LA INCREIBLE INCAPACIDAD DE DISCUTIR LA MINERÍA

20 de febrero de 2012

Por Carlos Leyba

La novedad “estructural” del período K es que los dólares proceden de la producción. Como aflojó la dinámica de la producción exportable, sin achicarse la demanda de dólares, apareció la debilidad de la caja. Moreno, el hombre de la escasez, pone control a la demanda de dólares. Pero para promover la oferta de dólares, el kirchenrismo se ha convertido en el defensor más entusiasta de la política menemista de minería en gran escala. Para la minería nada de control a la Moreno. Todo a la manera de Menem. La  coyuntura desplaza al largo plazo y deja al desnudo la inacapacidad de formular un Plan; y  construir consenso en torno a él. Los hombres prácticos nos pueden empujar a un resultado trágico. ¿Por qué no discutimos en serio la cuestión minera?¿Menem tenía razón?No la tenía ni la tiene. Un proyecto positivo y transformador es posible; se torna más probable cuanto mayor sea el porcentaje de valor del mercado final que se invierta en la región, que entrega su riqueza mineral, para convertirla en Polo de Desarrollo.

En la semana que pasó algunas actividades económicas primarias (minería, petróleo y agro) fueron protagonistas de  la vida nacional. Volvieron al primer plano por razones de peso bien distintas de las épocas de euforia: la minería por las protestas de los vecinos (no sólo de los ecologistas); el petróleo, por el escándalo de YPF (no sólo de YPF); el agro, por la propuesta del seguro agrícola que es un “remedio de mercado” que el mercado aún no ofrece a precios razonables.

Detrás de este retorno de “lo primario” en los titulares de los diarios, está el principal problema de la gestión oficial: la caja en dólares que el gobierno dramatiza.

Como todo drama, no tiene o no se le pronostica, un final fatal. Eso es lo que lo diferencia de la tragedia. Pero las escenas que rodean a la dramatización (controles de importación, de cambios) conforman la trama de lo que, en otros tiempos, terminó en tragedia. De ahí el miedo que comienza a penetrar por la puerta que se abre detrás de los ajustes tarifarios (que según el gobierno no son ajustes ni aumentos); de los que se anuncian enigmáticamente detrás de la tarjeta SUBE, que cumplirá la función de evitar la suba (¿?) del transporte; y de las quitas salariales que han comenzado por algunos sectores de la administración, aunque los parlamentarios hayan ido en otra dirección. Pero ese miedo es infundado. Hoy lo más probable es un final diferente a los que supimos sufrir después de otros períodos de holgura como los de la dictadura y la convertibilidad. No hay nada trágico en ciernes.

No obstante, el oficialismo se deleita en las escenas de peligro que hacen que los espectadores, los ciudadanos de a pie, estemos sometidos a raptos emocionales fuertes.

En esta construcción escenográfica el protagonista es Guillermo Moreno. El pilar kirchnerista al que le toca bailar con la más fea. El único par que ha puesto en penitencia a los demás funcionarios, aún a aquellos que están por arriba de él o al costado de su área. Y también es el que ha hecho temblar en fila a los empresarios, celular en mano.

Moreno protagonizó, de una manera muy especial, la lucha contra la inflación. Surgió a la palestra con ese problema. Como se sabe, la inflación es parienta de la escasez. Y ésta es la madre del control. ¿Por qué no hay control en la abundancia? ¿La cigarra y la hormiga?

Moreno aplicó el control a su manera: sin normas escritas que, si es que  existen, lo son in pectore. Los precios conversados y el INDEC. ¿Cómo le fue? Si la que debe responder es CFK, le fue “de diez”. Y esa calificación permite entender porqué es protagonista exclusivo de lo grave. Con ella tiene ese prestigio. Para ella es “un principe”. Cuando hay abundancia no hay problema. Y cuando hay problema la solución es Moreno.

Moreno, que es peronista de origen, militante y nacionalista, popular y cristiano, “ni yanqui ni marxista”, es el elegido para administrar la  escasez. Que es donde se juega en serio.

La abundancia es para los pichis. Y esos pichis, además, son los que no vienen del palo de Moreno. Los elegidos para la abundancia no vienen de ahí. No.

CFK apela a lo tradicional del peronismo para gestionar lo escaso. Y para repartir la abundancia transita por miembros del FPV que vienen de otro palo.

Cuando se agota lo que sobraba, aparece Moreno. Por eso es él el que está parado en la cola de los dólares. Ni Debora Georgi, ni Mercedes Marcó del Pont, ni Héctor Timmerman, a ninguno de los cuáles les cabe la mínima similitud originaria de “el principe”. En términos políticos son recien llegados.

Esta breve descripción del método de selección de ejecutores apunta a destacar porqué, en la minería del oro – que es lo que nos ocupa – no está Moreno. Y sí están otros que tienen más de Georgi, Marcó o Timmerman; y menos de lo tradicional del peronismo o del control. Y así será hasta que se agote el recurso.

Recordará Usted que cuando el agro se puso feo, Moreno se hizo cargo; y cuando el petróleo es una bomba de tiempo, Moreno está a cargo.

La minería en términos de caja, hoy, es realidad y promesa. Huele a dólares. A azufre para unos. Pero no para el oficialismo. Página 12 y Artemio López, para citar a dos de las voces más claras del oficialismo, han instalado la idea del rendimiento beneficioso de la gran minería en término de exportaciones (la caja) poniendo como ejemplo – en el último caso – a la explotación de El Veladero en San Juan, que genera 2,5 mil millones de dólares, que – dice – permitieron erradicar 70 villas y ganar las elecciones a José Luis Gioja con el 70 por ciento de los votos. Y apuntando que, la minería, consume poco agua, según Artemio López, deduce que es todo beneficio.

Gioja, gobernador de San Juan, fue líder del menemismo en el Senado; y seguramente votó las leyes mineras y las defiende a capa y espada. ¿Pero, entonces, el kirchenerismo adhiere a los planteos estructurales de Carlos Menem?

Gioja sería coherente, pero ¿lo son los K que dicen condenar el oprobio del menemismo? Más allá de las cuestiones ideológicas, que tienen valor; la verdadera cuestión es no sólo cuanto rinde hoy la minería; sino qué y cuanto deja en el largo plazo. ¿Será otra abundancia pasajera con consecuencias desbastadoras? La pregunta es pertinente. Veamos.

Toda la gestión K ha tenido, hasta acá, abundancia de dólares. Alcanzaron para pagar deuda, acumular reservas; y además fugar, desde 2008, más de 70 mil millones de dólares; cancelar el último año el déficit comercial de la industria al ritmo de más de 25 mil millones de dólares; y oblar el déficit energético de más de 3 mil millones de dólares.

La novedad “estructural” del período K es que la fuente de dólares procede de la producción. O de la transformación de una economía de “consumidores netos” (consumen más de lo que producen) a una economía de “productores netos” (producen más de lo que consumen).

La fuente de dólares no es la misma que la que alimentó a la dictadura y el menenato. Entonces nos financiábamos con deuda externa  o especulación financiera. Esta  diferencia es un mérito mayor de la época K: no es lo mismo producir que endeudarse.

Tampoco el financiamiento de esos déficit; el de inversión local de residentes argentinos, el de desbalances industrial y energético, se hizo con el ingreso de capital externo. No. Estos déficits de estructura productiva,  han sido financiados por la explosión de la producción sojera. Pero ahora, entre la sequía, los precios y la erosión de la competitividad cambiaria, la abundancia se ha vuelto escasa (¿de qué otro modo expresarlo?). Por eso Moreno hace lo que hace para contener la filtración y el agujero.

Pero esas sombras han despertado otros espíritus. Y aquí viene el tema de hoy. Espíritus no demasiado tradicionales para el peronismo pre Menem. El brillo del oro.

Al frente de esa exploración estan otros hombres. Si hay abundancia no está el estilo Moreno (control). Es otro estilo, relajado y tolerante, propio de la imaginería de la abundancia: los empresarios mineros son “buena gente”, saben y tienen razón. Esa es la perspectiva oficial. La misma perspectiva oficial que antes halagaba a la gente de Repsol (Néstor en España) y a los Eskenazi (Néstor y Cristina, acá). Ahora los mineros están de buenas. Aclaro, hacerle liquidar a los petroleros los dólares en el país, es simplemente quitar un privilegio adicional que se había caído y que fue repuesto por el kirchnerismo.

Entre los defensores de la minería “a cómo de”, se alinean los que dicen que lo que ofrece la minería del oro, a cielo abierto y con cianuro, es “caja”. Caja a la que no se debe renunciar. Menos ahora. Por eso, si las leyes de minería del menemismo eran el símbolo de la entrega, leídas desde la escasez, se han tornado simpáticas para el universo K: al menos para los que ahí están.

Las protestas en las zonas mineras en defensa del ambiente, remedan los tiempos de Gualeguaychú. Pero, en los días que corren, las protestas ambientalistas son objetos de represión porque traban la explotación del oro.  ¿La caja?

A esta altura es necesario decir que la tecnología minera a base de cianuro ha sido prohibida en la República Checa (Ley 44/1988 de 2000); Hungría (Ley 48/1993 de 2009) prohíbe las tecnologías a base de cianuro; Alemania, por decreto de 2002, prohíbe la lixiviación con cianuro en la minería. Y estas posiciones han sido además compartidas por los ministros de Polonia y Eslovaquia (2007) y por el Parlamento Europeo (2010). ¿Por qué los medios lo silencian?

Los manifestantes argentinos no son unos loquitos; tienen buenas razones para estar preocupados, las mismas de tres gobiernos europeos y del Parlamento regional.

Deberían recibir mejor respuesta que la represión. O que los discursos de los gobernadores que, tendrán encanto, pero que nada saben (¿por qué tendrían que saber?) de las consecuencias a largo plazo de esas explotaciones.  Nada saben sobre lo que hay que mirar.

En actividades como la minería lo que rinde socialmente es plantearlas y planearlas, con una visión de largo plazo. Y esas visiones se deshacen en el aire si no han sido contruidas en base al consenso.

¿Porqué es tan difícil lograr en el país un marco de consenso; y una concepción de horizonte extenso?

Hemos sido, en general, protagonistas (y mártires) de políticas efímeras. Así como irrumpieron, desaparecieron. Y además de efímeras han estado tentadas de desmesura. La desmesura ha sido proporcional al número de las opiniones excluidas. La menor representación ha estado asociada siempre a la mayor desmesura. Las dictaduras son el ejemplo esencial.

Y, por su parte, lo efímero ha está asociado a la no continuidad y a la concepción esencialmente no sustentable que las ha impulsado. Sin juego de palabras: hemos sufrido políticas que se sostienen en base a aquello que no se puede sostener. Claro. Con el endeudamiento externo se adorna la vida de muchos “deme dos”. Pero no se puede sostener en el tiempo: hay que pagar; y ese pago significa “devolución (de la deuda) para todos (o que la paguemos entre todos”. Fácil de entender y dificil de disentir.

Y sin embargo se repite y se repite. Un buen y peligroso ejemplo es el de la minería. Usted dirá en lugar de “es”, será y tiene razón.

Sin duda es el riesgo que corremos si no se instala una discusión para evitar la desmesura, lo efimero, la ausencia de largo plazo y consenso. ¿Por qué? Veamos.

Pero antes recuerde: he aquí otro capítulo del que se imagina abundancia. La misma imagenería que apañó la fuga de dólares; el desbalance industrial; y el delirio energético. Después vendrá el control que es un remedio. Siempre tardío porque no alimenta.

La desmesura en minería no tiene retorno: la naturaleza no da revancha. Si hay error no será un drama; será una tragedia con final fatal. Puede que no sea así. Por eso vale la pena la discusión y el consenso. Tal vez sea tarde. Pero ahora es urgente.  Necesitamos de políticas que para no perder oportunidades. Bienvenida la explotación si es racional. Vamos de vuelta.

El gobierno apoya la explotación minera tal como la diseñó el menemismo. La protesta popular ha sido reprimida de un modo extraño a la gestión K. Basta recordar la adhesión de Néstor Kirchner a los militantes de Gualeguaychú, preocupados por la pastera instalada en la margen este del río. La protesta era por el riesgo de contaminación de las aguas, el deterioro del ambiente, del paisaje y la posible destrucción del potencial turístico. Se interrumpieron pasos internacionales. Y el gobierno K adhirió sin desmayos durante años. No reprimió ni disuadió los cortes. Entonces para los K no era “ecoreligioso”.

La índole de la protesta de las poblaciones adyacentes a las explotaciones mineras es la misma, por las mismas razones y argumentando riesgos superiores que los de la pastera Botnia. Y además son protestas con avales explicitos de legislaciones europeas. ¿Serán artimañas imperialistas frente a los méritos de las empresas como la Barrick?

Dos conductas contrarias: adhesión antes y represión ahora.

¿No nos merecemos una explicación?

Lo que hay en juego es extremadamente importante.

Las reservas minerales del país son cuatro veces las de Chile. Somos propietarios de un patrimonio extraordinario que, desafortunadamente, es minero. Un stock sin reposición. Lo que saquemos no puede reponerse.

Esta condición obliga a una seria discusión acerca de qué haremos con la riqueza extraída. Primer tema.

La segunda cuestión es que,  si no se puede reponer, es porque la extracción es un proceso de destrucción. Paisaje, recursos acuíferos, etc., son inexorablemente afectados. El marco en el que los pobladores habitaban y de lo que disponían, habrá cambiado drásticamente en el proceso de explotación. Hay una pérdida.

En tercer lugar hay incorporación de nuevos elementos a la naturaleza. Toda la explotación se realiza mediante el uso de productos que pueden o no, ocasionar riesgos ambientales mayores. No hace falta volver sobre las citadas leyes europeas recientes.

El problema se potencia en la medida que se ven afectadas las fuentes naturales del agua que, de una u otra manera, fluye de oeste a este en parte del territorio de la Nación. Lo que ocurra aguas arriba tendrá repercusiones aguas abajo.

Y algo más ¿los métodos e instrumentos de control provinciales pueden dar la máxima seguridad? ¿Barrick Gold vs …? Aquí cabe un comentario acerca de quienes son las empresas mineras. En 2011 BHP Billiton, Rio Tinto, Vale, Xstrata, Anglo American y varios “juniors” han invertido 140 mil millones de dólares en tareas y equipamiento. La tendencia es a la concentración. Un estudio reciente de Ernst&Young informa de estas estrategias en busca de tamaño para controlar el mercado mundial. ¿Las provincias de a una o sumadas pueden negociar, controlar, conducir?

La cuarta cuestión es que toda la explotación, como es de un stock fijo, es transitoria. Y concluida la etapa extractiva no existe, por definición, ninguna posibilidad de continuidad ni de trabajo directo ni indirecto. Todo desaparece. ¿Pan para hoy y hambre para mañana?

Por eso la pregunta primera, aunque no la principal, es ¿qué haremos con lo que se obtiene?

El planteo menemista, el actual de los gobernadores y de CFK, es que al mineral hay que sacarlo. ¿Quién, en principio, se opondría?

Y de la manera que lo proponen las empresas. Esto es más que discutible. Checos, húngaros, polacos, alemanes tienen otra visión.

El planteo oficial es que, a esas empresas, hay que brindarles las ventajas que ninguna otra ley de promoción de la inversión, para ninguna otra actividad, tiene hoy en la Argentina. Esto no tiene lógica alguna: es un voto a la primarización extractiva.

Y el planteo oficial no obliga a esas empresas a producir con ese mineral la agregación de valor máxima a la que se destina en el exterior. Esto es absolutamente inadmisible. Y el gobierno tiene enormes instrumentos para lograrlo.

Veamos, el rendimiento neto de la reducción del stock, lo que queda en el país luego de la explotación primaria, es la suma de salarios directos e indirectos; regalías; y los impuestos pagados menos la inmensa cantidad de desgravaciones y devoluciones que favorecen la actividad.

Esta última cuenta, la tributaria, ¿ha sido hecha? No. ¿Se han computado como “premios” las sustantivas desgravaciones que se han otorgado? No.

Se registran los pagos efectivos que realiza, pero como esta actividad tiene concesiones hoy únicas en materia de desgravaciones para la inversión, realizando el análisis comparado, el neto que en realidad tributan es mínimo. Las mineras han hecho lobby, contratado consultoras, sumas y restas, para “informar” que prácticamente viene a regalar su dinero. ¿Con qué criterios se han hecho las cuentas?

Además se sostiene que hay elementos como para suponer que el valor de la mercadería exportada es mayor al declarado. Gran parte de la tramitación se realiza por declaración jurada. ¿Es lícito dudar?

El conjunto de estos elementos nos advierten que se reduce el stock de la montaña por un valor de mercado superior al declarado; que del valor de mercado declarado lo que queda en el país es una fracción mínima, habida cuenta de las desgravaciones; y que, como consecuencia de no tener integrada la cadena de valor, el potencial de valor real de mercado, que nos brindaría el stock extraído de las entrañas de la tierra, es varias veces superior al declarado, sea este falso o verdadero. Acerca de ese bajísimo rendimiento hay que hacer la cuenta en público.

Como lo que queda del stock extraído es una muy baja proporción del valor material, la distribución es regresiva. Es decir, la  mayor parte del valor final no queda aquí. La riqueza sale. No entra. “Si quita y no pon, se acaba el montón”.

Por otra parte, lo que queda, no pareciera tener una asignación reparadora. Lo que reciben las provincias no se va a invertir en el desarrollo de una producción permanente en la zona de origen. Tampoco lo que recibe la Nación. No se va a invertir masivamente en el desarrollo permanente de la producción sustentable en esa zona.  Por ahora es caja para resolver los problemas de las provincias.

Imaginemos – para esas regiones pobres y olvidadas – proyectos que, con esa masa de capital, valoricen el potencial de sustentabilidad de la región. Es decir, que eviten que esa región, pobre pero vivible, se convierta en un pueblo fantasma enfrentando al panorama de una montaña derribada. Si nada se hace es lo que ocurrirá.

Pero un proyecto positivo es posible. Y por supuesto el proyecto de desarrollo se torna más probable cuanto mayor sea el porcentaje del valor de mercado final, de la materia extraída, que quede en la propia región.  Se trata de convertir a cada región que haya entregado su riqueza mineral en un Polo de Desarrollo.

El primer deber de los gobernantes es, entonces, determinar el valor potencial final de la materia prima extraída; y licitar la explotación a quien ofrezca el mayor porcentaje de ese valor en forma de regalías, impuestos netos, etc.; y que maximice el nivel de empleo en cantidad, calidad y tiempo, en función de un plan  contractual de inversiones. ¿Lo hemos hecho hasta ahora? No.

La condición es que cada camión de mineral extraído debe tener, como contrapartida, una inversión equivalente en una actividad sustentable en la región. Sacar el mineral para desarrollar un Polo Productivo.

¿Pero qué Polo Productivo podría desarrollarse si la extracción del material contamina o degrada el ambiente, e inclusive el paisaje? Justamente esa es la segunda condición: no degradación del ambiente y de los recursos naturales.

La primera condición valor, participación y desarrollo de un Polo Productivo, es cuestión de cálculo. Los ejemplos que se pueden tener en cuenta para imaginar un futuro potenciador del presente de esos pueblos son muchísimos.

Pero la cuestión de la degradación o no, del modo de explotación, es una cuestión científica. Ningún organismo de gobierno está en condiciones de resolverla. Y tampoco todo el ejército de ingenieros en minas y geólogos mediáticos, que pretenda opinar, sabe o entiende de lo que se trata. No.

Este tema solo puede ser resuelto, con el gobierno y la sociedad como escuchas, por el consenso de científicos que pueden evaluar los daños y los métodos y la administración de daños.

¿Quiénes los nombrarían? Todas las Universidades del país, todos los institutos científicos sin excepciones deberían conformar un Comité de expertos, que debería sesionar sin posibilidad de intervención exterior, como un gran Jurado inapelable que determinará si se hará o no se hará la explotación o en los casos en marcha se dictaminará sobre la viabilidad ambiental de su continuidad. Y que si se hace, o se continua haciendo, se hará de esta manera.

Esta es la cuestión y la forma de resolverla, que nos dejará a todos seguros de estar haciendo lo que la ciencia garantiza; y no lo que los intereses económicos de unos pocos empresarios o gobernantes demandan. Ciencia con conciencia.

Los gobiernos y los pueblos, en esa cadena de decisiones, deben definir qué valor y rendimiento, qué proyectos de sustentabilidad tendremos; y qué riesgos se pueden afrontar. Allí está la base del consenso.

Puede que la minería del oro sea posible y satisfaga estas condiciones; o puede que no. Hay que dedicarle mucho porque puede ser mucho dinero y capacidad de transformación. Y no debemos decir que no empecinadamente sin un diagnóstico científico en cada cuenca. Pero tampoco que sí, empecinadamente, por las piedritas de colores con las que sucumben los efímeros hombres de la política corta preocupados por los fondos que garanticen un gobierno reelegible. Cuidado.

La democracia debe hacer un voto de respeto al largo plazo. Y en materia ambiental y en la minería con cianuro, lo serio es poner al conociemiento científico como garantía.

Para la República Checa, para Hungría y para Alemania fue “No”. Necesitamos saber los argumentos de estos países que renunciaron a la minería. Y que los cientficos nos los traduzcan en términos de acción.

¿Qué capacidad pueden tener los gobernadores actuales o sus ministros, para determinar la razonabilidad de las explotaciones en el largo plazo? Sólo podemos apelar a la consulta científica. Pública y transparente  y no intervenida por las empresas (como muchos geológos) ni por los gobiernos (ansiosos de recursos financieros).

Tampoco nuestros gobiernos han peleado por niveles elevados de regalías e integración de cadenas de valor en la minería. Tampoco han desarrollado sólidos y transformadores proyectos de sustentabilidad de las regiones. Están en mora. Y esa mora es una falta de responsabilidad. Las protestas son el grito ante el silencio de quienes son los responsables. No se las debe silenciar, sino capitalizar en la discusión.

Por lo dicho, insistimos en que la madurez política, la adultez democrática, lo que nos aleja de lo efímero y la desmesura, es el consenso con visión de largo plazo. Tome la minería como ejemplo y observe lo lejos que estamos.

Tenemos que tomar conciencia de que es una responsabilidad de todos madurar la democracia. La adolescencia política tiene horribles consecuencias. Sobre todo en el largo plazo. La no discusión de la minería es una muestra increíble de esa inmadurez. Es mucho dinero para decir que no porque sí; y mucho riesgo decir que sí por lo mismo. Opinión cientifica consensuada primero. Y si fuera posible, maximizar los rendimientos y aplicarlos in situ. La minería debería ser sinonimo de federalismo en la Nación y en cada una de las provincias: el problema ocurre en áreas postergadas.

¿Y Moreno? Es que por ahora la minería sabe a abundancia de los dólares necesarios. Y la idea de control no entra en el juego. Porque en esta gestión parece que el control es siempre tardío. Es lo propio de la falta de Plan.

Sencillamente increíble, la no discusión acerca de la minería e imperdonable el alineamiento – sin la discusión científica y política previas – de los neófitos de uno y otro lado.

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20 febrero 2012

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