Un verdadero enigma

6 de julio de 2013

Por Carlos Leyba

La oposición acumula los votos de la desconfianza, de la desconformidad y, desde la perspectiva del oficialismo, de lo que se trata es de levantar el techo electoral porque el piso es muy alto. Si el gobierno no supera por mucho su piso – que es alto –  seguramente comenzará la diáspora de la periferia del oficialismo. Si ocurriera esa diáspora, el núcleo duro – que no es poco – se enfrentará a una bifurcación de política económica. La bifurcación, es tan abierta, que nos pone ante un gran enigma para la economía pos electoral.

Carlos Leyba

El clima está raro. Brumoso. Complicado. Respecto de la naturaleza, inundaciones cuyas secuelas son pérdidas económicas que reducen el patrimonio; y respecto de la vida social una retahíla de tirones y aflojes, que complican el sistema nervioso del colectivo social.

Recuerde todo junto:  un paro nacional de camioneros reclamando, entre otras cosas, por el impuesto a las ganancias que objetivamente anula parte del aumento salarial logrado en los convenios; la ley de desabastecimiento, aplicada a los operadores del mercado de trigo, por la escasez del producto para abastecer el consumo interno que hizo disparar el precio del pan; el cierre temporario de una sucursal de cada uno de los supermercados de la Ciudad de Buenos Aires por falta de productos de precio congelado; la pelea permanente con el pasado expuesta en la estatua de Cristóbal Colón en el piso y en la tapa de los diarios; y la del General Julio Argentino Roca a punto de estar en las mismas o peores condiciones por causa del sufrimiento infringido a los pueblos originarios, mientras en el presente el cacique de los Quom no logra audiencia y la Patagonia resulta la meca de la fortuna no precisamente de los hijos de los mapuches.

Todo esto sumado al conflicto estable con miembros del poder judicial más la pelea de fondo en el plano informativo-cultural, cuya última expresión fue la de Guillermo Moreno festejando en la Embajada de los Estados Unidos y destratando a la vez a la Señora Silvia Naishtat, mientras CFK se sumaba a la ola de protesta mundial contra el atropello – de factura yankee – realizado por países europeos al presidente de Bolivia.

En estas condiciones de clima brumoso resultó criteriosa la preocupación por la futura suerte electoral del oficialismo que manifestó el ministro Julio De Vido. El clima de irritación no ayuda al gobierno y poco importa quien es el culpable.

Nadie se siente cómodo y seguro en la nave que nos transporta si, en la sala de maquinas o en el punte de mando, todos están a los gritos y a los golpes. El estado de conflicto suscita siempre la adhesión de grupos minoritarios, de cualquier bando, los que tienen capacidad de movilización y hacen bulto; pero ahuyenta a las mayorías más concentradas en su vida cotidiana y en el horizonte inmediato, que en los conflictos por el poder o en el poder.

Es que, mientras en el período franco, que va entre acto electoral y acto electoral, ganar la calle alimenta militancia; llegados al día de la urna los que votan son todos, ellos, los próximos y  todos los demás.

En buen romance, nada aconseja a quien tiene el poder llegar en clima de crispación al acto eleccionario. Siempre se elige entre la confianza y la desconfianza. El oficialismo recibe los votos de los que confían en quien conduce, el camino por el que va y cómo nos lleva. Y la oposición acumula los votos de la desconfianza en las mismas cosas. El clima brumoso genera desconfianza.

De lo que ningún encuestador duda es que en estas condiciones – elección legislativa, candidatos “más o menos”, muchos años de las mismas caras y el clima descripto – ni remotamente CFK repetirá el 54 por ciento de las últimas elecciones. Pero tampoco nadie duda que el kirchnerismo suma un tercio del electorado antes de empezar la campaña. Y que es prácticamente imposible que ese 33 se desgrane antes de Octubre. Con lo que, desde la perspectiva del oficialismo, de lo que se trata es de levantar el techo porque el piso es muy alto. ¿Cuántos puntos más al 33 por ciento serán necesarios, en el total del país, para mantener una posición sólida camino a la reelección o a la sucesión digitada?  Y ¿Cuál es el techo máximo posible?

Para mantener dentro del oficialismo a la periferia del núcleo duro, es decir a los miembros del peronismo propiamente dicho, el oficialismo tendría que llegar al 40 por ciento. Debajo de esa cifra comenzará la diáspora de la periferia. Hoy no es imaginable hacia dónde; porque en realidad no hay ninguna casa política en construcción; Pero también asistiremos al endurecimiento del núcleo duro. La Cámpora, todo lo que conforma Unidos y Organizados y la estructura consolidada dentro del Estado de la Nación y de gran parte de las autonomías provinciales o municipales, forman ese núcleo duro. Poderoso en términos económicos y políticos.

Si ocurriera la diáspora de la periferia, de 2013 a 2015, el núcleo duro se enfrentará a una bifurcación. O bien se desanda el camino transitado hasta ahora, es decir, en lo interno, se convoca al peronismo a reestructurar e institucionalizar el partido de modo de recuperar a todos los emigrados; y en lo externo se abre una instancia de diálogo social y político arrebatando las banderas de los opositores. O bien se endurece el núcleo duro profundizando la expulsión de disidentes y cerrando toda vía de negociación con quienes critican. El partido peronista ha perdido hasta ahora su personería jurídica en la provincia de Buenos Aires: una muestra del desinterés del núcleo duro por aquella estructura otrora el arma más poderosa de la vida política argentina.

Llegados a este punto, primero ¿de qué depende que el oficialismo alcance o supere el 40 y no ocurra la diáspora? Y segundo ¿de qué depende que, en el caso de la diáspora o sea de lograr, digamos, no más del 36 por ciento de los votos nacionales en Octubre, tenga sentido el camino “duro” como vía de acceso a la reelección o a poder instalar un candidato cien por ciento K?

Respuesta: ambas cosas dependen de la marcha de la economía. Para la primera etapa, hasta Octubre, “la economía” se reduce a la marcha del consumo privado. Si el consumo acelera su ritmo; y además se cumple con la condición de la mejora en el empleo, lo más probable es que – dependiendo de la intensidad – el techo alcance o supere el 40 por ciento. En ese caso y sin diáspora, los próximos dos años, no estarán asociados necesariamente al dominio absoluto de las decisiones por parte de la filosofía del núcleo duro. Y en consecuencia, es probable que algunas restricciones, que limitan la reacción de las fuerzas productivas, se liberen y algunos de los mas graves problemas se encaminen. Es posible que mejore la inversión, si se procura una política en esa dirección; y que los efectos de la inflación se morigeren, si se reconocen algunas indexaciones; y hasta que se haga lo necesario para que la misma tasa de inflación real se desacelere a niveles del 20 por ciento, generando una recuperación pausada del tipo de cambio.

Es decir que la marcha de la economía a mediano plazo, con esta Administración, depende – en gran medida – del éxito de la activación del consumo privado en los próximos meses.

Es que si no se reactiva el consumo y el resultado electoral magro del oficialismo genera la diáspora; entonces, el núcleo duro difícilmente opte por la política, digamos, del consenso; y por lo tanto acentúe los mecanismos de confrontación con los sectores productivos con la finalidad de disponer de mayor espacio para la potenciación del “estado fiscal consumista”, la vía que sirvió para construir la mayoría de 2011, y la que – en ese caso – se utilizará  para recuperar la mayoría electoral en el 2015. ¿Esa estrategia podrá resolver los problemas económicos que ha creado? Difícil.

Una alternativa a ese endurecimiento sería que la derrota no generara la diáspora interna, lo que ocurriría si es que se optara por el desplazamiento vigoroso del núcleo duro. Esa es excluyente decisión de CFK quien, hasta ahora, ha decidido la estrategia del endurecimiento: la capitulación de Daniel Scioli le ha dado la razón.

¿Es posible otra alternativa? ¿Por ejemplo que el núcleo duro adoptara los conceptos de los disidentes que van de Hugo Moyano a Sergio Massa, pasando por José Manuel de la Sota o Francisco de Narváez?  Todo es posible. Pero en general, en debilidad el kirchnerismo se endurece.

La gran paradoja es que la mayor probabilidad de respuesta del oficialismo a los problemas reales, que son los que generan la caída de imagen del gobierno, pasa por una elección que se considere exitosa. Y es lógico pensar que, en ese caso, sean más las presiones para no cambiar que para efectuar cambios. Pero la elección exitosa, lo dijimos, depende del dinamismo del consumo en los próximos meses. Y sin duda, esa estrategia de corto plazo, no puede sino acrecentar las dificultades para resolver los problemas del mediano plazo.

Toda la campaña electoral del oficialismo, en términos económicos, significa responder a la necesidad de levantar el ritmo del consumo privado.  El discurso de las “reformas” fortaleció al núcleo duro, pero no compensó la perdida de imagen ocasionada por los problemas de la economía. Y puestos en tiempo electoral los dirigentes del oficialismo comenzaron a decidir políticas pro activas para el consumo.

Por ejemplo, el blanqueo o lavado o exteriorización de patrimonio, como ya lo hemos comentado, es una herramienta para la reactivación que supone la aplicación de fondos, que están fuera del sistema financiero local, a la actividad interna. Toda inversión implica salarios y – en el caso del CEDIN – toda transacción inmobiliaria es fuente de creación de una nueva moneda que, una vez aplicada, podría girar en el mercado para todo tipo de bienes. Se ha creado un sistema bi monetario: transacciones en pesos (obligadas a una relación con el dólar oficial, p.ej. autos) o transacciones en CEDIN equivalente a un dólar similar al paralelo.

El objetivo es compensar la caída en la actividad que provocó la huída de los mercados derivada del cepo cambiario. El cepo sigue. Pero se abrió una exclusa que, por ser camino desconocido, no todos están dispuestos a transitar por más incentivos que se prometan. Pero el objetivo electoral de más consumo tiene allí un instrumento. Otro es el aumento de recursos públicos para el inicio de obras en todo el país y los ajustes en los pagos de transferencia.

Pero hoy ¿qué está pasando en la economía? ¿El consumo arranca o sigue estanco?

En los últimos días se ha sumado información consistente en el sentido de que se ha consolidado una recuperación del nivel de actividad. Los primeros meses de 2012 fueron muy negativos en materia de actividad; pero estos primeros meses de 2013, señalan un crecimiento importante de más del 5 por ciento respecto del año anterior. Desde la perspectiva del corto plazo (cómo estamos respecto de ayer) hay una fuerte recuperación que habrá de influir positivamente en el proceso de consumo; pero desde la perspectiva de mediano plazo (cómo estamos respecto de nuestro mejor pasado) la economía está estancada. Entonces no es que lo que ha ocurrido hasta ahora sea un salto hacia delante con expectativas favorables, sino que salimos del lecho de enfermo y estamos objetivamente mejor pero no bien bien. La métrica del consumo como objetivo básico de la política electoral oficial tiene otro indicador que señala que vamos en esa dirección: las importaciones siguen creciendo a un ritmo superior (17 por ciento) al de las exportaciones (14 por ciento). En el mediano plazo el impacto sobre la balanza comercial es negativo; pero en el corto fluidifica la producción, presiona a la baja la inflación y acompaña al consumo. Un tercer dato, que pone en evidencia la política pública, es que el gasto primario crece a una tasa de más del 35 por ciento anual.

La inflación es el gran enemigo de esta política electoral de promoción del consumo. La tasa anual orilla más del 25 por ciento y las expectativas de los consumidores siguen asignándole al futuro una tasa de 30. Un ejemplo, para el gobierno, en el primer trimestre, el consumo aumentó 6 por ciento; pero para la CAME – teniendo en cuenta la inflación verdadera – las ventas minoristas cayeron el 1 por ciento.

En otras palabras, la necesidad de expandir el consumo para subir el techo electoral se enfrenta, en el corto plazo, con la resistencia inflacionaria. Pero el no tratamiento en estos próximos meses de los problemas serios de la economía augura que, después de las elecciones, con un resultado magro la tentación del endurecimiento haga que no sólo Brasil no ayude sino que hasta la propia soja sepa a poco.

¿Cómo votar para que después de las elecciones los problemas económicos comiencen a tener soluciones económicas? Un verdadero enigma.

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06 julio 2013

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