La heterodoxia pendiente

Buenos Aires 3 de agosto de 2012

(publicado en El Economista)

Carlos Leyba

La ortodoxia consolida la estructura derivada de la dotación natural o histórica de factores. La heterodoxia se basa en un pronóstico negativo respecto de la acumulación derivada del curso natural de la dotación de factores y de la demanda solvente; y sostiene un “ideal histórico concreto” que supone una alteración de la lógica de la dotación natural e histórica de factores: la mejora del sistema requiere señales “desde la política” para modificar la tendencia de la acumulación y su deriva de la distribución. Tenemos para ello que aprovechar la oportunidad de la expansión asiática. La visión ortodoxa descansa en que la acumulación ha de ser dirigida por la demanda de consumo o de exportacióny eso nos primariza. ¿No tenemos una heterodoxia pendiente?

¿En política y economía, cuál es la diferencia esencial entre la estrategia ortodoxa y la heterodoxa? ¿Y por qué importa clarificar esa diferencia?

Mejorar los resultados económicos, es decir, ampliar e integrar el sistema económico; y mejorar los resultados sociales, que significa  generar una estructura productiva que haga sustentable la progresividad en la distribución del ingreso, son objetivos compartidos – si bien con matices y entre ellos el orden de realización de los objetivos – por la mayoría de los economistas y políticos.

La “heterodoxia” sostiene que aquello que resulta de la dotación natural e histórica, de factores, gobernada por la demanda solvente de consumo y exportación, no maximiza los objetivos económicos y sociales. El Estado debe protagonizar la transformación básicamente vía acumulación. El problema heterodoxo es tanto el estancamiento como la esclerosis del producto potencial. No hay “heterodoxia” sin plan global explicito.

La “ortodoxia”, por el contrario, entiende a la política como la herramienta para garantizar que la dotación de factores existente responda elásticamente a la demanda de consumo y de exportación. La inversión vendrá por añadidura. El problema ortodoxo es la inflación. El protagonista es el mercado; el Estado administra sin Plan.

Si no alteramos el curso del río, parte de la energía, muere en el océano. La ortodoxia consolida la estructura derivada de la dotación natural o histórica de factores.

Si intervenimos el curso del río para transformarlo en nueva riqueza colectiva hacemos heterodoxia: aprovechamos las oportunidades que brindan las fuerzas dominantes.

Muchas veces los ortodoxos, aquellos que lo son por su acción y no lo saben, recitan consignas para apropiarse del prestigio del pensamiento heterodoxo que deriva de ser un compromiso de transformación para acelerar el progreso colectivo.

La heterodoxia se basa en un pronóstico negativo respecto de la acumulación derivada del curso natural de la dotación de factores y de la demanda solvente.

El método ortodoxo sostiene que libradas las fuerzas del mercado, “en el largo plazo”, sin intervención del Estado, se generará “naturalmente” el progreso colectivo. Si bien en otra dimensión, aplica la frase de J.M. Keynes de que “en el largo plazo estaremos todos muertos”.

La heterodoxia sostiene un “ideal histórico concreto” que supone una alteración de la lógica de la dotación natural e histórica de factores: la mejora del sistema requiere señales “desde la política” para modificar la tendencia de la acumulación y su deriva de la distribución.

Los acciones ortodoxas son conformistas (no se puede) y conservadoras (no hay alternativa). También en esto la derecha y la izquierda (sin saberlo) convergen. La heterodoxia es inconformista y transformadora, al menos, hasta lograr una sociedad integralmente desarrollada.

En economía la referencia a estas dos visiones se conjuga en términos de acumulación (inversión) y en términos de distribución del ingreso (social, regional, sectorial).

La visión ortodoxa descansa en que la acumulación ha de ser dirigida por la demanda de consumo o de exportación. Y que de ese proceso habrá de surgir la mejor distribución. “El capitalismo es consumo”; un Estado sin plan. Ejemplo “la soja” es un ordenador que genera monocultivo.

La visión heterodoxa sostiene que la acumulación no debe ser librada a la dirección de la demanda de consumo o de exportación, sino por un proyecto de sociedad que garantice el mayor progreso colectivo. Y que ese proceso de acumulación debe ser aquél que procure la más progresiva distribución del ingreso social, regional, sectorial. No hay Estado sin Plan.

Aquí y ahora, la heterodoxia implica que la acumulación debe ser protagonizada por un proceso de industrialización; sólo el  puede generar progresividad en la distribución del ingreso social y regional.

¿Cuál ha sido el patrón de transformación desde 2003 a la fecha?¿Cuánto de heterodoxia? ¿Cómo medirlo en un período de sostenido incremento del empleo y muy elevada tasa de crecimiento? El grado de heterodoxia se mide por el grado de industrialización. Esos son los hechos.

Según el INDEC la participación de la industria manufacturera, a precios constantes, en el total del PBI de mercancías (sin servicios), entre 1993 y el año 2000, fue de 53.8 por ciento; y entre 2003 y 2011 fue de 52.7 por ciento. Respecto del PBI total en el período menemista (1993/2000) fue del 17 por ciento; y en el período K fue del 16 por ciento. El porcentaje de la industria en el PBI fue igual en 2011 que en 1993.

Después de esta década de crecimiento  nuestra economía no es “más industrial” que la heredada. La industria, en valor absoluto, creció notablemente; pero el peso relativo de la industria está estancado.

En estos 8 años, con un discurso pro industrial, la meritoria “reactivación relativa” y el extraordinario crecimiento absoluto, no se han materializado en “industrialización” medida por la participación sectorial en el PBI.

La saludable estrategia de impulso al consumo agotó la capacidad instalada y generó inversiones complementarias. Pero no se verificó inversión transformadora. El stock de Maquinaria y Equipo, en promedio, en el período 1993 a 1999, fue del 18, 3 por ciento del total del Stock de Capital del país. Bajó de 19, 1 (1993) por ciento a 17.7 por ciento (1999). El peso de los fierros productivos se redujo en términos relativos.  Entre 2003 y 2006 ese mismo promedio fue de 16,7 por ciento; y declinó de 18,4 (2003) a 14.2 por ciento (2006). La inversión se hizo intensiva en construcción y equipamiento automotor. De 2006 a 2011, sin información oficial, estimamos que hubo una recuperación. Sin embargo, en el período 1993/1999 la inversión en maquinaria y equipo representó en promedio el 27.3 de la Inversión Bruta Fija; y en el período 2003/2010 el promedio fue de 26.9 por ciento. La estructura del capital no cambio; es más ¿Cuál sería un listado de grandes proyectos industriales materializados?

La estrategia heterodoxa es transformar la estructura productiva con una industrialización que compense la tendencia a la especialización primarizante de la dotación de factores y de la demanda solvente. Se trata de aprovechar la oportunidad de la expansión asiática. ¿Lo hicimos?

Aún no. Sigue ausente una política de industrialización transformadora. ¿Es la consecuencia de la enorme gravitación que sobre el pensamiento ejerce la dotación de factores y la demanda solvente? Toda política exige tener ideas claras.

Cualquiera sea la causa, el problema central de la economía argentina es la ausencia de una estrategia sólida, planificada, de industrialización: sin ella ni la equidad, ni el desarrollo territorial, ni ninguna de las grandes causas nacionales podrá materializarse sustentablemente. La heterodoxa es una estrategia pendiente. Los males que hubiere no son de su responsabilidad.

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03 agosto 2012

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