Encuestas, Discurso, Reelección

2 de septiembre de 2012

Por Carlos Leyba

Las encuestas señalan un cambio abismal, en menos de un año, que surge – básicamente – de la percepción de la marcha de la economía. Desde la perspectiva oficialista lo racional, para el triunfo y para impedir la cosecha de la inquietud pública por parte de la oposición, es elegir otro campo de lid. Las encuestas muestran que la imagen de CFK se erosiona. Pero señalan que la imagen de la oposición es peor. La urgencia indica un discurso y una acción que disuelva la posibilidad de agrupamiento. Los problemas económicos seguirán postergados. Pero el bálsamo soja y la respiración Brasil fundarán otra vuelta de consumo para todos.

En la medida en que el oficialismo no encuentre resultados económicos que justifiquen, como hasta hace poco, hablar bien de su economía, el consecuente vacío discursivo será, seguramente, llenado con propuestas hacia el futuro. El discurso cumple, en la visión política contemporánea, una función alimentaria.

Las propuestas hacia el futuro en principio no parecen ser “programas”; es decir propuestas materiales propias de articulaciones de. Las propuestas más bien conforman “reformas” que atraviesan las normativas del poder.

La ausencia del buen andar económico genera el vacío discursivo que se llena con el espíritu de reforma política y baja a la sociedad y alimenta a las militancias fragmentadas de la época y además mantiene en alto la iniciativa oficial que instala las condiciones en las que puede transcurrir la propuesta.

¿Qué pasa en la sociedad?

Una encuesta nacional de Management & Fit (M&F) – que acertó las estimaciones electorales de los últimos años – nos informa que el 53.3 por ciento de las personas afirma que su situación económica estará peor en los próximos meses; y el 60.5 cree que el país estará peor. Es difícil para el gobierno hablar de economía.

Esas personas señalan que la inseguridad ( 84.1), la inflación ( 62,2), el desempleo (50,8) y la corrupción (37,9) son problemas que al gobierno le cuesta resolver.

Sabemos que “Inflación + desempleo”, es el escenario necesario – aunque no suficiente – para una declinación real de la imagen de cualquier gobierno. La inflación es hoy una realidad. Pero el desempleo, gracias a Dios, hoy es sólo una fuerte amenaza.

La fotografía de la Encuesta de M&F nos anoticia que 72 por ciento de los encuestados considera que la economía esta mal manejada; y (72, 4) que va por mal camino. Y (44,5) entiende que este estancamiento es responsabilidad del gobierno; y no de la crisis internacional (8) que es el argumento oficial.

En síntesis el 58,4 por ciento desaprueba la gestión de CFK; y por eso su imagen es regular o mala para el 64,3 por ciento. Las opiniones encuestadas señalan un cambio abismal, en menos de un año, que surge – básicamente – de la percepción de la marcha de la economía. En este campo las expectativas están dominadas por la dirección de los acontecimientos: si la economía se desaceleró, la expectativa es que se desacelerará. Y así. Cuando la gestión cambia tiene el crédito de que cambiará la dirección. Cuando la gestión continúa tiene el débito de la continuidad. Si la inflación creció, crecerá.

La agenda y las inquietudes

¿Es este estado de la opinión pública lo que dispara el concepto “reforma” como materia prima de la campaña permanente a la que están condenados todos los gobiernos en el planeta? Es que no hay terreno fértil para defender lo que hoy hay en la economía.

El gobierno no mide la inflación y por lo tanto no concibe porqué tramitarla.

Se le hace cuesta arriba, con el eje dominante de su programa, resolver la tendencia al estancamiento en la creación de empleo productivo. Pero el ministro Carlos Tomada la ha reconocido.

Oscila en reconocer o no reconocer la “inseguridad” como problema; pero esencialmente porque dentro de su pensamiento (¿el de CFK?) hay íntimas y oscilantes contradicciones para tratarlo.

No es imaginable el montaje de un escenario anti corrupción a la manera de Dilma Roussef. Nunca ocurrió en nuestro país.

Esas inquietudes de la sociedad, cualquiera sea la razón de las mismas, no están en la agenda gubernamental: el oficialismo considera que la preocupación social es sólo un error inducido.

En consecuencia hablar de “las reformas” es superador de la contradicción entre lo que la gente dice y lo que el oficialismo piensa.

¿Dónde instalar el discurso superador?

Toda superación, para ser tal, requiere de un triunfo que se pueda exhibir como confirmación de la exactitud del discurso y de la razón del gobierno. Veamos.

El Parlamento, territorio de mayorías propias y opositores light, es propicio para los triunfos. Hay una década de confirmaciones. Las leyes son fáciles de lograr. Y las leyes son reformas. Cada logro implica la derrota de los opositores restantes. Y se ha demostrado que no es una derrota no ocasional sino un nuevo escalón descendente en la altura de la oposición. Cada triunfo implica la mutilación preventiva de cualquier alianza opositora más o menos sólida.

El parlamentario es un escenario necesario porque, por ahora, para el oficialismo es difícil ganarle a la realidad económica. Y también a la opinión pública enojada con esa realidad. Lo racional, para el triunfo y para impedir la cosecha de la inquietud pública por parte de la oposición, es elegir otro campo de lid. Y requiere urgencia. ¿Por qué?

La encuesta muestra que la imagen de CFK se erosiona. Sí.

Pero, la misma encuesta, muestra que el 69,8 por ciento desaprueba la gestión de la oposición. No hay tal cosa como la oposición. Y los opositores lo saben. Es tal la debilidad que sólo miembros prominente del oficialismo, que se quiere insólitamente imaginar como potenciales “opositores”, Sergio Massa  y Daniel Scioli, arañan el 40 por ciento de buena imagen.

La economía real, no la encuestada

El empleo se estancó; pero la inflación corre. Difícil.

Peor: la inversión fue “para atrás”.

Y grave, la base de los añorados superávit gemelos, manifiesta signos de agotamiento que requieren de remedios que, como sabemos, son excepcionales pero no alimentan. Las exportaciones se han estancado y la recaudación, en relación al gasto, afloja.

El segundo semestre empieza con problemas. Nada indica que, desde adentro y desde la administración, exista el diagnóstico y el propósito de resolución.

Por eso el privilegio otorgado al discurso de la “reforma” que es un indicio del no diagnóstico y del no propósito en economía. Hablan de otra cosa.

La gran excepción es la tríada “petróleo – Vaca Muerta – Miguel Galuccio”.

La mejor noticia es que crecerá la producción de petróleo (por redireccionamiento de la acción y merced a una política más agresiva de precios y recursos).

Y desde el largo plazo también es bueno saber que se enfocará el comienzo de Vaca Muerta. Hay una promesa de recomposición de precios y la espera de fuentes de recursos aún no precisadas, para comenzar.

Y lo que es una novedad más que positiva, al frente de una política, se ha colocado a un conductor capaz y experimentado que deberá enfrentar, además de los problemas específicos, la telaraña del poder cruzado. De eso es difícil emerger o se teje o se cae.

Contribuir a resolver el problema energético es un aporte de la mayor envergadura. Pero la cuestión de los precios de la energía, la sábana es corta, si se mueven fuerte para arriba conmueve la estructura de precios relativos de los costos de producción de gran parte de las exportaciones.  Atención.

Independientemente de ello, para los próximos meses, no se vislumbran mejoras endógenas significativas en la economía. Tampoco mayor deterioro.

La excepción es la inflación que, sin fuerte caída en el empleo que no la habrá, no es una dosis de ácido muriático para la imagen del gobierno.

Cristina apostará – contra viento y marea – a los estímulos que sean necesarios para que la llegada al 2013 sea con una manifestación de consumidores en  acción. Lograrlo es posible.

El precio se pagará en las cuestiones estructurales que, hacia el largo plazo, marchan directo a estancarse en los cuellos de botella. La venganza del largo plazo es doble porque es tardía.

Pero 2013 vendrá con más dólares, más soja, más precio y también desperezamiento de Brasil. Se aliviará la caja en dólares. Que en la Argentina es como un bálsamo para todas las heridas.

Pero nada cambiará en materia externa: la sombra no se retirará de las importaciones ni del mercado cambiario. Y quedará firme la política explícita de cambios múltiples. Vocación pesificadora, atraso cambiario y pérdida de capacidad exportadora de las industrias con mas asalariados.

La lógica del discurso

Esta es la lógica de lo dicho: el discurso abandona la economía para recuperar opinión por la  vía de las reformas.

Ninguna de las actuales preocupaciones reveladas por M&F en el campo económico y social, serán prioridad para el gobierno.

La última parte del año, una meseta, hará de los primeros meses de 2013 el escenario de un retorno lento al crecimiento sin haber mutilado el consumo inmediato.

Surgirá un clima electoral “neutralizado por el consumo” en lo económico, con un calendario electoral adelantado, permitirá un mejor pronóstico en bancas portadoras de reelección.

Pero el clima “neutralizado por el consumo” no es suficiente: no genera, no captura, ni mantiene, “militancias” adicionales.

Lo que sí puede movilizar adhesiones y al mismo tiempo, achicar en número y mantener en letargo a la desvencijada oposición,  es la encerrona de la propuestas de “reformas” a la que muchos de los opositores no se puedan negar. Por ejemplo, si Scioli o Massa o cualquier otro barón territorial, ¿podría dejar de hacer campaña por la reelección de CFK?

La reforma política, en la que la reelección está envasada, es una nueva arma electoral, suma adhesiones y divide a los opositores, y pavimenta el camino a la reelección.

El nuevo discurso político divide las aguas e invade la playa opositora. Divide entre oposición y oficialismo de manera vigorosa. Genera militancia. Es el movilizador que la economía dejó de ofrecer. Pero, además, divide a la oposición.

Todas esas propuestas arrastrarán el voto del peronismo del FPV; y también a los sectores emparentados con los no peronistas del FPV que, por ahora, militan en la oposición. Radicales, socialistas y sus aliados ya han anunciado su voto a favor del voto, que creo necesariamente debe ser obligatorio por razones constitucionales, de los mayores de 16 años; y de los extranjeros.

Muchos de ellos creen en conveniencia de nuevas normas constitucionales o disminuir la capacidad económica de las organizaciones sindicales; la mayoría apuesta a la generación de nuevos derechos. Y la doctrina Zaffaroni concita la adhesión mayoritaria de los abogados de menos de 60 años muchos de ellos parlamentarios.

Se habla de un conjunto de normas que cambian el balance de poder en la sociedad; y los modos de ejercerlo. Conforman un cuerpo significativo que contiene, por lo escuchado, las reforma de los Códigos (Civil, Comercial, Penal) y del sistema penitenciario; del estatuto de los servicios de policía y de distintas áreas de las fuerzas armadas y  la Reforma de la Constitución; de la ley electoral y del régimen sindical y de las obras sociales; del uso del suelo y de las normas de expropiación; de la efectiva prestación del servicio educativo, sus materias y sus textos; y de los regímenes por los cuales se han concesionado los servicios públicos, etc.

Lo citado constituiría una enorme transformación con consecuencias que, como todo lo institucional, no son inmediatas sino lentas y silenciosas, pero duraderas.

El oficialismo apela a estas reformas, seguramente por convicción de muchos de sus miembros, pero también por necesidad de llenar el vacío que produce la economía insatisfactoria de los últimos meses.

La mayor parte del parlamento es oficialista gracias a los votos populares. Pero suma votos populares, que no tuvo, a través de legisladores por adscripción. Dos son emblemáticos: Felipe Solá – militante de todas las banderas, presto a cumplir 30 años de cargo público – elegido por ser adversario de Néstor Kirchner y de Daniel Scioli; y Samuel Cabanchick –filósofo – ungido por Elisa Carrió para castigar las cosas que inquietan a la sociedad asignadas al oficialismo y hoy es legislador cien por cien K.

El oficialismo, hoy y aquí, tiene enorme probabilidad de contar con los votos – cualquiera sea la exigencia de mayoría, especial o no – necesarios para esas reformas. Todas empujan a la reelección indefinida. Ese es el gran objetivo.

Cuando la economía está en alza, el discurso de lo bien que va, es la mejor manera de hacer campaña.

Y cuando la economía se detiene, el discurso de las reformas, es el modo acertadamente elegido para hacer campaña.

La oposición, o quienes fungen como tales, no encuentra manera de “oponer” discurso cuando la economía crece. Y tampoco cuando ella se detiene.

Y ahora ¿quién, oponiéndose en lo íntimo, se anima a sostener que los mayores de 16  años no tengan derecho de votar?¿o quién se anima a sostener que tampoco lo tengan los extranjeros?¿quién se anima a sostener que las reformas de los códigos podrían esperar?¿O que la cuestión del régimen penitenciario debería estar precedida de otras discusiones?

Cualquiera sea nuestra opinión sabemos que esas cuestiones deberían madurar en un debate realmente democrático en el que deben estar ausentes las descalificaciones para que sea realmente libre. No hay voces que argumenten. Todo avanza por obra y gracia de la voluntad militante. ¿Responde a las exigencias y prioridades del bien común?

Los frutos del discurso

Cuando la economía mejore, seguramente pronto – aunque por un tiempo si no se modifica el diagnóstico de los problemas –  con las reformas propuestas y sancionadas, habremos puesto en marcha la reelección indefinida.

Como decía Salvador Dalí (que eligió la monarquía) el problema de la democracia es la sucesión; y con este mecanismo lo habremos resuelto. Todo tiene un lado bueno: depende del color del cristal con que se mira.

Pero, más allá del éxito y el mérito, los problemas económicos y sociales de raíz estructural siguen en pie y sin diagnóstico y remedio no se curan. Pero sin alimento volverán a repetirse.

Esa es la cuestión y es feo que nos distraigamos de esa prioridad.

Pero todo puede ser peor. ¿Cómo entender una oposición que puede llegar a tener como figura al imitador de un cantante, envuelto en una capa de frivolidad  permanente, que se ha lanzado – por oportunismo electoral – a militar con “el espiritualismo light” seguramente a costa del erario público? Paciencia.

compartir nota
02 septiembre 2012

Encuestas, Discurso, Reelección

Los comentarios están cerrados.