VOLVERÉ Y SERÉ CEDIN

28 DE JUNIO DE 2013

POR Carlos Leyba

En esto de volver los argentinos atesoramos mucho. Tenemos un canal de television que se llama Volver. Durante años, 18, la frase mas convocante para la politica fue “Perón vuelve”. O “luche y vuelve”. “Volveré y seré millones” acunó muchos sueños juveniles. El retorno, la idea del retorno, responde a  la dominante “lo mejor no está por venir” sino que lo mejor ya pasó. El retorno. No es menos cierto que algunos, no muchos, de aquellos soñadores ya maduros volvieron con millones. Pero volvieron.

El grito antipolitico y anarquico de que “se vayan todos” no tuvo repercusiones. Practicamente nadie se fue y todas las puertas de salida han sido en realidad giratorias. La sentencia poetica de Francis Bacon “lo nuevo es lo que ha olvidado”, que sintetiza al Ecclesiastes de “nada nuevo bajo el sol”, en estas pampas politicas, se traduce en que nada se olvida, todo vuelve, pero se envasa como nuevo sin transformación.

Llegados a este punto, en que el porvenir tiene más de “por volver” que de “venir”, vale recordar una frase emblemáticas atribuida a Pichuco, Aníbal Troilo, “Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio ¿Cuándo? … ¿Cuándo? … si siempre estoy llegando”.

Con el debido respeto, el colega Domingo Felipe Cavallo no ha dicho nada parecido, pero los hechos confirman que siempre vuelve. Son varias las dimensiones de la vuelta. Por ejemplo, en las próximas elecciones, volverá al menos como candidato al Congreso Nacional.Esta vez de la mano de los hermanos Rodríguez Saa. Adolfo reemplazó a Fernando de la Rúa y a su equipo ministerial cuyo ministro estrella era Cavallo. No terminó con la convertibilidad. Pero sí decidió legalizar el default de la deuda con los privados, la que se tornó inevitable ante la escalada de costos y denegación de ayuda que acorraló a Domingo Felipe. No es una relación directa. Pero el que lo sacó entonces, ahora lo trae. Una historia que se repite.

Durante la presidencia de Raúl Alfonsín, Cavallo ingresó al Parlamento de la mano del peronismo cordobés. Con esa presencia democrática dejó atrás el antecedente de haber sido funcionario y luego banquero central de la dictadura; y fue la figura económica más importante de los 90 con Carlos Menem. Fue el  autor de la estabilización de los precios asociada al endeudamiento mediante el mecanismo de la convertibilidad a razón de 1 dólar 1 peso. Con contadas excepciones no hay figura del peronismo que haya hecho política antes y que la haga ahora que no haya sido vigorosamente partidaria de la “convertibilidad”; y de la deuda que estaba asociada inevitablemente, a pesar de los costos sociales y de la profundización de la desindustrialización. La Alianza – con los empujones nocturnos de Carlos Álvarez, Chacho-  lo volvió a consagrar ministro de economía hasta que la marea los arrastró a todos; y apareció  Adolfo Rodríguez Saa. Alguien dijo que Cavallo se fue de este barrio ¿Cuándo? ¿Cuándo? Si siempre está volviendo. Pero no solamente por la vuelta al Parlamento que, todavía, es una posibilidad. Sino que ha vuelto espiritualmente dentro del CEDIN. Sí. Chocolate por la noticia.

En la Caja de Conversión dólar que entraba se convertía en un peso convertible ¿en qué? En dólares. El peso era un medio de pago, una unidad de cuenta y – como consecuencia de la promesa de estabilidad- se convirtió en una moneda que, a pesar de ese “merito”, no sustituyo la pasion por el dólar. Las consecuencias de la construcción de esa moneda pertenecen a la historia de los grandes pasivos nacionales, pero eso es harina de otro costal.

Los dólares entraban a las Reservas del Central y en el pasivo, se anotaba la emision monetaria correspondiente. Los bancos, aplicando el multiplicador bancario, creaban dinero.

Cuando los años de recesión, las dificultades para seguir endeudando al Estado se hicieron carne, no había tasa de interés que lograra que ni los pesos ni los dólares se quedaran en casa. Comenzó la fuga. Y con ella comenzó la debacle de unos bancos cuyos cimientos eran los de un castillo de naipes tan frágil y mentiroso como el uno a uno.

Lo que vivimos ahora, desde el punto de vista material, es bien distinto de aquello. Pero lo que preocupa es que esa vocacion por el retorno o por volver se cuela siempre. Los dólares ganados desde el fin de la convertibilidad no son hijos de la deuda. Son hijos del balance comercial favorable generado por la productividad del sector primario más el bonus de época llamado el boom del precio de las materias primas. Los términos de intercambio ultra favorables nos hicieron acumular dólares como nunca; y además nos permitieron financiar una fuga de dólares record durante cuatro años.

Una decisión sensata fue tratar de parar esa sangría. Y la herramienta aplicada, control de cambios más control de importaciones, lograron parar lo que habitualmente llamamos fuga. Pero no lograron revertir la tendencia declinante de las Reservas.

El gobierno esta inquieto por este problema. Una de los soluciones que encontró fue la de incentivar el retorno (siempre el retorno) o el ingreso, de dólares negro. Para eso generó  dos incentivos. Uno – llámelo como quiera – es un bono a breve plazo  nominado en dólares, con destino sectorial, que asegura  un rendimiento interesante y que transforma, por su mera adquisición, aquello que era negro feo en blanco lindo.

El otro incentivo es el CEDIN, un certificado, convertible en dólares físicos, que se adquiere con dólares negros; y que, si se aplica a inversiones inmobiliarias, se convierte en una medio de pago, mediante endosos, cancelatorio de la adquisición de un amplio surtido de cosas. Ese Certificado estará nominado en dólares. Los inmuebles se denominan en dólares y no necesitan por lo tanto de una cotización del dólar-CEDIN. Pero otra cosa pasa cuando se quiera comprar, en el supermercado, un carrito cargado y pagarlo con CEDIN. La caja deberá contar con una cotización que no sea la oficial. Pato o gallereta una cotización es necesaria.

El CEDIN traslada valor en el tiempo al igual que el dólar; es medio de pago al igual que el peso; y en cuanto a unidad de cuenta, no lo será hasta que no veamos en los locales un cartelito de “zapatos en pesos y en CEDINES”. Obvio siempre puede haber un cartel que diga “se recibe CEDIN” a tantos pesos.

Los bancos no van a poder multiplicar los CEDINES que lleguen a sus manos, porque los tienen que convertir en dólares a la mera presentación. No hay multiplicador bancario de CEDIN. En ese sentido el CEDIN es más sólido que el peso convertible de Cavallo. Los dólares negros que ingresen al Central permanecerán en las Reservas mientras el nuevo titular del CEDIN no los reclame.

Y el éxito de su vida dependerá – además del empuje inmobiliario que pueda producir – de que nos acostumbremos a pagar y cobrar con CEDIN. En el Balance del Central si los dólares se hacen Reservas, los CEDIN serán pasivo. Y la permanencia de esa situación puede sugerirnos que se ha cumplido la promesa oculta de Cavallo, que no necesita volver como diputado, sino que al igual que Troilo nos anuncia que siempre está llegando porque no se fue.

Las circunstancias (todas) que rodeaban a la convertibilidad señalaban que su vida estaba limitada a la capacidad de endeudamiento que, nadie podía ignorar, tenía un límite  más próximo que lejano; o bien a la capacidad de generar un salto exportador neto, difícil de lograr cuando la sustitución de producción local por importaciones era inevitable consecuencia del atraso cambiario que destruía empleo.

A esta cuestión le cabe una pregunta ¿Cuál es el tipo de cambio de equilibrio? ¿El que permite el flujo financiero? ¿O el que nos garantiza el pleno empleo?

Y si observamos con detenimiento el “curso natural del balance comercial” de esta economía, puesta a crecer a la tasa que necesita, si se la intenta equilibrar con flujos financieros y no con los sectores reales de la economía, es una manera de volver a Cavallo, con todo respeto. Habrá argumentos a favor.

Lo peor es lo que le pasó al personaje de Moliere que “hablaba en prosa sin saberlo”. Resulta extraño pero hay demasiado pensamiento mágico dando vuelta.

En tiempos de la convertibilidad solíamos recodar al célebre alquimista y charlatán Marco Antonio Bragadino (SXVI) que provocó entusiasmo, fe y estas consideraciones sensatas  del embajador de Venecia D. Francisco de Vera y Aragón dirigidas en 1590 a José Vázquez de Acuña “Espantame mucho que… siendo tan cuerdos quieran estar pertinaces en creer que con polvos y agua se pueda hacer oro, que yo jamás lo creeré aunque lo vea, como ver al médico la primera vez, cuando lo hiciese creería que me faltase la vida y que me engañaría en todo el precio. El médico les habría de desengañar que es gran maestro en esto”.

En economía todas las “tangentes” tienen alivios efímeros y costos posteriores penosos.

Todas las condiciones para estar mejor están disponibles. Con menos ingenio y más economía, tenemos un presente y un futuro mejor. Enfermarnos de remedios es lo peor que nos podría pasar. La heterodoxia tiene un solo elemento distintivo que es provocar y convocar la inversión que de otro modo no se haría. Sin eso todo es tangente y alivio efímero. Hay remedios que matan.

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28 junio 2013

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