¿Un discurso a la defensiva?

12 de mayo de 2012

por Carlos Leyba

Definiciones de Cristina Fernández aobre la marcha de la economía: un diagnóstico de que las causas de los males no derivan de la política económica. “El mundo se nos cayó encima”. Corresponde una estrategia de defensa. El gobierno dispone de caja. Los sindicalistas deebn contener los salarios y el empleo. Los empresarios deben invertir en estas condiciones: no habrá otras.

Ninguno de nosotros es definitivamente original. Quien más quien menos tenemos una memoria genética que nos condiciona y potencia, estamos en un medio que nos facilita la navegación o nos ahoga; que nos hace, como decía Ortega y Gasset, también “nuestra circunstancia”. Y de Ortega hablando en uno de sus ensayos nos dice “El argentino es un hombre a la defensiva”.

El gran pensador español, de visita en nuestro país, señaló que, al comienzo de una charla, el argentino denota la calidad de su persona diciendo soy el profesor, el escritor, bla bla bla. Y ese escudo denota una actitud defensiva que, dice don José, “obliga al argentino a no vivir” y – digo yo – a escaparle a la consideración abierta de la circunstancia o de la realidad.

Para Ortega – que frecuentó en sus años de paso a los sectores altos en declinación y emergentes en ascenso – la razón, de esa presentación “a la defensiva”, se debe a que el puesto o función (no necesariamente pública) se encuentra siempre en peligro de arrebato por otros y, segundo, a que el mismo individuo no siente la plenitud de los títulos con que ocupa ese puesto o rango.

En otra dimensión a Ortega le asombra la influencia que en la vida cotidiana adquieren las crisis económicas a causa de un inmoderado apetito de fortuna, audacia, incompetencia, falta de amor a lo que se hace que, dice, son “caracteres conocidos que se dan endémicamente en todas las factorías”. E Han pasado muchos años y, seguramente, si el sagaz Ortega volviera tal vez no pondría esta característica – de “hombre a la defensiva, temeroso de lo provisorio del lugar que ocupa, preocupado por la crisis, ávido de fortuna, moldeado por la condición colonial del país” – al tope de sus observaciones.

Pero sin duda marcaría cuánto de palabra defensiva y escape a la circunstancia a la realidad, hay en nuestros análisis y discursos de dirigentes, políticos, empresarios, sindicales, periodistas, intelectuales, etc. Sin duda nos diría que si nos acorazamos en la defensiva, nos tapamos los ojos a la realidad y al futuro; que solo nos queda la mirada al pasado. Y eso nos hace, como a la mujer de Lot, estatuas de sal, sea que añoremos al pasado o sea que lo repudiemos. Hay que romper el discurso a la defensiva para poder dialogar y conciliar. Y eso cabe a oficialistas y a opositores. No hay ni buenos ni malos en el silencio.

¿Por qué estas consideraciones tan atemporales? Veamos.

Cristina Fernández, el jueves pasado en la Casa Rosada, brindó un discurso muy pero muy importante y muy pero muy espontáneo. Nos importan las nuevas definiciones de lo que ella privilegia en el análisis de la marcha de la economía.

Su diagnóstico no se abocó a malestares económicos propios de causas interiores, o si se quiere propios de la política que se lleva a cabo, sino que se concentró en malestares de origen externo al poder.

La primera conclusión es que, si las cuestiones que provocan los males son externas al poder, entonces a la política no le corresponden “correcciones” sino, por el contrario, “acciones defensivas”. La acción defensiva detiene las modificaciones que, desde el exterior, se podrían provocar sobre a las correctas implementaciones internas.

Un ejemplo, una de ataque sería una política de fuerte industrialización. Fuerte quiere decir mucho y por mucho tiempo. Por que lo que se hace sin tiempo no dura. Y mucho, porque las acciones homeopáticas sólo están indicadas cuando en el interior del sistema se prevén reacciones positivas. Si no existe ese sisetma interno de respuestas, los “toques mínimos” no alcanzan. Pero una política defensiva es otra cosa: básicamente es “cierro acá hoy y mañana allá”. Y eso, por ejemplo para industrializar, por definición, no alcanza. Es que nos defendemos para quedarnos en el mismo lugar y ahí es dónde tuvimos que defendernos. Sin solución de continuidad. No hay defensa eterna. Por lo menos en economía. Al discurso.

CFK señaló tres elementos externos al poder que están, a su criterio, perturbando o que perturbarán la marcha de la economía nacional. Alguien le habrá comentado que estamos flojos de industria, que se frena el boom de la construcción, que por aquí y por allá los precios crecen y que se frenan a la vez la creación de empleo privado y las inversiones.La “economía se desacelera”. Entre los que hacemos economía, en esto hay consenso.

Para el gobierno la economía desacelera poco. Para otros tiene un ritmo de crecimiento de uno por ciento. Nadie discute la desaceleración. Ni sus consecuencias.

La discusión es por las causas que interesan porque de ellas depende el remedio.

El ataque corresponde a un diagnóstico de que las causas derivan de la política. La defensa corresponde al escenario en que la causa son los otros.

Para CFK “el mundo se nos cayó encima”: la crisis mundial nos está afectando o nos afectará. La metáfora es preocupante: un elefante se nos cayó encima. Y por los tiempos verbales utilizados eso ya ocurrió. CFK, ante la desaceleración, nos señala una de las causas. “La causa” de algo malo. ¿Lo malo? Por ejemplo, las provincias piden y no les dan.

Aclaro: al gobierno no le faltan recursos para llegar a la otra orilla que es la que queda en 2013. Todo lo que pasa tiene que ver con la llegada a esa orilla. Relea la síntesis de Ortega. Premio mayor: la re re.

Por ahora CFK está nadando sola. No hay nadie cruzando el río. Entonces la única posibilidad que no llegue primero, por ahora, es que se hunda. Y eso no parece que vaya a ocurrir porque, aunque haya problemas. Sigue habiendo caja y mientras la haya, el negocio no quiebra. Es cierto la caja de la que dispone el gobierno es una caja que no les gusta a los liberales. Pero es la misma a la que Domingo Cavallo y  José Martínez de Hoz, liberales si los hubo, no le hicieron asco durante su reinado. Caja hay y habrá.

¿Qué el uso traerá problemas? Si. Pero después. Con 2013 en la mano todo es humo.

Volvamos al discurso del jueves. Si los males, presentes y futuros, vienen de que “el mundo se nos cayó encima”, la causa es exterior y sólo cabe esperar acciones defensivas. Para CFJ la responsabilidad, por la desaceleración y sus consecuencias, está en otro lado. No en el gobierno. Nada que revisar. La traducción de “profundizar el modelo” es aplicar nuevas acciones defensivas.

La segunda afirmación apuntó a decisiones de terceros que pueden profundizar los males que nos trae el mundo exterior. Dirigencia sindical . A los nuevos aliados, representados por los Gordos, Caló y Barrionuevo, les puso condiciones. Además de traer la cabeza de Hugo Moyano, para ser miembro del oficialismo: hay que parar la presión salarial. De eso se trata ser aliado de verdad.

En el discurso apareció, con otras palabras, el fantasma de la lucha embanderada contra la “burocracia sindical”. CFK dibujó una división entre la elite sindical y el pueblo llano: “los dirigentes sindicales se a van a sus casas y nunca son pobres. Los trabajadores son los que se quedan en la calle”.

Dos mensajes: los sindicalistas no son pobres; y el segundo, la cuestión sindical está amenazando el empleo (quedarse en la calle).

Lo de Moyano fue aparte y lo aludió en la histórica desmemoria de José Espejo, el sindicalista que acompañaba a Juan Perón en el balcón en los años gloriosos del peronismo. ¿Quién se acuerda de él? Eso dijo más o menos CFK. O lo que es lo mismo los salarios reales crecientes de estos años K son hijos de la política económica del gobierno y no de las conquistas de los trabajadores sindicalizados. Que Moyano no reclame la paternidad del progreso ; y que, en consecuencia, no pretenda ni un Vice ni nada puesto por la CGT. Para CFK, el movimiento obrero no es la columna vertebral, de la “inclusión social”. ¿La inclusión reemplazó a la Justicia? ¿Pasa por ahí el desplazamiento del sindicalismo? Es decir ¿un cambio de paradigma en el peronismo, en el kirchnerismo, en el cristinismo?

Pero más allá de las indudables connotaciones políticas en la lucha por espacios de poder, en la navegación hacia el 2013, lo que expresa “la rabia” de CFK es que, en la carrera “dólar, precios, salarios”, ella entiende que lo racional es que los salarios no transpongan el límite que desea el gobierno.

Y  ella no quiere ser quien lo ponga. Quiere que el límite lo pongan los dirigentes sindicales.

Los “Gordos” han dicho – a pesar de estas haciendo buena letra – que lo lógico sería un acuerdo global tripartito (Pacto) que establezca un límite detrás del cual se ordenen las paritarias.

Pero CFK no quiere “concertar” y menos “poner el límite”: lo sugiero pero Ustedes lo firman.

Para los “moyanistas” el Pacto tiene sentido si incluye, a la manera de 1973, un programa de corto, mediano y largo plazo. Con eso están decididamente afuera de la mira de CFK: nada de plan.

La respuesta de los moyanistas, sabedores de esta barrera, ha sido dura: Facundo Moyano señaló que los mismos adjetivos de CFK lo uso para con su padre el impresentable Carlos Menem; Julio Piumato le recordó que los que se borran son los políticos, no los gremialistas – pensaba en la Plaza de Mayo del 30 de marzo de 1982 – y Jorge Lobais le recordó que no todos los presidentes viven como José Mujica. Todo fuerte. Todo a la defensiva.

Pero en términos económicos lo que expresó CFK es que, en la carrera dólar, precios, salarios, el gobierno no apelará a política anti inflacionaria o cambiaria, que reconozca la existencia de tasas de inflación superiores a las que informa el INDEC. La realidad no está en discusión.

Siguiendo esa lógica, la conclusión de CFK es que, en parte al menos, la desaceleración de la economía y particularmente del empleo privado, resultan y resultarán, del mundo; y de la incapacidad o indisponibilidad, de los dirigentes sindicales para acomodar las cargas.

Hay en esto un ataque al sindicalismo, una manera de recordarles la lucha JP contra la “burocracia sindical”, pero en realidad se trata de convocarlos, ¿por las malas?, para que se constituyan en la primera línea de defensa contra el avance de la inflación informándoles que ellos serán los culpables de “dejarla pasar”.

Esto quiere decir que CFK informa que nada hara en materia de macro economía para combatir la inflación, la que, para el INDEC, no existe.

La tercera afirmación tiene que ver con la inversión. O con la debilidad inversora que sufrimos. La falta de inversiones, sin duda, es la madre del salto importador; y del cuasi estancamiento en el empleo privado. Sin inversiones no hay crecimiento de la productividad y, sin esta última, las presiones se resuelven en más inflación. Acá y en la China.

A criterio de CFK la ausencia de inversiones de envergadura es responsabilidad de empresarios que han gozado de una coyuntura única; y que a pesar de ello, no la han acompañado con inversiones de volumen transformador.

La inversión, aún de los sectores grandes y pequeños más beneficiados con el auge del mercado interno, está ausente. No es que no se reparen las maquinas o que no se actualicen tecnológicamente o que no se agregue otra línea de producción a causa de la presión de la demanda. Esa pasividad, que no es lo que aquí ocurre, es propia de los períodos de franco retroceso económico y nada hay más lejano a eso en esta década. No.

En estos años de política y gestión K, se repara, se actualiza y se agregan capacidades: de lo contrario la situación sería gravísima y por cierto no lo es.

Pero también es cierto que no estamos en un proceso inversor de la envergadura que supone un período, como éste,  de muchos años de crecimiento. Nadie discute que la economía ha crecido y mucho.

Nadie discute los números de crecimiento del PBI registrados hasta 2007. Muchos señalan que luego de 2007 es razonable quitar entre 2 y 3 puntos al PBI del INDEC en cada año. Pero aún así sin esa “sobrestimación” estadística, el crecimiento ha sido más que importante: importantiísmo.

Los más críticos señalan que “la razón”  de la expansión es excluyentemente externa. Y los más oficialistas sostienen que “la razón” del crecimiento es la política económica de expansión del consumo. ¿Por qué declinarla entonces?

Pero nadie, ni unos ni otros, se cofunden en algo. Nadie señala que la razón del crecimiento haya sido la inversión. No. La inversión no ha sido motor. Y eso define “un estilo”. Justamente en esto estamos hoy: en los problemas de “un estilo” que no tiene como “motor” a la inversión.

Y también acerca de esto – sin decirlo en estos términos – versó el discurso de CFK el jueves en la Casa Rosada. No fue lo primero que dijo acerca de la economía. Pero lo dijo con mucha fuerza: la cuestión es la inversión. Reconoció el problema como un problema de los empresarios. No de la política. Y como ejemplo de la política anunció créditos ya otorgados en la línea del Bicentenario del Banco Nación y aseguró la duplicación de los mismos. Créditos blandos a plazo más o menos largo y a tasas nominales inferiores a la inflación. Son volumenes mínimos de créditos de fomento a la inversión para todas las líneas de empleo: de industrias pesadas a supermercados. ¿Algo parecido a “caramelos o acero”; es todo igual?

La preocupación por la inversión es correcta. Pone en evidencia la nueva sensibilidad ante un problema que tiene ocho años de vigencia.

Dos períodos gubernamentales de crecimiento en los que la inversión no ha tenido protagonismo, finalmente, conforman un grave problema. Las importaciones crecientes y la presión inflacionaria son el reverso de la carencia de una dinámica inversora reproductiva.

Para el pensamiento económico neoliberal (caramelos es lo mismo que acero)  “la inversión” es un concepto que abarca desde la Torre de Puerto Madero, la sucursal de un banco o la apertura de un supermercado. No cabe ninguna duda que, aunque esas inversiones, se hayan realizado con materiales y mano de obra local – lo que implica un acelerador de la actividad productiva –  no es menos cierto que difícilmente se encuentre una lógica que haga posible sumar esas “inversiones” con la construcción de una acería o la instalación y puesta en marcha de una planta de tractores o una cadena de tornos.

Es que hay inversiones reproductivas, de infraestructura reproductiva o social; y por otro lado, hay inversiones que podemos llamarlas complementarias, como la del shopping de cuatro manzanas. ¿Cuál es la diferencia? Veamos.

En el análisis de las experiencias de desarrollo de las últimas décadas, en las economías que han multiplicado las inversiones reproductivas, se observa que ellas han resuelto, vía productividad, la mejora en la distribución del ingreso y de la calidad en la estructura social. De eso se trata el progreso o si se quiere la superación del desarrollo que a su vez supera al crecimiento.

En esos casos las inversiones “complementarias” han sido la consecuencia de

ese salto de productividad. No el motor.

La inversión reproductiva es motor de arrastre. Eso no ocurre con las inversiones  complementaria que, como hemos visto reiteradamente, se convierte en un burbuja; o si se quiere en el brillo del crecimiento light. Crecimiento que es light tanto por su densidad real como por la ideología que lo sostiene.

CFK incorporó – y ojalá lo profundice en serio – el tema de la inversión. Sin ella todo se agota. Pero el único elemento de ataque que mencionó es duplicar el crédito del Bicentenario: nada.

En realidad el anuncio a los empresarios fue: inviertan en estas condiciones. No habrá otras. A Ustedes les cabe la línea defensiva. No habrá cambios de política para la inversión.  No hay promesas de ataque. Es lo que hay.

Sindicalistas al socorro de la inflación; empresarios al socorro de la inversión; y todo antes que el mundo termine de caernos encima.

Un discurso importante y a la defensiva.

Aunque todos sabemos que la mejor defensa es un buen ataque a la falta de inversión y a la inflación: política económica heterodoxa en serio es, por definición, “ataque”. Ser heterodoxo es mirar la realidad y hacer lo necesario para cambiarla.

No perdamos la esperanza, por algo se empieza. La verdad se está haciendo, finalmente, protagonista y CFK la está develando. Y eso es un salto importante.

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14 mayo 2012

¿Un discurso a la defensiva?

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