Rodrigazo y decadencia

27 de enero de 2013

Por Carlos Leyba

UNA VERSION ABREVIADA Y CORREGIDA, CON FRASES ADICIONADAS POR EL EDITOR, FUE PUBLICADA HOY EN LA REVISTA NOTICIAS.

¿Qué hizo Rodrigo? Devaluó 160 por ciento el tipo de cambio comercial, 100 el financiero y 95 por ciento el turista. Las tarifas aumentaron 137 por ciento y liberó y aumento las tasas de interés activas y pasivas; la tasa de los bonos de obras públicas trepó a 27 por ciento anual; e introdujo la indexación en títulos públicos que consagró al “pedal” financiero.

José de Mendiguren (UIA) buscó en su memoria y tiró un “rodrigazo” para asustar a los nacidos hasta 1955.  Seguramente los otros no saben lo que quiso decir. Pero igual se asustaron. Se disculpó. No era para menos.

El “rodrigazo” fueron medidas económicas impuestas por José López Rega, expuestas por Celestino Rodrigo y elaboradas por Ricardo Zinn, todos de la secta de los Caballeros del Fuego. Esas medidas desestabilizadoras y de desajuste, dispararon el proyecto neoliberal cuyo marketing aportaron Pedro Pou y jóvenes graduados de la Universidad de Chicago.

Para el neoliberalismo la sociedad no existe y por lo tanto tampoco el concepto de bien común; el Estado es parte de los problemas y no puede serlo de la solución; y el mercado  libre tiene capacidad de resolver todo. Por ejemplo, juristas neo liberales proponen el remate de niños como manera de terminar con los conflictos de adopción.

Con apoyo de Zinn y empresarios, jóvenes Chicago fundaron el CEMA que contribuyó al predominio del neoliberalismo en las políticas públicas desde el “rodrigazo” hasta los últimos días de la convertibilidad.

Zinn consultó sus decisiones con Consejo Empresario Argentino de José A. Martínez de Hoz. El “rodrigazo aniquiló las bases del Estado de Bienestar  y abrió el camino al programa de la dictadura.

Hay evidencia de aire de familia en las distintas etapas del proyecto neoliberal, desde el “rodrigazo” hasta la implosión de la convertibilidad en 2001. Durante 30 años el pensamiento gobernante sobre la economía y la sociedad fue el mismo. Pedro Pou le propuso a  Carlos Menem la dolarización.

¿Cuáles fueron las consecuencias de largo plazo del “rodrigazo”?

De1884 a 1914, el  PBI por habitante, creció 67 por ciento; de 1914 a 1944 otro 40 por ciento. En 1944 comienza el ciclo, de 30 años, de  mayor prosperidad: el PBI por habitante creció 70 por ciento.

El “rodrigazo” cambió abruptamente los supuestos de la política economía. La aplicación de su filosofía neoliberal, (papel del Estado, modelo productivo, función de las finanzas y del mercado) extendió su influencia por tres décadas. En los 30 años de neoliberalismo el PBI por habitante sólo creció, de punta a punta, 3 por ciento(2004).

El “rodrigazo” inició esa decadencia económica,  en términos absolutos y relativos; la decadencia fue moral por terrorismo y genocidio; y por la pobreza. En 1974 el numero de personas bajo la línea de pobreza era un millón; y en 2004 superaban los quince millones. Hasta 2004 hay consenso en las cifras del INDEC.

La tasa de desempleo en 1974 era de 4 por ciento; y la de 2004 fue de 16 por ciento.

El “rodrigazo” partió la historia de la segunda mitad del SXX en dos etapas. Una de prosperidad (1944/1974); y otra de decadencia. Ambas hablan del poder de las ideas.

La de prosperidad esta asociada al Estado de Bienestar y a la industrialización. El PBI industrial aumento en ese período 313 por ciento. La etapa de decadencia es la de la aniquilación del Estado y el endeudamiento gestado por el dominio del pensamiento financiero. El PBI industrial, en la segunda etapa de 30 años, creció sólo 9 por ciento. La deuda en 2004 era 50 veces la de 1974: el que no produce competitivamente se endeuda.

El lector observará que, en materia de inflación, hemos dejado un hiato que va de Octubre de 1974 a Junio de 1975. ¿Por qué?

Ese fue el período de destrucción de la concertación social de Gelbard que ejecutó Alfredo Gómez Morales impulsado por López Rega.

¿Qué pasaba en Octubre de 1974 ? Gelbard logró renunciar. El asesinato de José Rucci, reivindicado por Montoneros; y la desaparición de Perón en junio de 1974; debilitaron la Concertación. Sin Perón Gelbard no logró que la presidente Martínez refrende sus propuestas.

Cuando renunció el nivel de empleo; el PBI por habitante; la reducción de la pobreza fueron record; y lo siguieron siendo durante muchos años. Había, entonces, un enorme espacio para ejecutar políticas de mejora macroeconómica.

La tasa de inflación anualizada era de 30 por ciento; la mitad de la tasa de inflación que recibió del General Lanusse (69 por ciento).  Y las reservas en poder del Banco Central duplicaron – en 17 meses –  las recibidas del gobierno militar.

Gómez Morales, adversario de la industrialización y de la Concertación, en 8 meses de gestión perdió dos tercios de las reservas y puso la inflación al ritmo mensual del 8 por ciento. A ”lo largo … (de) la gestión … languideció (Juan Carlos de Pablo)”.

El “rodrigazo” no heredó al Pacto Social. Sucedió a Gómez, un liberal respetado por los liberales, que destruyó la herencia del Pacto Social. No fue casual. Fue la condición necesaria para que Rodrigo pueda poner una bomba al sistema de los 30 gloriosos iniciado en 1944.

Eran tiempos violentos. En junio de 1975 – pasado un año de la muerte de Perón – se  contabilizaron 510 muertos (G. López Alonso) por la guerrilla y la triple A.

Rodrigo le endilgo a Gómez que no adoptó “acción sustancial alguna”. Zinn, entonces, decidió “sincerar las variables”. Recordamos, devaluó 160 por ciento, aumentó las tarifas 137 por ciento; liberó y aumentó las tasas de interés activas y pasivas; la tasa de los bonos públicos trepó a 27 por ciento anual; e introdujo la indexación en títulos públicos que consagró al “pedal” financiero.

Logró pobreza, inflación, desempleo y ganancias financieras extraordinarias, materia prima para la concentración y la extranjerización de la economía, cuya secuela aún vivimos.

Flagelo de corto plazo y primera piedra de la decadencia de largo plazo.

¿Cabía hacer algo diferente luego de la destrucción y pasividad de Morales? Sí. Pero el liberalismo, cuando hay freno en la actividad e inflación, no tiene otro método que la baja de salarios. En 1975 los salarios reales cayeron 5,8 por ciento y en 1976, 40,2 por ciento.

La concertación es el modo de superar civilizadamente el reparto de la cargas. Sin embargo fue atacada sistemáticamente por la Patria Socialista; y por el establishment que soñaba una Argentina barata en dólares y en salarios. El “rodrigazo” abrió esa puerta. Miles de muertos y una decadencia que nos cuesta reconocer y por eso es difícil de superar.

¿Hay alguna señal de que se esté incubando un “rodrigazo” o “rodrigazo” en cuotas? En el presente no asoma la posibilidad de tamaña locura.

Pero la falta de diagnóstico, de diálogo y de concertación, desemboca en la ausencia de un plan de largo plazo. En todo caso se puede aproximar a la metodología Gómez, esperar, paso a paso, carencia de profundidad.

El neoliberalismo ha infectado, a la derecha y a la izquierda, con la idea que basta el consumo para generar inversión. Ni el déme dos; ni el voto cuota, producen transformaciones estructurales que garanticen, vía productividad, estabilidad, distribución y  crecimiento sostenido. No hay tal cosa como política industrial si no hay una política, fiscal, financiera y de apoyo tecnológico para la inversión.

No es el “rodrigazo” un problema posible. El problema es la pasividad respecto de las inversiones. La pasividad, en todos los órdenes, enjabona el tobogán de la decadencia. Treinta años es suficiente experiencia.

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27 enero 2013

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