Gelbard y el rodrigazo

29 de junio de 2012

por Carlos Leyba

PUBLICADA EN EL ECONOMISTA DEL 29 DE JUNIO DE

En los últimos días se ha postulado un vínculo de causalidad entre el Rodrigazo de junio de 1975 y la gestión de José Gelbard (junio de 1973 a octubre de 1974) a pesar de que, entre ambas, transcurrieron nueve meses. Vinculándolo al presente, Ricardo Roa, editor de Clarín, afirmó que el kirchnerismo “ahora ha decidido que el de Gelbard es un modelo a imitar” (17/6/2012). Habiendo participado de la gestión de Gelbard entiendo que hay diferencias esenciales con la gestión K, fundamentalmente a causa de la filosofía de la concertación y el concepto de planificación.

El Acuerdo Social (1973) se inició en La Hora del Pueblo (1970) y maduró en las “Coincidencias Programáticas de los partidos políticos y las organizaciones sociales” (1972). En el Acuerdo Social y en el Plan Trienal, concertación y reglas escritas fueron esenciales. El diseño y desarrollo programático implicaban la institucionalización de la concertación. Roa señala que “La Gelbard” realizó su congreso “Vivir con lo nuestro” que inauguró Aldo Ferrer –mi profesor y querido amigo– quien siempre ha sido, honesta y públicamente, adversario de la concepción de la política del ’73. “La Gelbard” se inspira en su propia lectura de Gelbard. Y si bien todas las interpretaciones son posibles, invocar a Gelbard exige compromiso con la concertación y el planeamiento de largo plazo.

Roa, ahora hablando del pasado, continúa diciendo que Gelbard “se presentaba como representante de la burguesía nacional, estaba secretamente afiliado al Partido Comunista y había sido aliado del general Lanusse para enfrentar a Perón. Cuando ese proyecto capotó pactó con el líder y se convirtió en el ministro del Acuerdo Social y la inflación cero que terminó en la explosión del Rodrigazo”.

Gelbard lideraba y representaba empresarios del interior para defender el mercado interno y marcar el valor diferencial del empresario nacional frente al extranjero. La fuerte extranjerización de la economía de fines de los ‘60 fue denunciada por el entonces ministro Aldo Ferrer (1971) y la CGE tomó esa bandera. ¿Estaba “secretamente afiliado al Partido Comunista”? Quienes compartimos su pensamiento sabemos que estaba en los antípodas del método de análisis y de las propuestas del PC. Testigo del diálogo de Gelbard (1973) con Celedonio Pereda, presidente de la SRA, recuerdo la definición del ministro: “Soy capitalista y no estoy aquí para debilitar el sistema”. Fue una expresión coherente con la fundación de la CGE (1953), cuyo vicepresidente fue Francisco Muro de Nadal, fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

Veinte años públicos de obras, palabras y socios políticos lo definen ideológicamente. ¿Enfrentar a Perón? Durante más de veinte años tuvo amistad y coincidencias programáticas con Perón, lo que avalaba sus diálogos para lograr que la agenda del movimiento empresario fuera adoptada por los sectores de peso (partidos, sindicatos, empresarios, universidades, Iglesia, Fuerzas Armadas, etcétera). No participó de ningún gobierno militar. Suponer una alianza con Lanusse para atacar a Perón, el líder que haría posible el proyecto de Acuerdo Social de ambos, es confundir su capacidad para aprovechar la fuerza del adversario para beneficio del Acuerdo con una alianza espuria que estaría en contradicción con toda su trayectoria.

La concertación no fue un proyecto de inflación cero. Lanusse dejó una inflación del 80% anual. La política de precios fue concertada y regulada por normas escritas. El INDEC computaba los precios efectivos del mercado, no los concertados. En diciembre de 1973, Juan Carlos de Pablo escribió que, al menos hasta entonces, no había “mercado negro”. Ciertamente el asesinato de José Rucci, la primera crisis petrolera, los términos del intercambio adversos y la inflación importada hicieron todo más difícil, y en toda la región.

Finalmente la muerte de Perón cerró la Casa Rosada a las propuestas del ministro. En octubre de 1974, Gelbard, luego de 12 renuncias, logró salir del gobierno.

Dejó una inflación de 30% anual y las reservas más altas desde 1946, que representaban la mitad de las importaciones y de la deuda externa. La tasa de inflación heredada de la Dictadura se había reducido a menos de la mitad, las exportaciones se habían duplicado y las reservas se habían triplicado. Con problemas, pero lejos de una crisis. Sitiados por José López Rega, asumió Alfredo Gómez Morales y gestionó durante nueve meses en los que terminó con la concertación, la política industrial y la promoción de las exportaciones industriales. Para Gómez Morales el “tipo de cambio competitivo” era antipatria; así liquidó la mitad de las reservas, multiplicó el déficit fiscal y disparó los precios a más del doble. Construyó una crisis.

Con la concertación arrasada por Gómez Morales, en junio de 1975, asumieron los miembros de la secta de los Caballeros del Fuego, Ricardo Zinn, Pedro Pou y Celestino Rodrigo, que produjeron el Rodrigazo con el apoyo de José Alfredo Martínez de Hoz. En nueve meses, Gómez Morales, próximo ideológicamente a Zinn y a Pou, preparó, a sabiendas o sin querer, el terreno para el Rodrigazo. No heredó, del Acuerdo Social, situaciones “inevitables” y así lo reconoció en el documento que firmó el día en que asumió. Y si las hubiere heredado, nueve meses es tiempo más que suficiente para aterrizar. El Acuerdo Social no “terminó en la explosión del Rodrigazo”. Terminó en Gómez Morales. Y fue su pasividad la justificación para el innecesario e injustificable Rodrigazo, que fue el puntapié inicial de la ideología de la decadencia argentina.

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