Viento, seca, transplante

Publicado el 11 de enero 2012

Por Carlos Leyba

Verano seco. ¿Otoño? Ha sido, sin duda, “ Viento” la palabra más utilizada para explicar, al menos gran parte, de la onda de alegría económica de los últimos años. No sólo de nuestro país.  Entre 2002 y 2010 el crecimiento de nuestra economía ocupó en el mundo, junto a Uruguay, el puesto número 10.  Pero muchos países (32) crecieron mucho (más del 50 por ciento). Fue el resultado común del viento global surgido de la incursión en el mundo del consumo de millones de nuevos consumidores y del cambio de las relaciones entre las economías del mundo. El siglo, en los países emergentes, empezó con todo.

No es ajeno a ello, lo que no implica causalidad, esta crisis en el centro de la economía mundial que comenzó a exhibirse con fuerza en 2008, pero que se veía incubando mucho tiempo atrás. Nosotros veníamos de muy abajo. Sin duda. Pero, sin discusión, crecimos y mucho. Es cierto que nuestro crecimiento tenía el premio de la descomunal caída previa de 2001/2002; y que veníamos de una larga recesión iniciada en 1998.

Siempre la salida del pozo obscuro es más notable a causa que, desde el fondo, no se ve la claridad. Cuando llegamos, ella nos deslumbra. Cierto.

Crecimos. Siempre es justo y necesario saber “respecto de qué”. El desencadenante de la recuperación inicial de la actividad urbana fue la gigante devaluación. Se sumó el empuje de crecimiento del sector primario (el efecto soja) fruto de la demanda descomunal de productos primarios – simplificando – china.  Esto sumado a la debilidad del dólar dio términos del intercambio que favorecieron a los países exportadores de primarios, generándoles una gigantesca acumulación de reservas.

Nuestro excedente comercial y nuestra acumulación de reservas tiene su origen en “la soja”. Sin soja nuestro balance comercial sería negativo.

El balance comercial negativo ha sido a lo largo de años (ninguno de estos años K) la puesta en primera página del limite del crecimiento económico argentino.

Nuestra economía crecía hasta el punto de su equilibrio comercial. A partir de ese límite, presión cambiaria y endeudamiento. Inflación. Ajuste y freno. La década K – merece ser llamada de ese modo – representó diez años de “no freno”; “no ajuste”; “no inflación” (al menos no la que desboca las variables y para la expansión); “no endeudamiento”; “no presión cambiaria”. Expulsamos del territorio a la “banda de los cinco” (freno, ajuste, inflación, endeudamiento, presión cambiaria).

Años K = alegría económica. ¿A causa de qué? ¿Cómo? ¿Acaso a raíz de un cambio estructural generado desde la política, autónomo, planeado, deseado? ¿Tal vez equilibrado en el sentido de remediar el déficit comercial industrial con más exportaciones industriales? No.

La causa sin la cuál no habría boom, es el crecimiento de los precios externos, los términos del intercambio; y la disponibilidad de recursos naturales exportables, la primarización. Sin soja hace tiempo que habrían llamado a la puerta aquellos cinco bandidos.

Venturosamente, el viento de cola no amaina. Los precios no aflojan. Y entonces no cambia la dirección  del viento y el de cola, no se transforma en viento de bolina. Eso es bueno. Sigue soplando para empujar. ¿En la dirección favorable? Desde Séneca sabemos que sin rumbo, por definición, no hay viento que sea favorable. Decir “favorable”, entonces, implica rumbo. Muchos venimos reclamando a la dirigencia política; primero, reflexión sobre el rumbo y acuerdo de largo plazo. Es decir, pensamiento estratégico para ser capaces de aprovechar esta oportunidad, la que aún hoy tenemos. Que es única en los últimos cien años. Un nuevo mundo, a la manera de la vieja Inglaterra de principios del SXX, requiere de nuestro potencial.

Es imprescindible pero no es fácil, pensar y actuar estratégicamente. En el Arte de la Guerra, Sun Tzu dice “No hay nada que sea más difícil y más necesario que ocuparse al mismo tiempo, ahora, de lo inmediato y de lo lejano” . Atender el presente sí, pero con la mirada puesta en el futuro. Para eso es necesaria una visión. La del país deseado, por una mayoría amplia, que queremos hacer posible para todos.

¿Cómo estamos hoy? Con viento favorable. Pero estamos sufriendo la pérdida, no sustituida, del impulso urbano que generó la súper devaluación. Estamos en erosión de la competitividad cambiaria. Y detrás está una seca urbana que ha comenzado a sentirse. ¿Cómo, por qué?

Un poco por la desaceleración de la creación de empleo – hija de la erosión de competitividad sin que haya ocurrido una transformación apreciable en productividad. Otro poco por la desaceleración de ingresos reales – y la inflación negada que debilita en términos reales. Y otro poco por el golpe de los costos relativos que sufren de una competencia externa implacable.

Más allá de las palabras de la presidente del Banco Central, ceñida a la defensa del ritmo revaluatorio de su política cambiaria; la acción oficial, que pone de relieve el reconocimiento gubernamental del impacto, es la que comanda el jefe de la economía pública: Guillermo Moreno. No mire lo que dice Moreno; mire lo que hace. La acción de Moreno ante la seca derivada de la presión de los precios – más allá del patrullaje estadístico – es intentar ordenar el proceso de precios. La acción de Moreno ante la seca derivada de la fuga cambiaria es ordenar el mercado cambiario. Atención: en algunas cosas, al menos en el corto plazo, funciona. Al menos él, en términos de Sun Tzu, se ocupa de lo inmediato.

Y en materia de los vientos de seca que generan la presión importadora,  el aplica – también con métodos directos –  el freno de las importaciones. La acción exige que  todo aquello que se produce en el país (y se pueda producir) no se importará. Y también la doctrina de la compensación: si Usted quiere importar deberá generar divisas de exportación con “nuevos productos” de exportación. Es un cambio respecto de la sustitución de exportadores que desarrolló hasta ahora la ministra Débora Giorgi. En efecto, para Giorgi, los importadores que necesitaban importar debían obtener “divisas de exportación” a nombre del importador, comprándole a  exportadores bienes que ya se exportaban con habitualidad.  La política Giorgi no era la de compensación comercial sino de cambio de exportador. El rendimiento social era negativo: el importador debía pagar un extra (aumentaba el costo) y el balance comercial no se modificaba.

Con Moreno se intentará cambiar. Bien. Pero es esta acción la que indica que por el lado del comercio viene “la seca”; y la acción está destinada a reducir el problema. Que es serio. La cuestión está planteada como una suerte de política comercial por caso; y en ningún caso como estrategia de desarrollo industrial. Esta estrategia sí crearía empleo. Y compensaría la inflación. Y nos sacaría en serio de la tendencia a la sequía urbana.

Por ahora el sol calienta. Y nada señala que estemos próximos a una lluvia de ideas o al riego estratégico del desarrollo.

Ya mencionamos que esa posibilidad está limitada, en principio, a la posibilidad de peso de los nuevos economistas de La Cámpora a los que representa Axel Kicillof. ¿Son compatibles o sumables Kicillof y Moreno? Difícil.

Sun Tzu dice “ocuparse al mismo tiempo, ahora, de lo inmediato y de lo lejano”. Al mismo tiempo implica que esa ocupación por lo lejano y lo próximo ha de estar coordinada. ¿Quién coordinaría a Moreno, en lo próximo; y a Kicillof, en lo lejano?

Hasta aquí la seca urbana. Y los senderos de acción y pensamiento que, por ahora, no parecen querer coordinarse.

Pero lo que ocupa los titulares de los diarios es la seca rural. La Niña está siendo caprichosa. La hacienda baja de precio y miles de kilos de carne no se producirán: la falta de pasto lleva al adelantamiento de las ventas.  Los ganaderos castigados por la seca previa y – sobre todo – por la política oficial, liquidaron rodeos y lo que ha quedado, fuertemente valorizados hasta ahora, comienza a desvalorizarse.

El maíz está castigado. Y la soja está a punto de castigo. La seca rural está a punto de convertirse en “viento de bolina” interno: achicando el lado bueno de la balanza comercial por cantidades, mermando dólares al mercado, y  – sobretodo – achicando gastos en el interior.

Por ahora es una expectativa negativa acerca de la cuál, desde el gobierno, poco se puede hacer para paliarla.

Sólo deja una lección: depender del clima es una manera demasiado obvia de dependencia aún en los mejores momentos. ¿Pasa por ahí lo del rumbo y lo del viento favorable?

La seca rural es una pésima noticia que no es responsabilidad de la política aunque sus consecuencias serán mayores que las que serían si la política se hubiera ocupado de la transformación. De lo lejano. Ya lo dijimos.

Hay un tercer espacio de la vida económica que sigue recibiendo, por ahora, los efectos benéficos del viento de cola. Pero que comienza a sentir la seca desde las raíces. Así está el sector público. Y por eso los jardineros oficiales han empezado la poda. Territorio árido, si los hay, es el de Santa Cruz que, a causa del peso de lo que cuelga del sector público y sin nutrientes, amenaza con tumbarse. Por ahí empezó la ejemplificación de la poda preventiva de la seca de adentro hacia fuera; y de las consecuencias de otros vientos calientes de fuerza negativa que se anuncian. Río Negro y Córdoba ya han manifestado serios problemas. Y la provincia de Buenos Aires ni le digo. En la misma línea está la poda de subsidios, la idea de achicar ventajas remunerativas en algunos sectores.

Un ejemplo de seca en este territorio afortunado de la Ciudad de Buenos Aires: la duplicación del precio del viaje en subterráneo  o la colecta anticipada, como dicen funcionarios, de la tarifa de gas. Lo que se anuncia es seca urbana, vía aumento de costos de los servicios por eliminación o reducción de subsidios, de origen público. ¿Se materializará?

La crisis internacional, por ahora, nos llega poco: los términos del intercambio nos siguen siendo propicios. Hay viento de cola. Pero la seca climática nos golpea de manera de generar seca rural. Y se nos presenta una seca urbana, producto de la dinámica de esta economía no transformada, a la que se suma fuerte amenaza de seca del sector público.

Viento y seca, en lo que es inmediato, tal vez se compensan en el corto plazo. Pero son una mala combinación para lo lejano; para el largo plazo. Se silencian los dolores mientras la enfermedad sigue haciendo su daño.La política, autolimitada a lo inmediato, sigue ocultando y calmando los dolores. Ay!! el remedio no es alimento del cuerpo.

Esa es nuestra principal preocupación económica: viento y seca.

¿Y el transplante?

El transplante tiene que ver con la política. Veamos. La conducción del Estado y de la política, está desvinculada del aparato partidario del peronismo. Al menos de su versión tradicional. Ejemplo: Daniel Scioli esperaba a José Pampuro y le transplantaron a Mariotto ¿Compatibles? Parece que no. El desembarco de La Cámpora no es compatible con la mayor parte de quienes, por distintos motivos, fungen como dirigentes del peronismo tradicional en el gobierno. Lo cierto es que los vacíos, siempre los hay, no se están llenando con los reemplazos “naturales” o propios del organismo principal, sino con transplantes. Órganos de otro.

Hugo Moyano, una de las vértebras  más sólidas de la columna vertebral del peronismo, está desplazado y eso obedece a una estrategia de transplante. El ó0rgano enfermo se retira y se reemplaza por otro. ¿Compatibilidad o rechazo? Nadie lo sabe.

Lo mismo ocurre con los cuadros técnicos. Los jóvenes. Digresión:  no tan jóvenes, ni para la tradición peronista, Antonio Cafiero fue Ministro a los 32 años; ni para la política nacional, Julio Argentino Roca fue presidente electo a los 37 años.

Los “no tan jóvenes”, en una proporción importante, no vienen del peronismo. Algunos vienen con el ADN de los extremos: los hay de la UCDE y los hay del marxismo. Transplantes, Pueden ser compatibles o no. Nadie lo sabe. La reacción de Scioli, frente al cambio de Pampuro por Mariotto, fue ponerse a jugar con Mauricio Macri. ¿Rechazo por incompatibilidad?

Viento de cola hay, pero la seca urbana y rural pesan, en esas condiciones, los transplantes pueden implantarse sin rechazo? ¿Pueden ayudar? Incertidumbre en la política, seca en la economía- ¿El viento de cola todo lo puede?

El verano siempre ha sido un tiempo de interrogantes. Y éste amenaza con mantenerlos abiertos y sin respuesta. Lo que es seguro es que lo mejor es que siga el viento, que llueva en sentido real y metafórico; y que los transplantes no generen rechazo.

Si para el viento, no llueve y hay rechazo, el otoño será feo.

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19 enero 2012

Viento, seca, transplante

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