BUENA SALUD*

Por Carlos Leyba

La cuestión social pasó de las estadísticas a los episodios de Villa Soldati; y como todo terremoto está dejando la secuela de distintas réplicas por aquí y por allá. Estos hechos le otorgaron a la pobreza la contundencia que las palabras y las estadísticas no tienen. La televisión montó un escenario en vivo y en directo 24 horas sobre 24. La violencia, los heridos, los muertos adquirieron la fugaz exhibición de un fenómeno que se arrastra silencioso, con la pedagogía del acostumbramiento, desde hace 36 años.
No es un accidente porque se podía evitar. No ocurrió por casualidad. Tampoco porque alguien lo desee. Es la consecuencia de la increíble creencia – pseudo científica la más de las veces, apradinada por negocios miserables – en que los problemas sociales los resuelve el mercado. O que el mercado puede por sí generar convivencia o sociedad deseada. Creencia que carece de todo fundamento teórico y de la que no se pueden listar experiencias concretas de la bondad de los resultados. Y sin embargo ocupa y lava el cerebro de profesionales, de dirigentes políticos, empresarios y sindicalistas. Esa es la trampa.
En la práctica, en los últimos 36 años, la arquitectura ha sido la de una economía de mercado y el resultado una sociedad de mercado y ambas con sus consecuencias. El mercado primero nos endeudó y ahora nos ha primarizado. En todo este tiempo la pobreza se ha reproducido de generación a generación.
¿Qué vienen pobres de los países pobres vecinos? Sí. Veremos por qué. Pero ¿acaso no son muchos más los pobres no censados, en razón de que un no los amontona un acampe?Las Villas no han dejado de crecer en la Ciudad de Buenos Aires, en el conurbano, en las afueras de todas las ciudades grandes. Otros militan su vida en las zonas rurales empobrecidas.
En 1974, los pobres eran el 5 por ciento; el desempleo 3 por ciento; el Coeficiente de Gini 0,36: Dinamarca. El resultado de una economía que crecía al ritmo de la industria la que crecía por políticas de largo plazo que privilegiaban por precios sociales los diseños y no por precios de mercado. Teníamos – lo malo – una elevada tasa de inflación no negada que se administraba preservando crecimiento, empleo y condiciones de vida. Construir una sociedad vivible nos llevó a industrializarnos y a generar las condiciones materiales necesarias. No se puede ignorar que a una determinada estructura económica corresponde una estructura social.
¿Podemos inferir que a determinada estructura social corresponde una estructura económica? Obviamente si. De lo contrario ¿qué produce la pobreza que en estos días ocupó el escenario?
¿Importa si fueron punteros o barrabravas los que los llevaron? ¿O importa que estaban en otro lado y ese desmadre los hizo visibles? Estaban ahí. Tal vez al lado. No estaban mejor. Pero expusieron lo peor que podían estarlo al descampado y en la violencia; o de vivir dónde y como viven, de usurpar y acampar un lugar público, o de enfrentarse y ser enfrentados con otros vecinos que no los querían ahí. ¿Importa si eran migrantes argentinos, inmigrantes latinoamericanos, o simplemente ciudadanos nacidos y criados en la pobreza que se expusieron a un acampe? Si son inmigrantes latinoamericanos, jóvenes que dejan sus países, cancelan fuerza de trabajo; y escapando de su pobreza, condenan a mayor pobreza a los viejos y los niños que quedan sin parte de su población económicamente activa. Evo Morales dio una respuesta. Y en ella está implícita falta de solidaridad de los países más ricos de la región para ayudar al desarrollo de los países más rezagados que tienen el derecho de que sus hijos crezcan y vivan uppen la tierra que los vio nacer. Toda emigración masiva es el resultado del fracaso del país de dónde se emigra más que de la prosperidad del país hacia donde se emigra. Tenemos ejemplos locales: la emigración de la crisis de 2001 o la continua emigración de científicos como consecuencia del fracaso del sistema de investigación o el exilio como consecuencia del descomunal fracaso de un sistema político que no encontró otro sistema que la aberración del genocidio para instaurar un desorden mayúsculo. Volvamos a hoy. Si son migrantes locales están denunciando la incapacidad nacional de diseñar un sistema productivo que armonice el territorio.
Todos sabemos que ni las cifras porcentuales de pobreza, ni de equidad medidas por el Coeficiente de Gini, ni de desempleo son ni por lejos parecidas a las de 1974. Eso significa, aunque resulte “pesimista”, que en tres generaciones hemos ido para atrás.
Respecto de Villa Soldati sólo recordamos que el número de personas pobres, desde 1974 a la fecha, ha crecido a la extraordinaria, única y demencial tasa del 6 por ciento anual acumulativo. Y como la población, en ese mismo lapso, creció a la tasa del 1,4 por ciento anual acumulativo (incluye inmigrantes netos) la diferencia entre lo que crece al 6 y lo que crece al 1,4 ¿no se llama “fábria de pobres?. ¿Cómo ocurrió?
Desde fines de 1974 la economía argentina renunció al programa de industrialización, de desarrollo del territorio y de distribución del ingreso. Sustituyó el programa, con todos sus errores, y el predominio de la arquitectura económica y social por precios y rentabilidad social, por el predominio del mercado y la tasa de interés.
Surgió primero la economía de la deuda: la manera de financiar las importaciones para lograr la estabilidad y “abaratar” el disfrute de primer mundo. Tablita cambiaria, convertibilidad, respondían al mismo patrón. Desde 1975 hasta 2002 la economía, los años que creció, fueron los años en que la deuda se facilitó: ya lo sabemos, liquidez y consumo. El déficit externo y fiscal tenía la misma cura: más deuda. Se destruía el aparato productivo que no podía sostenerse con los precios de mercado y tipo de cambio ancla. Y con él se destruía la vida de las personas. La economía fracturada. Unos vivían el primer mundo del déme dos; y otros se amontonaban para vivir del deshecho de la fiesta.
La economía fracturada se anunció en 1975, creció y estalló en 2002 cuando la balanza se invirtió y la calle se convirtió en el territorio de las mayorías. La economía de mercado resultó espantosa: no pudo pagar lo que debía. La sociedad de mercado resultó espantosa: no pudo mantener la fractura y se quebró: la pobreza, y no la riqueza, se derramó.
A partir del default, la devaluación, las retenciones y la pesificación algo cambió. Pero en ese contexto ocurrió la modificación abrupta de los términos del intercambio. En lugar de la deuda, que mientras duró alimentó la ilusión de primer mundo, apareció la soja que derribó la natural debilidad financiera nacional al permitir sin costo la financiación de la fuga del excedente. Ese proceso generó un crecimiento extraordinario. Y hemos vivido desde 2003 y hasta hoy, un proceso de tasas chinas. Con estabilidad cambiaria.
Pero no hemos resuelto el problema de la pobreza. La economía, con los parámetros post devaluación, finalmente ha crecido al ritmo de la economía de mercado: nadie ha instalado un programa de desarrollo basado en precios sociales. Y la sociedad resultante, si bien derivada de la economía de la deuda, no es ahora la consecuencia de una transformación estructural deseada.
Con mucha claridad lo dicen dos economistas insospechados de oposición Daniel Azpiazu y Martín Schorr, “El período 2002-2007 emerge como una de las fases de mayor ritmo de crecimiento …a diferencia de la fase 1964-1974…, el sector manufacturero no parece ser, como entonces, el eje propulsor y dinamizador de la economía…, el núcleo central del modelo de acumulación”.
Eso es lo central: a todo modelo de acumulación corresponde un modelo de distribución. Y en esto estamos: un modelo de acumulación que derivado de la demanda externa ha tendido a primarizarnos, a generarnos abundantes recursos, que no ha sido la base para una transformación productiva.
Tres período fuertes de la economía nacional: la emblemática industrialización por la vía de los precios sociales, con su edad de oro 1964/74, generó una sociedad moderna, envidiable, Dinamarca. Alfredo Canavesse, en esos años, pensaba que seríamos Suecia. Luego a la economía de la deuda por la vía del mercado, particularmente del mercado financiero. Una sociedad fracturada que terminó quebrada. Y ahora la economía del respiro derivada de las capacidades naturales y de la demanda China.
Villa Soldati es una fotografía de lo que se acumuló desde el 75 y – en todo caso – no se resolvió desde el 2003.
La economía de mercado, en un caso, generó la deuda y estalló. Ahora, por la naturaleza, la soja, ha multiplicado riqueza pero no la puede ciclar por falta de aplicación productiva. Es una cuestión de modelo. Y de voluntad y comprensión.
El éxito embriaga. Lo que brilla suele encandilar. Si miramos los superávit fiscal y externo como no sentir el éxito a los pies. Si miramos las cifras de crecimiento, la producción de soja, la exportación automotriz, la venta de electrodomésticos, los avisos a doble página, como no sentir una realidad brillante. No hay que tomar el éxito con entusiasmo, ni mirar lo que brilla. Hay que iluminar lejos y tratar de ver lo que está atrás. Y ahí aparece Villa Soldati, las pruebas de educación internacional, la caída del capital por persona ocupada. Ni el éxito ni el brillo lo resuelven.
Sólo lo puede la voluntad política como creemos los que www.nosquedamosenel73.com.ar.
Este es mi último Apunte. Mi amigo Marcelo Capurro, a quien le deberé siempre agradecer el haberme invitado a esta tarea de escribir 410 semanas seguidas, ha cambiado las condiciones en que se desenvolverá la revista. Le deseo lo mejor; pero no seré de la partida. Y a quien lea esta nota, como me quedó el vicio, seguiré apuntando en ese lugar dónde más que la memoria aspiro a rescatar con otros muchos un espíritu de transformación que creo ha sido abandonado pero que goza de buena salud.

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16 diciembre 2010

BUENA SALUD*

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