INFLACIÓN Y ECONOMÍA REAL

27 de septiembre de 2012

Publicada en El Economista

Por Carlos Leyba

“Si la inflación fuera realmente del 25 por ciento el país estallaría por los aires”. La afirmación es de Cristina Fernández y la expresó en su presentación en la Universidad Georgetown. La idea implícita es que, dado que el país no estalló por los aires, la inflación no es del 25 por ciento. Pero también puede leerse que, si la inflación realmente fuera del 25 por ciento, la economía volaría en partículas por el espacio.

Nos preguntamos acerca de qué hay de verdad en esta afirmación destinada a destruir una pregunta con un argumento, de difícil estructura lógica aunque convincente, como respuesta rápida, vivaz, llena de astucia, y  propia del mundo binario que domina la comunicación vertiginosa de nuestros días.

Primero: es indudable que el país está muy lejos de haber estallado por los aires o de estar a punto de hacerlo. Esa sería una descripción brutal de la realidad que, a pesar de tener aristas críticas por delante, está muy lejos de “estar en el aire”.

De estarlo estaría sometida a la ley de gravedad que la haría precipitarse al piso, más tarde o más temprano, por falta de sostén. Recordemos que una economía está en el piso (no bajo tierra) cuando no crece o no se mueve; y que en economía eso es  el crecimiento cero del PBI.

Recordemos que la economía levanta vuelo sea por tener motores internos fuertes, o por motores de arrastre externos capaces de levantarla, o por vientos de cola que la empujan hacia arriba, o una combinación de todas esas cosas. Y que levantado que sea  el vuelo de cero para arriba, todo depende de la energía de los motores o de los vientos, y de la estructura de la nave (de la economía y de la sociedad) y de la habilidad del piloto.

Segundo: la expresión presidencial, esperemos no premonitoria, en el caso de ser verdadera nos advertiría que, si de alguna manera se demostrase que la inflación se aproxima al 25 por ciento, entonces se cumpliría aquella expresión de Karl Marx acerca de que “todo lo sólido se desvanece en el aire”. O lo que lo mismo  que, siendo sólida esta economía y estando a pie firme sobre la tierra, con una tasa de inflación de esa envergadura o se detendrían los motores internos, o se frenarían los externos, o se disiparían los vientos de cola, o se descuajeringaría la estructura, o se marearía el piloto. Todas o algunas sumadas serían condiciones necesarias para desaparecer en el vacío.  Claro, no suficientes.

Felizmente nada de lo preocupante es enteramente cierto. Me explico: una inflación del 25 por ciento no produce una hecatombe. Lo que no quiere decir que en sí sea buena. En rigor es una enfermedad. No necesariamente mortal: “estallaría en el aire”. Por otra parte el hecho de que la economía no esté en esa condición no demuestra que la inflación no sea del 25 por ciento.

Un ejemplo. En la década 1964/1974, que produjo un resultado social hoy envidiable bajo cualquier medición y contexto, se soportó -sin deuda externa y sin soja-, una tasa de inflación del 29 por ciento promedio anual.

Con esa inflación, al término del período, las cuestiones sociales estaban bien lejos de las condiciones “pre revolucionarias” a pesar que, la lucha armada existía porque los guerrilleros suponían que esa era la situación y el pueblo saldría a la calle detrás de los revolucionarios.

La realidad fue que 1974 terminó con  pleno empleo, la desocupación por debajo del 4 por ciento;  5 por ciento de personas debajo de la línea de pobreza y un Coeficiente de Gini de 0,32. Un modelo social – no de oportunidades sino de resultados – como imaginamos hoy a Dinamarca antes de la crisis europea. La economía en el período – con 29 por ciento de promedio de inflación –  creció 72 por ciento; y la inversión bruta fija 88 por ciento.

Inflación, conflictividad social, agitación y lucha armada, sin viento de cola y con la crisis del petróleo adentro; y, con todo eso, el PBI industrial por habitante de 1974 es apenas un 12 por ciento menor al de 2011. No es para comparar. Sino para señalar que una economía no estalla por el aire por tener una inflación del 25 por ciento: tal vez la condición necesaria es que el motor de la inversión marche de manera acelerada.

En realidad el argumento  “25 por ciento de inflación igual a economía estallando por los aires” es el canon monetarista y neoliberal con el que se procedió a desmontar el Estado de Bienestar. A fuerza de ajuste para detener la inflación se liquidó la etapa de los 30 gloriosos de Occidente. Con el argumento de “la inflación mata” se instaló la economía de la desigualdad y de la deuda para financiar, supuestamente, la nueva revolución tecnológica. Ello terminó con el paradigma de producción y distribución que está en la esencia de cualquier programa de desarrollo, autonomía nacional y equidad social. No sólo en la Argentina.

Los resultados de ese paradigma neo liberal a largo plazo – amparado en la lucha contra la inflación – están a la vista en casi todo Occidente. Sólo hay que mirar la realidad. Hoy la “reindustrialización” es un programa de muchos economistas en Europa  y en Estados Unidos. No estamos solos. Y por cierto es un programa para muchos argentinos.  Por ejemplo Los 21 puntos de la CGT ,propuestos al país el día miércoles 26 de septiembre en La Falda, son un eslabón en esa cadena de ideas que el país necesita y que, seguramente más allá de la coyuntura política, comparten oficialistas y opositores.

Lo que sí nos debe preocupar es que el mismo INDEC, que informa que la inflación en la Argentina es mínima o menos de la mitad del 25 al que aludió CFK, nos dio a conocer que, en  el segundo trimestre de 2012,  la economía creció cero respecto del mismo período de 2011. Es decir que está en el piso. Y lo que es peor es que el sector productor de bienes cayó 5,9 por ciento; y que la Inversión Bruta Fija fue menor en 15 por ciento a la del año anterior. Estos hechos estadísticos, informados por el INDEC, a pesar de ser tan malos, no prueban que la inflación es el 25 por ciento. Prueban que estamos lejos de estar muy bien. Y no podemos argumentar por lo expuesto es que es por la inflación.

Es que para saber cuál es la inflación  tenemos que medirla directamente y no por asociación con otra variable. Y debe hacerlo el INDEC porque es el único que puede hacerlo técnicamente bien. Lo que pasa es que para que  tenga credibilidad hay que ponerlo debajo de un Consejo de Supervisión confiable y lo mejor es que esté integrado por el movimiento obrero, el empresariado, las universidades y el parlamento. Y que los directores del organismo sean designados por Concurso con un jurado internacional e inamovible por cuatro años.

De lo contrario, con paritarias al 25 por ciento, la información oficial de precios navega en un territorio ignoto; y hace que midamos la temperatura por la escala Mercalli que mide la intensidad de los terremotos, los que pueden ocurrir con calor o frío.

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29 septiembre 2012

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