En la sordera no hay ganadores

Buenos Aires, 23 de junio de 2012

Por Carlos Leyba

La semana que comienza termina el miércoles 27. Ese día Hugo Moyano y los sindicatos alineados, más muchos ciudadanos que hoy son curiosos, van a estar en la Plaza de Mayo. Puede que la memoria me falle, pero hace muchos años que la Plaza de Mayo no es el espacio simbólico de una movilización autónoma del movimiento obrero, o la de una parte sustantiva del movimiento obrero.

Puedo equivocarme en este desprolijo recuerdo de “movilizaciones autónomas”; pero vienen a mi memoria sólo dos, en las últimas décadas, convocadas por la CGT sin la anuencia del poder:  las de los días de junio y julio de 1975 y la de marzo de 1982.

En 1975 la CGT – la misma que había estado en la Plaza apoyando el programa de Juan Perón un año antes – se hizo presente en la Plaza; y logró la huída de José López Rega y la renuncia de Celestino Rodrigo.

El 30 de marzo de 1982, la marcha convocada por la CGT, que llenó la Plaza de Mayo en plena dictadura genocida, marcó el comienzo del fin del régimen.

Esas dos movilizaciones fueron realizadas con el propósito de enfrentar al poder y cambiar su rumbo.

¿Esta convocatoria para el miércoles tiene esas características?¿La CGT o parte de ella enfrenta al poder, aspira a cambiar el rumbo, es una lucha política? Veamos.

Dejando de lado la autoconvocatoria de sectores medios y populares en la crisis de 2001- que desbordaron la Plaza y enfrentaron al poder y provocaron la caída de Fernando de la Rúa – en los últimos tiempos muchas veces se llenó la Plaza con las 50, 70 ó 100 mil almas que son las que la colman.

Esas convocatorias, dejando de lado las espontáneas de la crisis de 2001, fueron realizadas desde el poder político o desde los nuevos movimientos sociales, con el apoyo  del poder, que siempre ha estado acompañados por micro organizaciones políticas con mucha práctica de movilización. Casi todas (las no espontáneas) fueron destinadas a acompañar a quien ejerce el poder, fortalecer una corriente dentro de él, pero nunca a disputarlo.

Una expresión emblemática, respecto de la Plaza, es la apropiación que de ese espacio simbólico, hizo Hebe de Bonafini, junto a Sergio Schoklender – referente de uno de esos movimientos sociales – al desalojar a un grupo de la comunidad boliviana denunciante de un caso de “gatillo fácil”. Entonces ella gritó “esta plaza es nuestra, bolivianos de mierda, váyanse”. Otro caso fue la expulsión de la Plaza que, de los ruralistas urbanos, hizo, a pedido de Néstor Kirchner, Luis D´Elia líder de otro de los movimientos sociales.

“El miércoles a la Plaza” es una convocatoria de la CGT ¿habrá expulsión? La CGT ocupará la Plaza. ¿Si?

Recordemos. La protesta rural-urbana de la 121 no llegó a llenar la Plaza de Mayo. No fue un  caso de “Plaza de Mayo”. Pero juntó una multitud tres veces mayor en el Monumento a la Bandera en Rosario y en el Monumento de los Españoles en Palermo.

La de la 121 fue una movilización fiscal en el sentido de protestar contra el peso recaudatorio del Estado. No le quebró el brazo al poder y sólo le sirvió, al sector agrícola, para dejar las cosas como estaban: ni mejor ni peor.

El gobierno, el oficialismo y todo lo que lo rodea, no ha dejado de vivirlo como una derrota política. Pero sin embargo lejos de mellarle el poder, el recordado “voto no positivo”, le permitió al gobierno mantener las condiciones económicas sobre las que sopló el viento de cola; y arrasar electoralmente en una reelección que le brindó una capacidad extraordinaria: el Parlamento responde sin desmayos a causa de disponer holgadamente de las mayorías básicas de la legislación. La excepción del lamentable Reposo confirma la regla.

Aquella protesta fiscal de la 121, como se suele decir “golpe que no quiebra la espalda la endereza”, logró que “nada cambie” en materia fiscal rural, y despertó una reacción finalmente ganadora por parte de los  que parecían afectados. ¿Quién ganó? ¿Hay dudas?

Hugo Moyano ha cruzado una vereda.  Y está dispuesto a decirlo en voz alta. El también encabeza una protesta fiscal. Muchos otros dirigentes sindicales – la mayor parte de los que enfrentaron al menemismo por la privatización del Estado, la desindustrialización, la extranjerización y la generación de desempleo y pobreza – son los que lo acompañan desde la CGT.

Moyano – nadie puede dudarlo – y muchos de los que lo acompañan, representan una visión del movimiento obrero que recuerda la frase de Perón acerca de la función de  “columna vertebral del movimiento nacional y popular”.  La columna vertebral ayuda a mantener el equilibro, el centro de gravedad,  a mantenernos de pie y a sostener la cabeza. Sin ella es difícil el rumbo. Esa es la doctrina de Perón de dónde proviene casi toda la dirigencia sindical y gran parte del oficialismo. Gran parte porque del gabinete y de la Casa Rosada un número importante y de personalidades destacadas, no se alimenta de esos textos ni de esas militancias. El peronismo es “colector” y amplio en tanto que estructura electoral y de poder. Es decir muchos pueden “estar en el peronismo”. Y eso no es lo mismo que “ser peronista”. Desde el punto de vista ideológico o doctrinario, el peronismo es una visión que se contrapone a otras visiones que, sin embargo, “están” – sean de izquierda o de derecha – en el gobierno “en nombre de”.

Por ejemplo, Moyano y quienes lo acompañan, durante el menemismo, dieron testimonio de “ser” y por lo tanto no “estar” en el peronismo del gobierno en ese momento. Hoy – detrás de esta protesta fiscal – está, sin duda, el reclamo de inclusión de la CGT en el diálogo. Lo ha dicho y resulta evidente, la CGT de Moyano reclama por la cuestión del impuesto a las ganancias y por las asignaciones familiares.  Fundamentalmente reclama por el diálogo, la concertación, el acuerdo para el diseño de políticas frente a dos problemas que afectan a todos; y a la clase trabajadora en particular. Primero el problema que lleva ya seis años de vigencia: la inflación. Problema que para el gobierno no existe ya que, en la radiografías que le saca a la economía con el equipo del INDEC, esa mancha no aparece. Y segundo el problema que nos amenaza que es la desaceleración, estancamiento o recesión de la economía, con su secuela de pérdida de horas extras, suspensiones y desempleo.

Las convenciones colectivas, que Néstor Kirchner restituyó, resuelven problemas sectoriales. Allí el Estado es un arbitro entre patrones y trabajadores. Pero no hay soluciones sectoriales para problemas globales.

Y mientras los sindicatos discuten lo sectorial, el conjunto de los trabajadores, a través de la CGT, pretende ejercer su derecho a dialogar – ser escuchado – sobre las políticas globales: eso es ser columna vertebral.

El menemismo no sólo desoyó la voz de lo que representaba Moyano; sino que logró el aval del sindicalismo de  “los gordos” – o de la columna vertebral genuflexa – para la privatización del Estado, la desindustrialización, la extranjerización y, consecuentemente, la generación de desempleo y pobreza.

Hoy el diálogo del gobierno es con “los gordos” y algunos otros que estuvieron hasta hace poco junto a Moyano. ¿Ese diálogo tiene como propósito sólo desplazar a Moyano de la CGT?¿Garantizarse un sindicalismo que no canalice reclamos globales?

Moyano ha dicho que está dispuesto a renunciar a la CGT si el gobierno aumenta el mínimo no imponible de manera considerable, modifica las escalas y universaliza las asignaciones familiares. Lo que al menos contractualmente señala y verifica que hay una relación directa entre esta demanda fiscal y su accionar.

¿El gobierno está dispuesto a resolver este problema fiscal descomunal derivado de la inflación (ella es la que erosiona el salario y además las escalas tributarias)?

Si lo hace antes del miércoles logrará que la Plaza no sea de la CGT enojada y – seguramente – la renuncia de Moyano a la CGT.

Moyano podrá exhibir por un tiempo el triunfo fiscal. Pero no será de una duración y un peso, mayor al  que tuvo el “no positivo” de Julio Cleto Cobos. Naturalmente Moyano no es Cobos. Y así como el efímero Cobos es un pedazo chiquito dentro de un radicalismo pequeño; Moyano es un pedazo enorme dentro de un sindicalismo que puede volver a ser poderoso si el desempleo lo agiganta. Moyano volverá a ser lo que era, que no es poco. Así como Cobos volvió a ser lo que era, que era muy poco.

Si el gobierno decide resolver el problema fiscal de los trabajadores antes del miércoles lo dejará a Moyano con la razón de su reclamo, pero sin la Plaza y sin la secretaría de la CGT, si Hugo cumple con lo dicho. El gobierno tendrá una derrota como la de Cobos. Pero, con la bandera fiscal de los trabajadores en sus manos, ganará más que lo que perderá en la pulseada con el líder de los camioneros.

Perdió con “el campo”, pero nada cambió y el viento de cola la reeligió. Perdería con Moyano, pero los salarios de la clase media tendrían una mejora sustantiva por reducción de impuestos y aumento de asignaciones. ¿No mejoraría la imagen del gobierno otra vez generoso con los sectores medios?

Darle la razón a Moyano tendrá costos fiscales, le sacará una bandera a la oposición y le generará una simpatía al bolsillo de la clase media. Una tentación. Y una de esas paradojas boomerang de la política. La plaza es mía. El capitalismo es consumo, como le gusta decir a CFK, definición como mínimo curiosa. Pero arrebatarle la bandera a Moyano garantiza la propiedad de la Plaza y aportará leña al hogar del consumo.

¿Lo hará?

El otro escenario. Moyano llena la Plaza. Sigue la campaña en la CGT. Los “gordos” la dividen. Hay dos CGT. ¿La legal intervenida? O algo así. Moyano continúa el enfrentamiento. Hay una escalada de violencia. Conflictos legales, penales, etc. ¿Cómo sigue?

Los “gordos” ahora junto a la CTA de Hugo Yasky y a sindicatos que militaban junto a Moyano; y Moyano junto a Gerónimo Venegas y a Luis Barrionuevo. Ninguna de esas uniones es sincera, profunda, producto de visiones comunes. Es hija más de las enemistades que de los acuerdos; o de las necesidades mas que de las convicciones. No durarán.

Pero el problema fiscal de los trabajadores medios continuará como inquietud y base de conflictividad.

Todo eso, lo uno o lo otro, ocurrirá en un contexto adverso. La inversión reproductiva continúa estancada con lo que el producto potencial a futuro tiene un horizonte de franco estancamiento; la coyuntura económica es de estancamiento con tendencia recesiva; la crisis de oferta energética necesita de muchos recursos y mucho tiempo que, por ahora, parece que están lejos de la largada; los dólares siguen siendo el objeto del deseo y fugan de los bancos al ritmo que es posible; las provincias atraviesan un período de angustia fiscal; no todos los proveedores cobran del estado; la pobreza no declina; la concentración de la economía se profundiza con los “grupos”; y además la economía se extranjeriza y se hace notar con rigor el peso de la primarización y la dependencia de dormir con dos gigantes Brasil y China. Cuando se mueven nos arrastran. Cuando se acuestan nos aplastan. Llegan los chinos y es bueno recordar que siendo nuestros clientes – de una manera u otra – generadores del excedente comercial no es lo mas sabio hacerlos dueños de las fuentes primarias del funcionamiento de la economía. Ya nos pasó con Gran Bretaña.

En este contexto por demás preocupante es importante señalar que de la convocatoria del miércoles no surgirá un ganador. No hace falta. No es un enfrentamiento al poder constituido. Ni una lucha política. Ni tampoco – como muchos pretenden – un mojón de la sucesión. No. Es una protesta por la falta de diálogo y una exhortación a mirar con atención el rumbo que, está a la vista, no es acertado.

CFK no expulsará a nadie de la Plaza. Sería un horror. Y no lo cometerá.

Pero en lugar de pensar en  esos términos debería, en lugar de pensar en expulsión, pensar en inclusión, es decir aprovechar para un diálogo con los que simplemente lo reclaman. Entonces celebraremos que a la Plaza la ocupe el diálogo. Un paso gigantesco en la construcción de la democracia. En eso ganaríamos todos.

Es decir que este cimbronazo, está disputa de alto tono, sirva para abrir la capacidad de escuchar y formular las rectificaciones de un esquema que, más allá de las razones que se aleguen, no es el más conveniente para afrontar una situación a la que Moyano no la hace más difícil sino que simplemente la hace más evidente. Y esa es una virtud.

Ahora el escenario no es el mejor para el viento de cola que todavía sopla. Y es urgente a tener todos los actores arriba del escenario, no abajo y tirando piedras. En la sordera no hay ganadores.

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23 junio 2012

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