El desánimo y la incapacidad de escuchar

19 de abril de 2013

Por Carlos Leyba

Que la economía nacional presenta problemas serios no es una novedad; y que quienes se dedican  a resolverlos no encuentran la solución, también ha dejado de ser una sorpresa. Hay fatiga de la economía. E inevitablemente cunde el desánimo. La economía ha dejado de brindar expectativas favorables. Las encuestas de expectativas de los consumidores, las de inflación y de empleo, y los indicadores de la evolución futura de la economía, puestos en panorámica confirman fatiga y desanimo.

Los elementos externos no están jugando a favor; básicamente soja y Brasil. Peor producción de trigo en mucho tiempo, caída de las exportaciones de carne en febrero o demanda estancada de las economías europeas. Pero el campo está lejos de ser un elemento negativo y la economía externa también está lejos de ser un plomo sobre nuestras espaldas. Pero no empujan para arriba.

La cosecha de soja menor a la prevista y precios menos vigorosos significan que el viento de cola sera reemplazado por una brisa menos contundente. La temperatura interior sin ella seria sofocante. La soja sigue alimentando la suerte de la década iniciada en 2003, pero ahora con menos impulso que el previsto.

?Cual es el problema?. El “yuyito vedette del siglo” dará menos que lo esperado. Dos problemas. Uno en el sector publico, otro en el privado.

El  peso del carro publico no ha dejado de aumentar, en parte, bajo el supuesto de que la  soja siempre pagara lo necesario para compensar el retraso cambiario respecto del incremento del gasto estatal. Para que aporte solidez fiscal, el viento de cola debe ser cada vez más veloz (mas precio o más cantidad o más de las dos cosas y nunca menos de ambas) y no una brisa agradable que no alcanza para evitar la evidencia, desde la perspectiva de la caja publica, de que el tipo de cambio no aguanta el escenario fiscal con deuda pesificada y estatizada.

La primera respuesta la da el mercado cambiario vía la presión que se refleja en estos días en la apertura de la brecha del blue.

El segundo problema, el privado, es que el dinamismo de la cosecha, hacia el interior del mercado, se encuentra con el freno de lo que ha pesado la inflación en los costos del sector primario. El excedente sectorial ha sido cepillado. La retirada de fondos como los que gerencia el grupo El Tejar son una manifestación del cambio.

Por el otro lado Brasil no arranca lo necesario para nuestra economía urbana.

La suma de las noticias exteriores no cambia la sensación homologada por los datos de la economía estancada. Cualquiera sea el pronóstico de la economía, del oficialismo o de la oposición, la consecuencia de esos dos factores exógenos jugando a menos es que, la continuidad del estancamiento o la salida del mismo, dependen si o si, ahora de manera excluyente, de los factores endógenos y de la calidad de la política económica. Esta ultima, hasta ahora, sigue denotando un marco teórico débil e impreciso; y ademas un sistema de normas, primero con muchas reglas centrales no escritas ni estrictas, es decir, ocasionales y ad hoc; y finalmente un gerenciamiento en compartimentos estancos que hace que la coordinación sea un bien escaso. De ello resulta que tendrá un peso enorme lo innercial. O que estamos muy condicionados por el pasado. Veamos.

La inflación, que es la dinámica de los precios, y el nivel que ha alcanzado el costo de vida, conforman un cuadro de dificultades crecientes y expectativas declinantes, en amplias porciones de la población.

El nivel de empleo no crece con el ritmo de meses atrás, lo que tiene una lógica inexorable como consecuencia del estancamiento de un año.

Habiendo aplicado un congelamiento frustro, la tensión inflacionaria se dispara por distintas hendijas, de la que no es menor -por su valor indicativo-la distancia entre la cotización legal de las monedas extranjeras y la cotización paralela.

Si los ciudadanos de a pie ponderan, con razón, la buena marcha del presente por la suma combinada de un nivel del costo de la vida cómodo para el presupuesto familiar mas la existencia de una demanda de empleo robusta, que asegure la continuidad del propio; es también con razón que el gobierno K supo, en la tradición de su gestión, de la holgura del presente a través del superávit fiscal y comercial externo.

Los datos de hoy, para unos y otros, no hablan de buena marcha.

El nuevo escenario tiene, para ciudadanos y gobierno, un presente complicado. Ni la situacion fiscal ni la externa son cómodas para el gobierno, como no lo son tampoco el tema de la inflación, el costo de vida y el empleo, para los ciudadanos.

Pero si el futuro, como es obvio, depende de la inversión reproductiva del presente el panorama no mejora.

La inversión es la antesala al empleo, a la mejora en la productividad y en las condiciones de vida; y a la vez es la base de la mejora en el rendimiento fiscal y en la competitividad externa. Vale decir que si la inversión no revela entonamiento, la incomodidad del presente, para el gobierno y para los ciudadanos de a pie, se prorroga en el horizonte previsible.

Que el gobierno no le encuentra la solución es tan claro como que no logra generar un proceso de inversión reproductiva. Ejemplos de ello son el tratar de resolver el problema del transporte ferroviario comprando trenes en China, lo que no contribuye al superávit fiscal ni al externo y además no aumenta el empleo; o resolver el problema energético importando combustible. Que todo sea la consecuencia de no haber hecho algo distinto antes de ahora, no refuta que la  inversión reproductiva, con todo lo que ella exige, no es una herramienta a la que el gobierno le apueste una ficha.

Y si sigue en la dinámica del paso a paso, comprando las vituallas a medida que los invitados llegan a la fiesta, se va a presentar a golpear a la puerta, con cada vez mas fuerza, el problema de la distribución. Volvemos así al principio de esta nota y decimos que por las cosas de poner a la boca, del ciudadano y del gobierno, las noticias no son buenas y no apuran mejorar. Y eso, en este mundo materialista, desanima. Ahí el consuelo franciscano se torna efímero.

De la parte media para arriba, la sociedad, esta materialmente desanimada. Hay excepciones, por arriba y por abajo. Los sectores mas sufridos, comparativamente, saben de una mejoría de los últimos años y tienen allí la esperanza.No hay desanimo por allí.

Y también todavía a la cuenta de los empresarios urbanos (ni hablar de los nuevos ricos) no ha llegado el cepillado.

Pero dejando de lado los que están mejor y las excepciones, hay una indiscutible mayoría de desanimados silenciosos.

El silencio no es la mejor manera de comunicarse y el desanimo acusa una debilidad de la voluntad. En el mercado se nota porque el consumo tiene lista de compras y hay obligación de votar todos los días. Por el contrario el ayuno exige una enorme voluntad.

Pero en la política, el desanimo silencioso no suma. La oposición tiene un enorme caldo de cultivo. Sin denominación hoy puede ser mayoría. Pero el ADN de las familias, que sin saberlo la integran, es muy diverso y el numero de tribus las hace muchas y muy pequeñas.

Nada de esto ocurre en las filas del gobierno. Allí se mantiene la energía y un entusiasmo envidiable.

Lo hemos dicho hace tiempo, aventurando un pronostico, lo reiteramos ahora: en la imposibilidad de presentar la gestión como económicamente exitosa, el núcleo duro del gobierno hizo centro en el discurso de las reformas institucionales. Las minorías, los grupos militantes, comprometidas en estas reformas tienen una enorme capacidad de liderar los debates. Y los dirigentes opositores inevitablemente se encierran en esos debates sin lograr sustituirlos por propuestas. No esta mal marcar las diferencias. O apuntar duro a los riesgos de esas reformas. En el caso de los temas de la justicia, a la reforma, se suma – como lo expreso Diana Conti representante del núcleo duro – que de lo que se trata es de elegir los Consejeros de la Magistratura ahora.  Es decir desplazar la conformación actual de la justicia y montar la doctrina de la justicia propia. En cierta medida hasta Horacio Verbitsky llego al Congreso (y fue recibido) para alertar los riesgos. De nada valio. La decisión esta tomada y el mensaje cerrado es “vamos por mas”; y mas es mas reformas de modo de consolidar esta mayoría de 54 por ciento para siempre: Diana Conti lo dijo sin errar “Cristina Eterna”.

Tal vez no sea ese el proyecto presidencial, tal vez no sea probable; pero no cabe duda que todo lo que hace el núcleo duro, que la Conti representa, que domina la decisión del poder máximo, es exactamente eso.

Hablemos de la sociedad. En materia de confianza, lo que mide la Encuesta de Poliarquía para la Universidad Di Tella, el gobierno dista de estar mal o en todo caso peor que antes. Mantiene su promedio. Y sin embargo, como dijimos antes, todos percibimos el desánimo y el resto de los sondeos de opinión lo confirman.

El desánimo, entiéndase bien, no es miedo o desesperanza. Es una etapa anterior en la línea de declinación de las fuerzas creativas. El desanimo es el estado de “no tengo ganas”. Un ” me quedo”. Un “no es lo mío” que se apodera de la cosa colectiva. Es un estado que genera la apatía de lo colectivo.

Al menos en una parte de la sociedad es una mancha que crece a la velocidad de la inclinación del plano económico y social. En contraste, desde esa misma parcela de la realidad,  hay algunas reacciones nuevas. Inesperadas.

No son manifestaciones de apoyo a liderazgo alguno y tampoco a consignas positivas precisas.

La marcha del 18 de abril fue tan numerosa, más o menos, como las anteriores. Y no tuvo, como no la tuvieron las anteriores, ninguna repercusión en el ámbito de las decisiones públicas. El nucleo duro tiene siempre la caracteristica de la impermeabilidad. Y en la medida que el poder se encierra alli y queda capturado no puede percibir al otro que por eso no deja de existir.

No se trata de suponer que una marcha, cuya motivación principal es la protesta, pueda generar políticas. La protesta no tiene el carácter de una propuesta. Y no tiene un signo positivo, al menos en el sentido de obtener o reclamar más de algo. La protesta, en realidad, reclama menos de algo. Toda protesta esta vinculada con la demanda de freno. No es por mas. Es por menos.

Justamente es lo contrario a lo que se propone el gobierno y todo el oficialismo. El nucleo duro del oficialismo, el centro neuralgico de sus decisiones, va por mas. Todo el peronismo territorial, el peronismo en el poder, con ganas o sin ellas, se compromete día tras día en esa tarea de “ir por más”. Y el núcleo duro, La Campora, los aliados del ex PC, el mentor ideológico del círculo de confianza de Santa Cruz, el Dr. Carlos Zannini, dispara una tras otras las reformas que sintetizan hoy el “ir por más”.

Es difícil saber cuánto del 54 por ciento de la elección presidencial y cuanto del 46 que no votó, se suman detrás de esa consigna y esas reformas. Lo que sí esta claro que hay una movilización importante y creciente, que demanda el “ir por menos” o el detenimiento de ese curso de acción.

En este caso, en ese concreto día, la protesta indicaba que una parte movilizada de la sociedad, un pequeño porcentaje del total de la población representativo de muchos mas, reclamaba que se detuvieran algunos pasos que apuntan a modificar las estructuras jurídicas que regulan la vida colectiva. Y si un millón de firmas tienen el poder de instalar una propuesta legislativa, todo parece indicar que, más o menos, un millón de habitantes en todo el país tienen el derecho de ser escuchados en relación a la sanción de las leyes.

No significa que deba la mayoría parlamentaria someterse a la voluntad de los manifestantes. Pero la voluntad de los manifestantes tiene un enorme valor para la democracia porque nos esta diciendo, a voz en cuello, que ese millón de personas no se siente escuchada y que no tiene otra manera de participar en el edificio de la República que expresandose en la calle. Algo no esta bien.

No es bueno para nadie. Si el resultado electoral anterior, marcó mitad y mitad; y en el mejor de los casos, para el gobierno, el próximo resultado podrá marcar lo mismo, y como argentinos estamos siendo incapaces de sentirnos partes de un todo, estamos en un problema. El riesgo mayor es que los integrantes del núcleo duro de todos lados, pero principalmente del poder, transformen las diferencias en provocaciones.

El silencio es malo. Pero no escuchar ni ver es mucho peor. Sobretodo cuando las condiciones materiales no son las que eran y no parece que estén para cambiar para mejor.

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19 abril 2013

El desánimo y la incapacidad de escuchar

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