Los Ejes de la Política Económica de CFK II: Delineando el 2012

1 de diciembre de 2011

Miguel Cuervo

En el marco de la 17a  Conferencia Industrial  Argentina organizada por la Unión Industrial Argentina, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en un discurso de 53 minutos, presentó los lineamientos de lo que serán los ejes de su política económica en su segundo período de gobierno. Aprovechó el lema que usó la Conferencia, nacido de la inteligencia del empresario y economista Ing. Marcelo Diamand, hace cuarenta años, que postulaba la necesidad de consolidar un Proyecto de  Desarrollo capaz de integrar social – productiva y regionalmente a la Nación, rompiendo el vaivén entre el “Péndulo Argentino o la Hora del Desarrollo”, para lanzar lo que CFK estima que se necesita más.

Si bien la etapa de desarrollo, que postula la UIA, le pareció una “buena definición”, la Presidenta planteó su propia definición, la “etapa de la sintonía fina”. Los acuerdos entre empresarios, trabajadores y el Estado en las convenciones colectivas de trabajo, que calificó como una de las “claves del crecimiento de estos años”, deben dejar paso a la “sintonía fina”, afirmó. En su discurso, la Presidenta CFK planteó claramente que la “sintonía fina” tenía como eje la competitividad.

También de un modo programático, sostuvo que “nuestro modelo es un modelo de crecimiento, no de metas de inflación, el modelo de metas de inflación es el método del Consenso de Washington”, al que calificó como el culpable de las crisis de América Latina.

Un primer enfoque de CFK, como para ubicar el puntero en el pizarrón del programa económico, fue plantear que el foco de las pequeñas y medianas industrias, sin abandonar el tema, debía dejar paso, como prioridad, a “precisar y a estudiar a cada uno de los sectores bajo un tema central en esta etapa que viene que es la competitividad de la economía argentina, competitividad que solamente es sustentable con inclusión social”, o sea competitividad que se busque a costas de bajar el salario de los trabajadores.

“Ya no basta con la definición de pequeña, mediana y grande industria. Hay que comenzar a ver por ejemplo en las grandes industrias y sobre todo fundamentalmente en lo que son los grandes temas, inversión, cuestiones salariales, inflación, subsidios, hay que comenzar a hablar y a analizar con sintonía fina. Hay que hablar de utilidades, otro tema que tampoco se habla, porque esto también tiene que ver con la economía y creo que a nivel global es una de las claves”, dijo la Presidenta Cristina F. de Kirchner, puntualizando, además, que un tema crítico eran las utilidades del sector financiero.

Resaltó el rol de la industria automotriz para puntualizar su preocupación sobre la inversión y las utilidades de las grandes empresas, afirmando que esta industria, siendo demandante de mano de obra calificada e intensiva en el uso del factor, ha reinvertido sus utilidades en el país. Grandes empresas, utilidades y su reinversión, el fuerte de su visión, grandes empresas a las que caracterizó como las generadoras de actividad para las pequeñas y medianas. Para cerrar el círculo de este tema, afirmó que las grandes empresas de capital extranjero podrán seguir girando a sus casas matrices los dividendos y utilidades obtenidos en el país. Enfatizando su óptica, dijo que “lo cierto es que las utilidades de las empresas argentinas están todas por encima de los estándares internacionales” lo que era entendible en la que esa utilidad no provocara desequilibrios macroeconómicos ingobernables. Ejemplificó, para ratificar aún más su preocupación con la ecuación utilidades y reinversión, que una gran empresa que tuvo subsidiado el gas, un insumo clave en su producción, obtuvo utilidades por 31 % en 2008, por 40 % en 2010 y su inversión en este último año fue 35 % menor que en aquel primero.

Otro tema abordado fue el de la idea de contar con una la ley de distribución de ganancias, que impulsa la Confederación General del Trabajo, pero que no tuvo acuerdo de la Presidenta CFK, quien dijo que “este modelo se ha regido por algo que ha sido muy virtuoso, que ha sido el acuerdo entre los trabajadores y los empresarios en convenciones colectivas, que implican no solamente cuestiones salariales sino también condiciones laborales, que también tienen un fuerte impacto económico”. Precisando, afirmó CFK que “creo que son cosas que tienen que acordarlas, como lo han hecho hasta ahora, entre los trabajadores y el sector empresario y también, hablando de la cuestión, es importante señalar la necesidad de defender las conquistas laborales”, acerca de lo que reiteró su posición opuesta a la llamada “flexibilidad laboral”. Avaló su posición recordando que fue el Estado bajo la conducción de Néstor Kirchner y la suya propia, el que sentó las bases para la recuperación de la participación del salario en los ingresos, afirmando que “tuvo que venir un (el) gobierno a restituir la negociación colectiva salarial, a fijar todos los años el salario mínimo vital y móvil y a mejorar la situación de los jubilados, que tenían congelados sus haberes durante décadas, e incorporar a millones de personas que por efecto de privatizaciones, de falta de trabajo, por desidia de sus patrones que no habían aportado, no podían llegar a esos beneficios”.

La competitividad de la economía estuvo presente a lo largo de toda la presentación de la Presidenta Cristina F. de Kirchner y en este punto la vinculó a la solución de conflictos laborales. Sostuvo que “el conflicto laboral siempre se da entre el patrón y el obrero, pero cuando se da entre dos sindicatos porque se están tironeando los trabajadores, no podemos hablar de un conflicto laboral, sino de un conflicto sindical que le hace perder competitividad a la economía”.

Abordó también el tema de la competitividad cambiaria, sosteniendo que a Argentina “nunca la van a ver en la línea de la revaluación de la moneda, siempre la van a ver en la línea de depreciación de la moneda”, a diferencia de lo que viene ocurriendo desde 2007 con otros países de la región, como Brasil Chile, Perú, Colombia, México inclusive, que se mueven en torno a un “serrucho cambiario: revalúan, devalúan, revalúan, devalúan”, porque “el ingreso de sus capitales es de carácter financiero y por lo tanto su volatilidad depende de la volatilidad de los mercados”. Esa línea de depreciación cambiaria, fue calificada por la Presidenta CFK, aclarando que no se trataba de devaluar sin control, porque las devaluaciones generaban inflación y evitar ese círculo vicioso era también “sintonía fina”.

Reconoció que el país tenía una cultura bi-monetaria, con el dólar como referencia, pero dijo que esa “cultura bimonetaria tiene también una raíz histórica, desde el año 1930 aproximadamente a la fecha nuestra moneda ha perdido 13 ceros”; además, hay especuladores y son los grandes, afirmó con el ejemplo de una empresa a la que se le había otorgado un crédito del Bicentenario, a tasa negativa y había comprado igual cantidad de dólares o más de la que se le había prestado. Cerrando con una afirmación central, “el péndulo me parece que lo debemos controlar entre todos, sobre todo entre los que más pueden mover la economía, que no son miles ni millones, son muy pocos”.

El superávit comercial fue puesto en escena como “uno de los pilares que sostenemos a rajatabla y por eso la política de administración de comercio”. Así reivindicó la decisión de intervenir en los mercados, asegurando la oferta para atender la demanda local o controlando las importaciones, reiterando que “el mundo ha pasado a una etapa de administración de comercio y si se me permite de bilateralización de las relaciones comerciales”. También reivindicó el rol del superávit comercial externo, el verdadero proveedor de divisas, que permitía evitar la tentación de promover el ingreso de capitales especulativos.

Los subsidios también fueron reivindicados como “una política que ha sido uno de los pilares del modelo, de aquella Argentina que en el año 2003 se caía a pedazos y que teníamos que subsidiar para mantener o poder incrementar demanda agregada, para mantener competitividad a las pequeñas, medianas y también grandes empresas que venían muy golpeadas”, pero sostuvo que ahora había que hacer “sintonía fina” también con los subsidios. Ejemplificó haciendo pie en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  “la jurisdicción más rica del país: 35.000 dólares de ingreso per cápita frente a 9.000 dólares de ingreso per cápita del resto del país y el 53% de los subsidios está colocado prácticamente aquí”, para sugerir que había que comenzar a desmontar el aparato, pero arrancando por los que más tienen y estudiar, también, los efectos sobre la competitividad de la producción, derivados de una eliminación de subsidios. Pidió a este efecto, la participación activa a “todos los gobernadores, a todos los intendentes, porque si no en realidad se hace muy difícil, sobre todo para quienes durante mucho tiempo criticaron muy duramente los subsidios y hoy quieren extenderlos hasta el 2017”.

En materia de política comercial externa, focalizó en la integración en América del Sur. Hizo pie en la necesidad de tener un fuerte mercado doméstico, lo que permitirá afrontar un “proceso de integración generoso entre los países del MERCOSUR y tener un potente mercado intrazona América del Sur”, dado que “nosotros aquí en América del Sur tenemos la posibilidad de ir a la inversa en la región con comercio intra – zona porque tenemos lo que quiere todo el mundo: energía, alimentos y la capacidad suficiente para transformarlos y darles valor agregado”, afirmó. La idea fuerte, entonces, es fortalecer el mercado interno y buscar un mayor intercambio intra MERCOSUR.

Detrás de este planteo de “sintonía fina”, con objetivos de crecimiento, empleo, inclusión social, planteó lo esencial de toda “sintonía fina” en la política macroeconómica: superávit fiscal y cambiario. De ahí el énfasis en la competitividad en la política cambiaria y en el gasto en subsidios ($ 75.000 millones en el presupuesto de 2012). El abordaje de algunos temas estructurales de la economía, se relacionan con la dimensión del mercado interno, que la Presidenta Cristina F. de Kirchner vinculó directamente a las exportaciones y a la integración regional y, en los hechos, a la recaudación tributaria. Pero también dejó un esbozo de objetivos para la industria manufacturera, el largo plazo de una política industrial que permita anclar una manufactura competitiva, siendo que, afirmó, la reindustrialización del país comenzó “en el 2006, después de la reestructuración de la deuda”, lo que instaló el déficit comercial en manufacturas porque, enfatizó, uno de los principales acreedores comerciales del país, los EEUU “nos venden valor agregado, nos venden las maquinarias y los fierros que todavía no construimos en la Argentina, porque tenemos un proceso de desindustrialización de décadas y ellos tuvieron la suerte de tener un proceso de industrialización desde la Guerra de Secesión en adelante”.

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05 diciembre 2011

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