PERO DESPUÉS …

18 de Septiembre de 2011

Carlos Leyba

Hay dos miradas no una acerca de las razones que llevan a nuestra economía a un período largo e intenso de crecimiento.

Una sostiene que este crecimiento es endógeno; y por lo tanto resultado de la expansión de la demanda interna, sea de consumo o de inversión.
La otra sostiene que, al igual que muchas de las economías de la región, el crecimiento tiene una causa exógena. En esta mirada la causa es China por la soja y Brasil por los autos.
Pero ambas miradas convergen en una si nos preguntamos por la sustentabilidad de un crecimiento largo e intenso. Que es justamente de lo que se trata.
Dada la estructura productiva argentina y los modos de consumo de los sectores de mayor poder adquisitivo, el crecimiento no sería posible sino tuviera la financiación del excedente de la balanza comercial. Nadie imagina posible o deseable la alternativa de Argentina acudiendo al crédito externo para estabilizar la expansión. Eso es Cavallo y Martínez de Hoz y bien sabemos como termina. Con Joe en hiperinflación y con Mingo en hiperdesempleo.
Por lo tanto debemos mirar cómo se genera el excedente. Y ver si ahí hay alguna nube. Con China en 2012 no habrá cimbronazo. Entonces nos queda Brasil y los autos. Miremos un poco ya que por ahí pasa la cuestión; claro que simplificando.
Sobre las cifras positivas del conjunto de la industria y de la economía, pesa mucho la marcha de la industria automotriz. Nos referimos al eslabón final: las terminales. Los autos y vehículos de transporte. Creció 26 por ciento en estos ocho meses respecto de 2010; hemos producido más de medio millón de vehículos. En agosto la producción automotriz creció 18 por ciento. El 70 por ciento son automóviles. De las 85 mil unidades producidas en el mes de agosto 55 mil se exportaron: 30 por ciento más que en 2010. Exportamos 350 mil vehículos en lo que va del año, 29 por ciento más que el año anterior. Más del 60 por ciento de las unidades fabricadas tiene destino exportador y de ese total el 80 por ciento va a Brasil. Cuidado.
En el mercado local se han patentado en agosto 80 mil unidades: ingresan por día más de 2.500 vehículos al parque y en lo que va del año superamos las 600 mil unidades y serán 800 mil en 2011.
La tasa de crecimiento del parque, dado que la baja de vehículos es mínima, siendo que el parque total está en 10 millones, alcanzará al 8 por ciento anual. ¿Cuál es el ritmo de crecimiento de la producción de estacionamiento en las ciudades, cuál el de las vías terrestres y cuál el nivel de desarrollo de la producción de combustible? Para pensar.
La tasa de expansión del parque automotor es 8 por ciento anual, la de la población es 1,2 por ciento anual; y la de los bienes asociados (combustibles, infraestructura) parece ser considerablemente menor. Un buen ejercicio para calcular el potencial de crecimiento que arrastra el consumo de la industria: o expansión armónica o cuello de botella. ¿Su opinión?
Del total de autos patentados este año 60 por ciento serán importados. La producción local (para mercado interno y exportación) ha sido posible por la utilización de capacidades disponibles y por inversiones plurianuales que determinan que el sector sea uno de los más dinámicos. La automotriz impacta en las industrias metalmecánica, plástico y neumáticos e influye positivamente en el Estimador Mensual Industrial.
Pero la desindustrialización argentina desde 1975, con altibajos, ha incidido de tal manera en la industria automotriz hoy tiene una baja integración de piezas locales. El resultado es una balanza comercial deficitaria del orden de US$6.000 millones.
Nacida como una industria clave en el proceso de sustitución de importaciones, el desmantelamiento de años ha hecho que el crecimiento del consumo interno y la forma de articulación de las multinacionales en el MERCOSUR (y en el mundo) haga del crecimiento de las terminales una fuente de nuestro enorme déficit comercial industrial externo.
¿Puede decirse que cuando más crece el consumo más aumenta la importación? ¿Ese sería el mal de no tener sustitución de importaciones?
Dos señales: la primera la industria automotriz es la clave del comercio administrado en el MERCOSUR y tiene un saldo comercial negativo; la segunda, sin comercio administrado la situación podría ser peor. De lo que se infiere la necesidad de administrar el comercio y renegociar sus condiciones de modo que una mayor integración local sea un eje de la política de integración de la región: integrarnos para integrar y no integrarnos para desintegrar. Esa es la cuestión. Fragmentamos nuestra línea de producción de autopartes. En los noventa desapareció la fabricación de motores. Se radicaron en Brasil. Los subsidios de Brasil fueron decisivos para que importe industrialización. Helio Jaguaribe, sociólogo brasilero, a eso lo llamó “el industricidio argentino”. Renault prácticamente se trasladó a Curitiba (Paraná) acompañada de las plantas de abastecimiento. FIAT cerró y se concentró en Belho Horizonte (Minas Gerais). Esa es la consecuencia de la pérdida del proyecto estratégico industrializador de la Argentina y de la continuidad del proyecto estratégico industrializador de Brasil.
¿Cuánto sentido le quita a la integración que se realice en base a proyectos contradictorios?
Gracias a las condiciones de la primera década del Siglo XXI, ambas empresas volvieron a fabricar en el país pero no lograron recuperar ni la vieja densidad ni los porcentajes de integración. En ese comercio administrado el actor principal es Brasil y a la suerte de ese mercado está indisolublemente unida nuestra industria.
En ese marco, ya no referido al largo plazo al que apuntan las cuestiones estructurales, ha surgido un alerta regional de corto plazo.
En Brasil ha ocurrido el cierre temporario de algunas operaciones de Ford y Volkswagen con el propósito de reducir los altos stocks de unidades terminadas acumuladas en las playas. La reducción de la demanda brasilera es lo que ha generado la acumulación de vehículos sin vender. Para la industria local es un aviso: el 80 por ciento de nuestras exportaciones van a Brasil.
El empleo industrial de la cadena tiene en ese comercio exterior administrado un rubro importante. Estando como estamos, a alta velocidad, toda desaceleración tiene un fuerte impacto de cola.
Nuestro socio está modificando su política de corto a consecuencia del impacto y de las previsiones de la crisis de los países desarrollados. Brasil tiene déficit de cuenta corriente. A mitad de agosto lanzó el Plan “Brasil Maior” para impulsar la industria y las autoridades realizaron un recorte fiscal de casi US$9.000 millones. Ahorran para prevenir el estancamiento de las economías desarrolladas. Pierde dinamismo. No es una buena noticia para nosotros: uno de cada cinco dólares que exportamos va a Brasil. Es el principal comprador de trigo, naftas para petroquímica y harina. Pero nuestro principal rubro de ventas externas a Brasil son las Manufacturas de Origen Industrial (MOI). Y el 40 por ciento de nuestras exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) se dirige a Brasil. Eso es empleo.
Lo que pasa allá es una señal de preocupación para 2012.
La compensación, siempre mirando al corto plazo, está en que continua el dinamismo chino. No hay pronósticos negativos a pesar de Brasil y su relación con nuestra industria. Veamos.
En pronósticos los economistas no tenemos buenos antecedentes. En una reunión anual de banqueros (Jackson Hole, 2003), The Economist descubrió un método infalible para anunciar el futuro. Como el 100 por ciento de los pronósticos de años anteriores había sido equivocado, el mejor pronóstico era “lo contrario” del de los financistas.
Dicho esto limitémonos, advertido el caso Brasil, a inventariar los problemas que el presente le carga a 2012. Un inventario incompleto de problemas que 2011 proyecta sobre lo venidero.
Dos de las enfermedades clásicas del corto plazo son desempleo e inflación.
Con K el desempleo bajó mucho. Pero ahora la tasa de descenso del desempleo es mucho menor que la tasa de crecimiento del PBI. El crecimiento ha dejado de hacer bajar el desempleo; y el empleo privado que crea tiene mucho de informal. Crece el empleo público sin que la oferta de bienes públicos se expanda como lo requiere la sociedad.
La inflación, pos devaluación, estuvo controlada por los elevados, si bien heredados, niveles de desempleo y pobreza de los primeros años K. Cuando avanzó el empleo y disminuyó la pobreza, la inflación se hizo problema. Si la opción fuera inflación o más pobreza y más desempleo ¿quién dudaría en privilegiar el combate a la pobreza y el desempleo? La carencia de inversiones es la causa del problema y la política de inversión sería la respuesta adecuada. ¿Está? No.
Inflación y desempleo altos potencian el malestar. La inversa potencia el bienestar.
Las elecciones dijeron que, para la mayor parte de la sociedad, no hay malestar por la inflación, ni por la desaceleración del desempleo o el estancamiento de la pobreza. Las expectativas económicas de todos los sectores, medidas por encuestas serias, marcan un estado de ánimo sin nubarrones. Siendo así ¿cómo no van a confirmarse, los que mandan, que todo está bien?¿Pero es así?
Nuestra nave tiene un enorme agujero. Y si bien lo mejor que nos pasa es que producimos más que lo que consumimos, es decir, generamos un inmenso excedente que, en lugar de transformarlo en ahorro disponible para la inversión, se fuga del sistema. Miles de millones de dólares son potencial de inversión que generamos que se derrama en el océano de las finanzas mundiales. Se frustra la inversión potencial que estaría destinada a aumentar el empleo de calidad y disminuir la tasa de inflación. La fuga es una corriente subterránea que, más tarde o más temprano, desacelerará la marcha de esta nave.
Esta fuga está asociada -entre otras cosas- a la pérdida del potencial energético y a la ausencia de transformación y diversificación del aparato industrial. No anuncia una tragedia inmediata. No.
Es que el viento del naciente sopla; y la soja financiara la fuga y pagará la cuenta energética y el déficit de comercio industrial; y también las reparaciones sociales propias de la desaceleración interna.
Sin soja, esos problemas, habrían desmayado a la economía. Pero la soja está; y estará en 2012.
La crisis de los desarrollados tiene poco impacto en nuestros países. Y China e India, por ahora, crecerán menos pero el impacto de esa minoración, valga la redundancia, será menor. Tal vez las tribulaciones que señalamos de Brasil nos generen incomodidades de más envergadura.
Pero el desorden en el corto plazo, si es que lo hay, será auto producido. Si nada se hace, la inflación se pondrá incómoda, el desempleo pegajoso será difícil que baje y la pobreza se estancará.
No esperamos nada mejor que lo que hasta ahora ha venido del naciente. Soplará con menos fuerza. Tampoco nada mejor de los vecinos (algo peor); ni de lo que viene de adentro. Habrá menos incremento de recursos y aceleración de la demanda por los mismos. Zona de conflictos. Pero con soja será suficiente aunque deberá ser mejor administrada.
Creceremos menos, y si nada se hace, seguiremos con inflación y una creación de empleo que irá perdiendo calidad y desacelerándose. Las expectativas se deteriorarán y los dólares seguirán viajando, tal vez a menos velocidad.
El “paso a paso” puede ganar tiempo. Pero el tiempo hará patente la pérdida de oportunidad que es difícil de ver desde el presente. La nena le dijo que no al estudiante novio; que después fue profesional exitoso.
Oposición, oficialismo y también la profesión, han olvidado que el desarrollo es un proceso provocado de transformación estructural y diversificación del aparato productivo. Que no lo hace el mercado. Ni el viento de cola. En ninguna parte. Ambos, es lo grave a lo que no le prestan atención los que mandan, consolidan la estructura productiva que determina la actual distribución del ingreso, concentra la producción (primarización), la población (en el conurbano) y la riqueza (exuberante en la nueva oligarquía de los concesionarios). Nadie quiere eso. Pero no hacemos nada por cambiarlo. En 2012 no se va a notar. Pero después…

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25 septiembre 2011

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