¿Caló* profundo?

17 de febrero de 2012

Por Carlos Leyba

El diccionario de la lengua de la Real Academia Española es en realidad un manual de ciencia política. Por ejemplo nos enseña que el verbo ”calar”  tiene las siguientes acepciones: atravesar un cuerpo de una parte a otra o inclinar un arma hacia adelante en disposición de herir. O bien significa comprender el motivo, o secreto de algo. Y también apabullar. O finalmente, alcanzar en el agua determinada profundidad por la parte más baja del casco. Antonio, el Secretario General de la CGT Balcarce u Oficial, Caló en todas esas acepciones. Lo veremos. Y lo hizo cuando el gobierno “congeló”. Y justamente en la entrada “economía” del verbo “congelar”, la Academia dice que se trata de Declarar inmodificables sueldos, salarios o precios”. Juntemos las dos cosas. El gobierno declaró inmodificables, por 60 días, a los precios. Caló, ¿comprendió el motivo secreto como una próxima congelación de los salarios? Tal vez por eso atravesó la alianza oficial, inclinó el movimiento hacia delante para herir y apabullar. Y ahora está en profundidades que sabe Dios cómo terminan. Por eso para calar Caló resultó un elegido. ¡Cuánto enseña el diccionario¡

“La economía está estancada”. El autor de ese diagnóstico de la economía fue Antonio Caló, líder de los trabajadores metalúrgicos y Secretario General de la CGT oficialista. Al cuerpo político del oficialismo, le está hablando el que fuera su riñón, su columna vertebral o su hígado o lo que sea. Lo que hace que ese cuerpo se mantenga de pie y sano. El cuerpo habla, con dolor, cuando la enfermedad necesita expresarse.

La redonda afirmación “la economía está estancada” en la boca de Caló, es una expresión desde adentro del oficialismo.

El dolor, por ejemplo, en la columna vertebral puede paralizar; en el hígado, fatigar ; o en el riñón puede indicar las piedras que, aunque pequeñas, pueden derribar a un gigante.

Caló, además, afirmó que la inflación en marcha puede devorar el aumento del 25 por ciento a lograr en las paritarias.

La CGT oficialista dictaminó implícitamente que estamos en “estanflación”. Estancamiento con inflación es una de las enfermedades de corto plazo más difíciles de curar. No imposible. Pero difícil.

Uno puede resolver la inflación con mayor facilidad si la economía está creciendo. O salir del estancamiento si los precios están estables. Pero la suma de dos males, que necesariamente deben resolverse al mismo tiempo, es un desafío que obliga a más actores, más instrumentos y más voluntades.

Caló agregó “tiene que haber una política de estado” y que “los controles de precios no sirven si no son sostenidos en el tiempo” y que “la congelación por 60 días no sirve”.

Si el gobierno esperaba disciplinar a los gremios y sus demandas salariales, con la congelación, la respuesta de la CGT oficialista fue “No”.

El gobierno no está disponible para rebeldías ni discrepancias; y , por lo tanto, debemos esperar otros métodos de disciplinamiento. Primero, porque la congelación “continuará”, como las series de TV, lo que implica mantener el interés por vía del “suspenso”: ¿Cómo sigue? ¡Quién puede saberlo¡

Oscar Lescano, dirigente sindical de “los gordos” también aliados hoy del oficialismo, agregó en el programa radial que, por El Mundo, dirige el periodista José Antonio Díaz, que la solución de los problemas de la economía, la inflación y los salarios, necesariamente obliga a un acuerdo tripartito, de empresarios, trabajadores y estado. Lescano definió implícitamente lo que, para la CGT oficialista, implica el reclamo de una “política de estado”: se trata de acordar cómo se distribuye la devolución del “valor agregado” por cada una de las partes sociales que integran el proceso económico.

¿De qué se trata?

Cada una de las partes que integran el proceso económico de agregar valor, obtienen sus recursos – salarios y excedentes de explotación empresaria (ganancias) – mediante un mecanismo de distribución de esos ingresos. En los extremos teóricos está el puro mecanismo primario de distribución por el mercado; y, en el otro extremo, el puro mecanismo primario de distribución por el Estado (lo que ya no existe en ninguna parte del planeta).

Siempre hay un mecanismo secundario de distribución que parte de la aplicación de tributos, por todos los niveles del Estado; y la aplicación o gasto de esos tributos.

Cuando los controles y regulaciones públicas son mínimas, la distribución la realiza el mercado. Las regulaciones y controles intervienen la distribución primaria del mercado. Lo que está pasando aquí y ahora es que el gobierno lleva a cabo una política de regulaciones y controles que, en materia inflacionaria, para la CGT oficialista es insatisfactoria. Ellos entienden que, en materia de precios (y lo que está detrás son salarios y excedentes de explotación),  toda política exitosa de control requiere una mesa de acuerdo tripartito. Con los trabajadores (salarios), empresarios (excedente de explotación) y Estado (normativa de control y regulación, tributación y aplicación de los recursos públicos, más las políticas monetarias y cambiarias que están implícitamente comprendidas en la acción del Estado).

¿Porqué piden esto? Hay una respuesta en el diccionario de la Real Academia Española que en la entrada economía de la palabra “congelar” dice textualmente “Declarar inmodificables sueldos, salarios o precios”. En buen romance lo que están previendo los dirigentes sindicales oficialistas es que, a la congelación de precios, o de algunos precios, le puede suceder la congelación de los salarios, o de todos los salarios. No ahora. Pero sí, seguramente, cuando en el día 61 – o antes de él – con o sin ajuste se prorrogue la congelación.

La congelación, que la conocemos cotidianamente por lo que hacemos con los alimentos, como concepto, supone existencia de “agua” en el cuerpo a congelar. La analogía respecto de los precios, y podemos pensar que eso es lo que está detrás de la decisión oficial, es que en los mismos hay “agua”; es decir que – por las expectativas inflacionarias o los precios que supongo se van a incrementar – en los precios “hay un margen mayor que el habitual, el conveniente, el necesario, etc. en el excedente de explotación. La congelación de los precios hace que “esa agua, ese exceso de margen” se vaya reduciendo en el tiempo.

Y si el gobierno decidió 60 días es  porque estimó que los demás movimientos (insumos, costos, salarios, etc.) que se producirán en los próximos 60 días, absorberán “esa agua” puesta en “por si acaso”.

Si es así en 60 días, a los mismos precios, una nueva congelación no sería igual a la primera. Operaría sobre márgenes sin agua. No lo sabemos. Lo que si sabemos es que, si estamos en “estanflación”  – como señaló implícitamente Caló  al decir  “economía estancada” con inflación –, salir del estancamiento sin acelerar la inflación obliga a un acuerdo tripartito.

Pero esa salida vía de “acuerdo social” es absolutamente intramitable para el oficialismo.

En primer lugar, la doctrina política – expresada a través de sus máximos referentes – es que “toda política” se decide en el Poder Ejecutivo; y el sistema político es una cadena de transmisión de esas decisiones.

En segundo lugar la interpretación que hace el Ejecutivo del carácter de las demás representaciones es que no son representativas. Sería imposible imaginar al Ejecutivo reconociendo entidad de representación obrera a las tres CGT y a las dos CTA; o de la representación empresaria a la UIA y a las dos CGE que se pretenden continuadoras de la CGE o a la Mesa de Enlace, etc. Y aún reconociendo a alguna de ellas, suponer que el oficialismo aceptará acordar “entre iguales”. Acordar significa que los tres (estado, trabajadores, empresarios) cedan algo a cambio de algo.

No es algo que esté en el horizonte.

Que la CGT oficialista lo olvide. No es imaginable. Ya lo olvidaron la UIA y la Mesa de Enlace. Y por supuesto la CGT Azopardo, la Azul y Blanco y la CTA-Micceli. La otra CTA y las otras CGE, tienen adhesión por tiempo indeterminado.

Dicho todo esto volvamos a fojas cero.

Si hay problemas lo único que importa, respecto de la solución de los mismos, es la decisión del Ejecutivo. Todo lo demás es alharaca.  No hay actores de peso que, por su sola manifestación, muevan el amperímetro.

Las palabras de Caló y Lescano son sólo para la tribuna. Para los afiliados – que habrán de celebrar el discurso –; o para la dirigencia política – que reconocerá un certificado de supervivencia en cada declaración –. Nada más. Estos (y todos los demás actores), en este escenario de la política nacional, sólo existen realmente a partir de las acciones.

Las acciones son las que ponen valor a las palabras. Es cierto “las vísceras del cuerpo hablaron” y señalaron que hay enfermedad. El dolor “puede” generar reacciones. Pero hay cuerpos con una infinita capacidad de resistencia al dolor y a las señales externas y a las del propio cuerpo. Y el cuerpo del oficialismo tiene esa estructura. Es un dato.

La columna vertebral, el hígado, o el riñón del oficialismo son poderosos para golpear en el oficialismo. Pero en la cabeza está la capacidad de interpretar, resistir o ceder. Los liderazgos de crisis no son igual de aptos que los liderazgos de consenso y viceversa.

¿Tiempos de crisis o de consenso? El desastre energético y del sistema de transporte, como toda la infraestructura requerida por un país de este nivel de ingreso histórico, ha sido anunciado desde el mismo momento en que, desde sus entrañas, podía predecirse un colapso. Y esto nos lleva a poner el punto de partida mucho más lejos que los ojos de la vida cotidiana pueden ver. Sin embargo y a pesar de los reclamos de los interesados y los especialistas de todo color, el gobierno reaccionó en cada caso cuando la crisis colapsó. La importación de energía, la tragedia de Once. Y lo mismo pasó con la fuga de capitales que sumo 80 mil millones de dólares en el primer mandato de CFK. Y lo mismo pasa ahora con la inflación cuando la negación no aguantó más. Reacción tardía.  Dejando de lado el juicio de una mirada sistémica y de mediano y largo plazo sobre la medidas; solo cuenta esperar el resultado de corto plazo. En realidad la reacción y las medidas del Ejecutivo, en todos los casos, están destinadas al corto plazo.

El largo plazo y la mirada sistémica están fuera de la práctica del Ejecutivo y eso es coherente con el rechazo a toda estrategia de “acuerdo”.

La práctica del Ejecutivo es corto plazo. Una medida para cada problema en cada momento y una decisión en soledad, en general, por sorpresa. Es el estilo, el modo, la concepción.

De la inflación hemos hablado y mucho, pero ¿la economía está estancada cómo dice Caló?

La industria en 2012 tuvo un nivel de actividad menor al del año anterior. Y como la población creció, el PBI industrial por habitante está decididamente para atrás. Esto es lo que ve Caló, que conduce un gremio que recuperó – en estos años – gran parte del empleo perdido desde que empezó la tragedia neoliberal.

Las cosas fueron peores a principio de año. Pero en la segunda mitad la industria amago un despegue que, al final, se “enfrío”.  Las automotrices recularon feo en 2012. Cayeron 8 por ciento. Brasil disminuyó sus compras. Pero no todo es Brasil y autos. El resto de la industria también fue para atrás. Las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial cayeron en todos los rubros y en todos los mercados.

Por un lado esa caída señala problemas de “competitividad” en la que el tipo de cambio influye. Y por el otro anoticia del sacudón de la crisis de los países desarrollados.

El gobierno ha reaccionado, otra vez tarde, ante el problema cambiario. Primero acelerando la tasa de devaluación; y segundo anunciando que el tipo de cambio oficial para fin de año estará en 6 pesos por dólar.

La buena noticia es que oficialmente se ha reconocido que el tipo de cambio es un problema y que se acelerará la devaluación en función de la inflación, o la perdida de competitividad.

La mala, es que se abandonó el ancla cambiaria y el único reemplazo es la “congelación”.

Las importaciones de bienes de capital siguen cayendo y hay razones para pensar en el freno de las inversiones reproductivas, lo que augura una futura presión inflacionaria si la economía repunta por el consumo; y la obstinación en privilegiar el presente.

Un presente que ofrece un superávit comercial de 12.700 millones de dólares que aparece como “noticia incompatible” para una economía con problemas de estancamiento urbano, lo hemos visto; problemas de empleo; problemas de falta de inversión; y problemas de inflación.

Caló avisó. Estamos estancados y el agua sube (inflación) y los datos le dan la razón.  ¿Vamos a salir del estancamiento? Sí. Brasil tira. La soja arranca. El Estado tira (gasto más emisión). La economía se mueve. Los precios se congelan. No es fácil meter todo en una bolsa estando solo. Por ahí lo que se escapa es el empleo. Y esa no es una buena noticia. Para los que lo sufren. Y para el Ejecutivo. Porque inflación más desempleo es igual a estancamiento electoral. Y para esa crisis los remedios tardíos son veneno. Siempre es mejor prevenir que curar. Gobernar es prever. Lo demás es navegar al garete. Y ahí la suerte es lo que define.  Pero como dijo don Jacinto Benavente “la suerte puede ser cuestión de talento”.

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17 febrero 2013

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