LOS SINDICATOS, ORGANIZACIONES LIBRES DEL PUEBLO

8 de febrero de 2012

Dante Oberlin

Ex dirigente Gráfico  y de la CGT de los Argentinos.
Ex Secretario General Nacional de Acción Sindical Argentina y dirigente de la ex Central Latinoamericana de Trabajadores

El senador Picheto  acaba de afirmar que  “quien conduce la CGT, debe estar en línea con la Presidenta”.

Indudablemente, Picheto conoce muy poco de sindicalismo y piensa que –como él lo hizo en la política, pasando del menemismo galopante al duhaldismo militante para luego dar el salto al fundamentalismo kirchnerista – también se puede hacer lo mismo con el movimiento de los trabajadores.

No sabe Picheto que el sindicalismo responde a los intereses permanentes de los trabajadores y no a las coyunturas circunstanciales de mayorías ocasionales.

Es verdad que algunos adictos al poder de turno con cargos sindicales obran como dice Picheto, por conveniencia personal o por temor a algún carpetazo devastador.

Los trabajadores argentinos, que somos los que más militantes desaparecidos sufrimos durante la dictadura militar y los que más batallamos  por la recuperación democrática, hemos debatido siempre que tipo de democracia queremos los trabajadores. Y lo hemos señalado con profunda convicción, que si la democracia es sólo política (cada ciudadano un voto con delegación del poder por cuatro años) es apenas una democracia de protocolo y pobreza. La democracia debe ser también económica, social, cultural. Es decir una democracia real. Cualquier forma de democracia es preferible a una dictadura, pero la democracia política es apenas un piso, un punto de partida y no una meta de llegada.

Por eso Perón planteaba la “Comunidad Organizada”, que no es solo la búsqueda de una concertación de todos los actores y sectores de la Nación  para garantizar el bien común, es decir el bienestar de todos los argentinos, sino también la búsqueda y consolidación de acuerdos estratégicos en los temas vitales que hacen a la vida nacional. Es decir que la Comunidad Organizada no sólo es una filosofía política propia y original, sino también debe traducirse en una ingeniería política que impida el inútil y pernicioso desgaste entre las fuerzas nacionales y populares, para que sea el espacio natural en el que cada sector aporte sus ideas, sus convicciones y sus intereses y el Estado armonice al conjunto, con estrategias y políticas superadoras.

Es por eso que el sindicalismo debe ejercer su autonomía de pensamiento y acción frente a los empresarios y los gobiernos. Porque nadie da lo que no tiene, Si el sindicalismo renunciara a su autonomía e independencia de pensamiento y acción estaría renunciando a su esencia y a su naturaleza, y pasaría a ser apenas una corporación  de trabajadores manipulados por el poder de turno y los patrones. La fortaleza del modelo sindical argentino ha permitido librar batallas y ganarlas en los escenarios más complicados. Renunciar a ello sería suicida y no le serviría ni a los trabajadores ni a la patria..

Quizás la confusión de Picheto se deriva de un concepto bastante extendido en el pensamiento liberal que supone que el partido expresa los intereses del conjunto y  cada sector expresa apenas sus propios  intereses. Esta rémora liberal parece que ha quedado instalada en muchos de los operadores políticos que aparecen en los escenarios mediáticos.

No es diferente al leninismo político que siempre pensó que los sindicatos son apenas correas de transmisión de los intereses revolucionarios del partido.

Quizás un ejemplo clásico de la posición que hoy sostiene Picheto sea  lo que pasaba en el sindicalismo venezolano antes de que llegara al poder Hugo Chávez.  La CTV (Central de Trabajadores de Venezuela). Cada vez que se realizaba una elección nacional si ganaba Acción Democrática (Social Demócratas) la mayoría de la CTV era de los Adecos y la minoría la ocupaban los Copeyanos  y viceversa, si los que ganaban eran los del COPEI (Demócratas Cristianos) la mayoría de la CTV era de del COPEI y la minoría de Acción Democrática. Como resultado de esta práctica donde el sindicalismo era apenas  un apéndice del partido político al que adherían sus dirigentes sindicales, cuando Chávez asumió el poder se encontró con un movimiento sindical pobre numéricamente y manipulado por los viejos partidos, que no entendió los cambios que se avecinaban y no acompañó las cosas positivas del proceso político que comenzaba en Venezuela.

Las lecturas sencillas y las manipulaciones para cooptar o dividir organizaciones que son críticas del poder puede terminar en un verdadero descalabro para todos.

Dicho esto, creo que en ejercicio de la autonomía de pensamiento y acción que caracterizó desde siempre al sindicalismo argentino (Perón lo llamaba “Organizaciones Libres del Pueblo”), el movimiento de los trabajadores puede y debe acompañar responsablemente las políticas que favorezcan al conjunto de los trabajadores durante una gestión, pero el compromiso permanente será siempre con los trabajadores. No hay que olvidar que solo las organizaciones vencen al tiempo.

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13 febrero 2012

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