MILAGROS Y OPORTUNIDADES

3 de febrero de 2013

UNA VERSION ABREVIADA SE PUBLICO EN EL ECONOMISTA

Carlos Leyba

En los 30 años que van de 1974 a 2004 el PBI por habitante de la Argentina no creció. En verdad de punta a punta creció 3 por ciento. Dos generaciones en estancamiento. Después de treinta años, para llevar su vida, cada habitante dispuso de lo mismo. Lo que es peor en treinta años el producto se distribuyó de manera más regresiva.

La performance de largo plazo de la economía argentina es decepcionante. Lo es en relación a las aspiraciones colectivas y  a la percepción generalizada de nuestro potencial versus lo que hemos realizado. Suena duro. Pero los números son contundentes.

La negación no es sana. El reconocimiento es el primer paso hacia la salud. Usted dirá ¿pero acaso no hemos salido de ese valle prolongado que nos hizo caer de la prosperidad, nos puso sobre la decadencia y nos estancó en ella tantos años? Veamos algunos ejemplos de esa declinación. Los que tenemos delante de nuestros ojos.

Nos quedamos sin trenes (y liquidamos las reservas energéticas). Carlos Menem decretó “ramal que para, ramal que cierra”; pero el deterioro venía de largo. Menem fue el verdugo. Pero la debilidad previa anuló la capacidad de resistencia.

La oferta de educación pública se deterioro (y la inseguridad transpira las calles). Sin el concurso de la educación privada ¿cómo haríamos? Uno de los pilares del fin del SXIX fue el Estado al servicio de la educación y ese pilar se demolió.

El deterioro social es colosal. En 1974  contabilizábamos menos de 1 millón de personas bajo la línea de pobreza; y en 2004, superada la crisis de 2001, sumábamos  5 millones de personas en la pobreza. La pobreza se multiplicó por 5 y el PBI por habitante se estancó. ¿Cuál es la causa de la regresiva distribución y de la concentración: el estancamiento de largo multiplica la pobreza.

¿Visión pesimista? ¿“Autolesionismo” como dice un querido amigo? De ninguna manera. Sin visión crítica del presente no hay determinación del rumbo necesario. ¿Porqué?

Veamos. El país, sus dirigentes, está falto de apetito de futuro. De diseño de “futuro deseable”. Diseño solo posible a partir de conocer el “presente concreto”. Sin identificar correctamente el “presente concreto” (dónde estamos y de dónde venimos) no se puede diseñar el mejor camino hacia el “futuro deseable”.  Las tres tareas principales de la política son, en este orden, diseñar el futuro deseable; diagnosticar el punto de partida; y trazar el rumbo hacia el futuro lo que implica determinar costos y beneficios en el tránsito.

La falencia dramática de la dirigencia argentina contemporánea es, en primer lugar, la ausencia de apetito acerca del “futuro deseable” de lo que no se habla. En segundo lugar la pertinaz vocación por desconocer el presente y desentenderse de sus causas profundas. Y en tercer lugar la incapacidad de concertar la distribución de costos y beneficios en el tránsito. La política cambiará cuando cambien esas tres actitudes.

La consecuencia de ese mezcla de desvalores es la vocación excluyente por el presente; y la acción dominada por el “paso a paso” cuyas consecuencias no se rinden. La acción política así entendida tiene mucho de calesita y juego de la sortija, damos vuelta haciendo lo mismo “a ver si la embocamos”. Y en ese caso el ejercicio del poder tiene más de trabajo para quedarse que para gobernar en el sentido del futuro y de la concertación.

¿Qué pasó entre 1974 y 2004? La vocación por el presente y el “paso a paso”; hicieron que los oficialistas de cada una de esas tres décadas apostaran a “un éxito”, a un “milagro”, por efímero que fuera.

J.A. Martínez de Hoz tuvo su “milagro”. Los sectores de mayor poder económico se equiparon de bienes durables y automóviles de alta gama importados; y le sacaron a sus pesos, gracias a la tablita de conversión, rendimientos en dólares que en una semana igualaban a uno año en Estados Unidos. Los sectores medios iban por el déme dos de Miami. Con Raúl Alfonsín el “milagro” fue el avance del Plan Austral contra la inflación. Los radicales decían “ahora sí”. Y con Carlos Menem el “milagro” fue la estabilidad convertible más el mismo equipamiento de Martínez de Hoz.

Ante cada “milagro” los oficialistas celebraban y los opositores mascullaban envidia por la “suerte” de los oficialistas.

Los tres milagros nunca fueron tales. Y – como cualquier libro de texto anunciaría – estallaron por los aires a pesar del aplauso del momento.

Igual les pasó a los venecianos ante los prodigios del alquimista Marco Bragadino a quien – ante la falacia de los milagros – finalmente lo decapitaron. Compare la suerte de Martínez de Hoz,  de los radicales y de Domingo Cavallo.

El embajador Don Francisco de Vera y Aragón en febrero de 1590 le escribió a José Vázquez de Acuña “ Espántame mucho que … siendo tan cuerdos quieran estar pertinaces en creer que con polvos y agua se puede hacer oro, que yo jamás creeré aunque lo vea” .

Los “milagros”, celebrados en esas tres décadas de una colosal decadencia, fueron alquimias. Ninguno de esos milagros se produjo como consecuencia de nada serio realizado acerca de las bases del progreso económico y social. “Tangentes”, “astucias”, aprovechamiento de una “oportunidad” en la corta. Ingenierías falaces que deslumbraron a “personajes cuerdos” y garantizaron el coro de aplaudidores brindando ganancias personales a costa de la perdida social futura. Igual que Bragadino.

Los alquimistas económicos de aquellos años lograban cosas con “polvos y agua”. ¿En que consistieron  los “polvos y agua” de 30 años de decadencia? En el paradigma neoliberal. Ocaso de los precios sombra y del Estado en la inversión. Y el predominio de la tasa de interés como racionalidad de los proyectos. Y protagonismo de los gestores financieros. Nunca sacaron los dientes de la presa. Esa visión “financiera y de mercado” instaló el presente absoluto de todas las decisiones. Desplazó a las estrategias de largo plazo imprescindibles para el desarrollo del potencial de crecimiento.

Los “polvos y agua” fueron “Tablita”, “Desagio”, “Convertibilidad”. Los remedios no son alimento del cuerpo.

La política económica fue abandonada  – durante todos esos años – a cambio de lo inmediato: eso se explica 30 años de estancamiento.

¿Qué debe procurar la política económica luego de establecer el “futuro deseable” (y posible) a partir del “presente concreto” (y el potencial disponible) .Veamos.

La política económica primero debe centrarse en lograr el incremento de la productividad sistémica que no es consecuencia ni del incremento del capital ni de la fuerza de trabajo. Ella es función de la organización colectiva, de la cultura de trabajo y del sistema de confianza social, entre muchos otros factores. La “productividad” es la base de la ampliación del potencial. La innovación tecnológica es parte de ella, J. A. Schumpeter definió el capitalismo como “un sistema de propiedad privada en la que la innovación se financia con crédito”. En Estados Unidos “investigación y desarrollo” representa 2,8 por ciento del PBI. La productividad está asociada a la innovación y al sistema de confianza social, que incluye a la moneda y al sistema financiero. ¿Tenemos una moneda y un  sistema para financiar un sistema de innovación tecnológica? Lo desarticulamos y no lo hemos construido en esos treinta años. ¿Lo estamos haciendo ahora?

En segundo lugar, la política económica, debe acelerar más allá de lo que dice el mercado a la acumulación de capital reproductivo. La inversión, en la contabilidad nacional, tiene una trampa. La “inversión” en el PBI puede ser importante y sin embargo, el potencial de crecimiento puede no aumentar. ¿Cuál es la trampa? Por ejemplo, toda construcción se computa como inversión. Y no es razonable vincular construcciones residenciales de lujo o los complejos comerciales urbanos, con el potencial de crecimiento de largo plazo. En realidad a mayor construcción Puerto Madero o algunos shoppings gigantes, menor potencial de crecimiento. La población de Buenos Aires es igual hace 50 años y ha crecido de manera exponencial el número de metros cuadrados por habitante. Es ahorro esterilizado. Nuestro problema es la bajísima inversión reproductiva oculta por la trampa de la Contabilidad. La acumulación reproductiva es lo que hace al potencial e incluye además infraestructura económica (transporte, energía) y social (salud, educación).¿Somos conscientes del atraso colosal en que nos han sumido aquellos 30 años en todas estas materias?

El tercer factor al que debe abocarse la política económica cualquiera sea el nombre de la cartera ministerial, es la cuestión demográfica pensada en el número de personas en edad de trabajar en relación a los pasivos. Nuestro problema “demográfico” es el retroceso educativo; y el peso (20/30) de la pobreza, en esta demografía favorable, que, a su vez, afecta estructuralmente al nivel educativo. Estados Unidos (2009) invierte, en dólares ppa 29 mil por año y por educando en educación superior. Una visita al sistema educativo pondría en evidencia como ha conspirado contra la educación la destrucción del aparato productivo y las falencias de la política en materia de productividad y acumulación. Todo esta interrelacionado. Todo debe ser tratado al mismo tiempo.

El potencial de crecimiento esta asociado a la productividad, a la inversión y a la demografía; adjetivadas respectivamente por innovación, carácter reproductivo y educación.

El cuarto factor del que debe ocuparse la política económica es la administración de la naturaleza. Tenemos muchísimo para computar y sumar activamente. En nuestro caso, las fuentes no convencionales de la energía convencional (Vaca Muerta), la riqueza minera y el potencial agrario, constituyen una base de potencial de crecimiento que requiere que se pondere con la perspectiva de las consecuencias ambientales y sociales; y bajo el principio de que el beneficio de largo plazo tiene que demostrar ser mayor al costo, para no convertirse en “polvo y agua”. La deforestación; falta de aprovechamiento de ríos para hidroelectricidad y riego; minería explotada con riesgos ambientales y exportada sin agregar valor; explotación agrícola sin devolución de nutrientes; saqueo de la riqueza pesquera; despoblamiento rural; concentraciones urbanas en asentamientos de marginalidad; son apenas los términos de una ausencia absoluta de la política en relación a la naturaleza.

Los “polvos y agua” – que fueron “milagros” – dejaron ese saldo a pagar cuyo inventario es más extenso.

Pero desde 2004 (cuando el PBI retorna al pico de la convertibilidad) el crecimiento ha sido importante. Mucho lo debemos al punto de partida y a los términos del intercambio. Ambos factores no entran en la expansión del crecimiento potencial.  Ha habido y hay, muchas cosas importantes y favorables hoy, comparadas con el estancamiento de 30 años. Pero hay mucho de encandilamiento.

La única manera de tener un juicio ponderado y sensato sobre el presente, y sobre el futuro ya instalado; es interrogarnos sobre productividad, inversión y demografía o más precisamente sobre innovación, acumulación reproductiva y educación.  Y lo que estemos haciendo en torno a ello.

Ni en infraestructura económica ni social; ni en las cuestiones vinculadas a la innovación y al sistema financiero; ni en la acumulación reproductiva; ni en el sistema educativo, por decirlo apretadamente, se reflejan las consecuencias de años de crecimiento a tasas chinas. El crecimiento ocurrió pero no nos desarrolló. Tarea difícil sin diagnóstico del presente, futuro deseable explícito, rumbo trazado y transito consensuado.

A pesar del brillo del crecimiento todavía no empezamos ese camino. Las carencias sobre productividad sistémica, acumulación reproductiva, demografía y administración de la naturaleza; pueden erosionar lo mucho que se ha avanzado en términos de PBI.

Tenemos vividos “milagros” de distinta duración; y Bragadinos de distinta escuela. Pero todos ellos inclinaron más el plano de la decadencia.

La presión o la demanda por más “potencial” es evidente. ¿Qué estamos haciendo?

El juicio de la historia – no el del presente – de un buen gobierno depende de cuánto hizo por el potencial y no de los aplausos del brillo del presente.

Tenemos que capturar la enorme oportunidad que nos esta brindando este tramo de la historia. A la historia se la ayuda con sentido histórico y visión de largo plazo.

Los “milagros” han sido los escalones del descenso que nos han llevado a escribir la historia de oportunidades perdidas.

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03 febrero 2013

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