PENSAMIENTO ENOJADO

11 DE NOVIEMBRE DE 2011

Carlos Leyba

Los sobresaltos de la economía de las últimas horas, por inimaginables,  fueron la sorpresa mayor luego del triunfo arrasador de la presidente y de la desaparición de la oposición luego de las elecciones.

Sobresaltos que, además, vinieron con el paso exitoso de la presidente por la reunión del G20 donde, cualquiera haya sido la razón, Barak Obama le abrió la puerta para una relación a la que CFK esperó durante cuatro años.

Triunfo interno y reconocimiento externo; y, a la vez, señales de temblor en la estructura básica de ambas cosas: la economía. El lunes.

Sin la vidriera principal de la economía, expuesta a los ojos de todos durante estos cuatro años, los votos CFK no hubieran sido los que fueron; y el reconocimiento de Obama no hubiera sido el que fue.

La economía cotidiana ha generado las condiciones de un clima exculpatorio de todos los problemas que la sociedad percibe, pero que no impiden el ritmo del consumo que hace a la consistencia de una mayoría satisfecha.

Y de pronto, esa misma economía, es la que ha puesto nerviosos a todos. A los ciudadanos de a pie, con o sin capacidad de ahorro; y especialmente los que tienen sus ahorros en dólares en  el sistema. En estos días cambió el humor.

Jorge Luis Borges se acerca a la barra del bar de la Galería comercial que estaba frente a su casa. Cuando llega el momento de pagar, el mozo le dice: ya está pago. JLB pregunta ¿quién? Respuesta: esos muchachos. Borges se acerca. Son pelilargos de fines de los 60. Les agradece y se interesa: ¿Ustedes qué hacen? Responden: escribimos canciones de protesta. JLB dice: “qué suerte que pueden escribir cuando están enojados. Yo no puedo”.

Las reacciones del gobierno ante la demanda de dólares y demás tienen sabor a enojo. Las decisiones enojadas han venido en catarata y con el propósito de derrotar a los que demandan dólares. Medidas tributarias, aduaneras, tasa de interés, regulaciones cambiarias y bancarias, intervenciones policiales y de gendarmería, ajustes tarifarios; comentarios, conversaciones o presiones destinadas a evitar importaciones, promover liquidación de exportaciones, trabar giros y remesas al exterior, etc. Todo como si para reavivar a alguien que ha tenido un desmayo, improvisados enfermeros tiran de cada uno de los miembros del cuerpo y un quinto de la cabeza, etc. “Descuartizar” el problema. Las herramientas aplicadas desordenadamente puede que despierten al desmayado. Pero nada respecto de la causa del desmayo. Y hay algo más que es hijo del triunfo de CFK. Desvanecida la oposición (mire a Mauricio Macri) sólo puede esperarse la respuesta del oficialismo. Pero el éxito encandila. Y así como el brillo no deja ver, la autocrítica, que siempre es pausa y reconvención del camino, se convierte en un bien demasiado escaso y cuanto mayor el triunfo más se confunde con debilidad.

Si hay algo que marca la línea divisoria económica, entre la etapa 1 y la etapa 2 del kirchnerismo es la evolución del mercado del dólar. Veamos qué pasó y veamos, si lo que ha pasado ahora, marca la etapa 3 del período K.

Durante la primera etapa del kirchnerismo (2003/2007) el comercio exterior – exportaciones menos importaciones –

dejó un saldo favorable de 64 mil millones de dólares. Y los ingresos financieros (suma neta de financiamiento comercial más endeudamiento neto externo, público y privado; menos remisión de utilidades) sumaron 8 mil millones de dólares. En el mandato de Néstor Kirchner entraron al país netos  72  (64+8) mil millones de dólares. Néstor incrementó las reservas en 55 mil millones de dólares. Durante su gobierno se fugaron 17 mil millones de dólares: el 24 por ciento de los dólares que ingresaron.

Los resultados del período Cristina (2008/2011) fueron diferentes y son antecedente del sobresalto. Ingresaron 88 mil millones de dólares. Por ingresos financieros netos (financiamiento comercial más endeudamiento menos remisión de utilidades) 37 mil millones a los que se sumaron 51 mil millones del saldo comercial.  Los ingresos financieros se multiplicaron por 5. Pero el balance comercial se achicó como consecuencia de un creciente déficit del comercio de bienes no primarios.

Acá viene la diferencia. De esos 88 mil millones de dólares , en 2008/2011, se fugaron 73 mil millones: el 83 por ciento.

¿No era una cifra para preocuparse y hacer algo?

CFK sumó a las reservas 15 mil millones que no es poco. Pero sorprende cuando se compara con el excedente fugado. “Si quita y no pon, se acaba el montón” .

Mirada desde el dólar la economía K poco tiene que ver con la economía CFK: ni aire de familia. Dos procesos inversos: NK, etapa 1, aumentaba reservas. CFK, etapa 2, aumentó la fuga.

NK, etapa 1, no tuvo ingresos financieros; y en ella el déficit comercial de producción secundaria fue la  mitad del que tuvo el período CFK.  Con CFK explotó el déficit comercial industrial que será más de 35 mil millones en 2011.

La fuga y desbalance comercial de la industria, ponen al descubierto que, cuando el tipo de cambio hace ruido, los que pueden compran dólares baratos; y los que producen, en lugar de agregar valor, importan.

La economía financiera fuga el excedente y la economía real de la industria se convierte en maquila, armado con el menor valor agregado posible e importación barata de partes.

La exportación viene primarizándose y desandando la sustitución de importaciones industriales, lo que es consecuencia de la baja tasa de inversión que está asociada al incremento de la fuga.

CFK manejó este proceso, de fuerte contradicciones, con un promedio de precio de soja, girasol, maíz y trigo que, en promedio, fue casi el doble del período NK. Los maravillosos términos del intercambio de la década fueron, para CFK, esplendorosos y otorgaron años de indulgencia que permitieron balances comerciales externos negativos, no sólo de la industria sino de la energía; y uno de 6 mil millones de dólares con Brasil. La soja en la etapa 2 ha pagado todo.

Pero la crisis europea, la morosidad americana, la anunciada desaceleración china y la complicada situación brasilera –

resuelta con una agresividad de promoción que tendrá consecuencias por estos lados – conforman un mundo menos propicio que, en buen romance, quiere decir menos dinámica positiva para los términos del intercambio y más proteccionismo y abundancia de ofertas importadoras.

Dólar barato y panorama exterior menos alentador, en un marco de expectativas de inflación más elevadas que lo que se supone ajustaría el dólar el gobierno (y con un gobierno con reservas suficientes y carácter fuerte), dieron como resultado la aceleración de la fuga que en octubre subió aproximadamente a 3.500 millones de dólares mensuales.

A ese ritmo, en pocos meses, la economía nacional se habría paralizado.

Puesto de esta manera, el sobresalto de los últimos días, a pesar de las evidencias, el gobierno no lo vio venir (los que fugaron sí). Y peor, con las medidas que tomó y de la manera que las tomó, lo fue a buscar y lo trajo y lo expuso a los cuatro vientos.

El monstruo estaba y las medidas del gobierno, que lo quisieron dormir, lo despertaron de golpe. Fueron medidas enojadas. Y no apuntan a los problemas básicos.

La reelección vino a confirmar una situación de poder interior jamás antes alcanzada; y además la buena voluntad de las potencias occidentales, sintetizada en esa reunión entre ambos jefes de estado, vino a confirmar que había un escenario de beneficios posibles por delante.

A pesar de estas condiciones, nuevas y positivas, se desató la batahola “económica” de proporciones inexplicables. Inexplicables porque muchos de los ruidos no provienen de las cacerolas callejeras sino del ruido interior del poder.

La reacción enojada quedó evidenciada en los tironeos, cada cual para su lado, que los funcionarios han puesto en marcha con entusiasmo mediante la acción directa individual y sin coordinación.

La ausencia de coordinación es el primer problema para enfrentar lo que está ocurriendo con los bancos, la fuga y la cotización del tipo de cambio paralelo. Funcionarios aplicaron sus instrumentos sin hacer la cuenta de los impactos agregados de otros instrumentos que dependen de otros funcionarios. Cada uno tira hacia un lado y hasta ahora nada indica que la suma de tironeos pueda generar la reacción esperada.

¿Cuál es la reacción esperada? O ¿cuáles son los resultados deseados? Los resultados que todos queremos son: que disminuya la compra de dólares oficiales para atesoramiento, que disminuya la extracción de depósitos en dólares de los bancos y que aumente la cantidad de depósitos en pesos; que no se corte el financiamiento para exportaciones, ni para la actividad interna; que no aumente ni la tasa de interés ni la tasa de inflación; y que la economía no se desacelere.

Si todo eso ocurre la economía seguirá en la zona de satisfacción colectiva, al menos, para el corto plazo.

Todos esos resultados dependen de que ocurra la reacción esperada: y esa reacción es el retorno o el aumento de la confianza que existía antes del cimbronazo. El último cimbronazo.

Es que, lo hemos dicho hasta el hartazgo, el problema madre es la enorme fuga de capitales que ha tenido la gestión de CFK. La huida, si bien es un problema gravísimo desde el punto de vista del largo plazo, no es un problema de corto plazo mientras los dólares sobran. Con Néstor sobraban. Con CFK hubo mas fuga que incremento de reservas.

El sobresalto ocurre porque los dólares empezaron a ser potencialmente menos que los necesarios para mantener este ritmo de fuga. La fuga – en estas dimensiones – es un mega problema de largo plazo. El ciudadano de a pie no tiene porque verlo. Está lejos.

Pero cuando se hace escasa la divisa, el ciudadano acelera la compra si percibe que es el refugio a la pérdida de una futura devaluación. La escasez potencial significa que el dólar oficial, aquí y ahora, está barato. Y los que pueden aguantar su bajo rendimiento lo acumulan por si acaso. Y en ese proceso que, primero es de frío cálculo, aparece la cola de la desconfianza.

Algunos miembros del oficialismo, no todos, imaginan que no es la desconfianza ni el cálculo lo que está detrás de la fuga, sino una conspiración destinada a terminar con el gobierno. Este argumento se derrumba si se tiene en cuenta que la fuga tiene cuatro años, los mismos que el gobierno de CFK. ¿Cuándo es que la fuga deja de ser cálculo, o desconfianza, y pasa a ser conspiración? En todo caso contra la conspiración no hay medidas económicas posibles. Las hay policiales y jurídicas. Y si hay sospechas deberían ponerse en marcha. Mientras tanto la economía necesita los resultados que antes mencionamos; y ellos requieren de las reacciones esperadas.  Hasta ahora, viernes por la tarde, no parece ser que las reacciones esperadas hayan surgido. Es más las primeras, y todas, medidas de control (todas caben en esa palabra) no han logrado revertir todos los resultados. Si bajan las compras en el oficial, aumenta el precio del paralelo y la tasa de interés, etc. Los resultados – desde la perspectiva neta – no son positivos, diría Julio Cobos.

Es más, se ha tomado conciencia en el gobierno (todo a la vez!!) que el nivel de subsidios es alto; y que el rendimiento social de los mismos es bajo, en relación a los montos en juego. Y se ha planteado la conveniencia de cortar algunos cuya subsistencia resulta absolutamente inexplicable.

Y mientras se combate la fuga que lleva 4 años y que se respingó ahora, y se revisan los subsidios; se ha llamado a empresas a fin de que empiecen a prepararse para computar tarifas sin subsidios. Pero como el balance comercial afloja – no mucho – pero afloja, se pone presión sobre las importaciones y su financiamiento; y las exportaciones y su liquidación. Tironeo conversado para enfrentar un problema serio.

Déficit comercial externo de la industria enorme; en la mirada de corto plazo es un problema de caja en dólares; pero con los ojos puestos en el largo plazo es un déficit de empleo y de estructura productiva que se cura con inversión que es lo que podríamos haber hecho con la plata que se fugó.

Lo cierto que con sobresaltos y respuestas enojadas empezó la etapa 3. Nada será como en la etapa 1 y es imposible que sigan las cosas como en la etapa 2, al menos desde la perspectiva del dólar. Cómo será la etapa 3 es algo difícil de imaginar. Pero desearíamos que no la gobierne el pensamiento enojado.

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13 noviembre 2011

PENSAMIENTO ENOJADO

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