EL PROGRAMA DE LA CGT Y SU DESAFÍO

17 de noviembre de 2012

Por Carlos Leyba

Un programa de los trabajadores para … avanzar en coincidencias … que permitan construir un Gran Frente Nacional”. La CGT, en La Falda, Córdoba, retomó la tradición programática del sindicalismo argentino proponiendo lineamientos “para una Argentina con Justicia Social”. Programa, coincidencias y Frente Nacional, sintetizan lo trascendente, método y contenido, de esta decisión del movimiento obrero.

La CGT recupera su tradición programática que comenzó, con el Congreso de la Productividad de 1953, durante el segundo mandato del General Juan Perón. Desde el golpe militar muchos documentos de la CGT reclamaron por la recuperación de las banderas del movimiento nacional. Pero fue la CGT de José Ignacio Rucci, enfrentando a la dictadura militar y en el camino a la recuperación del proceso democrático, la que concretó en 1972 un programa común con el empresariado nacional y los partidos populares. Se trataba de revertir la tendencia al estancamiento que, por una política regresiva en materia de distribución,  estaba prohijando la dictadura a pesar del incremento de la productividad producido en la década anterior. La productividad no distribuida, acompañada de una inflación del 80 por ciento anual, generaba el fenómeno de la estanflación. Para salir de ese proceso era necesario redistribuir la productividad y para lograrlo había que contener las presiones inflacionarias.

La CGT, la inmensa mayoría de los partidos políticos y una sucesión de acuerdos que lograron la participación de la  mayoría de las organizaciones empresarias, hicieron posible esas Coincidencias Programáticas. El triunfo de Cámpora-Solano Lima puso en marcha el método de la concertación para un “Programa de Reconstrucción y Liberación Nacional”.  Ese programa fue ratificado a los cinco meses de puesto en marcha por más del 90 por ciento de los sufragios que consagraron la presidencia de Juan Perón. Dos días después, según lo ha establecido el juez, la organización Montoneros asesinó a José Rucci. La razón para eliminarlo era su condición de líder que comprometió al movimiento obrero en ese programa.

¿Por qué remontarse al pasado para interpretar o comprender el  gesto y el programa de esta CGT? Es que la democracia, recuperada en 1983, no tuvo la capacidad de concertar un programa económico y social de largo plazo. No pudimos sintetizar, en un proyecto nacional, las aspiraciones del conjunto de una sociedad que sufrió desde 1975 un proceso de exclusión social, de desindustrialización, de desintegración territorial y de dependencia.

Este documento de la CGT reivindica nuevamente “un programa de los trabajadores para debatir con todos los sectores, … a través del diálogo … (para) avanzar en las coincidencias”. Es decir propone que, a la mayoría democrática cuyo peso en la decisión es indiscutible, se le sume – mediante el diálogo en busca de las coincidencias – las perspectivas y los compromisos que solo pueden brindar lecturas mas amplias.

La concertación y su espíritu, brindan a la democracia lo que la mayoría por sí sola no procura. Y esto es esencial para incorporar, en el proceso democrático, el valor del largo plazo.

La administración democrática del poder mayoritario, tensionado por la pulsión del proceso electoral, lleva a privilegiar el corto plazo de las realizaciones mensurables. La concertación social conforma el puente que extiende el horizonte de las realizaciones e incorpora estructuralmente el largo plazo a la discusión.  Esta propuesta del movimiento obrero tiene ese valor. Las llamadas “políticas de estado” son, en definitiva, acuerdos desde el poder para alianzas sectoriales. La concertación social es la negociación y el consenso desde la base popular para definir trayectorias globales. Esa es la diferencia y este es el valor de poner estos 21 puntos programáticos de la CGT puestos sobre la mesa del diálogo.

Con toda lógica el documento comienza con planteos de política internacional, el énfasis en la construcción del MERCOSUR y UNASUR marcando la prioridad de estrategias comunes en materia energética y de transporte. En política energética se destaca la necesidad de transformar la matriz de modo de hacerle menos dependiente y por lo tanto más orientada a las fuentes renovables. De la misma manera, en materia de transporte, se propone un Plan Maestro con visión sistémica, destacando la recuperación de la industria ferroviaria, aeronáutica y marítima. Esas industrias fueron abandonas al igual que la del equipamiento para la defensa nacional. Recuperar estas y generar las de las nuevas energías, son parte de la imprescindible recuperación del aún pendiente desarrollo industrial de largo plazo. El programa destaca la necesidad de transformar el patrón de comercio exterior, hoy primarizado, que deja un saldo negativo del comercio industrial del orden de los 30 mil millones de dólares. Para lograr esos objetivos productivos se menciona la necesidad de estructurar el sistema financiero como servicio público al servicio del desarrollo de las fuerzas productivas.

La movilización del potencial tiene la dirección de “la grandeza de la Patria y de la felicidad del pueblo” y por eso los ejes sociales comienzan con el combate a la pobreza y la indigencia; la política de vivienda; la distribución de la riqueza y la reforma tributaria para lograrla. La protección del medio ambiente, como contribución a la justicia social intergeneracional; y el equilibrio del desarrollo territorial son dimensiones de la acción pública que pertenecen al eje de los resultados sociales; y allí adquiere todo su peso el debate por una coparticipación federal de impuestos destinada al justicia territorial. La política salarial, la lucha contra la precarización laboral en todas sus formas, forman parte de la protección de los derechos de los trabajadores como lo es el régimen de la seguridad social y la salud pública. En este mismo plano cabe el reclamo de seguridad ciudadana y de la garantía de un sistema de justicia confiable. Finalmente el programa acentúa la necesidad del desarrollo integral del sistema educativo, la afirmación del valor del acervo cultural, la condena al “pensamiento único” y la defensa de la libertad de expresión.

Los temas centrales para la elaboración de una Agenda nacional para la concertación están detalladas en los 21 puntos. Y en cada uno de ellos hay una propuesta desde la perspectiva del movimiento obrero.

La CGT deberá iniciar una marcha de sensibilización entre los sectores sociales, las organizaciones políticas, las universidades, etc., para que maduren los temas, se precisen los objetivos, se definan las estrategias y las medidas concretas para concertar un programa de compromiso nacional.

La Argentina de hoy tiene enormes potenciales disponibles, un marco de increíbles oportunidades; y una inmensidad de demandas acumuladas, deudas sociales, territoriales y de desarrollo pendientes. No hay manera de resolverlas sin una estrategia de largo plazo. Y esa estrategia es imposible sin la credibilidad que solo se construye sobre la base de una concertación programática mínima.

Los 21 puntos son un punto de partida para una larga marcha. El costo del tiempo empleado en la construcción del método y el contenido, exige organización. El núcleo duro capaz de organizar, en la Argentina de hoy, por sus cuadros dirigentes y sus instituciones, no puede ser otro que el movimiento obrero.

La buena noticia es que el primer paso ha sido dado. El desafío es que es un largo camino en el que, por ahora, nada garantiza tiempo favorable.

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17 noviembre 2012

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