¿Qué quedó después de la Plaza?

Buenos Aires. 1 de julio de 2012

Por Carlos Leyba

Si hay después, es porque hubo Plaza. Lo que equivale a decir que Hugo Moyano demostró capacidad de convocatoria. No toda la que hubiera deseado tener. Pero mucho mas de lo que cualquier otro, sin el aparato del estado, podría convocar.

También quedó establecido que el gobierno, por su ideología, por sus posiciones concretas y por su capacidad de relacionarse con amplios sectores del sindicalismo, y por  la vía que sea, tiene una relación de dominación (recursos, ideología) o de condicionamiento, con gran parte del sindicalismo. En ese terreno el gobierno establece cuál es la vereda por la que se puede caminar y por cual no.

Demasiado lejos quedó la imagen de una estructura sindical monolítica a la que se podría volver. La norma legal, que establece y procura la unidad, ha quedado relegada a letra escrita; mientras la diversidad, en el sindicalismo, es la letra viva. Hoy hay tres CGT y dos CTA y además agrupamientos independientes entre los que podemos contar a “Los Dragones” protagonistas de descomunales destrozos.

Lo cierto es que no hay acuerdo entre los trabajadores sindicalizados acerca del procedimiento por el cuál se elige a los representantes de las centrales. Como consecuencia de ello la representación de la clase trabajadora sindicalizada está subdivida como nunca lo estuvo. Pero mas nuevo aún es el hecho de que más del 30 por ciento de la clase trabajadora, la que trabaja en negro, no está sindicalizada, pero muchos dirigentes invocan su representación.

El escenario de abiertas diferencias sociales y económicas, entre los miembros de la clase que vive de un salario o de un subsidio, se ven acompañadas, entre otras muchas causas, por esa diversidad de representación. La heterogeneidad de las condiciones de la clase trabajadora, agigantada por la regresión del proceso industrial, plantea un desafío para el liderazgo sindical a la hora de convocar para propuestas que, sin duda, responden a intereses comunes.

Un ejemplo: todos los dirigentes sindicales, de todas las corrientes, son conscientes de la distancia que hay entre la medida de la inflación oficial y la inflación real que orada el salario de los trabajadores. Pero esa convicción común, “alta inflación”, no genera una demanda común. La queja sindical por la medición del INDEC, la madre del conflicto, se limitó a la protesta de los trabajadores de ATE en ese organismo.

Los demás gremios, esa discusión (la de la inflación), la llevan a las paritarias individuales y allí sus números son los de la Canasta de Supermercado que son los números en los que todos, salvo el INDEC, creemos que es la inflación y los convierten en aumento salarial. Si hoy la inflación es el 20/25 por ciento anual, de una u otra manera los gremios la neutralizan, en los papeles, con los aumentos. Esta muy bien que las paritarias fijen el nivel de los salarios. Pero la inflación, su medición y las políticas para remediarla, no se solucionan con gestiones individuales por cuanto responden a cuestiones globales. Y no hay soluciones individuales para problemas colectivos.  O lo que es lo mismo una buena paritaria resuelve el problema de la inflación para el gremio que logra imponer condiciones. Pero muchas buenas paritarias no resuelven el problema de la inflación de todos.

A partir de esta mirada adquiere relevancia el papel de las Centrales o de la Central: ellas o ella, no negocian paritarias sino la relación de fondo que apunta a la macroeconomía. Es decir poner sobre la mesa, de la formulación de la política económica, la visión del trabajo organizado.

La cuestión de la inflación pasa, a partir de las paritarias individuales, a ser una cuestión global o general cuando se mide su impacto en el mínimo imponible y las escalas del impuesto a lasa ganancias y en el límite para percibir asignaciones familiares.

El paro de camioneros se hizo por una causa colectiva; y la movilización, a la que concurrieron y adhirieron muchas organizaciones, fue la manera de sostener desde “lo colectivo” (no un sindicato) un cambio de la política macroeconómica que reduce ipso facto la compensación inflacionaria ganada en la paritaria.

¿Todos adhirieron o se movilizaron? No. El reclamo planteado era una demanda común; y común es la demanda de diálogo. Pero las demás razones – distintas del interés común – hicieron que la movilización no fuera la esperada.

La Plaza se llenó con una cifra mas cerca del mínimo de 50 mil almas que del máximo de 100 mil. Nada parece indicar que después de esa indiscutible capacidad de convocatoria que lo hace, como mínimo, el principal vocero del movimiento obrero organizado, CFK esté en animo de convocar a los trabajadores a una Mesa  Nacional de discusión acerca de como sigue el proceso económico y social. Esa es la aspiración primordial de Hugo Moyano y de quienes lo acompañan.

Esto es, aspiran a ser reconocidos como parte de las decisiones que exceden la discusión salarial de las paritarias. La respuesta presidencial es contundente. No hay negociación de las políticas. Y al sindicalismo en la protesta o la propuesta no le queda otra arma que la apelación a la acción directa. No hay dialogo ni negociación fuera de lo especifico de las paritarias.

Después de la Plaza quedó claro que el sindicalismo está dividido y que Moyano representa una parte de peso y que puede sumar socios accidentales. Y quedó claro que CFK no está dispuesta a reconocer en Moyano a la representación de los trabajadores y que tampoco acepta haber ingresado en la etapa del diálogo en materia política.

Lo que queda después de la Plaza es que hemos ingresado en una nueva etapa donde la acción directa sustituye a la mesa de diálogo.

¿Cuál es el escenario económico futuro en relación a esa tensión de no diálogo y protagonismo de la acción directa?

El sindicalismo dividido podría responder a la estrategia gubernamental de “divide y reinaras”. Esa estrategia, de existir, requiere un tiempo de bonanza económica para ser exitosa.

Si las condiciones económicas son tales que me permiten convocar por vía directa y sin intermediación alguna, a los ciudadanos beneficiados, entonces cuanto más débiles los poderes que se organizan por fuera del Estado, más capacidad del Estado para aprovechar, en términos de acumulación de poder, los frutos del beneficio que reciben los ciudadanos.

Pero si el escenario económico se constituye en uno que es “mas de quitar que de poner”; entonces la división y atomización de los liderazgos sindicales juega en contra de la acumulación de poder del gobierno, en tanto y en cuanto la división de las organizaciones genera la multiplicación de la acción directa. Esto también es parte de lo que queda después de la Plaza.

El escenario económico de lo que resta del año no es positivo. Y no sólo afecta a los ciudadanos, sino que afecta a la administración como queda de manifiesto en que la planta mayor de empleados públicos del país cobrará el aguinaldo en cuotas. Eso significa que en Buenos Aires no hay recursos suficientes para cumplir con la ley. Y eso compone un escenario negativo respecto del pasado.

Toda la información disponible señala que estamos en estancamiento o para los optimistas en desaceleración o para los pesimistas en recesión. En casi todos los sectores predominan los problemas. El sector agropecuario registra caídas, lo mismo la industria y la construcción. Caen las exportaciones y las importaciones. El INDEC que registra el Estimador Mensual de Actividad Económica señala una caída sistemática de la tasa de crecimiento desde la mitad de 2010, alcanzando la zona de estancamiento en estos días. Lo mismo ocurre con el Índice de Producción Industrial del INDEC. Venimos de dos años de desaceleración. Y estamos en un tiempo de estancamiento con alta inflación. Es así. Los números privados dicen lo mismo respecto de la tendencia aunque, en este caso, las tasas más negativas.

Las expectativas de los consumidores están en pendiente negativa, es decir, la confianza, en la economía futura, declina. Es que declinan los indicadores de demanda laboral y se mantiene o crecen los de inflación. Con un mercado de trabajo debilitado y un proceso al alza en los precios, la composición de las expectativas no puede ser positiva. Y las estimaciones de los agregados económicos, realizadas a través de indicadores que adelantan el futuro de la economía, también plantean un escenario menos auspicioso hacia delante. Hay un “cul de sac” en el camino del crecimiento y del empleo. En ese tipo de situaciones la capacidad para resolver conflictos disminuye. Y lo vemos en la escasez de fondos disponibles para sostener las finanzas de las provincias. Todo señala que hay aire de quita mas que aire de poner en la cocina de la política económica. Después de la plaza es más evidente.

¿Cómo responden  los empresarios, los que disponen de los excedentes y del capital? La respuesta mas contundente es la ausencia de inversiones reproductivas de magnitud tal que muevan el amperímetro; o sean barrera de contención de estas expectativas negativas.

Tampoco los empresarios, salvo a nivel individual y a la búsqueda de soluciones individuales, gestionan una representación colectiva a tono con los problemas macro que afectan al aparato productivo.  De alguna manera la práctica empresaria de las soluciones individuales (lobby) deserta de la discusión y propuesta de alternativas macro para evitar la continuidad de la inflación y la consolidación de las tendencias negativas de la economía real.

Paradójicamente podemos decir que “el gobierno está solo” pero con una fortaleza imbatible en el aparato del Estado: tiene el Parlamento y en gran medida ha disciplinado a la justicia; representa a la mayor parte del electorado y en esa condición ha logrado alinear a todas las jefaturas territoriales.

Es un liderazgo sólido más allá del deterioro de la imagen presidencial. A medida que surgen problemas que vienen de larga data y que en estos 10 años de gobierno no se superaron (energía, transporte, pobreza, trabajo en negro, concentración de la riqueza, inseguridad, etc.) la imagen de CFK declina. Pero esas pérdidas se computan contra el capital inmenso de que dispone; y contra el nulo capital político de la oposición. Incluida la oposición interior dentro del peronismo que forma parte del Frente para la Victoria.

De esto se desprende que no hay por ahora nada que la política pueda contribuir a solucionar, vía dialogo y proposición, en materia de esta contradicción que se monta entre la economía en declinación y el sindicalismo en división.

Después de la plaza lo que queda es la economía  tal cual venía y un escenario mas propicio al conflicto y la acción directa que el necesario del diálogo. Es decir nada cambio para mejor.

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01 julio 2012

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