TODOS PIERDEN

20 DE JUNIO DE 2013

Por Carlos Leyba

El Poder Judicial ha cerrado el camino a la reforma del Consejo de la Magistratura. Ese instituto de la Constitución de 1994 es el que tiene a su cargo, desde entonces, el primer paso en el proceso de designación de los jueces de la Nación. La expectativa era y es que, en ese ámbito de consejo, las decisiones sean la consecuencia de sopesar todos los antecedentes de los futuros magistrados; y de juzgar, con ecuanimidad, sus conductas.

Pero ha crecido un conflicto insuperable entre sus miembros. La mayoría gubernamental ha intentado decisiones que los demás han encontrado carentes de fundamento. Se generó una suerte de estancamiento; y la sensación que allí se sustancian discusiones de poder más que de mérito para otorgar justicia.

En tribunales, decisiones del Gobierno, han sido detenidas por cautelares. La ley de medios; la decisión sobre el predio en el que funciona hace más de un siglo la Exposición Rural; y finalmente la cuestión de la elección, en boletas necesariamente partidarias, de miembros del Consejo, han formado una batería de cuestiones en las que el Gobierno se ha enfrentado con  el Poder Judicial. Un camino conflictivo ascendente. Primero las cautelares y ahora la inviabilidad de la propuesta de “democratización” del Consejo.

El discurso presidencial del 20 de Junio agregó, al conflicto un clima de confrontación que sugiere un probable cambio de escala. Veamos.

La escala de la Constitución está cerrada. Sólo la Reforma de la Constitución o el fallo de una Corte integrada por una mayoría distinta, podría revertir la situación.

El tono del discurso presidencial sugiere que hay voluntad de otra alternativa por ahora incógnita.

Las dos medidas mencionadas, vía los procedimientos considerados necesarios, son posibles. Más allá de si son probables o no. Pero requieren, para materializarse, de un tiempo y de acciones que auguran que, para alcanzarse, provocarán un clima más enrarecido.

La tercera vía, el mismo objetivo sin pasar por los procedimientos considerados hasta ahora necesarios, ahorra tiempo de confrontación pero en un clima más difícil. Sería una decisión súbita que elevaría en un instante el nivel de conflicto. Hoy está todo abierto.

En el discurso presidencial, y en la posición de los militantes K, ha quedado claro que el oficialismo considera que la voluntad del Gobierno y la voluntad del Estado son una identidad. Es cierto que esas voluntades generalmente coinciden. Pero esas voluntades no son necesariamente las mismas.

La voluntad del Gobierno adquiere derecho pleno a partir de una mayoría electoral suficiente. Este Gobierno ha recibido, para el Ejecutivo y para el Legislativo, unas mayorías electorales más que suficientes para gobernar. Y las ha ejercido al límite.

Pero esas mayorías han sido y son, insuficientes para brindar la posibilidad de que las decisiones de gobierno automáticamente se transformen en decisiones del Estado.

La mayoría de cada momento forma gobierno. Pero esa mayoría suficiente para gobernar, bien puede ser insuficientes para determinar la voluntad del Estado.

La voluntad del Estado está en la Constitución y en la interpretación de la Corte Suprema.

La Constitución es la que es, porque una mayoría, de mayor dimensión cuantitativa que la necesaria para gobernar, así lo estableció.

Esa mayoría, de mayor dimensión, representa la voluntad popular para constituir las normas del Estado. Las mayorías necesarias para gobernar son insuficientes para construir una voluntad del Estado.

La decisión de la Corte sobre el Consejo y el discurso de CFK, resumen el primer conflicto entre la voluntad del Gobierno y la voluntad del Estado.

El conflicto no surge de la discrepancia entre la ley y la interpretación de la Constitución  por la Corte. Surge porque el oficialismo, una mayoría hoy insuficiente para formar la voluntad del Estado, considera que ésta, la voluntad del Estado, se ha convertido en una traba indebida al ejercicio del gobierno.

Para que ambas voluntades coincidan automáticamente sería necesario, repito, lograr la Reforma de la Constitución o el cambio de la Corte haciendo, en este caso, mayoritario el juicio que ha dictado Eugenio Zaffaroni que dijo más o menos  “no estoy de acuerdo pero no es inconstitucional”.

Esta cuestión ha irrumpido en el debate electoral.

Mientras la economía no permita al Gobierno exhibir resultados de éxito indiscutido, el discurso para acumular voluntades transitará el camino de las “reformas”. Una de las cuales es la de la Constitución. Si no se puede exhibir un resultado material concreto de una economía y condiciones de vida en ascenso; se propondrá un mundo distinto, predicado como mejor. Ese mundo se logrará sobre la base de “reformas a las estructuras” que conforman el sistema. Se han dado ya numerosos pasos en esa dirección con el éxito de leyes sancionadas.

Pero el paso mayor es el de la Reforma de la Constitución. Los peronistas tradicionales del Frente para la Victoria, ven en ella básicamente la reelección como consecuencia de la cultura movimientista del liderazgo. Los aliados procedentes del viejo Partido Comunista y otras agrupaciones “revolucionarias”, ven la posibilidad de ir a reformas estructurales, a la manera del Consejo de la Magistratura, para liquidar la potencial diferencia entre la voluntad del Estado y del Gobierno. La diferencia entre esas voluntades opera como mecanismo de control y es esencial para una democracia procedimental.

Por la discusión que está en juego y por la complejidad de los actores, atravesaremos la coyuntura electoral más compleja desde 1983. Ahora, más allá de la debilidad de hoy, con una economía salida de la crisis,  se habrá de votar, entre otras cosas, la posibilidad de habilitar la fusión de la voluntad del Gobierno con la del Estado.

Un triunfo arrollador del oficialismo concretaría esta posibilidad generando una nueva Corte y una nueva Constitución. Pero un triunfo de menor dimensión podría generar las condiciones para exigir la reelección de CFK. Sólo una primer minoría tan débil como la segunda, siempre que fuera opositora, eliminaría de cuajo esa posibilidad.

Cualquier otro resultado, en que la distancia de la primer minoría a la opositora que le siga marque un diferencial importante, dará continuidad a un clima conflictivo en el que el oficialismo, durante los próximos dos años, procurará la reelección.

Hasta ahora no esta en juego que el oficialismo deje de ser la primera minoría. Todo depende de la distancia entre el primero y el segundo. Más complejo aún: no todos los segundos puestos necesariamente serán de la oposición. Hoy,  viernes 21 de junio, bien pueden ser que el oficialismo compita con sus propios “matices del oficialismo”. ¿Cuál es la posición de Daniel Scioli o Sergio Massa frente a estos temas?

Habrá elecciones. Pero todo hace pensar que no producirán certezas. Simplemente se resolverá el grado de posibilidad “pacífica de la reelección”.

Ningún resultado hará declinar la decisión del kirchnerismo de la continuidad de CFK al frente del Gobierno. Para la mayor parte del oficialismo no hay proyecto K sin Cristina. Paradójicamente es lo que piensa la mayor parte de la oposición. Se define, así lo propuso Diana Conti, sí o no  “Cristina eterna”.

¿Cuál es la posibilidad de reformar la Constitución? Hay necesidad de una mayoría de dos tercios del Parlamento. Pero Carlos Menem intentó una mayoría de dos tercios de los legisladores presentes. En Harvard, Cristina fue contundente: señaló dos tercios del Parlamento.  Si no la hay ¿se intentará la interpretación Menem?¿Volveremos a la Corte? ¿Clima de tormenta?

Hay otro camino. Por ejemplo imitar aquello de “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. En la idea oficialista no procedimental de la democracia; la no reelección es una forma de proscripción. Una manera de salvarla, sin Reforma, sería apostar a un triunfo del candidato de CFK, comprometer su renuncia, una nueva elección y CFK candidata. Esa sería una elección y no una re re. La elección de Héctor Cámpora fue consecuencia de la proscripción a Juan Perón. Su renuncia fue consecuencia de su orfandad política. La mayoría había votado a Perón. El le había transferido sus votos a Cámpora. Ninguno de los que votó a Cámpora lamentó su renuncia. Perón fue aclamado con un 30 por ciento más de votos que Cámpora. Cámpora fue el puente para eliminar la proscripción.

El 54 por ciento de Cristina, si se repitiera en 2013, alcanzaría para intentar cualquier camino. Menos o mucho menos, que eso, pero con una primera minoría distante de la segunda, no alcanza. Pero tampoco cierra ningún camino. ¿La elección no cerrará nada? Difícil que lo haga.

¿Con todo abierto podrá recuperarse el crecimiento y el empleo? ¿Podrá lograrse ese gran acumulador de votos, con un clima de incertidumbre y ofuscamiento político, hasta 2015?

Por otro lado ¿Es posible que CFK pueda hacer, en 2015, lo mismo que hizo Perón en 1973: hacer votar a un candidato débil, secundario, menor; y reemplazarlo para terminar con la proscripción? CFK puede intentarlo.

Todo depende de lo que ocurra en estas elecciones. Las encuestas van y vienen. El resultado de la carrera electoral depende de los que realmente larguen y a la velocidad que corran. Los que “realmente larguen” no sólo quiere decir los candidatos oficializados legalmente; sino también el “posicionamiento” de los mismos ante las cuestiones principales que hemos comentado. No parece que haya tanta claridad. Básicamente porque nadie sabe dónde ubicar a los de mejor imagen de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli y Sergio Massa.

En la carrera, el equipo oficialista aparece disciplinado. El opositor francamente disperso.

El oficialista suma trayectorias, discursos, opiniones que, si uno las analiza profundamente, son contradictorias. ¿Cuál es la relación de trayectorias, discursos y opiniones entre Martín Sabatella y Hugo Curto? O más aún ¿cuál entre sciolistas o massitas y La Cámpora? Pero la disciplina del partido del Estado, lo que siempre es cualquier oficialismo, establece muros de consolidación de los que sólo pueden escaparse por pequeñas filtraciones. Esos muros de consolidación se han hecho muy altos; y es difícil que se produzcan migraciones, de votantes libres, hacia el interior del oficialismo, como la de los de adentro hacia afuera. El oficialismo tiene lo que tiene; y no lo va a perder. Consolida un voto estanco. ¿Cuánto es ese voto estanco en porcentaje? Lo más probable es que sea la primera minoría. Pero lo que define es el tamaño de la distancia entre la primera minoría y lo que le sigue.

¿Cómo cambian esas definiciones a partir de listas que no son del Frente para la Victoria pero que no se consideran opositoras? ¿Sumamos Scioli y Massa al oficialismo? ¿Podemos decir que forman parte de la oposición? Hasta ahora silencio.

La distancia ha de medirse entre el “oficialismo” – que no sabemos hasta dónde abarca – y muchas oposiciones. Los potenciales votantes opositores demandan la unificación. Paradójicamente los opositores se dividen para que los potenciales votantes los consideren “diferentes”. Esta contradicción refleja la distancia entre la realidad – representada por los potenciales votantes – y la percepción autorreferencial de los candidatos opositores.

La zona de confusión, que aumenta con las yuntas Scioli- Francisco De Narváez y Massa – Mauricio Macri, es una barrera brumosa que impide saber qué viene o qué va.

Pero además el equipo opositor declarado, disperso, carece de muros de consolidación; y las migraciones o fugas, son continuas. Los estrategas del oficialismo introducen, en cada espacio, nuevas divisiones  disimuladas en el “personalismo” de los dirigentes.

En estas condiciones, de los datos del día, sólo sabemos que iremos a votar. Pero ese voto no dispara un ganador. Ni tampoco parece que disparará un clima de alivio.

La economía – con Brasil en contra – no está recibiendo buenas noticias. Los pronósticos para este invierno que comienza, como para el clima, sólo pueden anunciar la variabilidad política. Pero teniendo por delante conflictos de gran envergadura la variabilidad es una fuente de incertezas; y eso reafirma que en nuestro país los problemas económicos son acrecentados por los problemas políticos. Un clásico en el que todos pierden.

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20 junio 2013

TODOS PIERDEN

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