (muchos de ellos ex hombres de las empresas) sin ventilar los verdaderos costos, los que sólo se podrían conocer por medio de una auditoría estatal. Sólo se harán las audiciencias, no vinculantes, para informar las razones del aumento de las tarifas.

Pero lo básico son los precios en boca de pozo y lo que sigue es accesorio. Lo básico ya está arreglado entre las empresas y los funcionarios. Lo accesorio, lo propiamente tarifario, esperará a la audiciencia no vinculante. ¿Y lo que tiene que ver con el Bien Común?

Veamos, las empresas del oligopolio petrolero tienen la concesión de extraer (recordemos que el petróleo es de las provincias). Ellas sostienen que el precio del gas debe fijarse al nivel del “import parity” que, presuntivamente, es más alto que el costo de extraer más una utilidad razonable (“cost plus”). La idea “detrás” es que el precio lo fija el mercado. Para las empresas no se trata de un bien estratégico. Excepto para lo que ellos llaman “gas nuevo” para el que lograron, por decisión de Julio de Vido, más de 7 dólares el MMBTU. Para estas mismas empresas el barril de petróleo no debe fijarse por la “import parity” que es, mas o menos, 40 dólares el barril, este – para las empresas – no es un bien de “mercado”. Es un bien estratégico por el que deben cobrar, más o menos, el 50 por ciento más.Muchachos¡¡

Las mismas empresas, pozos hermanos, para una extracción una cosa y para la otra, otra. Solo se parecen en que, para las dos, las empresas piden lo más alto. Y para ambas cosas el Estado ignora los costos de extracción. Por eso lo que está pendiente es una decisión política. Y la que está llevando a cabo el gobierno es una decisión sin información y con dos criterios diferentes para lo que hace el mismo concesionario.

Como sin duda ambos bienes son estratégicos, también lo son los servicios que lo extraen. Y lo legítimo es conocer los costos y diseñar una estrategia en la que la pregunta central es ¿la exploración debe ser pagada por los usuarios del gas y el petróleo, o la inversión de riesgo debe ser recuperada – como amortización – en el precio de los bienes? Ese es un debate político que hay que dar porque siendo una cuestión estratégica es de largo plazo y debe estar en búsqueda de consenso.

El kirchnerismo le regaló el subsidio al barril de petroleo a las petroleras, le amplio las concesiones y le puso el gas nuevo a más de 7 dólares el MM BTU. Y el macrismo repitió con el petroleo. Y quiere llevar el “gas viejo” a 5 dólares y pico.

¿Cuál es el costo? Una respuesta imprescindible que el Estado no sabe. Nosotros tampoco. Pero hay algunos indicios.

“YPF … según su Informe Financiero de 2015 presentado ante la SEC de EEUU, para producir un barril equivalente de petróleo erogó 18 U$S/bep … YPF es el principal protagonista en la actividad del shale oil, shale gas y tight gas con un participación del 85% en las inversiones del 2015. En dicho barril equivalente hay producción de petróleo y de gas, si distribuimos ese costo en función de los ingresos generados por las ventas del petróleo y gas producidos por YPF en el 2015, resulta que esos 18 U$S/bep se reparten de la siguiente manera: costo de producción del petróleo 27 U$S/barril, costo de producción del gas 1,9 U$S/MMBTU … valores similares a los de Canadá” El gas natural bien suntuario o bien necesario, Nicolás Di Sbroaivacca, Fundación Bariloche

Queda claro que la opción “cost plus” (decisión política) pareciera que está lejos de los 5 dólares de JJ Aranguren que están generando la explosión de la “tarifa 125”.

El fundamento es el precio de “import parity”. Veamos 7.08 dólares MM BTU para el LNG de Chile, 3,11 para el gas de Bolivia y 4,50/5,86 dólares para el LNG importado por Bahía Blanca y Escobar. El promedio ponderado por volumen daría 5,15 dólares MM BTU. Si de la información de YPF concluímos un costo de 2 dólares el MM BTU, entonces en la “tarifa 125” hay implícito un beneficio “extraordinario” de 3,15 dólares por MM BTU motorizado por el criterio “import parity”.

¿Cuál es la conducta optimizadora del balance de un oligopolio? Administrar la producción para incrementar el precio. Una estrategia aplicada de las petroleras argentinas es “insistir” en la necesidad de importar. Si importamos hay posibilidad de sostener el criterio de “import parity”. ¿Realmente necesitamos importar? ¿Realmente, como repiten todos los funcionarios y consultores, no hay gas?

La respuesta de las concesionarias que, por declaración jurada informan las reservas comprobadas y certificadas de las empresas, es que disponemos de entre 6 y 8 años de reservas de gas medidas en términos de consumo.

Este nivel de reservas año tras año implica que se declaran reservas que compensan el consumo para que el balance de las firmas no se deteriore. Pero como el Estado no audita las reservas no sabemos si hay mucho más gas comprobado, aunque no esté “certificado”. Mas y no menos. Porque – dado el criterio de presentación de balance – el beneficio de la empresa es certificar lo necesario y no lo posible.

El criterio de “bajas reservas” sirve para sostener la importación (sospechada de negocio cómplice para los funcionarios) y a la vez justificar la idea de “no hay gas” y con el criterio de escacez, subir el precio. De primero inferior.

Poco creíble, salvo que el Estado auditando con expertos, por ejemplo, noruegos determine que YPF mintió a la SEC en sus costos, y concluya que hay 6/8 años y que no cabe la posibilidad de reponer nunca más reservas convencionales.

Si el Estado audita y certifica costos y reservas, y le da la razón a las petroleras, entonces “la tarifa 125” tiene fundamento y sólo hay que ver como desarmamos la bomba.

Pero si YPF no mintió, y aumentar las reservas convencionales tiene el costo histórico, entonces, hay que barajar y dar de nuevo y establecer las condiciones del negocio para que sea para el Bien Común.

Las petroleras oligopólicas necesitan mantener “bajas” las reservas, crear el clima de que “no hay energía”, reducir la producción con el consumo en crecimiento, crear la necesidad de importar y así presionar por el precio de “import parity” (mas caro que que el “cost plus”) que “revelaría las intenciones del “mercado”. Claro que esas condiciones de mercado son generadas por las empresas oligopólicas del sector. Producir menos y subir el precio. Pero, sorpresa, si el “import parity” es mas bajo que el “cost plus”, como es en el caso del barril de petróleo, entonces el Estado y los consumidores debemos subsidiarlos.

En definitiva se trata de una tarea de la política. Y no del lobby petrolero que pareciera le ha impuesto al gobierno otra vez “la 125”.

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13 agosto 2016

¿Otra vez?

La tarifa 125

11 de agosto de 2016

Carlos Leyba

La cuestión tarifaria necesita de una solución política. Los que la decidieron no conocen, no saben cuál es el costo del gas en boca de pozo. Y el problema es que a partir de ese costo es que debe estructurarse la tarifa. El Estado no lo sabe porque no ha auditado esos costos. Continuar leyendo

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11 agosto 2016

La tarifa 125

¿Cómo salimos?

8 de agosto de 2016

Carlos Leyba

Los argentinos vivimos preocupados, y con razón, por ser siempre una joven promesa económica que, en las últimas cuatro décadas, se ha desmaterializado en términos de bienestar social. Fallamos en lo colectivo.

La prueba es haber multiplicado por 16 el número de pobres entre 1974 y el presente, al tiempo en que la población se multiplicó por 2. Fábrica de pobres que ahora condiciona nuestro futuro a pesar de disponer un bono demográfico, país joven que no habrá de envejecer en los próximos 20 años. Pero a ese bono hay que calificarlo. El 40 por ciento o más de los jóvenes ha nacido en la pobreza con más carencias que horizontes. Fue durante el período menemista donde se consolidó una tasa de pobreza del 20 por ciento y – luego de la crisis de 2001/2 – fue en el período K que subimos el piso por encima del 25 y en el desbarranco de los dos últimos años consolidamos el 30. Todos han hecho su aporte.

 

El gran contraste de ese descomunal fracaso no sólo es nuestra inmensa riqueza (“producimos alimentos para 500 millones de personas”) que no sabemos distribuir ni multiplicar y sí sólo extraer. Al contraste de la naturaleza hay que sumarle otro enorme que es el de los éxitos, desproporcionados en relación a nuestra población, que han logrado personalidades aquí nacidas y educadas, en la ciencia, las artes o los deportes. Acumulamos abundancia relativa, en términos poblacionales, de Premios Nobel. Y por sobre todas las cosas tenemos un argentino ocupando la silla de Pedro, Francisco, descollando como respetado líder moral mundial.

 

¿Esta galería de individualidades superiores es un indicador de las capacidades que tenemos? Si y por eso es difícil comprender como se disipan esas energías.

 

Desde 1974 a 2014 el PBI mundial por habitante creció en promedio 1, 44 por ciento. Nosotros 1, 27 por ciento. Cuarenta años debajo del promedio mundial. Responsables somos todos.

 

Por eso es lógico que cada nueva administración aspire a un cambio de rumbo y de camino, para superar nuestra marca, sobre todo, en términos sociales. El propio Mauricio Macri no deja de repetir que su prioridad es la lucha contra la pobreza.

 

Una línea argumental habitual – de quienes conducen – es ejemplificar modelos exitosos para emular. Nadie imagina que la imitación es posible ni deseable. Cada Nación, cada geografía, cada período, tienen sus especificidades.

 

Pero la exploración de lo que hacen otros es pedagógica, y está muy bien lanzar la idea para dibujar un destino y una ruta.

 

Resulta jocoso recordar que Cristina Elisabet Fernández dijo que “su modelo” a imitar era Alemania. Jocoso porque hizo todo lo contrario a lo que, ante cada problema, hicieron los alemanes con su capitalismo renano. No somos Alemania. Pero, vaya paradoja, Aníbal Fernández está convencido que aquí hay menos pobreza que en Alemania. ¿Ignorancia, Mentira, Confusión, Cinismo?

 

En este imaginarnos ser como son otros, en el PRO, está ganando espacio el modelo Australiano que propone la corriente CEO, que dirigen Mario Quintana y Francisco Cabrera y que alimenta Lucio Castro. Ellos inspiran a Marcos Peña y motivan a Mauricio Macri.

 

Veamos. Australia tiene alto nivel de vida (aunque se redujo en 10 mil dólares por habitante en los últimos 4 años) y tuvo un crecimiento importante en el período de boom de las materias primas.

Para evitar la confusión, que produce el abuso de alegrías del tipo crecimiento a “las tasas chinas” del período K, hay que mirar el largo plazo. Lo que hicimos al principio de la nota para nosotros. Entre 1974 y 2014 el PBI por habitante de Australia creció, en promedio, 1,83 por ciento. Unas décimas más que el promedio mundial. Pero infinitamente menos que el 5,85 por ciento que, en el mismo período, creció el PBI por habitante de Corea del Sur o el 3,71 por ciento promedio del Sudeste de Asia. Ni Corea ni el Sudeste siguieron el modelo neoliberal australiano “post 80s” sino más bien todo lo contrario. Australia o Corea, ambas inalcanzables, son direcciones absolutamente opuestas.

 

Australia ha desarrollado la doble dependencia de sus materias primas y de China. Su ritmo se aplaca al mismo tiempo que lo hicieron las materias primas y el tractor que es el Celeste Imperio. Corea del Sur tiene 478 robots cada 10 mil obreros industriales y Alemania 292. Todo indica que Corea desarrolló doble independencia.

 

En Cambiemos hay personas más formadas, más cultas, mejor informadas y mas conocedoras de la realidad social y de la administración del Estado que el grupo CEO. Los CEO tienen una visión simplista, ingenua, elemental – tal vez buena para los negocios – pero, por ahora, inspiran a Macri que, recordemos, tiene más de contratista de obra pública que de carrera industrial. Franco Macri no es, ni fue, ni podría ser Roberto Rocca.

 

Muestra de la simpleza de los CEO es que ellos motorizan la multiplicación (aún no lograda) por 2,5 del precio del gas en boca de pozo. Lo hacen sin haber auditado los costos de producción (que difícilmente superen 2 dólares el MM de BTU y están muy lejos de los 5 dólares que le han regalado al lobby petrolero) y sin medir las consecuencias. Razonan como “ejecutivos” ignorando que en política no existe la categoría del éxito: todo rebota. También son los que sostienen “los beneficios” del subsidio del 50 por ciento a las petroleras sobre el precio internacional del barril de petróleo. También sin auditar los costos. Esas son transferencias del orden de los 6 mil millones de dólares año.

 

Los CEOs, al igual que Axel Kicillof, Julio de Vido y Cristina Elisabet, son “concesionarios friendly”. El ministerio de energía y los entes vinculados, están poblados – más allá de su honestidad personal – por funcionarios que mas tarde o mas temprano, a pura incompatibilidad legal o moral, deberán desfilar por Comodoro Py. En esto nada cambió.

 

Lo que sí cambió es, por ejemplo, el escalamiento de las tarifas de la energía, gobernadas por el desconocimiento de los costos o la ignorancia deliberada, que será un mazazo sobre la competitividad de las industrias, encepadas por la continua revaluación cambiaria; y sobre el ingreso disponible de las familias sitiadas por una tasa de inflación que se autogobierna. Una llave de judo sobre el sistema productivo y social.

 

Con esa concepción no hay política para contener la inflación. Salvo que los CEO crean que la recesión con importación lo sea. Y tampoco para promover el desarrollo.

 

Es que el grupo CEO aspira a las “conquistas” australianas de los 80’: eliminación de restricciones a la importación, rebaja de aranceles, privatizaciones y debilitamiento de los sindicatos; alianza con China y especialización en materias primas y en particular en minerales. Australia, con ese modelo, está condenada a la complementariedad con la China cuyo crecimiento ha generado la valorización de sus recursos energéticos y minerales y también su velocidad perdida en los últimos años. La orientación sectorial es clara; y peor es la adhesión a la vinculación con China que encandiló a los K y ahora a los M. Los M que gritaban, cuando Cristina Elisabet se ataba a los yuanes para no hundirse por agujero en la caja, hoy celebran represas, centrales atómicas y cesión de tierras al Ministerio de la Defensa de la RPCH que ayer los escandalizaban. “Hombres necios que acusáis …”

Volvamos a Australia. La caída de las materias primas y el cambio de velocidad china han implicado que el ritmo de las décadas pasadas se haya frenado. “La economía australiana está en transición. Parte del sector de los recursos naturales está sufriendo por la caída del precio de las materias primas, por lo que el país se enfrenta a varios retos al tener que ajustarse desde la minería hacia fuentes alternativas de crecimiento” (El país, Tim Robinson, Universidad de Melbourne). Hoy el desempleo alcanza al 6 por ciento y la deuda externa, por habitante, está aproximadamente en 17 mil euros.

En este escenario la perspectiva del futuro australiano, siempre anexado a China, pasa por servicios turísticos y educativos: mucho inglés. A ellos, fuertes y dominantes, por el peso de la vecindad, se suma una “esperanza” que son, otra vez, los productos pecuarios ofertados a la Alianza Traspacífico más el boom del gas licuado.

La dependencia de las exportaciones de productos primarios se hace sentir en Australia. Pero mucho más en economías como la nuestra, que carecen de “una matriz de acumulación diversificada con inclusión social”. La famosa expresión de CFK es exactamente lo contrario que hizo su gestión que prorrogó la inercia de la de Néstor K. Tan evidente que, a pesar del boom de la soja, aumentó la exclusión (la larga duración de la pobreza la profundiza) y la especialización (inclusive el “monocultivo” exitoso subdesarrolla el agro).

Australia, es cierto, creció dos décadas seguidas y hasta 2014; pero, a pesar del impulso de las materias primas y los minerales, no pudo superar su déficit de balanza comercial crónico. Deuda. ¿Ya estamos ahí?

Es en el marco australiano de “especialización primaria” en el que habrá que conjugar el verbo crecer, si es que la línea “grupo CEO” sigue ganando espacio en el gobierno Macri. Materias primas más China. La promesa “Australia” tiene mas de pasado que de futuro. Porque así sonó la música K – a pesar del relato – en que la Argentina nada hizo por su transformación. Sin transformación no hay desarrollo y no hay transformación en un país sin inversiones (15 por ciento del PBI), sin crédito (15 por ciento del PBI) y sin una sola ley de promoción fiscal para enterrar capital a largo plazo. Hay que dar vuelta la cabeza de los que deciden desde hace 40 años. Distintas personas con el mismo patrón de razonamiento y abriendo paso al lobby de la “nueva oligarquía de los concesionarios”, nuevos ricos con la fortuna hecha a base de concesiones, obra pública, juego, servicios públicos, bancos, aeropuertos, etc.

Sin transformación del aparato productivo no hay desarrollo. Crecer, que se puede, no es lo mismo que desarrollarnos. La transformación es la única vía que nos sacaría del estado de promesa y de la realidad de la marginalidad de una parte sustantiva de la sociedad.

 

No es el camino K y tampoco el camino australiano. Tal vez deberíamos promover el consenso para tratar de emular a Corea que no es otra cosa que industrializar.

 

Es urgente la alianza propositiva porque avanzamos hacia lo inevitable.

 

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08 agosto 2016

¿Cómo salimos?

Sin consenso no hay progreso

6 de agosto de 2016

Carlos Leyba

Entre acontecimientos (Hebe de Bonafini, Tarifas) y anuncios (FMI, Plan Productivo), la agenda nacional, atraviesa la ausencia de una definición consensuada acerca del rumbo de nuestra sociedad. Y los últimos acontecimientos incrementan la grieta y los anuncios no la disipan.

La definición consensuada es lo superador de la grieta que hace ruido, y es un bien público que la política y el Estado, han sido incapaces de ofrecernos a lo largo de los últimos 40 años. Su necesidad es imperiosa ¿estamos haciendo algo para satisfacerla?

A los argentinos nos golpea ser siempre una promesa económica que, en las últimas cuatro décadas, se ha desmaterializado en términos de bienestar social.

Fallamos en lo colectivo. Entre 1974 y el presente, mientras la población se multiplicó por 2, multiplicamos por 16 el número de pobres. Condiciona nuestro bono demográfico de país joven que no habrá de envejecer en los próximos 20 años. El 40 por ciento o más de los jóvenes ha nacido con más carencias que horizontes.

“Producimos alimentos para 500 millones de personas”. Sabemos extraer pero no distribuir ni multiplicar. Tenemos nacionales que han logrado éxitos en la ciencia, las artes o los deportes. Acumulamos Premios Nobel y tenemos a Francisco descollando como respetado líder moral mundial.

Galería de individualidades: ¿ indicador de las capacidades que tenemos? Energías desbaratar han logrado materializar el potencial. Es un dato. Sobre la realidad del pasado y sus causas, jamás habrá consenso.

Desde 1974 a 2014 el PBI mundial por habitante creció en promedio 1, 44 por ciento. Nosotros 1, 27 por ciento. Cuarenta años debajo del promedio mundial.

Fractura durante la Dictadura genocida y violación del valor de la vida sin el cuál la sociedad pierde sentido; vacilación sobre el destino y el camino que caracterizó al radicalismo, ensimismado en su cofradía, que rápidamente desvaneció las expectativas de la mayoría; ruptura sistémica que provocó la convertibilidad, la que fue posible gracias al adormecimiento de la conciencia del presente en amplios sectores sociales a los que también se les estaba arrebatando el futuro; la improvisación y el autoritarismo del período K que, con la misma estrategia de la convertibilidad, llevó a la sociedad a un abismo inevitable que generó divisiones frustrantes.

La llegada de Cambiemos fue una oportunidad para encontrar consensos. La política, y fundamentalmente el peronismo por necesidad y un poco por convicción, se puso a disposición; el movimiento sindical, con sabiduría, brindó al gobierno un crédito extraordinario. Sin embargo la promesa de campaña del acuerdo y del consejo económico y social, naufragó.

El diálogo, que es virtud, no reemplaza el consenso en que las partes ceden para sumar al todo. Macri no buscó el consenso y tomó decisiones muy fuertes.

Pero sin consenso no es posible alentar el largo plazo. Sin consenso los reemplazos son siempre final de ciclo. En esos procesos los éxitos no se acumulan y los fracasos se multiplican. Lo malo vuelve y lo bueno se esfuma. La falta de consenso en el horizonte es la causa originaria que el excedente nacional adopte la forma de atesoramiento (que incluye el inmobiliario) y de la fuga. Con esa acumulación volcada al proceso productivo podría haber generado, imaginando una densidad de capital de 100 mil dólares por puesto de trabajo, 4 millones de empleos. De esa ausencia derivan desempleo e informalidad laboral, la debilidad fiscal o la escasa oferta de bienes públicos.

Nuestros problemas colectivos parten de la ausencia del bien público consenso y derivan en la debilidad de la oferta de bienes públicos que nos perturba.

En este marco de problemas estructurales e incapacidad de consenso, aparece ahora el primer desafío, desde 1983, a la estructura jurídica del Estado. A la rebelión incivil de Hebe de Bonafini, al negarse a concurrir a una audiencia judicial se le ha sumado una guardia que impide por la fuerza el cumplimiento de la ley. Profundiza la grieta, cuestiona el orden jurídico, y nos de cualquier consenso. A partir de ahora la justicia carece del poder del Estado porque se discute su monopolio de la fuerza. Al desafío al Estado del narcotráfico, la delincuencia, la infiltración, se suma el de un sector pequeño en número, con poder mediático y conocedor de la movilización política. Es una cobertura para la corrupción que prorroga el dominio que, sobre el Estado y la falta de consenso, ejerce la “nueva oligarquía de los concesionarios”. Pronóstico incierto.

El segundo acontecimiento es la judicialización de las tarifas. Jueces y cámaras, aplicando la ley que el grupo de CEOs, dentro de Cambiemos, pasó por alto, resolvieron dejar sin efecto la torpeza monumental de los aumentos de gas y electricidad. Los mismos se hicieron sin audiencias que no son vinculantes.

Pero la ausencia de vinculación no hace de ellas una formalidad ni una farsa. Entre gente de bien, gobierno, empresas, clientes, una audiencia permite el intercambio de información honesta. Y el primer dato es el de los costos y, dentro de ellos, el costo madre es el de la extracción de gas y petróleo.

Las empresas no revelan sus costos. El Estado no las audita y toma como bueno lo que piden las empresas: más de 5 dólares el millón de BTU. Sin embargo las declaraciones de YPF, a la SEC de Estados Unidos, dicen que el costo por millón de BTU se encuentra en 1,9 dólares. En ese nivel se encuentra el gas en boca de pozo en Estados Unidos y en los países del que llega el gas licuado que se regasifica en el país. Las empresas deberían abrir sus cuentas para que el Estado certifique “cuánto cuestan el gas” y el petróleo. Ni información ni audiencia.

Sin embargo los CEOs motorizan la ignorancia de la ley, el atropello, y a la vez la multiplicación por 2,5 del precio del gas en boca de pozo sin haber auditado los costos de producción. Y sin medir las consecuencias. Sostienen también los “los beneficios” del subsidio del 50 por ciento a las petroleras sobre el precio internacional del barril y sin auditar los costos. Son transferencias del orden de los 6 mil millones de dólares año.

Los CEOs son “concesionarios friendly” al igual que Axel Kicillof, Julio de Vido y Cristina Elisabet. En eso nada cambió.

Lo que sí cambió es, por ejemplo, el escalamiento de las tarifas de la energía, gobernadas por el desconocimiento de los costos o la ignorancia deliberada, que será un mazazo sobre la competitividad de las industrias, encepadas por la continua revaluación cambiaria; y sobre el ingreso disponible de las familias sitiadas por una tasa de inflación que se autogobierna. Esto aporta a la grieta. El “ruidazo” frente al tarifazo, la actitud de los jueces, revela que hay una profundización de la grieta. La grieta es lo contrario del consenso. Hay una relación inversa entre grieta y consenso. Y estos escenarios judiciales profundizan la grieta y alejan el consenso.

Los anuncios también producen grieta porque implican falta de consenso.

Primero el anuncio de la llegada de una misión del FMI para revisar el estado de la economía nacional. Néstor Kirchner tuvo relaciones con el FMI y los organismos internacionales. Pero impidió la revisión del artículo IV con la misma lógica que destruyó el sistema estadístico e impidió controles y auditorias independientes en tiempo y forma. Autoritario. Cualquiera sea la ideología, los controles siempre son de la oposición, y poco importa que los técnicos del FMI estén alineados en el neoliberalismo. Tan poco importa que, en 1973, cuando el gobierno de Juan Perón rompió el bloqueo a Cuba, que fue una decisión adulta, no tuvo problemas en recibir y visitar a los organismos internacionales y por supuesto al FMI. Lo que importa es cumplir las reglas y recibir, además, otra mirada sobre lo que estamos haciendo. Obedecer es otra cuestión.

Néstor Kirchner se negó a desvincularnos del CIADI, prorrogó la jurisdicción para las empresas extranjeras; y Cristina Elisabet y Axel Kicillof – envueltos en la bandera de las reivindicaciones – con entusiasmo aceptaron las leyes británicas – el país invasor de Malvinas – para dirimir los eventuales conflictos derivados de los acuerdos con China.

El planteo simplista y adolescente, de los que prorrogaron el CIADI y prorrogaron la jurisdicción en los acuerdos con China, imaginan al FMI como la herramienta del Imperio y, por lo tanto, suponen que toda relación informativa es sumisión. Falso. Pero el anuncio agiganta la grieta.

El segundo anuncio es el Plan Productivo. El equipo de los CEOs sugiere que el rumbo a imitar es el de Australia en los 80s, aspira a las “conquistas” australianas de esa época: eliminación de restricciones a la importación, rebaja de aranceles, privatizaciones y debilitamiento de los sindicatos; alianza con China y especialización en materias primas y en particular en minerales.

Australia, con ese modelo, está condenada a la complementariedad con la China cuyo crecimiento ha generado la valorización de sus recursos energéticos y minerales y también su velocidad perdida en los últimos años. Australia tiene alto nivel de vida (aunque se redujo en 10 mil dólares por habitante en los últimos 4 años) y tuvo un crecimiento importante en el boom de las materias primas.

Para evitar la confusión, con Australia, del tipo “las tasas chinas” del período K hay que mirar largo plazo. Entre 1974 y 2014 su PBI por habitante creció, en promedio, 1,83 por ciento. Unas décimas más que el promedio mundial. Infinitamente menos que el 5,85 por ciento que, en el mismo período, creció el PBI por habitante de Corea del Sur o el 3,71 por ciento promedio del Sudeste de Asia. Ni Corea ni el Sudeste siguieron el modelo neoliberal australiano “post 80s” sino más bien todo lo contrario y crecieron varias veces más.

Australia ha desarrollado una dependencia de sus materias primas y de China. Su ritmo se aplaca al mismo tiempo que lo hicieron las materias primas y el tractor del Celeste Imperio. Corea ha logrado el desarrollo tecnológico.

La caída de las materias primas y el cambio de velocidad china han implicado que el ritmo australiano de las décadas pasadas se haya frenado. “La economía australiana está en transición. Parte del sector de los recursos naturales está sufriendo por la caída del precio de las materias primas, por lo que el país se enfrenta a varios retos al tener que ajustarse desde la minería hacia fuentes alternativas de crecimiento” (El país, Tim Robinson, Universidad de Melbourne).

En este escenario la perspectiva del futuro australiano, siempre anexado a China, pasa por servicios turísticos y educativos. A ellos, fuertes y dominantes, por el peso de la vecindad, se suma una “esperanza” que son, otra vez, los productos pecuarios ofertados a la Alianza Traspacífico más el boom del gas licuado.

La dependencia de las exportaciones de productos primarios se hace sentir en Australia.

Pero se siente mucho más en economías, como la nuestra, que carecen de “una matriz de acumulación diversificada con inclusión social”. Esa expresión de CFK es exactamente lo que su gestión no procuró y por eso – a pesar del boom de la soja – aumentó la exclusión (la larga duración la profundiza) y la especialización (inclusive el “monocultivo” en el agro).

Australia, es cierto, creció dos décadas seguidas; pero, a está sometida al vaivén de las materias primas y los minerales.

En el marco australiano de “especialización primaria” es en el que habrá que conjugar el verbo crecer, si es que la línea “grupo CEO” sigue ganando espacio en el gobierno Macri.

Esa línea “australiana” de primarización se enfrenta a modelo alternativos como el de Corea. Una parte sustantiva de la sociedad, los empresarios industriales, el sindicalismo, parte de las fuerzas políticas, se identifica con la industrialización que Corea logró y que en el nuestro, por falta de continuidad y energía y de consenso, se frustró.

Estamos ante una ampliación de la brecha provocada por el disenso del rumbo. Por un lado aproximarse a Australia, primarización y neoliberalismo; o ensayar Corea, industrialización y heterodoxia racional.

La rebelión de unos frente al monopolio de la fuerza en manos del Estado, lo de Bonafini es eso; la renuncia a que el Estado ocupe el espacio del bien común, la cuestión de las tarifas es eso; la incomprensión de que ser parte de los organismos internacionales implica obligaciones mínimas, enfrentar a la misión del FMI es eso; y finalmente la imposición del rumbo australiano más allá de sus consecuencias de exclusión, rompen toda posibilidad de consenso de largo plazo y garantizan la falta de horizonte.

El gobierno carga su mochila de disenso la prepotencia de las tarifas y de la opción australiana; y la oposición encrespada violenta el orden jurídico y la relación lógica con el resto del mundo. De ambos lados se tira con vocación centrifuga. Difícil el consenso o, lo que es lo mismo, difícil el progreso. Cuarenta años lo certifican.

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06 agosto 2016

Sin consenso no hay progreso

No todos

4 de agosto de 2016

Carlos Leyba

Los argentinos vivimos preocupados, y con razón, por ser siempre una joven promesa económica que, en las últimas cuatro décadas, se ha desmaterializado en términos de bienestar social. Fallamos en lo colectivo.  Continuar leyendo

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04 agosto 2016

No todos

El Plan PROductivo

2 de agosto de 2016

Carlos Leyba

Ante la incertidumbre que genera la ausencia de un rumbo económico explícito, más allá de las arengas ideológicas PROconfianza, el gobierno ha dado a conocer su programa de crecimiento “Plan Productivo”. Continuar leyendo

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02 agosto 2016

El Plan PROductivo

Olivera, sabiduría y compromiso

28 de julio de 2016

Carlos Leyba

 

Julio H.G. Olivera fue, sin matices de enfoque o ideológicos, el maestro indiscutido de la profesión en la Argentina. Sus cursos en la UBA (1956) fueron el prólogo a la creación de la Licenciatura en Economía Política (1958) en la que, además de Historia del Pensamiento, dictó el famoso curso de Dinero, Crédito y Bancos. Los que tuvimos el privilegio de ser sus alumnos, cuando aprobábamos esa materia, entendíamos que habíamos culminado la carrera: “aprobé Olivera”. La nota obtenida era la marca que habría de distinguirnos en el claustro: esa era la medida del peso intelectual del maestro.

Olivera – de una formación exquisita, en gran medida autodidacta – marcaba el rumbo de una disciplina que él ejemplificaba con sus sólidos conocimientos matemáticos, formación histórica y reflexión filosófica.

 

Su visión de la economía, difícil de sintetizar, se puede aproximar rescatando su idea del progreso económico que, a su criterio, no existe con independencia del progreso humano integral”. Un enfoque francamente humanista que se proyecta en su visión de la organización económica que, según Olivera, “tiene efectos educadores (ya que) puede ser apta a desenvolver o enervar las facultades superiores del hombre, a restringir o a estimular sus apetitos inferiores”.

 

De lo dicho concluye: “Para el progreso económico importa además la organización económica como productora de hombres”. Este señalamiento marca con absoluta claridad la visión reformadora que lo animaba.

 

De manera consistente para él la economía “Es una ciencia de la interpretación, que no es un mera hipótesis ni un modelo descriptivo o predictivo, sino un modo de traducir la realidad y de hacerla inteligible”. Entre las consecuencias de esa búsqueda de hacer inteligible la realidad, se encuentra su aporte al estructuralismo latinoamericano al que le brindó mayor rigor teórico. Su teoría de la inflación estructural, que de eso se trata, fue formulada con tal precisión que el Premio Nobel Sir John Hicks dijo “Estoy enteramente de acuerdo con el doctor Olivera, cuyos artículos sobre este asunto he leído con mucho interés” .

 

Fue reconocido en el país y fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, de la de Derecho y Ciencias Sociales, de la de Ciencias de Buenos Aires y de la de Educación.

 

En la arena internacional, además de publicaciones y cátedras en los ámbitos de mayor prestigio, fue miembro titular del Comité Ejecutivo de la International Economic Association y fue convocado en 1970, 1971, 1973 y 1978, para dictaminar sobre el otorgamiento del Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel al que, erróneamente, se lo llama Premio Nobel de Economía.

 

Cuando en 1962 el Humanismo, la corriente social cristiana que desplazó por esos años al reformismo, ganó las elecciones universitarias Olivera fue convocado para el cargo de Rector. En la tarea lo acompañaron los dirigentes humanistas Ludovico Ivanesevich Machado y Mario Marzana quien fuera uno de sus alumnos del Instituto. Renunció al cargo cuando el profesor Walt W. Rostow, a causa de una manifestación estudiantil reformista, no pudo dictar una conferencia en Económicas.

 

Siendo Rector creó el Centro de Investigación Aplicada de la UBA, uno de cuyos primeros trabajos fue sobre Economía de la Educación. Una muestra más que la educación era una de sus preocupaciones, no sólo por sus influencia en los resultados de la organización económica, sino porque entendía que “Educar es enriquecer, pero también es civilizar y moralizar”. Hilario Fernández Long, su vicerrector y sucesor en el cargo, fue desplazado por la Intervención de la Dictadura responsable de la noche de los bastones largos. Un período de gloria de la UBA se cerraba.

 

Al retorno de la democracia en 1973 Julio H.G. Olivera, partidario del desarrollo cooperativo, integró los primeros pasos del equipo económico de José Ber Gelbard (1973) como Secretario de Estructura Económica,.

 

La característica teórica del programa de Gelbard fue la de enfocar la estanflación, heredada de la dictadura, a través de un Acuerdo Social pautado un año antes con los partidos políticos, las organizaciones sindicales y empresarias. Para el diseño de la promoción del desarrollo ese equipo partió de un Plan concertado de mediano plazo basado en leyes de reforma estructural. Olivera dejó el cargo en el Ministerio de Economía y asumió como Secretario de Ciencia y Tecnología. Renunció a ese último cargo, junto con el equipo de José Gelbard, en septiembre de 1974,

 

Su única participación en cargos públicos de nivel nacional lo fue durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón cuya concepción estuvo signada, esencialmente en economía, por la idea de la cooperación, el consenso, la concertación en democracia.

 

Esos principios son contrarios al pensamiento neoliberal dominante en la profesión. El neoliberalismo entiende a la política económica, en última instancia, como la herramienta para producir, en los mercados, las condiciones de la competencia perfecta, el ámbito en que, para esa corriente, se maximiza el bienestar colectivo. Al respecto Olivera manifestó: “Empíricamente ya sabíamos que la competencia perfecta no existe, lo que no sabíamos es que matemáticamente también es un error. Es un imposible matemático, un chiste intelectual” (citado por Santiago Chelala).

 

Su enfoque de la teoría estructural de la inflación se puede resumir en la idea de que lo que la produce son desajustes sectoriales en el marco de la inflexibilidad de los precios a la baja. Es el primer desencuentro con los monetaristas. Es más la política monetaria, para el enfoque estructuralista, es incapaz de estabilizar. Y adicionalmente el crecimiento presiona inestabilidades de precios. Algo más que está vinculado al efecto Olivera Tanzi, otro de sus aportes, es que el déficit fiscal es consecuencia de la inflación y no viceversa,

Más allá de esto, es decir, más allá que el canto de los pájaros avise la llegada del amanecer, nada indica una relación y secuencia de causalidad. Y de la misma manera el hecho que el déficit fiscal sea consecuencia y no causa de la inflación, nada indica que debamos esperar a la estabilidad de precios para atender a las finanzas públicas. Y de la misma manera, si la inflación no es un fenómeno monetario, tampoco nada indica que una canilla abierta no termine por mojarlo todo.

 

Otro Julio, Cortazar, en uno de sus cuentos, “Conducta en los velorios”, relata la costumbre de una familia del barrio de Palermo Viejo, de apropiarse de los que han partido y que según ellos dicen “vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía”.

 

No sé si la causa es la misma. Pero con los ilustres que nos dejan, en nuestra Patria al menos, hay una tendencia local a apropiarse del prestigio del que ya no está, para poner en su boca o en su historia, palabras o hechos que agrandan la cosecha propia.

 

Ha pasado muchas veces. Ni hablar, de los aquí citados, de los “falsos deudos” de Perón, o más modestamente de los de Gelbard. Hacen daño.

 

Pero respecto de la herencia intelectual del pensamiento de Julio H.G. Olivera, a quien le corresponden homenajes de todas las corrientes locales, es importante rescatar que, sumada a su dedicación a la economía matemática, su visión del progreso económico era profundamente humanista; que su compromiso con la política universitaria lo fue con el Humanismo universitario, que era una definición filosófica; y que su compromiso con una gestión política en democracia , aún breve, lo fue participando en la idea de la concertación propia de todos los que consideran causas y consecuencias estructurales de las políticas económicas.

 

En los homenajes veraces, sinceros, apropiados para una personalidad extraordinaria por su inteligencia y su conducta y su enorme generosidad para con sus alumnos, me he permitido agregar esta vertiente porque, entiendo, no ha sido suficientemente ponderada.

 

Olivera – además de un intelectual de los mayores que ha tenido el país en los últimos 50 años –supo comprometerse con la cosa pública, universitaria y política.

 

Lo hizo con su estilo, poco habitual entre nosotros. Y dentro de una corriente que en los fines y en los métodos entiende al progreso como el que da lugar al desarrollo humano integral. Y eso significa cuidar los costos de las políticas y alentar el consenso para ejecutarlas.

 

En la crisis de 2002 y en el lanzamiento del Plan Fénix dijo “lo que está en debate no es una postura ideológica –estatismo contra liberalismo, planificación central versus economía de mercado- sino una cuestión científica susceptible de ser tratada objetivamente. Su análisis contribuirá a la dilucidación de la realidad económica argentina y de las posibles opciones a las políticas económicas convencionales”. Opciones a las políticas económicas convencionales que no consultan y traducen “la realidad” (para)…hacerla inteligible”.

 

Hace diez años dijo coinciden, aunque por distintas razones, el estructuralismo y el monetarismo. En virtud de la denominada “ecuación del cambio”, sobre la cual se basa la teoría monetaria de la inflación, dado el incremento de la oferta monetaria y de la velocidad de circulación del dinero, cualquier disminución de la tasa de crecimiento económico determina un ascenso, nunca una disminución, del ritmo de aumento de los precios”.

 

Han pasado muchos años y la repetición de políticas convencionales, la medicina del estancamiento para combatir la inflación, la idea que la eliminación del déficit fiscal es la condición suficiente para detener la escalada inflacionaria, la idea primaria que la búsqueda de la salud económica es producir aproximaciones a la competencia perfecta, nos están condenando a vivir en el Día de la Marmota. La repetición agobiante.

 

La única manera de romper el hechizo es pensar, dialogar y encontrar consensos. Ese es el mejor homenaje al maestro Olivera, que nos ha dejado pero ha dejado el mandato de hacer inteligible a la realidad y asumir compromisos con el humanismo como progreso y el consenso como política. Cuidémonos de los personajes de Cortazar.

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28 julio 2016

Olivera, sabiduría y compromiso

Lecciones de un gran argentino: Julio Olivera

27 de julio de 2016

Carlos Leyba

 

Julio Cortazar, en uno de sus cuentos, “Conducta en los velorios”, relata la costumbre de una familia del barrio de Palermo Viejo, de apropiarse de los que han partido cuando los están velando. Vale la pena. Pero además es sugerente. En perspectiva es una práctica nacional apropiarse de los ilustres que nos dejan. Es una tendencia local a apropiarse del prestigio del que ya no está y de esa manera poner en su boca o en su historia, palabras o hechos que agrandan la cosecha propia de quien la relata. Se usa al que no está como aval para mejorar la imagen del comentarista.

 

Ha pasado muchas veces. Los “falsos deudos” de Juan Domingo Perón son legiones. ¿Qué vínculo puede haber entre las realizaciones de Perón – en sus tres gobiernos que son los hechos duros – y el gobierno de Carlos Menem?

 

Perón desde 1943 y los que lo sucedieron y hasta su muerte en 1974, gobernó sobre la base central de la idea dominante del Estado de Bienestar que, por estos lados del planeta, era Estado de Bienestar más desarrollo de la estructura industrial.

 

Menem desmontó el Estado de Bienestar y desarmó la estructura industrial. Una a una revirtió las decisiones estratégicas del peronismo gobernante bajo la égida del “líder”. Vuelvo para atrás: el mismo sayo le cabe de perillas a Estela Martínez desde el primer día de su gobierno. Y ella era un deudo legal.

 

Finalmente Néstor y Cristina. Lo más notable es la frase de los últimos días de Cristina Elisabet “los peronistas hemos sido siempre perseguidos”. En este caso no aplica la primera parte “los peronistas”. La condición esencial para ser peronista es el amor a Perón. Y CFK en realidad – el testigo mas calificado de este hecho fue Antonio Cafiero –lo odiaba o lo despreciaba, que es lo que justifica la frase “para ese viejo de m…….” respecto a su negativa de la ayuda al monumento que terminó haciendo Mauricio Macri. Ella misma declaró que en el 73 no votó por Perón sino por el “colorado” Ramos. Que haya subido por los votos de Perón no la hace peronista. Y al igual que Menem tampoco su accionar en el gobierno nacional. Las razones abundan. ¿Pero cómo evitar que se roben al desaparecido? Imposible.

 

Más modestamente ha pasado con José Gelbard cuyo programa básico es el del Acuerdo Social de 1973. Y sin embargo está poblado de raptores que se hacen de un nombre para tener representación “hablan en nombre de”. No es bueno porque esas tergiversaciones desenfocan los mensajes de los que parten que es lo valioso que heredamos.

 

La última experiencia de Perón en 1973, que fue la única de Gelbard, fue una respuesta apropiada para salir de la estanflación de 1972/73 y encaminar un programa de desarrollo en perspectiva humanista. Esa experiencia cruzó un desfiladero entre dos fuegos.

 

El primer fuego era el de la guerrilla conducida por los que Perón llamó imberbes y que pretendían la toma armada del poder para instalar el socialismo. Las condiciones sociales estaban a años luz de las llamadas prerrevolucionarias. La pobreza de 4 por ciento, el desempleo de 3, el crecimiento de 6 por ciento y después de una década de vertiginosa expansión de la industria, no eran precisamente las condiciones para llevar a cabo una revolución.

Y el segundo fuego, que apareció post mortem, era el de la milicia motivada por un sector del empresariado que no aceptaba los cambios estructurales que la democracia viabilizaba por el mero peso de la voluntad popular.

 

La violencia guerrillera hostigó el programa del Acuerdo Social desde su primer día con el asesinato de José Ignacio Rucci. Y la violencia militar fue necesaria, para defender las ideas neoliberales desencadenadas por Estela Martínez con las medidas del “rodrigazo”, enfrentadas a la protesta popular y democrática.

 

El Acuerdo se rompió desde la política. Fue la heredera de Perón la que le abrió la puerta al programa neoliberal de ajuste primero de Alfredo Gómez Morales y después el más drástico de Celestino Rodrigo.El Acuerdo que murió 9 meses antes del “rodrigazo” ha tenido muy mala prensa. Ha sufrido de la deformación de los hechos y hasta de las motivaciones. Una experiencia rica que hoy es una lección que, por ejemplo, este gobierno debería revisar.

 

¿A qué viene todo esto? A que la muerte de Julio H.G. Olivera, reconocido como el mas brillante economista de los últimos 50 años, ha motivado merecidos elogios a todas las dimensiones de su vida y de su personalidad. Pero se ha silenciado un hecho muy importante. El fue miembro del gabinete económico de José B. Gelbard.

 

Es decir el economista más importante de la época, de 15 años antes y de 40 después, participó – brevemente – pero participó de las ideas de aquél programa. Es decir desde el mas alto nivel ético e intelectual Olivera aceptó ser parte de aquella filosofía económica. El recuerdo de este hecho, el cuento de Cortazar, apunta a establecer que es difícil entender por qué aquella experiencia es hoy negada por los peronistas, condenada por los empresarios, distorsionada por muchos economistas y sólo valorada por el movimiento obrero. ¿Quién fue Olivera?

 

Julio H.G. Olivera fue, sin matices de enfoque o ideológicos, el maestro indiscutido de la profesión en la Argentina. Sus cursos en la UBA (1956) fueron el prólogo a la creación de la Licenciatura en Economía Política (1958) en la que, además de Historia del Pensamiento, dictó el famoso curso de Dinero, Crédito y Bancos.

 

Los que tuvimos el privilegio de ser sus alumnos, cuando aprobábamos esa materia, entendíamos que habíamos culminado la carrera: “aprobé Olivera”. La nota obtenida era la marca que habría de distinguirnos en el claustro: esa era la medida del peso intelectual del maestro.

 

Olivera – de una formación exquisita, en gran medida autodidacta – marcaba el rumbo de una disciplina que él ejemplificaba con sus sólidos conocimientos matemáticos, formación histórica y reflexión filosófica.

 

Su visión de la economía, difícil de sintetizar, se puede aproximar rescatando su idea del progreso económico que, a su criterio, no existe con independencia del progreso humano integral”. Un enfoque francamente humanista que se proyecta en su visión de la organización económica que, según Olivera, “tiene efectos educadores (ya que) puede ser apta a desenvolver o enervar las facultades superiores del hombre, a restringir o a estimular sus apetitos inferiores”. De lo dicho concluye: “Para el progreso económico importa además la organización económica como productora de hombres”. Este señalamiento marca con absoluta claridad la visión reformadora que lo animaba.

 

De manera consistente para él la economía “Es una ciencia de la interpretación, que no es un mera hipótesis ni un modelo descriptivo o predictivo, sino un modo de traducir la realidad y de hacerla inteligible”. Entre las consecuencias de esa búsqueda de hacer inteligible la realidad, se encuentra su aporte al estructuralismo latinoamericano al que le brindó mayor rigor teórico. Su teoría de la inflación estructural, que de eso se trata, fue formulada con tal precisión que el Premio Nobel Sir John Hicks dijo “Estoy enteramente de acuerdo con el doctor Olivera, cuyos artículos sobre este asunto he leído con mucho interés” .

 

Fue reconocido en el país y fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, de la de Derecho y Ciencias Sociales, de la de Ciencias de Buenos Aires y de la de Educación.

 

En la arena internacional, además de publicaciones y cátedras en los ámbitos de mayor prestigio, fue miembro titular del Comité Ejecutivo de la International Economic Association y fue convocado en 1970, 1971, 1973 y 1978, para dictaminar sobre el otorgamiento del Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel al que, erróneamente, se lo llama Premio Nobel de Economía.

 

Cuando en 1962 el Humanismo, la corriente social cristiana que desplazó por esos años al reformismo, ganó las elecciones universitarias Olivera fue convocado para el cargo de Rector. En la tarea lo acompañaron los dirigentes humanistas Ludovico Ivanesevich Machado y Mario Marzana quien fuera uno de sus alumnos del Instituto. Renunció al cargo cuando el profesor Walt W. Rostow, a causa de una manifestación estudiantil reformista, no pudo dictar una conferencia en Económicas.

 

Siendo Rector creó el Centro de Investigación Aplicada de la UBA, uno de cuyos primeros trabajos fue sobre Economía de la Educación. Una muestra más que la educación era una de sus preocupaciones, no sólo por sus influencia en los resultados de la organización económica, sino porque entendía que “Educar es enriquecer, pero también es civilizar y moralizar”. Hilario Fernández Long, su vicerrector y sucesor en el cargo, fue desplazado por la Intervención de la Dictadura responsable de la noche de los bastones largos. Un período de gloria de la UBA se cerraba.

 

Al retorno de la democracia en 1973 Julio H.G. Olivera, partidario del desarrollo cooperativo, integró los primeros pasos del equipo económico de José Ber Gelbard (1973) como Secretario de Estructura Económica,.

 

La característica teórica del programa de Gelbard fue la de enfocar la estanflación, heredada de la dictadura, a través de un Acuerdo Social pautado un año antes con los partidos políticos, las organizaciones sindicales y empresarias. Para el diseño de la promoción del desarrollo ese equipo partió de un Plan concertado de mediano plazo basado en leyes de reforma estructural. Olivera dejó el cargo en el Ministerio de Economía y asumió como Secretario de Ciencia y Tecnología. Renunció a ese último cargo, junto con el equipo de José Gelbard, en septiembre de 1974,

 

Su única participación en cargos públicos de nivel nacional lo fue durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón cuya concepción estuvo signada, esencialmente en economía, por la idea de la cooperación, el consenso, la concertación en democracia.

 

Esos principios son contrarios al pensamiento neoliberal dominante en la profesión. El neoliberalismo entiende a la política económica, en última instancia, como la herramienta para producir, en los mercados, las condiciones de la competencia perfecta, el ámbito en que, para esa corriente, se maximiza el bienestar colectivo. Al respecto Olivera manifestó: “Empíricamente ya sabíamos que la competencia perfecta no existe, lo que no sabíamos es que matemáticamente también es un error. Es un imposible matemático, un chiste intelectual” (citado por Santiago Chelala).

 

Su enfoque de la teoría estructural de la inflación se puede resumir en la idea de que lo que la produce son desajustes sectoriales en el marco de la inflexibilidad de los precios a la baja. Es el primer desencuentro con los monetaristas. Es más la política monetaria, para el enfoque estructuralista, es incapaz de estabilizar. Y adicionalmente el crecimiento presiona inestabilidades de precios. Algo más que está vinculado al efecto Olivera Tanzi, otro de sus aportes, es que el déficit fiscal es consecuencia de la inflación y no viceversa,

 

Más allá de esto, es decir, más allá que el canto de los pájaros avise la llegada del amanecer, nada indica una relación y secuencia de causalidad. Y de la misma manera el hecho que el déficit fiscal sea consecuencia y no causa de la inflación, nada indica que debamos esperar a la estabilidad de precios para atender a las finanzas públicas. Y de la misma manera, si la inflación no es un fenómeno monetario, tampoco nada indica que una canilla abierta no termine por mojarlo todo.

 

Pero respecto de la herencia intelectual del pensamiento de Julio H.G. Olivera, a quien le corresponden homenajes de todas las corrientes locales, es importante rescatar que, sumada a su dedicación a la economía matemática, su visión del progreso económico era profundamente humanista; que su compromiso con la política universitaria lo fue con el Humanismo universitario, que era una definición filosófica; y que su compromiso con una gestión política en democracia , aún breve, lo fue participando en la idea de la concertación propia de todos los que consideran causas y consecuencias estructurales de las políticas económicas.

 

En los homenajes veraces, sinceros, apropiados para una personalidad extraordinaria por su inteligencia y su conducta y su enorme generosidad para con sus alumnos, me he permitido agregar esta vertiente porque, entiendo, no ha sido suficientemente ponderada.

 

Olivera – además de un intelectual de los mayores que ha tenido el país en los últimos 50 años –supo comprometerse con la cosa pública, universitaria y política.

 

Lo hizo con su estilo, poco habitual entre nosotros. Y dentro de una corriente que en los fines y en los métodos entiende al progreso como el que da lugar al desarrollo humano integral. Y eso significa cuidar los costos de las políticas y alentar el consenso para ejecutarlas.

 

En la crisis de 2002 y en el lanzamiento del Plan Fénix dijo “lo que está en debate no es una postura ideológica –estatismo contra liberalismo, planificación central versus economía de mercado- sino una cuestión científica susceptible de ser tratada objetivamente. Su análisis contribuirá a la dilucidación de la realidad económica argentina y de las posibles opciones a las políticas económicas convencionales”. Opciones a las políticas económicas convencionales que no consultan y traducen “la realidad” (para)…hacerla inteligible”.

 

Hace diez años dijo coinciden, aunque por distintas razones, el estructuralismo y el monetarismo. En virtud de la denominada “ecuación del cambio”, sobre la cual se basa la teoría monetaria de la inflación, dado el incremento de la oferta monetaria y de la velocidad de circulación del dinero, cualquier disminución de la tasa de crecimiento económico determina un ascenso, nunca una disminución, del ritmo de aumento de los precios”.

 

Han pasado muchos años y la repetición de políticas convencionales, la medicina del estancamiento para combatir la inflación, la idea que la eliminación del déficit fiscal es la condición suficiente para detener la escalada inflacionaria, la idea primaria que la búsqueda de la salud económica es producir aproximaciones a la competencia perfecta, nos están condenando a vivir en el Día de la Marmota. La repetición agobiante.

 

La única manera de romper el hechizo es pensar, dialogar y encontrar consensos. Ese es el mejor homenaje al maestro Olivera, que nos ha dejado pero ha dejado el mandato de hacer inteligible a la realidad y asumir compromisos con el humanismo como progreso y el consenso como política. Cuidémonos de los personajes de Cortazar.

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27 julio 2016

Lecciones de un gran argentino: Julio Olivera