JOVENES SIN PROYECTO

23 de diciembre de 2012

Por Carlos Leyba

No es la primera vez. Hace muchos años que la Argentina, y no sólo el conurbano bonaerense, asiste cada tanto a estas ráfagas delictivas tituladas saqueos. Producidos los hechos, el delito y la represión, retornará la “normalidad”; y en el vecindario se abrirán las puertas de los locales; y las mismas personas, que ayer o antes de ayer cargaban en sus hombros la “mercadería” o el LCD – que lo mismo da – pasan por la puerta del negocio, o ingresan a él, como si nada hubiera pasado.

El viernes por la noche las imágenes de Crónica TV transmitían, en vivo y en directo, decenas de personas que, en San Fernando, vaciaban un supermercado de proximidad. En esas imágenes estaban los jóvenes, cargados de paquetes, saliendo en sus motocicletas o llenando una camioneta. O una señora con su hijo, de ocho o nueve años, trayendo al saqueo una carretilla para hacer mas rendidora la tarea. ¿Ella puede, quiere o sabe, educar a un hijo para hacerlo un hombre de bien? ¿Cuándo vaya a clase y en la escuela, le enseñen los principios básicos de la convivencia, su hijo, cómo  va a procesar el doble mensaje?

Ni un solo policía, ausencia del Estado, durante mucho tiempo, mientras la periodista relataba la acción, recibía algunas pedradas y gritaba “la c… de tu madre” al aire. ¿?

Pero eso sí, al menos, la televisión nos llevaba a esa pequeña parcela de la realidad. Eran focos. Pequeños focos. Insignificante en la totalidad. Un espectáculo. Pero nadie quedó afuera del espectáculo gracias a la comunicación por imágenes.

Pero – pequeño – lo que ocurre, ocurre al margen del Estado o con el Estado al margen. Y esto ¿gracias a quién?

Página 12, el más oficial de los medios oficialistas, eligió las siguientes declaraciones, “Hay un sector de la Argentina que quiere llevar el caos, la violencia y teñir de sangre nuestras fiestas y acá lo tenemos”, denunció Berni. Pregunto: ¿Quién es ese sector?

“Son hechos aislados, muy claramente estructurados y organizados, en los que nadie iba por comida, sino por plasmas, LCD y bebidas”, señaló el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, Pregunto: ¿Y qué cambia? ¿Qué es lo grave?

El gobernador Daniel Scioli también atribuyó los hechos a “bandas organizadas” que “quieren generar zozobra” y justificó la actuación de la policía. “Somos muy sensibles a los reclamos sociales y los encauzamos, ahora, cuando hay mucha violencia, hay que actuar”. Pregunto: ¿Y antes de la violencia, qué?

“Culpar al Gobierno de los saqueos es descabellado, parece que intentan añadir leña al fuego”, aseguró Julio Pereyra, de Florencio Varela. Pregunto: ¿Culpar a quién no es añadir leña al fuego?

“Los primeros saqueos en el 2001 no fueron espontáneos, como tampoco lo son éstos. Pero en el 2001 se combinaron con una situación económica explosiva y se extendieron. Los saqueos de estos días muestran más la intención de desgastar y desestabilizar que de resolver un problema de hambre, y además quedan focalizados. En el 2001 se podía ver a familias llevando bolsas de arroz y cajas de fideos. El jueves, en Bariloche, los muchachos se llevaban televisores y equipos musicales y quemaban los automóviles de los empleados del súper.”Luis Bruchstein. Pregunto: Otra vez, el límite es el LCD. Pero ¿qué es lo grave?

Muertes, heridos, detenidos, miedo. De un lado, siempre, el Estado – a todo nivel e incluida la educación -, del otro, la sociedad.

La semana pasada el vandalismo de la celebración de los boquenses; o el vandalismo de los indignados por la absolución de los vinculados a la desaparición de Marita Verón en Tucumán, señalaba que, un análisis del suelo social, permite determinar que tenemos porciones extendidas de terreno fértil para la violencia “en banda”.

¿Qué es el terreno fértil? Hay una cultura, la materia orgánica, que se ha estado preparando desde hace años para estas ráfagas. Son muchos años de acumulación de niños nacidos en condiciones de pobreza y privaciones, abandonados por el Estado al influjo del contagio de la marginalidad.

La pobreza en la Argentina no ha dejado de crecer tendencialmente, más allá de que hayamos tenidos picos gigantes y hayamos logrado descender de ellos. Pero desde 1975 nunca logramos revertir las condiciones económicas y sociales capaces de reproducir pobreza. Y – por lo tanto – no hemos logrado superar los déficit de vida acumulados por aquellos nacidos y criados, en esas condiciones. Condiciones que se agravan, justamente, con el mismo estancamiento de unos en ese estadio y el progreso de otros.

En 1974 el número de personas pobres en la Argentina rondaba las 800 mil y en rigor, la mayor parte de esas personas, vivían una pobreza “en tránsito”. Salir de la pobreza era posible. Y ocurría. Y el acceso a la clase media era una vía libre. Industrialización y pleno empleo. Sindicalización. Redistribución del ingreso. Estado de Bienestar. Desarrollo.

En nuestro país, como en muchos otros, y entre ellos los Estados Unidos, al decir de Paul Krugman para su propio país, en los finales de los 70 del siglo pasado las ideas, los intereses y las políticas económicas, dieron paso a un acontecimiento histórico novedoso: “por primera vez las nuevas generaciones, en lugar de progresar respecto de sus padres, vivirían el retroceso generacional”. Pasó allá y pasó aquí.

Desde entonces la pobreza es joven. Cualquiera sea el método de medición que adoptemos, todos coinciden en que, el porcentaje mayor de la pobreza, se aloja en los rangos etarios menores. Es decir el futuro tiene más protagonismo de la pobreza que el pasado. La mitad de los menores de 17 años, hoy y aquí, son pobres: viven con privaciones. ¿Eso es hambre? Básicamente no. ¿Son carencias? Sí. Y de todo tipo.

En base a las estadísticas de inflación del gobierno, que no gozan de credibilidad a pesar de sus esfuerzos, el número de personas pobres rondaría los 2 millones. Se trata de una pobreza absoluta en el sentido de que se mide por la capacidad de compra de una canasta de bienes y servicios. Con otra medida de la inflación, compartida por sindicatos y las encuestas de expectativas, el número de pobres puede superar a 8 millones de personas.  Entonces convivimos con entre dos y ocho millones de personas con privaciones que – por la densidad demográfica – se agolpan en la periferia de las grandes ciudades. Llegan a sus puertas a la espera de la oportunidad.

Entre esas personas la tasa de desempleo es mayor que para el promedio; para ellos la tasa de empleo al margen de la protección, en negro, es mucho mas alta que para el promedio: para ellos el trabajo es mas “changa” que un empleo.

Todo eso es consecuencia de la falta de “capital incorporado”: la pobreza impide acumular “capital” valorable para “la otra sociedad”. Nacer y vivir en la pobreza es un castigo sin haber tenido culpa alguna.

El Estado, la organización de la sociedad para el bien común, tiene la responsabilidad primaria en la construcción de las condiciones necesarias para poder revertir esa carencia originaria de acumulación de “capital” valorable.

Estas manifestaciones, ráfagas, focos – sea como sea que se hayan generado – están señalando claramente, para quien no sea sordo o ciego, que esas condiciones necesarias no se han logrado instalar. En todo caso la intensidad o la calidad de las políticas, si es que ellas existen, es ineficiente.

No hay duda acerca de la variabilidad climática, que no es lo mismo que el cambio climático, sobre esto último hay opinión mayoritaria, pero no consenso. Así también podemos decir que no hay duda de la “variabilidad del estado del humor social”. Aunque no haya consenso acerca del “cambio de humor social”. En otras palabras: nadie dice que va a llover a partir de ahora 110 mm en una hora todos los días. Pero estimamos que eso puede ocurrir más de una vez en los próximos años. Entonces, si o si, para no vivir inundados habrá que redefinir muchas estructuras urbanas y rurales. Obliga a hacer lo que antes no hicimos porque no creíamos que debíamos hacerlo.

Esto que ocurre, ocurre porque hay un fenómeno cultural de fondo que es necesario revertir. Primero eso exige consensos profundos acerca de los contenidos y una vez logrado, muchos años de trabajo eficiente.

Pero, más allá del fenómeno cultural, esto ocurrió porque hay un ausentismo del Estado y una ineficiencia en su presencia que, en lugar de amortiguar, expande la ola. ¿Agitadores, organizadores, instigadores? Nada ocurre en terreno infértil.

Los primeros saqueos comenzaron en Río Negro.

El intendente de Bariloche, Omar Goye, una vez tranquilizada la ciudad con 400 gendarmes dijo “hay un problema social que tiene muchos años … que se agravó por la erupción del volcán … había rumores de que podría haber reclamos” Monseñor Fernando Maletti dijo “miles de jóvenes que hoy están a la deriva y no tienen proyecto”; para el obispo San Carlos de Bariloche es una doble realidad “un cordón cinco estrellas y otro cordón de mucha necesidad”… “mucho déficit de educación y salud”. (Perfil)

En Río Negro, la provincia del conflicto, uno de los ministros es Fernando Vaca Narvaja quien fuera uno de los principales jefes de la organización Montoneros. Cuando, en su juventud, militó por la toma armada del poder para la revolución socialista, las condiciones sociales – que ellos entendían prerrevolucionarias – eran de 4 por ciento de pobreza, 4 de desempleo y un Coeficiente de Gini – que mide la desigualdad – como el de Dinamarca hoy. Sin duda un error de diagnóstico que significó la distancia abismal entre la dirigencia guerrillera y el pueblo. Ellos asesinaron – según el Juez de la causa – al principal dirigente obrero de la época, José Ignacio Rucci, para erosionar el poder de Juan Perón elegido por el 65 por ciento de la ciudadanía. Mucha acción y poco pueblo.

Las condiciones sociales de nuestros días, en esos tres indicadores, son graves si las comparamos con aquellas. Eso es el terreno fértil al que aludimos al principio.

Personas que arriesgaron su vida y que también instigaron a que otros arriesguen su vida por un ideal, sin duda de justicia, tienen hoy la enorme oportunidad, desde el poder ganado democráticamente, de hacerse cargo de la presencia del Estado para revertir las condiciones estructurales que dan lugar a esos indicadores y – en la emergencia – para mitigar y contener el sufrimiento.

Como dijo el intendente de Bariloche “hay un problema social” (el terreno fértil) y “miles de jóvenes a la deriva” (Monseñor Maletti). La sensibilidad política y social – si no se ha extraviado con los años – obliga a reflexionar, aunque sea en la intimidad, acerca de la realidad y los diagnósticos. Sin esa actitud ningún problema podrá resolverse y ningún desvío podrá encauzarse.

Es cierto. Han sido pequeños focos. Tal vez – en algunos casos – agigantados por instigadores. Pero el problema es el terreno fértil. La materia orgánica que, a nuestro criterio, es la fatal consecuencia – no de esta gestión lo que sería menos grave – de una clase política, en el gobierno y en la oposición, que ha divorciado, en la acción política, la necesaria tarea de concitar adhesión electoral de la mucho más necesaria tarea de diseñar el futuro y construir para ello.

No hay campo de la vida social en el que la dirigencia colectiva manifieste el más mínimo apetito de futuro con un compromiso. Si hablamos de infraestructura social, la orfandad de la educación es simplemente patética a pesar de las estadísticas que pretenden describir una realidad de avance que los hechos niegan. Y si hablamos de infraestructura económica, no hay sector en el que podamos vislumbrar una estrategia de grandeza.

Por cierto que siempre hay “casos” ejemplares o excepciones. Sin duda la Universidad Nacional de La Matanza es un exponente de un avance notable en la calificación de sectores sociales que por vez primera llegan a esas aulas; y sin duda la acción de Miguel Gallucio en YPF denota una potencialidad que, de materializarse, puede generarnos un nuevo boom como el de la soja.

Pero “los casos” son ni más ni menos que eso: ejemplos. Nuestra realidad necesita de ejemplos. Pero mucho más de promedios.

En los promedios estamos mal. Y no estamos haciendo demasiadas cosas, primero para reconocerlos; y segundo para transformarlos.

Estos episodios, que afortunadamente son sólo eso, y que son graves, son advertencias. Son las advertencias que dijeron los más comprometidos en el terreno, los que vivieron los episodios más difíciles, el Intendente y el Obispo de Bariloche. Ellos no se pusieron primero a encontrar culpables; sino a reflexionar el fondo de la cuestión: problemas sociales  y jóvenes sin proyecto.

Los jóvenes de hoy sin proyecto son la medida de los problemas sociales del futuro.

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23 diciembre 2012

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