CARA DE HEREJE Y MILAGRO

27 de octubre de 2010

Carlos Leyba

El domingo pasado no hubo sorpresas. Sin embargo la mayoría de CFK fue superior a la de las primarias. Y las posiciones relativas de quienes se propusieron como alternativa fueron significativamente alteradas respecto de lo acontecido en agosto.

Todo resultado tiene consecuencias. Las buenas son para celebrar. Pero las que implican riesgos, en definitiva no buenas, debemos destacarlas porque nos obligan a construir herramientas de protección del conjunto.

Se trata del conjunto que conforma el sistema político que ha quedado  integrado por un subconjunto enorme, llamado oficialismo; y varios subconjuntos pequeños, dispersos, incomunicados a los que, incorrectamente, se los llama oposición.

El equilibrio y la estabilidad del conjunto, o del funcionamiento del proceso democrático, dependen de que los pequeños subconjuntos no se disipen, hasta tornarse invisibles; y de que el subconjunto mayor no se reproduzca hasta ocupar todo el escenario.

La autónoma disipación de los pequeños genera una tendencia al vacío; el crecimiento autónomo del grande, genera la disipación de los pequeños. Poco importa por donde comienza: el resultado es el mismo.

El equilibrio depende tanto de la fuerza dominante como del contrapeso. Pero la debilidad de una democracia es una enfermedad que deriva más de la debilidad de la oposición, que de la prepotencia del oficialismo. Una ley no escrita de la política  dice que no se puede hacer presión sobre lo que no ofrece resistencia sin correr el riesgo de, en lugar de crecer en la atropellada, caerse.

¿Como se conforma esa oposición débil? Dos candidatos, el de más votos de los opositores; y uno de los dos de menos votos en la elección, Hermes Binner y Jorge Altamira, respectivamente del socialismo y del PO, son los únicos que tienen detrás una sólida estructura partidaria. Estos candidatos tuvieron más votos que los propios. Difícilmente podrán construir verdaderas fuerzas políticas de opción para  2015. Después es una eternidad.

Es probable que puedan conservar el electorado de octubre. Las fuerzas periféricas que se ha adherido a Binner son migraciones exóticas: votos decepcionados de las campañas de Eduardo Duhalde o de Raúl Alfonsín o de Elisa Carrió. Dificilmente esas decepciones se transformen en alineamiento al socialismo Light y seco de Binner.

¿Cuántos de los votos de Binner  fueron propios y cuantos “votos negativos a CFK”? Más de uno de los ex ministros K ha sido votante de Binner. Al menos uno lo ha hecho público. En los votos de Binner hay por mitades simpatía y bronca. La bronca migra.

¿Una nueva fuerza política? Difícil con muchos votos de prestado y con dirigentes instalados por ahora. Ni votos propios ni dirigentes integrados. No están motivados  para militar en una estructura partidaria ajena.

Lo de Binner no suena como el primer paso de un proyecto; y más bien parece una construcción pegada con cemento fresco por la urgencia. Los elegidos de esa construcción tienen entre si una aire de familia. Es cierto. Pero es el mismo aire de familia que pueden tener con la gente de Carta Abierta; o con alguno de los dirigentes de los movimientos sociales que comanda el kirchnerismo. Binner no ha dado el primer paso de una carrera que es de alta velocidad. Tiene el defecto, si cabe, del éxito logrado sin tiempo. Y lo que se hace sin tiempo, la probabilidad mayor, es que no dure. No es imposible. Pero difícil.

Por ahí  mas que el eventual reemplazo del kirchnerismo, Binner pasa por una ampliación de la periferia K. Cuando esa proximidad se haga notar, los votos bronca, los prestados, volverán a migrar. Pero sin rumbo.

Lo del PO, es distinto. Se hizo con tiempo. Y durará. Pero su rash electoral relativo tiene padrinazgo. Altamira se propone una “bancada revolucionaria” anticapitalista. Pero su crecimiento explosivo, desde la práctica inexistencia electoral, es hijo de los promotores de la expresión más decadente de la cultura consumista capitalista. Para los militantes de tantos años la picardía ha sido pactar con Satanás el rescate de las almas en pecado. Se puede repetir pero no multiplicar.

Binner y Altamira tienen aparatos sólidos y sin votos propios; y muchos dirigentes con aire de familia pueden migrar: al socialismo ya le pasó con Jorge Rivas, ahora oficialista. Nada dice que no pueda volver a pasarle.

No representan una posible alternativa de futuro. No viene por ahi el reemplazo. Ni de la postulacion de CFK 2015 con reforma constitucional; ni la del delfín nominado por Cristina si dice no ir por la no reforma; ni la de ningun otro que cuente con el apoyo del actual oficialismo.

La segunda parte del resultado de octubre es la existencia de partidos sin candidato. Es el caso de Ricardo Alfonsín. Y la UCR Muchos radicales huyeron de él. Y en octubre dejó de ser “el candidato de los radicales”. Peor, algunos de los radicales exitosos en sus territorios, han diseñado una segunda versión del “radicalismo k”. No son radicales que reciben votos K como fue, por ejemplo Julio Cobos; son radicales que prácticamente ofrecen sus cargos, alcanzados con votos radicales, al oficialismo K.

De resultas de la aventura de Ricardo Alfonsín, el radicalismo ha quedado como una estructura partidaria sin candidato; y no ha sido causa menor en esto, una vez más, su incapacidad para construir liderazgos propios. El acuerdo con  Francisco de Narváez y la designación de Javier González Fraga es una confesión de parte. Ambas figuras con trayectoria pública y ambos sin aire de familia con el radicalismo. No hace falta recordar antecedentes.

Hoy el principal problema del radicalismo es encontrar un líder propio. La mecánica de líderes ajenos lo ha puesto al borde de la extinción, lo que es obvio. Y la única manera, en que el radicalismo pueda movilizar a sus cuadros, es la presentación de un liderazgo proporcional a su historia, con un lenguaje del presente y una propuesta diferente del futuro.

El radicalismo, hijo de la abstención y la intransigencia, sucumbió a una suerte de clientelismo de candidatos, confundiendo a su electorado y a  sus cuadros medios, todos los cuales salieron disparados más bien, de una y otra manera, hacia la periferia del oficialismo.

También hemos tenido candidatos sin partido: es el caso de Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saa y Elisa Carrió. Ninguno de los tres surgió de, ni construyó un partido. Es el grupo de los definitivamente autodesignados. Carrió, que sí ha formado cuadros, ha demostrado ser una excelente rampa de acceso a la vida pública de personas – no todas – que la abandonan después de cada elección. Carrió construye castillos de arena. De un golpe se desarman. Pero los granos se amontonan siempre en otro lado: hacer la cuenta de las bancas que regaló lleva tiempo.

El resultado es que estos candidatos sin partido, más allá de su voluntad, son ahora gente a la intemperie. Y habrán de sufrir las inclemencias inevitables del paso del tiempo sin nada que los guaresca. Sus votos que sumados no son pocos van a volar con la mas mínima brisa  hasta que el milagro de una amurallada propuesta los amontone.

Partidos sin votos. Votos sin partido. En estas condiciones, la oposición casi no pertenece a la política. Porque la política se hace  con partidos. Tampoco es una masa electoral, porque esa se expresa a través de un liderazgo. A pesar de ser casi la mitad del electorado ese concepto necesario, la oposición, esta políticamente vacante.

El contrapunto es la idea de perpetuidad del kirchnerismo, a pesar de su juventud ya que nació de a poco hace 8 años, tiene mas que ver con que no hay nada con la fuerza necesaria para reemplazarlo, que con el vigor que se proyecta desde sus filas. Proyección difícil por la heterogeneidad de su composición.

Sin oposición todo oficialismo esta condenado a envejecer. Y en esas condiciones la calidad de la democracia declina. Para que la política genere vitalidad en la democracia debe existir un contrapunto. Una fuerza dominante y resistencia. Sin contrapeso, sin resistencia, sin oposición; el oficialismo corre el riesgo de enfrentarse al vacío. Ese no es buen escenario para la democracia.

Un oficialismo, dominante en todos los campos, sin resistencias, amenaza construir una realidad imaginaria y un sistema cerrado que siempre termina perdiendo energía.

Esa es la responsabilidad histórica de quienes no han podido construir una oposición, dejando en manos del oficialismo dos tareas: la de ejecución y la del control.

La política es pedagogía. Toda oposición es crítica a lo que el presente insinúa como futuro. Uno, si se opone a lo que la tendencia marca, y cree que debe ser rectificado, quiere un cambio de dirección: eso es ser opositor.

La actitud pedagógica de la política es descubrir el futuro pobre que el opositor cree que se oculta en el presente. Y sugerir el futuro rico que se quiere construir. Esa es la tarea.

La tarea no realizada es la que ha dejado en pie, sin conmover a una masa critica, la visión o la sensación de que no hay mejor futuro que la proyección lineal del presente. La ausencia de masa critica de estas pequeñas oposiciones, su dispersión desencantada, le saca al oficialismo el desafío y la sinergia, de una verdadera oposición.

Y toda superación del presente queda sometida a la autocrítica del oficialismo Y en ausencia – lo que es común – a los bandazos, a las políticas de la necesidad que tienen cara de hereje, y son siempre reveladoras de contradicciones debilitantes.

Un ejemplo de esta semana pone esta debilidad en el escenario mayor. A causa de que la continuidad de la fuga de dólares – que lleva 5años y suma la mitad del ingreso de dólares del período K, el doble del crédito del sistema financiero y el 50 por ciento más que las reservas del BCRA,- , que venimos alertando y sufriendo desde que CFK asumió su primer mandato, ha alcanzado días de magnitud alarmante, el gobierno finalmente tomó varias decisiones. Subir las tasas de interés rindiéndose a la visión de los banqueros. Poner el poder de policía (en todas sus formas) a combatir la especulación cotidiana. Y finalmente sancionar por decreto que los petroleros, mineros, compañías de seguros, etc., (que gozaban de insólitos beneficios de régimen cambiario incompatibles con el discurso K y ridículos para todo programa nacional de desarrollo honesto) lo han perdido y tendrán que liquidar en el mercado todas sus exportaciones. A partir de ahora. Muy tardío pero correcto y necesario.

Ninguna de las medidas nació de una visión sino de una necesidad. Son remedios; no una política. Las tasas son una medida peor que la enfermedad. La persecución tiene sus sí y sus no. Y la obligación de traer los dólares es buena. Pero todas son contragolpes que no reemplazan la necesidad de una política cambiaría y de balanza de pagos y de comercio exterior.

La oposición – ante la fuga – tampoco  cuestionó esa ausencia de política, ni la demora de esa medida de liberalidad cambiaria pro monopólica cuya permanencia era socialmente inmoral y muy gravosa. Ante la fuga, el principal problema de corto plazo, la reacción de remediación del gobierno es un ejemplo de como sin pedagogía de oposición, los oficialísimos solo se superan con autocrítica;  y si son incapaces de ella, quedan al socaire de la necesidad y a los bandazos.

Sin oposición y sin la reacción autocritica de un oficialismo, que no puede escuchar a la oposición porque políticamente no existe, sólo – y es lo que vemos por ahora – se enfrentarán los problemas desde la necesidad.

El dicho de la cara de hereje quiere decir buscar el remedio aún traicionando y contradiciendo nuestro discurso.

Las buenas políticas se diseñan desde la autonomía de la voluntad y no desde la dependencia de la necesidad. Gobernar siempre fue prever. Y ser oposición exige advertir y proponer. Sin lo uno y sin lo otro puede haber milagros. Pero los milagros no dependen de nosotros. Pero ocurren.

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31 octubre 2011

CARA DE HEREJE Y MILAGRO

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