Detrás del blanqueo

11 de Mayo de 2013

Un resumen de esta nota fue publicada en El Economista el 10 de mayo

Por Carlos Leyba

Muchos de los que están en el Parlamento votaron las privatizaciones, la convertibilidad, el endeudamiento externo y se arrepintieron. Detrás del blanqueo está la necesidad de dólares y ésta es hija de la primarización; y ésta de la falta de inversiones reproductivas industriales; y ésta de la ausencia de las políticas industriales de promoción de la inversión de los excedentes blancos. ¿Porqué apelar a premiar al excedente negro?

Todos nos preguntamos ¿qué hay detrás del blanqueo?

Primero, ¿quiénes estarán detrás? Más allá de los funcionarios que las propusieron estarán los legisladores que le darán sanción. Los funcionarios del Ejecutivo son conocidos. Los legisladores que las sancionarán son los oficialistas y sus aliados. Unos son peronistas de pura cepa y tradición, otros son gorilas viejos de origen marxista travestidos en nac&pop. Muchos de los que están en el Parlamento votaron la privatización de las empresas estratégicas del Estado, otros la ley de convertibilidad que abolió la soberanía monetaria; una tropa de los que están en el recinto avaló el gigantesco endeudamiento externo, vehículo inevitable para la fuga de capitales antes que ocurriera la soja. Varios de los que son hoy legisladores no fueron parlamentarios antes, pero algunos fueron funcionarios políticos en jurisdicciones conducidas por el menemismo, o bien ejecutivos menemistas o de la Alianza; y a algunos, por edad o por pensamiento, no les tocó o no quisieron ser protagonistas de esas tropelías.

Ese es el pasado de quienes van a votar o no la ley del blanqueo. La totalidad de los que votaron el proyecto de los 90 están arrepentidos, compungidos, llorosos, por haber avalado las privatizaciones, la convertibilidad, el endeudamiento y todas las cosas realmente espantosas que nos legó el neoliberalismo en el poder desde Carlos Menem hasta Fernando de la Rúa. Incluye oficialistas y opositores de hoy. ¡Cuánta confusión, entonces!

Esto no es más que una descripción. No es un juicio. Sirve para señalar que hay tiempos en los que la fidelidad al presente resulta una guillotina del futuro. Y que cuando se vota se condiciona al provenir. Y al futuro no es lo mismo verlo venir que irlo a buscar. Bien.

Aún hoy resuena, en el recinto de las leyes, el día en que se votó la privatización de YPF. Entonces el que es hoy un encumbrado funcionario, entonces diputado, se destacó gritando a voz en cuello “de esto no nos vamos a arrepentir” cuando se rifó el patrimonio energético.Por lo que se ve se arrepintió. No públicamente.

Reconvegamos, a todas las leyes las vota alguien, no son obra del mago Merlín. Detrás de la ley de blanqueo está esa historia personal de muchos los legisladores. Hombres que hicieron y se arrepintieron y que creemos, o sabemos, que hubieran deseado no hacer lo que hicieron. Que no se repita. Cada uno tomado aisladamente debe tener una opinión crítica acerca de estas normas. Pero la dinámica del montón los hace hacer lo que en conciencia no quieren. Un ejemplo, la invasión a Bahía de Cochinos no la quería ninguno de los Kennedy boy´s y sin embargo, juntos, hicieron lo contrario de lo que de a uno creían. Feo. Feísimo.

Segundo, también detrás del blanqueo hay una realidad económica. Objetiva. Capaz de ser comparada con lo que ocurre en el resto del planeta y lo que sucede aquí.  Veamos. Mercedes Marcó del Pont, que es de lejos la persona más calificada, en todo sentido, del equipo económico; y naturalmente de la mesa de cinco miembros que presentó la propuesta del blanqueo, dijo,  el día jueves, en el Parlamento. “Somos el único país que no se primariza. Esta es la realidad del tipo de cambio”.

La frase significa que, a su criterio, no es cierto que el tipo de cambio oficial impida o dificulte las exportaciones de mayor valor agregado o el de las producciones de las cadenas de valor más extendidas. O bien que la cotización actual del tipo de cambio oficial no sea un elemento que genere el estancamiento del empleo o la abundancia del empleo en negro o marginal o de baja productividad. En el marco teórico ella coincide en que la salud competitiva de la economía se mide por la intensidad de trabajo y agregado de valor de las exportaciones y consecuentemente por la intensidad de trabajo registrado de alta productividad. Es así en el marco teórico.

En rigor los problemas actuales de empleo, los reconocidos por las estadísticas oficiales, señalan problemas de competitividad; y la estructura de las exportaciones no habla de cosas diferentes: habla de problemas. Para zanjar la discusión acerca de cómo estamos, con el cuidado de señalar que las cifras agregadas tienen sus bemoles, miremos las estadísticas. Nuestro país es, entre los emergentes y en estos años, el que mayor porcentaje de exportaciones agroalimentarias tiene en el mundo. Encabezamos la lista con el 52,3 por ciento. Somos el país con mayor participación de los agroalimentos (primarios) en sus exportaciones. Ningún otro país alcanza al 50 por ciento; y el que nos sigue es Brasil (31) y luego Vietnam (21). En la tabla de países exportadores de toda clase de materias primas, países emergentes primarios, ocupamos el quinto lugar (62 por ciento de todas las exportaciones) después de Venezuela, Colombia y Rusia (energéticos) y Perú (minerales). En el ranking de los emergentes no somos, en términos comparativos, muy “industrializados” que digamos. Este dato, nuestra primarización, es lo que está detrás de esta nueva economía del blanqueo, más allá de lo acertado o desafortunado del proyecto que hoy se debate.

¿Porqué? Se trata de salvar el defecto estructural, de una economía primarizada, apelando a excedentes de residentes no declarados tributariamente o de aquellos que aspiren a serlo tributariamente. Que quede claro blanqueo es sinónimo de lavado; lavar es sinonimo de blanquear.

Seguramente los funcionarios deben tener muchos argumentos para proponer lo que proponen. No los he entendido y de seguro que es por limitaciones personales. Pero – a pesar o a causa de esta carencia – me he formado una opinión. Y sé que detrás del blanqueo propuesto hay otras cosas que considerar. Una de ellas es la cuestión del tipo de cambio y de la competitividad (productividad) a la que nos hemos referido.

Tercero, ¿Por qué un ciudadano que compra dólares con recursos blancos, en el único mercado en el que se venden (blue) o a través de cajeros en el exterior;es perseguido; y otro que los compra con recursos evadidos es acogido como el hijo pródigo? ¿Esa decisión deriva de que el clima de la economía no está en su mejor momento? Y si así ¿en qué lo mejora?

Ahora, los hechos. La mesa de cinco de los economistas gubernamentales fue integrada para anunciar incentivos a la actividad inmobiliaria y energética. Indica la preocupación gubernamental por dos de los problemas mayores del momento. Que los funcionarios presten atención a la realidad es saludable.

Reconocen que el sector inmobiliario está mal y que este sector afecta al empleo. Desentenderse es mala señal. Los cinco, con esta norma, contestaron a uno de los propagandistas del ala izquierda del oficialismo para quien, la caída en la actividad inmobiliaria, es una buena señal. Un disparate monumental que sólo ocurre cuando la emoción invade la razón. Triste.

Los funcionarios proponen un blanqueo amplio, generoso y sin costo, para que los tenedores de dólares en negro incrementen la demanda inmobiliaria, incluyendo refacciones, etc. No quieren profundizar la caída inmobiliaria. Es una respuesta saludable. Aunque la propuesta discutible.

Reconocen que los recursos para YPF, o para el sector energético, están escasos. Desde las intervenciones de Axel Kicillof en el Senado o de Cristina Fernández  en Tecnópolis, el gobierno reconoció la pérdida de reservas, la caída de la producción y el fracaso de la política energética desde los años 90 en adelante y sin solución de continuidad a la fecha. Reconocimiento de errores u omisiones propias y ajenas. Debe celebrarse. Muchos expertos desde hace años vienen señalando lo negativo y grave en esa área. Plantear el problema, otra vez, es un mérito.

Proponen un blanqueo amplio, generoso, sin costo y con un rendimiento importante en términos de tasa de retorno, para que los tenedores de dólares negros puedan ofertar recursos para la inversión en energía.

En tercer lugar, los funcionarios, merodearon el mercado blue  que, al día de siguiente de su conferencia, aterrizó en 10 pesos arrastrando para abajo a la Bolsa de Valores. Seguramente la idea es desinflar ese mercado con este blanqueo. ¿Cómo? ¿Cómo aumenta la oferta? Si los pesos vana a dólares, sube. ¿?

Entonces reconocen que el blue  es un problema de magnitud tal que amerita un blanqueo diferente. No genera costos para el que blanquea. Este blanqueo no es una respuesta a una crisis de recursos fiscales; una crisis derivada de la incapacidad de pagar de los contribuyentes a consecuencia de una situación crítica de la economía. Eso no ha ocurrido. Además la decisión contradice al menos a dos de los que de la mesa de funcionarios que estiman que el marginal es irrelevante por su dimensión. Reconocen que es relevante.

Se invita a un blanqueo gratuito sin afán recaudatorio, porque no se cobra por ello; y sin que haya mediado una crisis de cumplimiento fiscal. Todos los meses el gobierno celebra su éxito recaudatorio. Se hace para obtener recursos para la inversión energética con una renta interesante; y para movilizar el mercado inmobiliario, garantizándoles a los vendedores que cobraran dólares físicos. Estos perceptores podrán conservar los dólares físicos o hacerse de pesos. Es difícil que se hagan de pesos al mercado oficial; y es difícil imaginar que los funcionarios insten, a los ciudadanos receptores de los dólares de un blanqueo, a que coloquen esas especies en el mercado marginal volviendo a ennegrecer lo blanco. Todo esto ¿contribuirá a desinflar el paralelo?

Cualquieras sean las estimaciones sobre la suerte del paralelo, el mercado inmobiliario o los fondos energéticos, lo que es indubitable es que el gobierno ha reconocido estos tres problemas graves entre los muchos que tenemos. Las propuestas puede que contribuyan a solucionarlos: no sé cómo asegurarme de que será así o no. Pero hay otras posibles propuestas – no incompatibles – pero que resulta inexplicable que no sean adoptadas. Veamos.

La inversión, en todas sus expresiones, energética, de transporte, edilicia, de obra pública y, sobre todo,  industrial reproductiva; exhibe un mega atraso en un país que ha crecido. Seguimos exportando primarios. Ese descomunal atraso de inversión, a mediano plazo, pasará a ser una carga cada vez más difícil de reparar. Está bien que, percibido el problema, se proponga un incentivo para paliarlo.

La pregunta es ¿por qué razón no se propone un incentivo a los que están al día tributariamente? Muchos de los fondos que están fuera del sistema (exterior o colchón) están en blanco. Kicillof dijo  que “es probable que en paraísos fiscales, se encuentren depositados unos u$s200 mil millones, una fortuna de plata no declarada de argentinos que el Gobierno aspira inyectar al mercado local a través del blanqueo”.

A las sumas declaradas fiscalmente pero que están fuera del sistema, habría que sumarle, según Kicillof, 200 mil millones de dólares. Durante la primera presidencia de Cristina Kirchner fugaron 80 mil millones de dólares. No todos esos fondos eran “negros” o no declarados. Para que retorne lo blanco no hay incentivo ¿por qué?

En la gestión K no ha existido incentivo fiscal o financiero de magnitud que sea comparable a la de la mayor parte de todos los países emergentes o no, para la inversión de los ciudadanos que están en orden con el fisco. Gran parte de la fuga, de  lo blanco, se debe a la ausencia de incentivos para el ahorro y para la inversión local. El dinero negro tiene otra lógica de origen y destino.

Para Kicillof debe cuestionarse a quienes pretenden criminalizar por añadidura a montones de argentinos que conservan parte de su riqueza en dólares sin declarar“,… eso – dijo – es “el resultado de políticas económicas erradas anteriores” al actual gobierno. Es decir la fuga de más de 80 mil millones de dólares durante la gestión de Cristina, según Kicillof, sería  de dinero en blanco; y por lo tanto no amerita de incentivos para que vuelva. ¿El que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen?

Desde la dictadura, casi todos los gobiernos, han realizado blanqueos de diverso tipo; han controlado los precios;  han practicado retenciones a la exportación.

Y todos, desde entonces, no han cumplido con el principio central de la heterodoxia: que es incentivar las inversiones en los ámbitos en los que el propio mercado no los premia. Las inversiones en Puerto Madero, en recursos naturales, pedales financieros varios son las orientaciones que surgen de las señales de mercado. Y claro que no son transformadoras sino confirmatorias de lo que hay. Hay, en ese sentido, inversiones de progreso e inversiones que no lo son. Las de progreso transforman y las que no profundizan. La ortodoxia, dejar al mercado que decida, profundiza la estructura dominante (primarización); la heterodoxia, transforma la decisión del mercado y transforma la estructura dominante.

La verdadera heterodoxia es, justamente, establecer las condiciones fiscales y financieras que orienten los excedentes a la inversión reproductiva industrial: eso es transformar. Hasta hoy, según la política, este planteo sigue ausente para los que tienen dinero en blanco. Pero peor, la novedad del incentivo no recaudatorio, para los que tienen dinero en negro tampoco incluye el incentivo a la transformación heterodoxa.

No hay ingeniería que pueda sustituir el canon central del pensamiento heterodoxo: lo que transforma a la sociedad, en moderna y justa, es la inversión industrial y eso es válido hoy para la Argentina;  Francia o Estados Unidos.

Si establecemos incentivos de alto impacto; y aún así, el dinero blanco no alcanza o no llega, en ese caso, tal vez, quizá, sería necesario convocar al dinero negro, pero asegurándonos que no proviene de los negocios criminales: droga, trata, armas, corrupción, etc.  Sobre no admitir el dinero criminal no creo que nadie pueda disentir. Pero ¿será o es necesario el dinero negro no criminal? ¿Cómo distinguirlo del criminal?

Sobre los disensos, también creíamos que nadie iba a disentir en que no se podían regalar las empresas estratégicas, levantar las vías del tren o endeudarnos hasta la coronilla, etc. Y pasó.

Nos queda esperar que la urgencia, la confusión, a las sombras del presente, no sean la introducción al tardío arrepentimiento de ingresar al futuro por la puerta del abismo. Esperemos que así sea.

Mientras tanto recordemos que detrás de esta necesidad de dólares, desde el punto de vista económico, está la ausencia de transformación de la economía. Y esta propuesta no la transforma. La solución sigue pendiente.

Recordemos que, los hombres de la política, ya han votado lo que no creían necesario ni conveniente, votar. Y después se arrepintieron.

Siempre igual; pensar enojados, pensar a puro presente, imaginar el paso a paso, como criterio llevar al error. Es que la política solamente se alimenta del futuro; y en ayunas, como todos, es débil. Ojalá que los que voten tengan razón y no la razón de Bahía de Cochinos.

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11 mayo 2013

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