Economía K al cuadrado

22 de abril de 2012

 Por Carlos Leyba

 El Senador Eugenio Artaza (Nito) torno en “confesor” inesperado durante el discurso de Axel Kicillof que multiplica la doble K de Kirchner y la convierte en K al cuadrado.

Artaza sugirió que, además del propósito de enmienda (cambiar la política energética) manifestado por Kicillof, hacía falta la conciencia del pecado cometido y la manifestación in voce del arrepentimiento.

Axel, al igual que antes CFK, reconoció lo gravosa que ha sido para el país la política energética del menemismo (que comprende a una gran parte del peronismo oficialista y disidente) y del kirchnerismo.  Artaza pidió que se les diera, a los responsables de 10 años de esa política,  Julio De Vido y Daniel Cameron, la posibilidad de explicar y de arrepentirse.  No pudieron, no quisieron, no supieron. Como toda confesión sin arrepentimiento no se puede perdonar. El daño hecho ha sido expuesto con honestidad envidiable, primero por Cristina Kirchner. Y ahora por el verdadero autor de la idea: Kicillof. Sin este protagonismo de Axel nada de lo que está ocurriendo habría ocurrido. AK no es responsable de nada del pasado K y en materia de decisiones políticas está limpio de pasado. Tiene derecho de criticar y de ser severo con lo ocurrido. En ese marco la generosidad de Artaza, de habilitar la posibilidad de una explicación de los responsables, debió ser aprovechada.

Lo esencial en este tema de YPF y la energía es que energía importada y cara, significa más primarización. ¿Por qué? Porque el encarecimiento de ese insumo sólo puede ser compensado por la productividad inmensa de nuestro sector agropecuario, que no necesita mas tipo de cambio, o por la explotación mineral que hoy en la Argentina – por las leyes menemistas – es un entorno colonial de explotación y saqueo que puede bancarse mayores costos energéticos. No es el caso de la industria. Vale decir que la crisis energética es Kryptonita contra el desarrollo del país.

La producción de hidrocarburos y los recursos las reservas hace años van para atrás. Eso es retroceso y decadencia energética ante la impavidez de quienes tenían y tienen a cargo la política y el control del recurso y del sistema. Es que si en materia energética no vamos para adelante no hay manera de crecer. O mejor no hay manera decente de crecer. La dependencia energética multiplica por “n” el efecto de enfermedad holandesa al que ya estamos sometidos. Dicho de otra manera, con energía importada y cara, la consecuencia es una Argentina menos industrial y más primaria. Un homérico salto atrás.

Cristina en su discurso y Kicillof, en el suyo, hicieron primero un reconocimiento documentado de la decadencia energética de este período K; y segundo, despertaron al reconocimiento de la necesidad de tener una política energética que procure el autoabastecimiento perdido por esta gestión. Bienvenida CFK. Kicillof, como cualquier economista formado y sin dependencias energéticas o ideológicas, sabe eso desde el primer día de su formación.

Kicillof, además,  apuntó a que para industrializarse es imprescindible comprender que la energía es un recurso estratégico; y de ello podemos inferir en que cree que la renta estratégica debe ser gobernada por el Estado nacional.  Muy bien. Y sobre todo si el próximo paso además de toda la energía y todas las empresas, alcanza a la minería. Kicillof, en coherencia de su posición, debe arremeter ahora con la minería del oro y la plata a cielo abierto. K al cuadrado significa anular los términos negativos de la gestión K. Y energía y minería, por lo que tienen de estratégico y de saqueo (la minería) son dos de los términos más negativos de la gestión K que han prorrogado y profundizado la filosofía menemista tal vez sin saberlo. Felizmente no ha sido así en cuestiones tan importantes como la gestión de la deuda externa, las convenciones colectivas, la derogación de la privatización del sistema previsional, la reciente reforma del BCRA, políticas sociales como la Asignación Universal y la recuperación de la voluntad regulatoria del Estado.   

Con la excepción de Mauricio Macri, que es por cierto intrascendente, no hay ningún sector relevante de la vida política o social de la Argentina que no coincida, aunque con distintos énfasis, en que: a) la energía es un recurso estratégico del desarrollo; b) que el autoabastecimiento es una prioridad; c) que el Estado debe controlar inversiones, reservas, precios, distribución, etc.; y d) que siendo que el Estado Nacional (o los provinciales) es (o son) propietarios del recurso, el gerenciamiento, por parte del mismo, es fundamental.

En función de lo dicho, la coincidencia básica multipartidaria en la ley propuesta, tiene una lógica de fondo más allá de los detalles.

Todo hubiera sido más llevadero, como hemos dicho, si los responsables de estos diez años de desastre energético, que incluyen el “vaciamiento” (así lo dijeron CFK y Kicillof) de YPF, hubieran explicitado el arrepentimiento; y la consiguiente demanda de perdón. Sobre todo si hay implícito un pedido de “segunda oportunidad” para que las mismas personas, que contribuyeron al desastre y “vaciamiento” por acción u omisión, ejecuten una política de sentido contrario. No fue así: la hicieron difícil y sin embargo hubo una casi unanimidad.

Una vez más el pecado de soberbia superó a la lucidez de cambiar la dirección de la política. Una de cal  y una de arena. No es justo no recordar que la cuestión energética fue denunciada desde hace años por los que hoy son opositores y que los temas de las AFJP, la deuda externa, la Asignación Universal fueron primero demanda de los hoy opositores antes que la gestión K las ponga en práctica sin reconocer el copy right.

Coincido en la intervención de YPF, en retirarle todas las áreas concesionadas en las que no se hubieran verificado el cumplimiento de los compromisos contractuales o derivados de la legislación energética vigente; en auditar los balances y revisar los contratos y, en función de ello, determinar si hubo o no vaciamiento. Si lo hubo realizar las denuncias penales correspondientes.

Y si no lo hubo, retiradas que hayan sido las concesiones, determinar, el valor real residual de la compañía.

Pero ¿por qué intervenir YPF y no todas las demás concesionarias y las demás concesiones, si el propósito es sancionar el incumplimiento (el vaciamiento posible) por caída en la producción las reservas y falta de inversiones exploratorias? ¿Hay concesiones sin producción? Ninguna de ellas puede seguir en manos de los concesionarios actuales.

YPF redujo la producción de petróleo en 18 por ciento entre 2005 y 2010; pero el total sus reservas entre 2002 y 2009 en 48 por ciento; pero Petrobras las bajó en 64 por ciento y Chevron en 44 por ciento. Bajar las reservas implica explotar sin explorar lo necesario: es una suerte de “vaciamiento” de reservas.

Todas deberían ser, en este sentido, investigadas. Y si como dijo Kicillof es imposible investigar sin estar adentro, entonces, la intervención les cabe a todas.

Por cierto que lo de YPF tiene las connotaciones de tradición nacional más una importancia notable en el sector aguas abajo. Además ha sido una empresa estatal privatizada y comprada a crédito por Repsol (española) y pagada con las utilidades de YPF. Un escándalo.

Pero este modelo se repitió, con agravantes, multiplicado bajo la presidencia de CFK, con la empresa Australiana Petersen. La familia Eskenazi, que vive acá, dice que las acciones le pertenecen. Esta empresa extranjera, dueña del 25 por ciento, debe casi todo el precio a los bancos y a Repsol. Y no lo podrá pagar sin las utilidades de YPF.

Sebastián Eskenazi desde 2008 es el responsable de la conducción. Si hubo vaciamiento será responsable del mismo. Fue conductor del desastre junto con los directores del Estado que miraron y convalidaron con el silencio.

A pesar de ello lo lógico – ante la caída en 11 por ciento, entre 2002 y 2009, del total de las reservas petroleras – sería declarar en estado de intervención a todo el sistema. Porque es todo el sistema el que ha fallado.

Y lo que está en crisis es la energía, cuya importación, como hemos dicho, es kryptonita para el desarrollo y produce el contagio mortal de la enfermedad holandesa.   

Construir represas, centrales atómicas, explorar la plataforma submarina, o el área continental, hasta dar con más recursos llevará, en tiempo, cuatro o cinco años como mínimo; y obtener el gas o el petróleo de las rocas de Vaca Muerta más que eso. Incrementar la capacidad de refino tal vez dos o tres años. Y todo eso empezando hoy.

CFK ha anunciado una represa en Santa Cruz: ese proyecto tiene décadas e inclusive tres gobernadores de esa provincia lo han intentado y hasta se licitó una vez y tuvo un ganador. Lo cierto es que, más allá del incremento de capacidad de esta nueva licitación a la que los anteriores ganadores se han avenido, el costo de la represa no ha cesado de aumentar en el tiempo. Pero es un anuncio en el que se observa una vez más el peso de la K al cuadrado.

Para todo esto hacen falta enormes recursos financieros que se multiplican con el coeficiente de urgencia de un país que necesita crecer mucho más de lo que hoy lo está haciendo.

Porque la tasa de crecimiento actual y este modo de crecer primarizado, (aunque para Kicillof sea un “modelo de reindustrialización”) no están generando empleo ni productividad que convalide la necesaria expansión de la masa salarial.

Sin inmensas inversiones no hay energía y sin energía no hay inversiones. Y sin inversiones el crecimiento profundizará su fuente primaria. Un círculo vicioso cuya entrada pasa por la energía y que tiene su matriz en el desprecio por las decisiones de infraestructura de largo plazo. Como siempre el desprecio por el largo plazo se venga. Hoy en la energía, ayer en el transporte. Pero se está haciendo sentir. Y todo lo de largo plazo tiene dos exigencias dramáticas: mucho tiempo y mucha plata con resultados que no se ven cuando se empiezan las tareas.

Pero en el mientras tanto, para mantener este ritmo y este modo de expansión,  -insatisfactorio desde el punto de vista de la productividad, de la ocupación, de los salarios y de la distribución -; será necesario incrementar la factura importadora de energía para no estar peor. Y eso supone canalizar recursos para esa importación.

Frenar otras importaciones puede ser un aliciente para producir sustitución y mejorar el balance comercial. Pero un aliciente es una condición necesaria, pero no suficiente. La idea de lo suficiente apela a la visión integral del desarrollo.

Hasta hoy no hay nada que induzca a pensar “aquí hay un programa masivo de inversiones energéticas combinado con un programa masivo de sustitución de importaciones”. Y eso a pesar de la dramática confesión oficial (mil veces antes expuestas por otros) de que sin ambas cosas (energía e industrialización) la economía argentina tiende a ser tan primaria como en el período de las “vacas y las mieses”. Y más concentradora, expoliadora y desertificadora que la economía forestal, gracias al empeñoso auge del mega negocio de la minería del oro y la plata a cielo abierto en lo que hoy estamos.

De esto último ahora se dice “no nos vamos a arrepentir”. La misma frase utilizó el Dr. Oscar Parrilli (actual Secretario General de la Presidencia de la Nación) cuando siendo miembro informante menemista de la privatización de YPF increpaba desafiante a la tribuna. Hoy seguramente debe estar arrepentido. Pero no lo ha dicho.

Se discute sobre privatización de YPF, que no habría sido tan mala – para el oficialismo – durante la presidencia de José Estensoro. Solamente habría sido mala la extranjerización, según CFK y Kicillof que disculpó a quienes lo hicieron por ser “un mal de época”. No fue la gripe aviar. Muchos países, la mayoría, no lo hicieron. Lo que equivale a decir que otras dirigencias políticas no lo hicieron y las de acá sí. ¿Fáciles para el contagio? Y si. Debilidad ideológica, debilidad institucional. ¿Las habremos superado? Todos los gobernadores petroleros de entonces, incluido Néstor Kirchner, vendieron sus acciones, a Repsol (española) y NK y CFK en 2008 promovieron el ingreso de la australiana Petersen. Y no es menor.

Porque el carácter extranjero de los accionistas, además de afectar a la soberanía integral de la política energética, importa por la soberanía judicial. Ambos países (España y Australia) tienen tratados bilaterales de inversión cuyas controversias deben ser sometidas al CIADI: ni Néstor ni Cristina han denunciado esos tratados.  Y soy testigo de la propuesta en ese sentido de Gustavo Caraballo a Néstor cuando era candidato.    

CFK y Kicillof, han manifestado la necesidad de inversiones y su disponibilidad al concurso de capitales extranjeros. Algunos ejecutivos internacionales, miembros del equipo de José Estensoro, convocados por el gobierno, han señalado la existencia de capitales dispuestos a llegar al país para invertir. Capitales de riesgo vinculado a los Bulgheroni, chino o americanos o de concesionarios instalados en el país.

¿A cualquier nueva inversión se le exigirá la renuncia a lo que afecta nuestra soberanía como los tratados bilaterales de inversión y el CIADI? ¿O tendremos menemismo reforzado aceptando todo en los mismos términos de los 90? Prestemos atención.

Y respecto de China, país amigo y socio comercial, no debemos olvidar que no es bueno cederle a quien, por ahora y por mucho tiempo, será factótum de la positividad de nuestro balance comercial externo, nada más ni nada menos que el control del flujo inversor de nuestros recursos energéticos. El estado chino o un gigante chino, serían un socio de alto riesgo por estar de los dos lados del mostrador. Recuerde al Imperio Británico y el desarrollo argentino. Que sean distintos actores no cambia el argumento.  Raúl Scalabrini Ortiz denunciaba la trama oligárquica de los representantes de los intereses extranjeros que importan cuando son poderosos. ¿Sabe quien es un promotor de  los intereses chinos en el país? Francisco Macri. No hace falta más.

Otra perlita.  Cuando CFK anunció la expropiación dijo que Federico Bernal le había regalado un tubito con petróleo del pozo número 2 de Comodoro Rivadavia, descubierto en 1907, u afirmó que era “el primer petróleo argentino”. Alguien la indujo a error.  Dejó de lado a la Compañía Jujeña de Kerosene (1865) y a la Compañía Mendocina de Petróleo (1886) de Carlos Fader, padre de Fernando el pintor impresionista argentino. No es importante; pero señala – una vez más – el peso negativo de la mala información y de la poca filtración de ajuste en la información en la Casa Rosada. Volvamos.

Kicillof ha manifestado que de ninguna manera se reconocerá el precio internacional del petróleo; que no se establecerá un sistema que considere al petróleo o al gas como una commoditie. En otras palabras que se introducirá, con variantes, el concepto de costo más utilidad. Celebramos esa posición que es la correcta.

Esta es una condición necesaria para no tener una actividad local regida por los precios del mercado internacional. Si así fuera sería lo mismo que importar – menos transporte – con  todas las consecuencias estructurales devastadoras para la industria argentina.

Más allá de la “expropiación” de parte de las acciones de Repsol en YPF, (a mi criterio un adelanto atropellado innecesario); y la correcta intervención para conocer los números de adentro (más allá de las maneras guarangas); y la denuncia (por ahora sin consecuencias judiciales) de vaciamiento; lo cierto es que por primera vez – en toda la gestión K 1 y K 2 – se hace presente un  discurso, en boca de Axel Kicillof, que va más allá de la municipal concepción del paso a paso de todos estos años; y que – lamentando las expresiones tribuneras – pone el acento en una mirada de largo plazo. 

Esa mirada de largo plazo es la posibilidad de eliminar los términos negativos del paso a paso y corto placismo.  La ekonomía K al cuadrado es, por definición, la que anula el término negativo del corto placismo. 

Después de una década de expansión, sin visión de largo plazo, tenemos que enfrentar la crisis energética, de transporte y de balanza comercial. K al cuadrado es una necesidad: elimina los términos negativos de K1 y K2 y pone lo estratégico y el largo plazo delante de la gestión. ¿Habrá llegado la era K de Axel?

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22 abril 2012

Economía K al cuadrado

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