TIEMPOS COMPULSIVOS

1 de diciembre de 2012

Por Carlos Leyba

Sí. Plagio a Canal 13. Una historia de un grupo que asiste a terapia, llevando su pasado a escena y trabando nuevas relaciones. Nos relatan el pasado como origen de sus problemas. Lo que ocurre “en tiempo real” son los problemas de relación. No se siente la voluntad de proyecto. Vida plana en dos dimensiones. El pasado, que aloja las causas; y el presente donde las relaciones aturden. Lo compulsivo de los tiempos, ¿es la ausencia de proyecto? ¿O la negación de la discusión del futuro que es la tercera dimensión?  Sin proyecto, los conflictos presentes se agudizan y las cuentas del pasado, imposibles de saldar en tiempo real, se convierten en una carga agotadora. La dimensión de una vida se mide por la vocación de futuro.

Martín Heidegger dijo “El futuro es el origen de la historia… El presente siempre es posterior al futuro, y surge de la lucha del futuro con el pasado.” Está reflexión nos excede. Aunque pueda inspirarnos. Instalada, aquí y ahora, nos habla de este presente compulsivo que agudiza las contradicciones del presente. ¿Es la consecuencia de la despareja lucha entre un pasado que pesa mucho y un futuro que, entre otras cosas, por falta de optimismo de la voluntad, es demasiado flaco y pesa poco?

Sobre el peso del pasado un tema lateral que ocurrió esta semana. La Cámara de Diputados aprobó un proyecto que indemniza a las familias de los soldados y oficiales que perdieron la vida en 1975 en un asalto de la guerrilla montonera a un cuartel militar. En 1975 vivíamos en un régimen constitucional con mayoría parlamentaria peronista en todos las provincias y en la Nación (los montoneros se atribuían esa pertenencia); la Corte Suprema designada por el gobierno constitucional que habían presidido Héctor Cámpora y Juan Perón; y un ejecutivo presidido por la esposa del líder del peronismo elegido por más del 60 por ciento de una concurrencia electoral única por su número. Entre otras cosas, en ese  marco ocurrió. La nueva ley pretende reparar la diferencia de trato respecto de los familiares de los guerrilleros indemnizados. Se formó una mayoría multipartidaria que incluyó a militantes de aquellos años violentos como Carlos Kunkel. Pero tuvo la oposición de una gran parte de los legisladores oficialistas. No hubo debate y se suprimieron los fundamentos. ¿Fue una escena más de nuestros tiempos compulsivos? Un ejemplo del peso del pasado.

El presente. Reunión anual de la Unión Industrial Argentina. Dos temas: integración MERCOSUR y riesgo de primarización.  Nuestras economías son primarias si ser primario pasa por la estructura de las exportaciones. Las exportaciones primarias incluidas las manufacturas basadas en recursos naturales de primera elaboración, son 68 y 66 por ciento en Brasil y Argentina, respectivamente. En manufacturas de alta tecnología (sistema científico tecnológico inundando al sistema productivo) el porcentaje de Brasil alcanza al 5,4 por ciento y el nuestro orilla la mitad.  ¿Cómo comparar? Corea –sin recursos naturales abundantes – producto de la voluntad colectiva y país en el que el futuro pesa más que el pasado, las manufacturas de alta tecnología representan un tercio del total de las exportaciones. Estados Unidos, dotado de una naturaleza extraordinaria, exporta productos primarios y de primera elaboración que suman un quinto del total y la misma participación tienen las manufacturas de alta tecnología.

Nuestro presente es primario.  ¿Una estructura exportadora como la coreana podrá ser nuestro futuro? No. No podemos renunciar a explotar nuestras ventajas. Pero tampoco podemos renunciar a incrementar su valor agregado. Es decir, recordando a Heidegger “El presente siempre es posterior al futuro, y surge de la lucha del futuro con el pasado.” Para tener un presente diferente hay que hacer que el futuro, deseado, planificado, invertido, luche con el pasado.

¿Cómo definimos el futuro? Cristina Kirchner definió a la integración como necesidad.¿Necesidad para qué? ¿Para dejar de ser primarios y ser importantes en comercio de exportación de alta tecnología?

La experiencia de la Unión Europea, en los últimos diez años, no ha sido afortunada: por ejemplo, Francia – en diez años – perdió 10 por ciento de la fuerza de trabajo ocupada en la industria. Y eso no le pasó a Alemania.

La segunda cuestión es la participación del capital brasilero en nuestro país. La vitalidad empresarial brasilera se refleja en la presencia creciente de sus empresarios: cemento, energía, frigoríficos, calzado, etc.  Esa presencia cuenta con el acompañamiento del sistema financiero brasilero y la estrategia política de la integración de su gobierno. Y también con el despegue del sistema financiero argentino respecto de la suerte de la industria nacional y con la debilidad de la estrategia argentina en el proceso de integración.  ¿Nada para replantearnos en esta materia?

Los argentinos, con razón, miran con admiración al vecino grande, séptima economía mundial (PBI ppa); 75 en el per capita mundial; 84 en Índice de Desarrollo Humano; Coeficiente de Gini de 54 –peor del MERCOSUR -.

Nosotros, pequeños, estamos mucho mejor clasificados que Brasil en los indicadores que hacen a la “felicidad del pueblo”.

Una condición necesaria de nuestro proceso de integración es no importar esos estilos de inequidad y concentración. “San Pablo es como un archipiélago con varias islas. Hay algunas de gran prosperidad y seguridad, otras de extrema pobreza e inseguridad. El gran riesgo que se corre es cuando se atraviesa de una isla a otra; la muerte puede cruzarse en el camino”, Domingos Refinetti, Las Nación,1/12/2012. Ciudad de contrastes. También lo son las nuestras. Nuestra riqueza y esplendor no es la de San Pablo. Tampoco nuestra miseria. Contrastes espantosos.

Dijo Cristina en esa reunión “una gran locomotora, como es Brasil por escala, por volumen, porque además tuvo la suerte de que a pesar de tener determinados gobiernos, nunca se desprendieron de las cosas que no se debían desprender y siguieron adelante con un proceso de industrialización”

Muy bien. Brasil no hizo lo que hicimos mal. Es verdad. Pero nosotros tampoco hicimos ni hacemos lo que hizo y hace bien Brasil. Por ejemplo, dijo la presidente que en “la década de los 90 donde se celebraron creo que algo así como 59 tratados bilaterales de inversión que es la renuncia a los tribunales locales para ir ante el CIADI” . Brasil no renunció a su soberanía para atraer capitales extranjeros. Néstor Kirchner a quien con Gustavo Caraballo le plantemos la necesidad de imitar a Brasil en ese tema, cuando era candidato presidencial en 2003, no lo hizo y tampoco Cristina. ¿Lo hará?

¿Imitará la política de promoción productiva? Emular lo bueno. Traer el futuro.

Los argentinos estamos divididos. Estan los que ven el medio vaso lleno y los que observan el medio vaso vacío. Los dos dicen la verdad. Pero no miran lo mismo. Ni generan las mismas consecuencias.

Los pesimistas de la realidad, los del medio vaso vacío, abren la posibilidad del optimismo de la voluntad: hay que cambiar.

Los que lo ven lleno, abren la posibilidad del pesimismo de la voluntad: estamos haciendo lo mejor ¿para qué cambiar?.

Unos abren el futuro. Otros lo cierran.

Unos anhelan el proyecto. Otros comparan el pasado. Las  relaciones entre ambos generan tiempos compulsivos.  Vemos todo diferente. ¿Cómo introducir la lógica creativa del futuro?

Un ejemplo. La industria ha crecido mucho en esta década. Desde el primer trimestre de 2002 hasta el de este año, el PBI industrial creció 130  por ciento. Al 9,5 por ciento anual. Tasas Chinas. Medio vaso lleno.

Otros números de contexto también sorprenden. Pero en sentido contrario. La capacidad de producción, en el período, creció menos de la mitad (57 por ciento) de lo que lo hizo la producción. Medio vaso vacío.

También es cierto que recién en 2012 hemos duplicado el PBI industrial de 1970. Y que el capital instalado, por persona ocupada, es menor al de aquellos años. La diferencia entre el crecimiento de la producción y el de la capacidad de producir, expone el peso que, en el proceso, tuvo la reactivación de lo instalado. Esta década está divida por las mitades de “recuperación” y de “crecimiento” por nuevas capacidades. Y esto no sugiere modernización ni productividad del sistema; y refleja la performance negativa del comercio internacional sectorial.

En 2012 el PBI industrial superó en  45 por ciento al de 1998. ¿Qué lugar ocupa este período de 15 años en la historia de la industria nacional? Entre 1886 y 1900 la industria naciente se multiplicó por 3. Los siguientes 15, la industria, se duplicó holgadamente. Entre 1914 y 1928 se volvió a duplicar. Pero desde 1928 hasta 1942, en la Gran Crisis, creció sólo 50 por ciento. Desde entonces hasta 1956 volvió a duplicarse. Y otra vez lo hizo hasta 1970.

En esos “primeros noventa años de la serie” el PBI industrial se multiplicó 90 veces.

Una segunda etapa es la que se inicia en la mitad de la década de los setenta. Entre 1970 y 1984 la industria creció 10 por ciento; los siguientes 15, hasta 1998, creció 25 por ciento. Y desde 1998 hasta hoy la expansión industrial fue de 45 por ciento.

En esta segunda etapa, 45 años, la industria apenas se multiplicara por 2. ¿Somos conscientes?

En cualquier comparación (histórica o internacional) nuestra performance industrial, a partir de la mitad de los setenta, ha sido desastrosa.  En 1975 se instaló un paradigma militante “antiindustralista” y su herencia se arrastra hasta nuestros días y perfora el cerebro de muchos “progresistas”. Desde 1975 hasta 1995 el crecimiento del PBI industrial fue cero. Desde 1995 hasta hoy el PBI industrial creció 71 por ciento. Mucho crecimiento desde 1995: aunque significa que crecimos sólo 71 por ciento en 38 años y a una tasa de 1,4 por ciento anual. Si decimos: “en la década 2002/2012 más que duplicamos la producción industrial”; lo que estamos diciendo es que “recién hemos duplicado el PBI industrial de 1970”. Tardamos 43 años en duplicar nuestra industria.

En la década 2002/2012 hubo expansión de la actividad. Es verdad. Medio vaso lleno. Pero la expansión de la producción duplicó el ritmo de ampliación de la capacidad. La inversión no ha seguido ni de lejos al ritmo de la producción y las importaciones de bienes intermedios se multiplicaron varias veces. Una estructura desintegrada. Sin ampliación y diversificación contundente de capacidad instalada, no puede producirse una sustantiva sustitución de importaciones. Y menos aún una profunda sustitución de exportaciones que es lo que realmente importa. Nuestra industria, en 1998, tenía un déficit de comercio exterior de 22 mil millones de dólares. Se financió con deuda externa. En 2011 orilló los 30 mil millones. Se financió con agricultura y minería.

El modo de financiar el déficit, endeudamiento o primarización, marca la diferencia de las últimas décadas. El endeudamiento de la convertibilidad llevó al colapso de la capacidad de pago. El modelo basado en la explotación eficaz (la eficiencia se verá en el tiempo) de los recursos naturales paga el déficit comercial industrial.

Es mejor pagar con bienes (producción) que con deuda (financiarización).Pero lo que no cambió es el déficit de comercio industrial. La causa común es la ausencia de un proceso inversor de las magnitudes y calidades requeridas. Medio vaso vacío.

O invertimos en industria (en todos los eslabones de la cadena, o en los claves, o en la mayoría) o inevitablemente, profundizaremos nuestra dependencia primaria. Mientras profundizamos la primarización podemos celebrar nuestra exitosa capacidad de pago. Pero la transformación, que la hay, será en la dirección equivocada.

Si no introducimos el futuro, la dimensión del proyecto de un ideal histórico concreto, la compulsión del pasado y la de las relaciones angustiadas por la ausencia de futuro, es decir, las miradas diferentes del vaso del presente o las comparaciones frívolas; harán imposible imaginar y soñar juntos la Nación.

Es que la única terapia contra la depresión colectiva, que es hija del pasado y de la disputa acerca del contenido del vaso del presente, es pensar juntos en términos del futuro. “El presente siempre es posterior al futuro, y surge de la lucha del futuro con el pasado.” Para vencer el pasado que nos atormenta, es imprescindible, urgente, traer el futuro que, seguro, está preñado de oportunidades. No es sano prorrogar tiempos compulsivos.

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01 diciembre 2012

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