La cuestión de la Integración

6 de diciembre de 2012

Carlos Leyba

”Argentina y Brasil, integración y desarrollo o el riesgo de la precarización” fue el tema de la Conferencia de la UIA. Apuntó a problemas cruciales desde la perspectiva nacional. Primero la relación, material e institucional, con Brasil. Segundo la cuestión del modo de integración del MERCOSUR. Tercero el impacto que, sobre el desarrollo y el estilo de desarrollo, genera esta integración. Cuarto el dilema de la primarización.

La Conferencia, no pretendía agotar esos temas, pero poco aportó respecto de esos temas y menos sugirió cómo sigue. Cuando los temas fueron más o menos comprometidos se focalizaron en cuestiones demasiado próximas, inmediatas, administrativas.

Es que acerca de estos temas, al menos aquí, no existe un grado de conciencia colectiva, amplio y profundo, como para pensar que estamos motivados, preparados y decididos a la reflexión y a la aplicación de las conclusiones que –, sobre  desarrollo, primarización e integración –   han de definir nuestro futuro. A propósito ¿Recuerda Usted algún debate parlamentario sobre la estrategia de desarrollo,  el peso de la primarización o  el estado de la integración y su peso sobre nuestro futuro? ¿O un debate a fondo en las comisiones del  Congreso con empresarios, trabajadores, técnicos de los sectores y las regiones más afectados? ¿Conoce Usted algún trabajo solicitado por el Parlamento a las Universidades u organismos de investigación, acerca de las consecuencias y las potencialidades del país en estos temas? El inventario de esos trabajos ( casi inexistentes) nos da la medida del grado de conciencia colectiva, la riqueza del pensamiento, la profundidad de la reflexión y la madurez de las decisiones que, por comisión u omisión, sin embargo se toman todos los días.

Ninguna discusión en el MERCOSUR y en relación a Brasil, puede realizarse con solvencia si no es a partir de una previa definición, discutida y consensuada, de una estrategia de desarrollo nacional y  – como consecuencia de ello – de la posición frente a la Organización Mundial de Comercio que representa el reparto del trabajo a escala mundial. Ningún acuerdo o integración puede prescindir de una definición previa respecto de la OMC que representa la viabilidad o no de un perfil productivo. No se puede hablar de primarización o no, sin tener clara la posición respecto de la Agenda de la OMC.

La carencia de un proyecto estratégico es uno de los problemas más serio entre las carencias de bienes públicos. El proyecto estratégico es un bien público. Si no se asume como tal, el espacio del futuro será ocupado en parcelas fragmentadas según sean los mecanismos de presión interna o las presiones de la dependencia externa.

Los vacíos se ocupan y pueden dar lugar al “ crecimiento absurdo” que – por definición – es efímero.  Hemos atravesado etapas de “crecimiento absurdo”: por ejemplo el de la deuda externa, el boom de las actividades protegidas naturalmente por no estar expuestas a la competencia o el desarrollo inmobiliario. Nada de ello deja algo en términos de productividad que es lo que cuenta.

Hay trabajos de distintas agencias públicas que apuntan a un “proyecto estratégico”.  Es el caso del  programa de planeamiento territorial del Ministerio de Planificación; del elaborado, en forma participativa, por el Ministerio de Agricultura; del documento del Ministerio de Industria. Pero, justamente, la existencia de “programas sectoriales” marca la inexistencia de un marco global de coordinación y de la ausencia de propuestas normativas propias de un sistema global de prioridades. Los resultados concretos: déficit energético, déficit comercial externo industrial,  fuga de recursos – que debería haber retenido el sistema financiero -; y la situación del sistema de transporte, por ejemplo, hablan de la irrelevancia sistémica de esos programas y de las consecuencias de la  ausencia de una estrategia globlal.

En la Conferencia de la UIA la presentación del Presidente de la Fiat Brasil, dejó claro que sin Planificación, la inversión se disipa; y que la Planificación sin inversión, es un gesto en el mar; puso en claro que para generar relaciones sólidas Brasil – Argentina, o para diseñar una estrategia de integración, se requieren en cada país: un Plan y un sistema de inversiones – ponga aquí lo que desee –; y además una coordinación y ensamble de esos planes nacionales y de esas inversiones a lo que llamaremos “el proceso público de integración”. Quizá Brasil lo tenga. Pero con una sola mano no hay apretón posible.

Dejar de lado esos pasos es someter la integración – en ausencia de proyectos nacionales coordinados – a la decisión del mercado. O a la estrategia de las multinacionales o de las potencias demandantes, lo que solo puede producir  de carambola el estilo de desarrollo al que aspiramos. Lo más probable, dadas las cosas como están, sería la demanda contagiosa de la enfermedad holandesa de “crecimiento absurdo”

Hemos crecido. Pero ¿todas las maneras de crecer son iguales o tienen las mismas consecuencias?  Si los países son lo que exportan vale la pena, preocupados por la primarización, revisar nuestras exportaciones.

El 65 por ciento de las exportaciones argentinas son productos primarios o manufacturas basadas en recursos naturales; la suerte de Brasil es peor, para ambos rubros, suma 67 por ciento.  Al socialismo bolivariano del SXXI le va peor aún: el 97 por ciento de sus exportaciones pasan por ahí. Bolivia 94; Paraguay 91; Chile 90 y Uruguay 77 por ciento.  El MERCOSUR es primario y el riesgo de crecer por el viento de cola es la profundización de ese estilo con consecuencias sociales espantosas.

En el extremo contrario  tenemos a las exportaciones de manufacturas de alta tecnología, en la punta marcha Brasil 5,4 por ciento; detrás nosotros 2, 6 y Uruguay 2,5 por ciento de las exportaciones. Bolivia 0,1; Venezuela 0,2; Paraguay 1,1 y Chile 0,7.

Mucha naturaleza y poca tecnología: ese es el perfil de la región.

¿Con qué lo comparamos? Estados Unidos, con un enorme potencial de recursos naturales,  exporta el 28 por ciento de productos primarios y manufacturas basadas en recursos naturales; y 20 por ciento de manufacturas de alta tecnología. Corea, un modelo de desarrollo que nunca debemos dejar de repensar, con 15 por ciento de los rubros “primarios” ha logrado que el 31 por ciento de sus exportaciones sean de alta tecnología. Ser “primarios” tiene sus consecuencias. La Argentina ocupa el puesto 51 en PBI por habitante medido a la paridad del poder adquisitivo; su posición mejora si medimos el Índice de Desarrollo Humano, estamos en el lugar 45 como consecuencia de los avances  sociales acumulados como la educación legado del SXIX. La pobreza difícilmente baje de un quinto de la población con una distribución del ingreso que se mide por un Coeficiente de Gina de 0,45. Y con esos números somos “los mejores de la región”. Pero en pobreza estamos más castigados que Chile; y en equidad nos supera Uruguay.

Frente al resto del mundo, la integración no ha contribuido a desprimarizarnos y la potencial enfermedad holandesa es una traba insalvable para el desarrollo Si no tenemos, plan, metas e instrumentos para el desarrollo,  la integración puede desmaterializarse y si lo hace, convertirse en papeles. No es lo que imaginamos cuando el proyecto integrador se puso en marcha. Tenemos que hacer los deberes locales para que vuelva a ser una palanca para el desarrollo y el bienestar.

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06 diciembre 2012

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