DE LAS BASES A LAS CERTEZAS

Cada discurso presidencial de apertura legislativa es un dato importante para conformar el cuadro de situación en el que todos tomamos decisiones.
En esta nota haremos comparaciones con un año liminar. El 1 de mayo de 1974 en la apertura de sesiones Juan Perón se refirió a “nuestro programa grande para el futuro”. En el discurso, decía : “Nuestra Argentina necesita un PROYECTO NACIONAL, perteneciente al país en su totalidad… un gran espacio de coincidencia nacional. Otros países … tuvieron… o siglos para pensarse a sí mismos, o el catalizador de la agresión externa. Nosotros no tenemos ni una ni otra cosa… la incitación para redactar nuestro propio MODELO tiene que venir simplemente de nuestra toma de conciencia. Como Presidente …propondré un MODELO a la consideración del país… Si de allí surgen propuestas que motiven coincidencia, su misión estará más que cumplida”. ..hay un solo camino para alcanzarla: gobernar con PLANIFICACIÓN”. “los criterios formalizados … que expresen el pensamiento de partidos políticos y grupos sociales, no pueden ser otra cosa que su versión de PROYECTO NACIONAL. Esclarezcamos nuestras discrepancias, y, para hacerlo, no transportemos al diálogo social institucionalizado nuestras propias confusiones. Limpiemos por dentro nuestras ideas, primero, para construir el diálogo social después. Estas son, señores Legisladores, las principales reflexiones que, como Presidente de todos los Argentino me he sentido en el deber de traer hoy a vuestra alta consideración”.
Cristina Fernández, en esta oportunidad, dedicó su presentación a los logros de la gestión que entiende configurada en dos etapas.


La primera fue la de Néstor Kirchner que dijo había “sentado nuevas bases y un nuevo modelo de acumulación económica con inclusión social como nunca se había visto, era una etapa de fundación de bases de un país que él le tocó hacer”.
La segunda es la actual. Dijo, que “esas bases y ese nuevo escenario que supo plantearles a todo los argentinos rindió sus frutos” y “estamos, ya no en una etapa de construcción de bases … sino en una etapa de construcción de certezas”.
Para CFK el “modelo… iniciado el 25 de mayo del año 2003, era el camino indicado para que la Argentina creciera como nunca lo hizo” y concluyó “Hemos completado, … el crecimiento económico con inclusión social más importante de nuestros 200 años de historia”
La propuesta de Perón no se concretó. Murió dos meses después. El país ingresó en el torbellino de violencia condenado en ese discurso. Para desactivarla apelaba a la grandeza del proyecto con la participación de todos. El país sin proyecto propio es el país con proyecto ajeno. El país sin planificación es un país, en última instancia, gobernado por el mercado y las reacciones defensivas frente a los desmadres de su naturaleza. Así fueron tres décadas.
Analicemos algunas de las afirmaciones del mensaje presidencial de este año.
Crecer a mayor velocidad que nunca y tener una situación de inclusión mayor que antes, implica varias cosas. La primera, que estamos en la mejor situación de la Nación históricamente comparada. La presidente ha recibido esta información y no la ha cuestionado.
Las dos afirmaciones merecen consideración. Primero es necesario aislar el crecimiento de época, lo que significa que “el mundo crece y nosotros crecemos con él”, del crecimiento que nosotros hemos logrado independientemente. Segundo es necesario comparar estos logros con otras épocas más o menos próximas: por ejemplo 1974, el último año que gobernó el fundador del actual partido gobernante.
Una manera de aislar el crecimiento de época del que es propio y comparar con el pasado, es preguntarnos por la participación del producto de la economía argentina en el producto mundial. Veamos.
En 2010 la economía argentina fue 0,48 por ciento de la economía mundial. En 1974 el producto argentino aportaba el 0,56 de la economía mundial. Ha habido en estos 200 años un crecimiento propio relativo mayor. Desde 1974 la participación en el PBI mundial declinó sistemáticamente. La mínima participación, con sólo 0,33 del PBI mundial, se produjo en 2002.
El legítimo orgullo de CFK y del oficialismo es haber logrado en sólo 7 años, con mérito previo de Adolfo Rodríguez Saa y Eduardo Duhalde, ascender de 0,33 a 0,48 en la participación en la economía mundial. Para igualar la participación de 1974 se requerirían – a esta velocidad – 4 años.
Si el ritmo que llevamos relativo al planeta se mantiene, en 2015 habremos de recuperar la posición (el crecimiento propio) logrado en 1974.
El gran mérito de la gestión pos default y pos devaluación, es haber recuperado parte del terreno perdido. Es un mérito importante.
Pero no se puede afirmar es que ha sido el mayor crecimiento propio en 200 años. Hace 36 la Argentina – luego de una década de crecimiento industrial – había logrado una posición que aún no hemos recuperado. Las puntualizaciones en nada desmerecen el mérito. Pero ponen los números en su lugar.
Esta década ha sido de extraordinario crecimiento para muchos países, particularmente los emergentes, y el hecho que esos países hayan crecido mucho, mientras los desarrollados hayan ido por detrás, ha implicado un cambio en la estructura de la demanda del comercio internacional: otros bienes, otros precios y otras velocidades. Viento de cola.
La Argentina, que por sus dimensiones no es un país motor, es beneficiaria de esa nueva dinámica mundial. Una muestra de esto es que el producto de volumen que más creció en nuestras exportaciones es el que no consumimos: la soja. Este hecho es un cambio notable: lo característico del sector externo argentino es que exportábamos lo que comíamos y el crecimiento externo golpeaba al interior de la economía. Un ejemplo es la carne y la expresión política de esa contradicción previa, hoy liberada, es “la mesa de los argentinos”.
Volvamos. Lo cierto es que la Argentina subió, en estos años, 0,15 puntos de porcentaje en su participación en la economía mundial. En ese mismo lapso los BRIC, que empujaron el mundo, crecieron en su participación. Brasil la acrecentó en 0,23 puntos de porcentaje; India 0,78; China 3,22 y Rusia 0,27.
Ese es el crecimiento de época que hemos sabido aprovechar y que nos permite recuperar posiciones previas.
Respecto de la inclusión, que la Presidente señaló como la más elevada jamás alcanzada, es una afirmación más discutible.
¿Cuál es la medida de la inclusión social? Una medida que tal vez describa la inclusión es la de la pobreza. Que todos estén incluidos de igual manera en la sociedad es otra cosa. La desigualdad, que podemos medir con el Coeficiente de Gini, es una situación diferente de la pobreza.
Una sociedad puede tener una proporción muy pequeña debajo de la pobreza; y una gran concentración del ingreso y de la riqueza. Habría muchos incluidos en el mínimo pero, por la desigualdad, muchos estarían excluidos de muchos bienes. Por ejemplo, superar la línea de pobreza no es suficiente para muchas acciones de inclusión.
La inclusión es acceso. La pobreza mide el acceso a un mínimo. La mejor distribución implica que muchos son los que acceden a mucho más que el mínimo.
Ahora bien ¿cuál es la pobreza hoy?¿cuál es la medida de la distribución hoy? ¿Históricamente estamos en el más bajo nivel de pobreza y en el mejor de distribución de la historia nacional? La respuesta de la presidente sería, siguiendo su discurso , sí. Pero las cifras dicen otra cosa.
El último comunicado de prensa del INDEC informa que el 12 por ciento de las personas están viviendo debajo de la línea de pobreza. En 1974 las personas que vivían debajo de la línea de pobreza no llegaban al 5 por ciento. En 1974 la distribución del ingreso, medida por el Coeficiente de Gini , era de 0,36; y hoy está por encima del 0,40.
Para muchos analistas la pobreza es mayor y duplica los números oficiales. El cuestionamiento de la afirmación del discurso surge de las mismas cifras oficiales.
Hay dos afirmaciones irrefutables implícitas en el discurso presidencial: la Argentina, en estos 7 años, ha recuperado crecimiento e inclusión. Y esa recuperación ha sido acelerada.
Pero también es cierto que no es sencillo sostener que sea este el período de mayor crecimiento propio (aislando el crecimiento de época) con inclusión social (comparando con años anteriores).
Nuestro crecimiento, partiendo de 2002, hasta 2010 fue 78 por ciento. La caída de la economía nacional desde 1998 hasta 2002 había sido del 20 por ciento.
En ese mismo período el crecimiento de la India fue 88 y el de China 117.
La Argentina creció en estos 7 años más que casi todos los países de la región.
Pero si “normalizamos las tasas” y partimos del último año previo a la caída recesiva (1998); y hacemos la comparación internacional, queda en evidencia el peso del crecimiento de época. Entre 2010 y 1998 el mundo en desarrollo más los ex países socialistas, creció el 82 por ciento; la India 129; China 198; Perú 77; Chile 50; Brasil 48; Argentina 46; y el mundo 38 por ciento.
El mundo creció y más lo hicieron los países emergentes y nuestro vecindario. Crecimiento de época. Viento de cola.
El gran crecimiento de 2002 a la fecha es producto de la época más la recuperación más dinámica propia y los factores son en ese orden.
En todos los factores hay méritos de la gestión K que no pueden ser soslayados: el crecimiento de época podría haberse impedido y el de la recuperación podría haberse no producido.
¿Pero la oportunidad de la época y de la recuperación se han aprovechado?
Los números sociales hablan de demora, más allá de cómo se construyó su realidad y su estadística. Pero la ausencia de Proyecto y de Plan – a pesar de la recuperación que implica el programa industrial lanzado recientemente y sobre lo que volveremos más adelante – es una gran demora en aceptar que la construcción principal es el futuro y que es su debate lo que brinda certeza.
Construir certezas es una tarea esencial del gobierno.
Y es un mérito de Cristina Fernández definir, lo que queda de su mandato y del próximo al que por sus actos aspira, como un período de certezas.
Debería ser un período de construcción de certezas.
Y en eso lo primero es un Plan en el que el consenso político y social sea fundamento de la certeza.
Hay mucho más en el discurso que merece ser comentado.
Pero hay un punto en el que surge una preocupación por saber cuál es el diagnóstico profundo de las reflexiones presidenciales. Es una pregunta. Veamos.
El crédito es constituyente del capitalismo; sin él no hay sistema capitalista. El total de préstamos al sector privado en 2010, según el BCRA, fue de 12,2 por ciento del PBI. Menos de la mitad de lo que se prestaba en los 80 y 90. Y, del crédito al sector privado en relación al PBI en Brasil, una cuarta parte; y un octavo respecto a lo que se brinda en Chile.
Dijo la presidente “Sin embargo, la rentabilidad en los años ’90 en el sector financiero era del 3.9 y en el año 2010 fue del 24.5” . Y agrego encabezan las tasas de ganancias a varios sectores.
En estos años el atesoramiento, dolarización de portafolios, fuga de capitales de residentes ha sumado 70 mil millones de dólares.
Parte del excedente fluye fuera del sistema, los bancos no prestan y ganan como nunca: valorización financiera. Pero sin crédito a la inversión y con el uso de recursos de un servicio público que estos concesionarios usan para colocar a tasas extraordinarias al sector privado (poco) y al público (relativamente mucho).
Una breve referencia para apuntar que la certeza requiere de un Plan y de consenso, para que cuestiones como la ganancia de los bancos sin prestar no sea una sorpresa. Por otra parte, fea.
Por Carlos Leyba

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05 marzo 2011

DE LAS BASES A LAS CERTEZAS

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