MAREADOS POR EL ÉXITO

11 de Septiembre de 2011

Carlos Leyba

Así tituló José Stalin una nota en el Pravda de marzo de 1930. Criticaba a los funcionarios responsables de errores y les decía que “los éxitos tienen su lado oscuro, especialmente cuando se logran ‘con facilidad’” y, por así decirlo, de un modo “inesperado” (Stalin, una biografía; Robert Service).
¿Aquí y ahora, los éxitos tienen lado oscuro? El inventario de los éxitos de la gestión K es contundente. El 50 por ciento o más de los que votaron considera que cada día está mejor. Y que en el futuro estará mejor: un “neto” de suma algebraica de lo bueno restado de lo malo; el “neto de 2001 a 2011” le ha sido cada año más positivo. Y supone que continuará.
El neto no niega las cosas malas: los valores negativos, aún altos, en la suma y resta, son superados por los positivos. Si la mayoría no valorara un proceso de mejora continua, la percepción sería de estancamiento, bajaría la ponderación positiva del futuro.
La percepción de continuidad de incremento de lo neto forma determina la visión de progreso, una línea que se proyecta ascendente y que hace de la gestión K la mejor opción para administrar el futuro.
¿Qué es lo negativo? No se niegan los problemas cotidianos. Por ejemplo inseguridad, Candela, problemas de droga; sensación de fracaso social por el crecimiento de Villas Miseria y del número de personas hacinadas en ellas; o escándalos tipo Madres de Plaza de Mayo o fenómenos más abiertos de corrupción tipo Ricardo Jaime y otros funcionarios. Sólo citamos temas que ocuparon a diario la TV y los diarios no oficialistas. Convengamos que la aparición masiva de cadenas oficialistas de medios gráficos, radiales, televisivos, reforzados comunicacionalmente por la aparición cotidiana de la Presidente, inaugurando obras o anunciando decisiones públicas siempre positivas, neutraliza el impacto de la “agenda negativa” que se completa con debilidades institucionales denunciadas por opositores y que van desde las “picardías”, irregularidades o acciones fraudulentas en las elecciones primarias, hasta la manera en que se dice funciona el Consejo de la Magistratura, etc.
El 50 por ciento de los votantes ni ignora ni niega esos hechos negativos o problemáticos; pero su ponderación es crecientemente baja. Y crecientemente alta la ponderación de los hechos positivos.
Creciente entusiasmo en personas sin militancia política y de jóvenes profesionales que adhieren. El voto oficialista se ha tornado militante.
El núcleo duro del oficialismo se expande. La periferia forma parte del capital propio y no del prestado. Esta mayoría se va haciendo no sujeta a volatilidad. Lo positivo gana cada día mayor ponderación mientras que lo negativo se diluye. Su agitación opositora se asemeja al “cuento del lobo”.
Los “hombres prácticos”, lobistas y dirigentes empresarios, lo dijimos, han ingresado al “círculo de confianza” oficialista junto a la mitad de los dirigentes rurales.
La capacidad de resistencia a la adversidad (eventual) del núcleo duro ampliado es creciente. Traducido: hoy una resolución tipo 125, aunque despertara la reacción negativa de un amplio sector, se enfrentaría a un oficialismo consolidado no volátil. Nada de lo que ocurrió entonces podría repetirse. Difícilmente una decisión equivocada o un nuevo escándalo podría retrotraer al kirchnerismo a 2009.
Presenciaremos la “migración por etapas” de dirigentes opositores en marcha hacia el “círculo de confianza”. Se hicieron opositores -ponderaban lo malo de modo que obtenían una suma negativa- y están de retorno al oficialismo, empujados por las ponderaciones diferentes de la opinión pública y por el nuevo carácter militante hasta de la periferia oficialista.
Hecho el modesto inventario, extraído de los medios y de la oposición, de lo “malo” veamos qué es lo positivo que provoca tamaña adhesión.
Sabemos que prevalece la mirada económica: la demanda global aumentó vertiginosamente.
Desde el primer trimestre de 2003 hasta el mismo período de 2011, a los precios corrientes, el consumo privado se multiplicó por 3,9 veces. Los precios del consumo se multiplicaron por 2,2 y las cantidades reales se multiplicaron por 1,7 veces.
El consumo público, el realizado por el Estado, se multiplicó por 5,3 veces a los precios corrientes: resultado de precios que se multiplicaron por 3,9 veces y de cantidades reales que lo hicieron por 1,4 veces.
La inversión bruta, a precios corrientes, se multiplicó por 5,9 veces. Sus precios se multiplicaron por 3,4 veces y por 2,5 veces se multiplicó en términos reales.
Y finalmente las exportaciones que, a precios corrientes, se multiplicaron por 3,2 veces, en términos reales se multiplicaron por 1,4 mientras que sus precios se multiplicaron por 1,8 veces.
Según el INDEC, en casi todos los casos, el crecimiento de los precios superó al crecimiento real. Pero éste ha sido tal que ha permitido que la demanda global se haya multiplicado por 1,7 en el período K. Un ritmo extraordinario. Para satisfacer es demanda la producción local, el PBI, se multiplicó por 1,6 veces y las importaciones se multiplicaron, siempre entre el primer trimestre de 2003 y el primero de 2011, por 3.
¿Qué nos dicen estos números de la macro economía respecto de la suma positiva que realiza la opinión pública?
Que el crecimiento real ha sido abundante. Y, el dato más importante, que en el período K para producir más se crearon 3,3 millones de puestos de trabajo: un incremento del 28 por ciento en el número de personas empleadas y un descenso de 55 por ciento en el número de las personas con problemas de empleo que hoy son 2,5 millones de personas.
Crecimiento de la economía, del empleo y de la productividad, descenso del número de desempleados y -como vimos- aumento del consumo público que representa, en gran medida, el incremento de la asistencia pública a las personas con problemas para generar ingresos. La suma de todo eso es empleo y consumo.
Una muestra: con un parque automotor de 10 millones de unidades, en 2011 se incorporaran 800 mil unidades. La población humana crece al 1,2 por ciento y la automotor al 8 por ciento.
Con el crecimiento, los precios de la demanda global han crecido y mucho. Pero la inflación, para la sociedad, no es un problema porque el empleo y el crecimiento no se han detenido a causa de ella.
En la ecuación de bienestar presente, empleo más consumo suma más que la inflación y las desconfianzas que se suman al termino negativo.
¿Y Stalin? Vamos a eso.
Salvando la distancia y usando comparaciones odiosas, recordaré a algunos y -a los más jóvenes les informaré- que durante el pésimo gobierno constitucional de Estela Martínez, las reservas en poder del Banco Central llegaron prácticamente a cero. El agujero negro de ese período de alta inflación -provocada por Alfredo Gómez Morales y Celestino Rodrigo- era la carencia de reservas en el BCRA. El golpe genocida lo enfrentó con endeudamiento. El BCRA de los Chicago Boys se llenó de reservas y de préstamos.
Poblar de reservas era la muestra del “éxito” de José Martínez de Hoz. Los petrodólares abundaban. Siguiendo a Stalin, “éxito” (reservas); lado oscuro (deuda); facilidad de la época (petrodólares); y lo inesperado (abundancia del flujo especulativo).
Para la clase media fueron, si bien pocos, años del ordinario y espantoso “esplendor de Miami”: glotonería enfermiza del déme dos. El sufrimiento de la carencia de reservas del gobierno de Isabelita llevó a la ponderación suicida de las reservas de la dictadura genocida.
La convertibilidad menemista fue consecuencia (podrían haberse hecho muchas otras cosas) de un período prolongado de altísima inflación que se extendió, con altibajos, desde fines de 1974 hasta estallar en dos hiperinflaciones y terminar en 1990. La sociedad entonces reclamaba recuperar un sentido para la moneda. Y el “éxito” de la convertibilidad fue estabilizar los precios; el “lado oscuro” fue hacerlo sobre la base de la sustitución de la producción nacional por la importada y la promoción del consumo, de esos bienes importados, vía endeudamiento; la “facilidad” fue, otra vez, el auge de la colocación de deuda en los países en vías de desarrollo; y lo “inesperado” fue la adhesión de los sectores medios al sueño de llegar al primer mundo pagándolo con pobreza y desempleo masivos que generaron una “sociedad de perdedores resignados”, la que habría sido imposible sino hubiera mediado la previa represión de la dictadura.
La adhesión a lo que se consideró “éxito” en cada uno de esos momentos (se los llamó milagros), estuvo determinada por las carencias del período previo. Carencias que el nuevo hizo sentir que resolvió con pociones mágicas y efímeras. Se planteó una imaginaria relación unívoca entre problema y solución. Los costos afloraron después. Pero estaban.
El “éxito”, en estos términos, casi siempre tiene “un lado oscuro”. Casi siempre obedece a una “facilidad”. Y casi siempre resulta de un hecho “inesperado”.
¿A qué viene ahora esta frase de Stalin “mareados por el éxito”?¿A que viene el recuerdo de dos etapas siniestras de nuestra historia que embaucaron a parte de la sociedad a causa de haber resuelto (transitoriamente y a un costo enorme) los problemas heredados?
Ninguna similitud. Sin duda estamos en un período de mayor conciencia política.
La economía actual ha resuelto en gran medida el problema del empleo, ha morigerado los problemas de la pobreza y del desencanto. Estos éxitos se ponderan en justa relación a la debacle del empleo y de la miseria en que habíamos transitado los primeros años de este siglo. Ese es el éxito. ¿El lado oscuro? La primarización de la economía que ha sido el motor de la recuperación y de los equilibrios externos y fiscales necesarios para sostenerla. La primarización es un lado oscuro porque confirma la estructura de una economía que puede crecer y seguir creciendo, pero sin desarrollarse, y prorrogando el subdesarrollo y sus males.
Toda ampliación de la frontera productiva es necesariamente un proceso de diversificación y esencialmente de industrialización. Entre 1993 y 1998 el peso promedio de la industria en el PBI fue de 0,175 por ciento. Fue el período de la “desindustrialización”. ¿Sorpresa?: entre 2003 y 2010 fue menor: 16,3 por ciento y 0,16 por ciento en 2010.
La industria, respecto del total de producción de bienes, representó 54,75 por ciento. En este último período fue el 51,75 por ciento y del 52,91 en 2010.
La primarización y sus consecuencias “benéficas” fiscales y de comercio, se han logrado “con facilidad”: la dotación natural del recurso tierra y la previamente acumulada capacidad tecnológica. Ambas condiciones estaban ahí en proceso de germinación. Y, como dijo Stalin, ocurrió “lo inesperado”. Que, para nosotros y para toda nuestra región, ha sido, es y puede que lo siga siendo, el fenómeno chino.
Muchos lo imaginaron pero nadie pudo predecir este precio de la soja.
¿Y por qué marea este éxito que parece perdurable o que podrá durar varios años?
Porque marearse es perder el equilibrio y la capacidad de coordinación y en este caso hace confundir crecimiento con desarrollo. El desarrollo, a diferencia del crecimiento, es un proceso deseado de cambio estructural. Puede haber crecimiento sin transformaciones. Una estructura económica no suficientemente diversificada es necesariamente dependiente. Su crecimiento genera concentración. Es la tendencia natural de los mercados: concentración productiva, concentración de la riqueza y concentración demográfica. Esa es la estructura del subdesarrollo. Crecimiento con concentración o viceversa, es lo más fácil y marea.
Lo no inesperado es consecuencia de un programa. Lo que no es fácil es consecuencia de transformaciones. Lo que despeja los lados oscuros, lo que clarifica, es la iluminación y no el brillo que encandila. El éxito, que no marea, es aprovechar la oportunidad inmensa que tenemos de encaminar el desarrollo. Eso es que la voluntad popular espera: está preparada y disponible. ¿Los líderes lo ofrecen?
Girando alrededor de lo mismo, sin encarar la transformación industrial para el desarrollo, nos producirá un mareo que termina en desvanecimiento. Y a pesar del éxito.

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25 septiembre 2011

MAREADOS POR EL ÉXITO

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