Despuntando 2012

Publicado el 22 de enero de 2012

Por Carlos Leyba

La economía mundial en 2011 ha concluido con una marcada desaceleración. Por ahora no nos ha afectado demasiado. Pero abre un interrogante preocupante para 2012. Para la economía mundial. Y para la nuestra.

Las causas que dieron lugar a la desaceleración planetaria de 2011 no han desaparecido; no lo han hecho ni los riesgos ni las consecuencias inmediatas que frenaron la economía mundial el año pasado.

A la desaceleración externa nosotros le hemos de sumar el negativo efecto de la sequía. Más las consecuencias de los ajustes (¿cómo llamarlos sino?) que comenzaron con el recorte de los subsidios; los ajustes en las remuneraciones de algunos empleados públicos; las subas de impuestos locales; el reordenamiento fiscal de las provincias; etc.

Y la búsqueda por parte del gobierno de una pauta salarial que, en términos reales, de imponerse, implicará una reducción de la tracción de consumo. Zona de conflicto. En febrero y marzo se deben cerrar el 30 por ciento de los convenios. El gobierno quiere a los salarios como herramienta de freno a la inflación (18 por ciento); los empresarios encuestados por SEL creen que cerrarán en 23 por ciento (la inflación pasada); y los sindicatos que pareciera trabajan alrededor del 26 por ciento. ¿ Hugo Moyano?¿Nuevo conflicto? Conflicto I.

Súmele a esto la disparada suba de las tasa de interés. Guillermo Moreno, tiene apuntado al líder local del sistema financiero. Para evitar un freno autónomo de la economía, GM tendrá que evitar la suba de tasas y el cierre del crédito. Apretar el tubo financiero. Conflicto II.

Por ahora, lo de afuera frena y, desde adentro, nuevos potenciales conflictos.

La tasa de crecimiento del PBI en 2012 bajará casi a la mitad. El que sostiene que la Argentina creció al 9 en 2011; ha de preveer un 5 para 2012. Quienes creen que en 2011 crecimos 6 por ciento, esperan 3,5 para 2012. En promedio, malabarismos estadísticos que conforman a todos porque no se aferran a ninguno de los que intervienen, podemos decir que velocidad a la mitad y que marcharemos al 4,5 por ciento anual. Que no es poco.

La gran pregunta es si ese crecimiento generará el empleo necesario. Para el Ministerio de Economía, desde que se absorbió la devaluación, se crearon 3,4 millones de puestos de trabajo. Un incremento de 31 por ciento en el empleo. Casi la mitad se logró en los dos primeros años. En los años restantes la otra mitad.  El PBI en ese período (incluye a Eduardo Duhalde) creció 95 por ciento. Por lo tanto un crecimiento con baja elasticidad empleo y descendente en el tiempo. ¿Escasez de nuevos proyectos de  inversión? Una desaceleración como la esperada ¿profundizará al expansión con poca creación de empleo? Si es así Conflicto III  que resolverlo costará más que lo que ha costado hasta ahora.

Volvamos a la economía mundial. Las crisis políticas en Medio Oriente y en África del Norte  han generado problemas en el área petrolera: en adelante un barril por encima de los 100 dólares.  Aunque de a ratos baje.

Para nosotros, deficitarios energéticamente, no es una buena noticia. Y tiene que ver con la discusión política local. La marimba preventiva aplicada a Sebastian Eskenazi seguramente tiene que ver con esto. Más allá de otras extrañas razones que se comentan. Antonio Brufau CEO de Repsol debe estar arrepentido de la venta de la que financió la mitad; le entregó las acciones para garantía de la otra mitad; y comprometió la distribución de dividendos para que pueda pagar la deuda. Eskenazi compró sin plata ¿Por qué? Respuesta: “la eficacia en la gestión de los negocios en Argentina del Grupo Petersen” y “más idóneo por su experiencia en mercados regulados” (Antonio Brufau,  La Nación, 21/2/2008). Parece que la gestión no anduvo. Al menos desde que Moreno puso su pie sobre la manguera. Conflicto IV.

La impensable dimensión de la crisis de la deuda en la zona del euro generó una más impensable vacilación en la dirigencia del viejo continente para lidiar con la crisis, de suerte que, en los hechos, el desempleo – el fantasma principal – ha calado hondo. Las cifras porcentuales y los números absolutos de desocupados son sorprendentes y alarmantes: en algunos casos la tasa de desocupación de los jóvenes duplica la del promedio. Un caldo de cultivo peligroso ante el fracaso de gestión social y la debilidad de resultados en el área capitalista mas vieja del planeta. Al mismo tiempo la dimensión financiera de la crisis mantiene todo su potencial explosivo. Para tener en cuenta: toda Europa, representa el 23 por ciento de la economía mundial. En esta oportunidad tirará despacio (hasta puede ir para atrás) porque tiene muchos dolores; y algunos de ellos exigen bastante más que calmantes. Y por lo que se ve para curar hacen sangrías que difícilmente le retornen el vigor.

La economía japonesa, convaleciente de un tsunami, ha transferido problemas – que se están superando – a la cadena globalizada de la industria automotriz.  Japón representa el 6 por ciento de la economía global y después del crecimiento de 2010, el año pasado, volvió  al estancamiento a pesar del impacto positivo de la reconstrucción post tsunami. Pesó el freno de la demanda externa procedente de los países asiáticos que crecen, pero más despacio.

Los Estados Unidos, representa el 21 por ciento y con Canadá el 23, en los últimos meses han comenzado a referir signos de tonificación. Pero la mayor parte del año han estado, como todas las economías desarrolladas, en pendiente negativa. Subsisten las tasas de desempleo; y el desencuentro entre el Ejecutivo y el Congreso americanos desdibuja una reacción rápida en medio del proceso electoral. Por otra parte no madura la reacción del sector inmobiliario. La buena noticia, para la más grande economía del mundo, es que repunta su comercio exterior.

Hasta aquí hemos sumado el 55 por ciento del PBI mundial, a precios de paridad del poder adquisitivo, con pronóstico de desaceleración.

Lo que ha impedido al conjunto global, en 2011, aproximarse al precipicio de una Gran Depresión es la presencia de las economía emergentes. Se ha notado más su peso a causa de la crisis originada en los países desarrollados. Pero no es un hecho nuevo. Desde la década de 1990, 45 economías emergentes han crecido más que el G7. Y mientras las emergentes crecen, en promedio, cada período a más velocidad, los países del G7 lo hacen a menos velocidad.

La estrella ha sido y sigue siendo China y el resto de los BRICS. Pero hay otras economías que están cambiando el ritmo del mundo. Las llaman las “águilas”: a los BRICS le suman Egipto, Indonesia, Corea, Méjico, Taiwán y Turquía. Ellas crecieron 7 por ciento anual en 2000/2010 y van por lo mismo hasta 2020; y los países del G7 crecieron 1,5 desde 2000 y repetirán hasta 2020.  La tendencia – por lo que las “águilas” demandan – es una excelente noticia para la caja de la Argentina en el largo plazo. Los nuevos ricos son afectos a nuestras capacidades proteicas.

Pero en la coyuntura, estas economías, han sentido el rebote de los males de los países “viejos” desarrollados, y han desacelerado su crecimiento, y hacen temer una caída transitoria de los precios de las materias primas. En el corto plazo China tiene problemas con la demanda de los clientes desarrollados y aflojamiento interno por problemas en el sector inmobiliario, entre otros.

China, junto a los demás países de Asia, representa el tercer 25 por ciento de la economía mundial. Tira fuerte. El de mayor velocidad. China de 2007 a 2012 habrá crecido 60 por ciento y el Asia emergente 50 por ciento. En 2011 China, creció 9 por ciento e India 7. Tal vez dos puntos menos que en 2010. Pero a ese ritmo esas economías mantienen voracidad importadora, mientras expanden su volumen absoluto y relativo.

La distancia, de las más grandes de ellas, respecto de las condiciones de vida de quienes viven en los países desarrollados es enorme. Y es enorme, entonces, el horizonte de expansión de las mismas para llegar a la convergencia en los niveles de vida medidos por el PBI por habitante. Es evidente que estamos navegando una transformación estructural. Es decir la soja puede aflojar, no demasiado; y por poco tiempo. El precio de las materias primas corre a una velocidad mayor que el ritmo medio de la economía mundial. La causa: el dinamismo asiático y de los emergentes, que es colosal. Pero que, en la coyuntura, debe resistir la debilidad de los países centrales y el baño de ácido de la crisis financiera. De ahí que sea razonable esperar un intento de desembarco chino de manufacturas que se convertiría en un conflicto potencial. Dos conflictos: el V la desaceleración y el VI la descarga de sobrantes.

Nuestro “emergente” vecino es Brasil. En 2011 orilló una tasa de crecimiento del PBI de 3 por ciento reduciendo la velocidad que tenía en 2010 a menos de la mitad. Tener en cuenta esta desaceleración del vecino es importante para comprender la reacción ante las medidas defensivas de nuestro mercado. Importaciones. Brasil necesita de sus mercados externos más que en 2010 y en 2011, porque está llevando a cabo una política monetaria contra la inflación, por ejemplo, al igual que China. Las políticas de tasas de interés antiinflacionistas tienden a revaluar la moneda; y por lo tanto la preocupación por los saldos comerciales se avivan. De allí la reacción ante las barreras. Como todos sabemos la tasa de inflación también erosiona el tipo de cambio. Esta pasando en nuestro país. Y si además estamos llevando una suerte de política de cambio fijo o de lenta depreciación y si además nos juega el efecto de “enfermedad holandesa”, lo que podemos concluir es que, para 2012, si las políticas de los vecinos se mantienen tal cuál hoy, el conflicto con el socio, que hoy ocupa los titulares de los diarios, continuará.  Con Brasil Conflicto VII; y con el tipo de cambio ¿Conflicto VIII?

En 2012 la economía mundial se desacelerará. Otra vez los desarrollados lucharan con la sombra del freno de sus economías. Japón podrá salir del estancamiento pero Estados Unidos deberá soportar el peso negativo, desde el punto de vista de la demanda interna, de los ajustes presupuestarios que conviven con una tasa de desempleo cercana al 9 por ciento y un número importante de desempleo de largo plazo. Por eso las familias gastan menos y además tienen que desendeudarse. Hay una buena noticia: la economía americana está realizando ganancias de productividad y fortaleciendo sus empresas. Y los resultados recientes de los bancos han sorprendido. En estas condiciones lo más probable es que la mayor economía del mundo mantenga el crecimiento de 2011.

Lo que empeorará las cosas, a nivel mundial, es lo que pasa en la zona euro, en donde habrá de regir el negativo espíritu de las tres “D”: la deuda, el desempleo y la desconfianza. En rigor la desconfianza es hija del desempleo y de la deuda. Y aquí aparece el gran debate entre los dirigentes políticos en el poder en Europa, y los políticos y los economistas que están afuera de las decisiones. Para unos el desempleo, bajo nivel de actividad y baja recaudación, aumenta la deuda, a menos que se rompan las obligaciones del Estado de Bienestar. Para otros, cancelar la deuda implica reducir los gastos del Estado de Bienestar para generar condiciones de empleo. Esta última estrategia es lo más parecido a lo que se está aplicando; y lo que augura una economía, en el mejor de los casos, frenada además por decisión de la política. Increíble pero real. Y Japón, con una moneda vigorosa y sujeto a la desaceleración global, tiene un mal pronóstico para su comercio exterior, sin contar las derivaciones de la desaceleración asiática.

Entonces, la mitad rica el mundo tiende a desacelerarse mientras crece por dentro la problemática social de la desigualdad. La otra mitad, la emergente, se desacelera y deberá enfrentar internamente también problemas distributivos. Es un mundo de desaceleración y conflictos, lo que siempre va parejo. Nos afectará.

Pero nuestra propia desaceleración está asociada a conflictos con viejos amigos, internamente con los banqueros, los petroleros, los sindicalistas, el desempleo y el tipo de cambio; y hacia el exterior, con la desaceleración, con Brasil y tal vez con China.

Todos pesos pesados. No como para aplastarnos. Pero suficientes como para tener, en 2012, un presente de desaceleración sin calma. Eso sí con un horizonte estructural externo que augura un futuro mejor si lo sabemos aprovechar.

El manejo de los conflictos que acompañan la desaceleración de 2012 acelerará o detendrá, la llegada del futuro. ¿Cómo lo ve?

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28 enero 2012

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