La economía del hiato

El Boletín Informativo Techint realizó su siempre oportuno seminario anual. La estrella fue el  importante economista estadounidense Barry Eichengreen. Extremando el resumen de lo por él expuesto destacamos su advertencia acerca que el “desacople”, con el que nos beneficiamos para no sufrir los efectos de la crisis internacional, irá camino de  desaparición con la temida desaceleración de la economía China. Eichengreen entiende que la misma está dentro del punto de mira.

La demanda china es el hiato que nos separó de los aconteceres negativos de las economías desarrolladas. Ese “desacople” es parte de la “cuestión principal” de nuestra economía.

Nunca está demás reflexionar sobre las “cuestiones principales” que afectaron o afectan nuestra economía. Como señala Alberto Manguel (El País) “Vivimos en una época en la que valores como brevedad, superficialidad, rapidez y simpleza son absolutos” pero para no caer en “reacciones banales fácilmente manipulabes” no debe prescindirse de “Los valores que desarrollaron nuestra sociedad(que) fueron los de la dificultad (para aprender a sobrellevar los problemas), la lentitud (para reflexionar y no actuar impulsivamente) y la profundidad (para saber adentrarse en un problema)” .

Recordemos algunas de las causas de nuestra mayor desgracia reciente: la convertibilidad. La “cuestión principal” entonces fue la “economía de la deuda”. La deuda era la fuente de los dólares que mantenían la liquidez y la estabilidad de la economía. La liquidez, porque la deuda se monetizaba; y la estabilidad porque las importaciones doblegan los precios locales. La excepción, los “no transables”. ¿Algo parecido?

El día que le cortaron el chorro de préstamos Domingo Cavallo sabía que la estantería del “primer mundo” se le caía encima. El peso del golpe nos enterró en el fondo de un pozo proporcional a la insensatez de toda la política de los 90. Fue un sistema de estrangulamiento del Estado y mutilación del aparato productivo al que se lo compensó con un volumen de crédito externo que nadie podía ignorar que no se podría pagar sino con la “entrega” de bienes. Período de “dación en pago”. Primero empresas públicas, después mercados y finalmente puestos de trabajo.

Cuando se acabó el chorro no se pudo ocultar que en la “profundidad” anegaban el desempleo y la pobreza.

Hoy todos recitan “yo no fui”. Y dejan a Carlos Menem y a Cavallo como únicos responsables de la criatura monstruosa que requería aluviones de crédito impagable para seguir viviendo. Ignorancia u oportunismo. Pero no hubo fisuras en el peronismo ni en los empresarios, ni en los sindicalistas; ni en los radicales. Hubo excepciones. Hugo Moyano, Rodolfo Terragno. No hay muchas más. Gustavo Caraballo – en quién Juan Perón depósito su confianza en materia intelectual y programática – recordaba su ruptura con la Alianza a causa, entre otras cuestiones, de la defensa de la convertibilidad por parte de los que formaron los cuadros técnicos previos a asumir el Ejecutivo.

“La cuestión principal” de la convertibilidad fue la deuda. Sin ella, los gozos de la estabilidad y el boom de consumo en cuotas, no hubieran sido posibles. Su agotamiento dio por tierra con todas “las ventajas” que pendían de ese hilo  que cuando se cortó cayeron a pique partiendo al medio – como siempre – a los más débiles y a los que menos habían aprovechado. Todo terminó con una extraordinaria transferencia de ingresos a la que, ni Eduardo Duhalde ni Néstor Kirchner, nada hicieron para compensarla con un mínimo de equidad.

En los 90 predominó, en los análisis, la “brevedad, superficialidad, rapidez y simpleza” : se pensaba en función de la breve síntesis de los números favorables del momento y de los fenómenos de superficie, sin considerar lo que se acumulaba en las profundidades. Rapidez y simpleza.

¿A qué viene esto? Veamos. Hoy “la cuestión principal” es el “desacople chino”. Su matriz es la soja y sus derivados. Lo esencial para la liquidez de la economía y para el rendimiento fiscal de la misma que, vía subsidios, ha contribuido a morigerar el impacto precios en los servicios. El resultado: crecimiento derramado e inflación compensada. En el derrame del crecimiento derivado del “desacople chino” debe agregarse un porcentaje no menor de la tracción brasilera que suma en el crecimiento y por lo tanto forma parte de la “cuestión principal”.

Así como el corte del chorro de la deuda –vital mientras se mantenía la misma estructura productiva y las mismas condiciones internacionales predominantes en el período del uno a uno y la plena liberalidad de mercados – produjo el estallido de la convertibilidad, no es aventurado afirmar que si se produjera el corte de la demanda de soja el cimbronazo de nuestra economía puede ser más que proporcional: piense el efecto en la autopista del freno del primer vehículo sobre los últimos de la caravana.

Durante la convertibilidad alertar sobre lo que podría ocurrir con el corte de la manguera era el destierro para el pesimista de la fiesta.

Hoy la “cuestión principal” es la secuencia “China – soja –dólares – retenciones”. No se trata de una única salida. La Argentina puede generar otras fuentes de excedente externo y superávit fiscal.

Pero ellas implican la transformación de la economía para liberarnos de la dependencia soja – China que sustituyó a la dependencia de la deuda propia de la convertibilidad. Sin duda que lo actual es un avance respecto de la dependencia de la deuda. Pero representa otra forma de dependencia si bien con menos costos.

De eso se trata la “cuestión principal” de la economía argentina; porque sólo a partir de resolver “la dependencia” como “cuestión principal” será posible desenredar la “justicia social”. Es que es la matriz de la economía real, en la fuente de los ingresos, donde se anida la posibilidad de una sociedad más equitativa.

Nos plantea Barry Eichengreen que, si la variable China se oscurece, estaremos en problemas. Excepto que hayamos previsto alternativas, lo que es posible y necesario.

Con China para atrás, lo recaudado por retenciones se reduciría y los problemas de balanza comercial y de superávit fiscal se acrecentarían. Y con ellos surgirían a la superficie los problemas estructurales de nuestra economía que oculta – aunque no guste – la marea de soja.

Eichengreen señaló que las economías centrales están en riesgo de “W”. Han salido de la megarecesión, pero es probable que esten camino a otro bajón. El desempleo, la principal medida de la salud o la enfermedad, está en 10 por ciento en promedio de la Zona Euro, la Unión Europea de 27 países o los Estados Unido. España duplica esa tasa. La economía americana crece, pero todavía no permite prever una próxima baja considerable en la tasa de desempleo. Paul Krugman insiste en que lo hecho es insuficiente y que el riesgo de deflación esta ahí; y en aval están los recientes datos del mercado inmobiliario, del consumo interno y la falta de reacción de las exportaciones.  Eichengreen coincide sobre la coyuntura americana y suma respecto de nuestra economía, como hemos dicho, el argumento de la dependencia soja-China como fuente de la fragilidad del modelo de recuperación.

Al igual que en la convertibilidad es muy difícil encontrar en la política y en la profesión a quienes están dispuestos a pensar alternativas ante el riesgo natural de la “economía del hiato” que  es un modelo dependiente.  Hoy podemos prepararnos porque, gracias al desacople,  estamos en condiciones de trabajar en tierra firme.

Urge discutir alternativas capaces de evitar que el “acople” – consecuencia de la debilidad de la economía del hiato – nos arrastre a las condiciones que generan los problemas estructurales no resueltos.

Los datos de la coyuntura no tapan ni le hacen sombra al sol chino. Cierto, la inflación es un problema. Pero por ahora no castiga a la demanda interna de consumo. La economía china algo se desacelera, la brasilera corre ese riesgo. Sin embargo la demanda externa de exportación, sigue tirando. La única señal es que la actividad está mostrando una relativa desaceleración.

¿Qué pasa? Hay problemas de capacidad que generan aumento de importaciones (p.ej. energéticos) y de precios (p.ej. carne). Ambos problemas responden a fallas en la política (muy atada a la coyuntura) que ha afectado a las inversiones (que se notan en plazos más largos).

En la ausencia de inversiones de ampliación de la capacidad instalada  se encuentra el achicamiento del horizonte atado a la economía del hiato. Es que aún para la continuidad del modelo de especialización “soja-China- auto- Brasil dependiente” faltan inversiones.

Y por cierto la ausencia de grandes proyectos de inversión, destinados a la diversificación productiva, señalan la postergación de la necesaria transformación que rompa la tendencia a la dependencia a la que nos arrastra la inmensa dotación de recursos naturales de las que dispone nuestro país.

La especialización dependiente esta en nuestra naturaleza y la gran deuda de la política nacional es no haber sabido aprovechar esas ventajas para construir la diversificación liberadora que es el único camino posible para materializar una sociedad más justa que es aquella fruto del propio esfuerzo. Y no la hija de los vientos de afuera.  La “economía del hiato” elimina la dificultad”; acelera de tal manera que impide “reflexionar y no actuar impulsivamente” y  suprime la “ profundidad (para saber adentrarse en un problema)” . Recuperemos esos criterios para el debate.

compartir nota
14 septiembre 2010

La economía del hiato

Tags: ,

Los comentarios están cerrados.