“El que habla se jode” Gral. Julio A. Roca

27 de julio de 2013

Por Carlos Leyba

El Papa Francisco hizo oír un mensaje al corazón de la Iglesia, a su periferia y al mundo. Su visión señala que no se trata sólo de la entrega personal sino que también se trata de cómo organizar la vida colectiva. Muchos políticos han tomado cuenta de la movilización de multitudes. ¿Tomarán en cuenta la interpelación para construir, aquí y ahora, un mundo realmente mejor que no es una Utopía? ¿Justicia, educación, salud, seguridad? ¿ Pueden asegurarse sin una transformación de las estructuras económicas? ¿Hablaremos de eso en la campaña electoral? ¿Hablamos de eso cuando hablamos de política? Francisco dijo que no debe hacerse silencio de las cosas importantes y los jóvenes piensan como él. El marketing del silencio o de la evasión a las respuestas adormece a la democracia.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud, además de sorprender con la vitalidad y el compromiso de la juventud católica mundial, pusieron en escena la renovación que el Papa Francisco conduce dentro de la Iglesia.

El Papa Francisco representa un cambio en la conducción de la  Iglesia con un acento vinculado, con la lógica adaptación a épocas distintas, al catolicismo postconciliar. Esa perspectiva, durante estos últimos años, había experimentado un retroceso;  y su voz pública se había apagado. Francisco hizo oír nuevamente aquel mensaje en el corazón de la Iglesia, en la periferia de la misma y en el ámbito externo.

Francisco apunta a cuestiones de civilización y modos de vida, a cómo ser cristianos en  tiempos de globalización, tan llenos de posibilidades y con tantos desequilibrios y contradicciones, que hacen que millones, miles de millones, de seres humanos no vivan una vida plenamente humana; y que millones, cientos de millones, sean prisioneros de un mundo de consumo que condiciona su vida y que amenaza el equilibrio planetario.

Esta contradicción ha sido denunciada desde siempre por la Iglesia. La condena al consumismo. Pensadores laicos católicos desde Emanuel Mounier, en la pos guerra, o pensadores de la posmodernidad como Zygmunt Bauman, en lo que va de este siglo, han señalado la deshumanización de la trampa del consumismo y la exclusión del consumismo que deja a los excluidos junto con los deshechos. No es nuevo. Pero en la voz de Francisco se ha convertido en una interpelación a todos los que conducen los destinos del mundo y particularmente hoy en  América Latina, la región más injusta del Planeta.

La visión de Francisco señala que no se trata sólo de la entrega personal, la caridad – que son alimento de las convicciones – sino que también se trata de cómo organizar la vida colectiva. Ese es el compromiso hacia fuera que el predicó en estos días.

Por eso, en nuestro país los políticos han pivotado sobre sus palabras. Es cierto que superficialmente han merodeado el mecanismo de la fama y de las multitudes. Han sentido la conveniencia de considerar su discurso. Y anhelan a pegarse a su figura, sea apropiándose del discurso o apropiándose de una foto en Brasil. Reconocer no es malo. Hacer del otro un objeto es un pecado: todo pecado pasa por objetivar al otro, suprimirle su esencia personal para utilizarlo.

Jorge Altamira, personalidad del marxismo nacional y candidato del Partido Obrero, señaló que, si bien dirigido a otros sectores, el “Papa Francisco al igual que nosotros habla de problemas de civilización”. Y en el otro extremo Cristina Fernández sostuvo que el Papa no habría hecho más que repetir lo que “Néstor” ya había dicho respecto de la rebeldía de los jóvenes. También Sergio Massa, en su primer discurso aludió al espíritu de diálogo y amistad de Francisco como la métrica de su posicionamiento.

Por ahora la francisco-manía es un recurso electoral: sumarse a la ola. ¿Qué deberíamos esperar? ¿Qué sería bueno para todos?

Lo positivo sería que ocurriera el contagio de valores y perspectivas. Eso sería trascender el discurso y cambiar los modos de vida. Eso sería hablar, tomar riesgos; y hacer, tomar compromisos. Veamos.

¿Imaginamos a los funcionarios públicos asistiendo a su familia en los hospitales y en las escuelas públicas o aceptando la vida del transporte público? ¿Qué impacto tendría ese cambio sobre el conocimiento de la realidad cotidiana por parte de quienes conducen? ¿Qué impacto tendría sobre las decisiones presupuestarias de los gobiernos, si conociendo  la realidad en carne propia, los dirigentes decidieran aceptar que una de sus funciones básicas es asegurar en cantidad y calidad la oferta de bienes públicos? Por ahí pasaría una de las líneas del contagio de valores y perspectivas. La más elemental.

Ojala que los jóvenes que hoy conducen gran parte del Estado escuchen el mensaje papal y entiendan que “hacer lío” no es vivir en Puerto Madero; sino movilizar las fuerzas de la sociedad para que nadie tenga un techo precario.

Desde el llano es la militancia de la solidaridad, de la caridad. Y está muy bien. Pero desde la política, ese espíritu, debe gobernar las decisiones colectivas. Animar a las decisiones colectivas del espíritu de las palabras de Francisco representaría la mejor traducción del legado de la JMJ y de Francisco en Brasil.

¿Asistiremos a un debate político de envergadura capaz de responder a los cuestionamientos que ha dejado plantados el Papa?

No deberíamos perder la esperanza. Aunque el debate de la política por ahora sigue encerrado en las pequeñas cosas.

No levanta vuelo. Como si nuestro país solo tuviera problemas de pequeños ajustes. No es que algunos opositores no denuncien una sociedad cuyo número de pobres, diez u ocho millones de personas, es un escándalo. Pero quienes gobiernan lo niegan. Y en esas condiciones la erradicación de la pobreza no pertenece al diálogo. Por eso el debate no levanta vuelo. No estamos discutiendo sobre la misma realidad. La hacemos cambiar en función del cristal oficialista u opositor.

No hay un debate profundo sobre la economía, como si nuestro país no tuviera una economía primarizada y dependiente de la suerte del clima y del precio mundial de las materias primas; y no estuviera urgida de un debate industrialista y liberador. ¿Quién puede negar la realidad de que estamos lejos de un programa industrialista y liberador?¿Quién lo propone más allá de la declamación ritual?

El debate no levanta vuelo en lo social; y tampoco en las raíces económicas de ese mal.

El debate es puro monologo, como si nuestras instituciones fundamentales para la contención ciudadana funcionaran a los niveles que, todas y cada una de ellas, alguna vez alcanzaron en nuestra sociedad. Pensamos en la justicia, la educación, la salud, la seguridad. Todas esas instituciones están en crisis porque no le tenemos confianza y respeto. ¿Qué estamos haciendo o qué estamos proponiendo para lograrlo?

El debate político actual es – siempre hay honrosas excepciones – de vuelo bajo, rasante, y se limita a lo que ocurrió ayer, hace un rato, es inmediatista y por lo tanto de corto plazo. En realidad es batifondo sobre lo pequeño y un silencio enorme sobre lo importante. En realidad no hablan. De eso no se habla. ¿Porqué?

Es cierto, llevamos años acumulando pobreza, primarizándonos, en el deterioro de los bienes públicos, en la incapacidad del Estado; y no es tarea de unos pocos años resolverlo. ¿Pero hemos realmente empezado un camino seguro en esa dirección? ¿Quién lo propone?

Escuchando al Papa deberíamos tener la esperanza que nuestros dirigentes o candidatos a serlo, levanten la mirada, primero, para conocer la realidad “verdadera”; y después para señalar el horizonte posible. No hay posibilidad de caminar hacia el futuro sino se parte de la realidad presente.

Y lo que escuchamos y vemos hoy, es que el primer abismo entre unos y otros, es que la realidad que ven y describen es radicalmente diferente.

Para unos estamos en una década ganada y en un horizonte promisorio, habiendo hecho y haciendo todo lo que hay que hacer y en todos los campos y sin fisuras. Para otros es una década pérdida y un horizonte tormentoso, habiendo desaprovechado las oportunidades y haciendo todo lo contrario a lo que hay que hacer. Y se exhiben números que avalan una y otra visión. Unos son números oficiales y otros números críticos. Y cuando ambos coinciden la lectura de los mismos es exactamente la contraria.

Parece ridículo tener que repetirlo una y otra vez: ninguno de nuestros problemas, que son definitivamente estructurales, puede resolverse si no lo es en un programa de largo plazo. Y no hay programa de largo plazo posible sin consenso. El largo plazo es una cultura de consenso. Y el primer consenso respecto del futuro es coincidir en el presente. No coincidir en a quien le vamos a cargar la responsabilidad del presente. Sino coincidir en cómo es el presente para poder definir el futuro consensuado. El consenso del presente, no del pasado, es la condición necesaria de cualquier programa de largo plazo.

Estamos en el clima del mayor desacuerdo posible: no estamos viendo los mismos hechos.

Vayamos al presente inmediato. Por ejemplo, inmersos en el clima electoral ahora están sobre la mesa los números de la marcha inmediata de la economía. La realidad económica de corto plazo cumplirá un papel fundamental sobre los resultados electorales de octubre. Los números oficiales estarán al servicio de mejorar la imagen de la gestión gubernamental.  Por ejemplo en estos días el oficialismo lanzará una catarata de resultados más favorables, mucho más favorables, que los positivos – que los hay – ;y menos negativos, mucho menos negativos, de los que también hay suficiente.

En los próximos meses habrá en dos turnos electorales surrealistas con alguna excepción. Surrealistas porque las primarias están vaciadas de contenido. Se vota a candidatos elegidos a dedo. La excepción, siempre las hay, es la elección de UNEN en la Ciudad de Buenos Aires en las que seguramente surgirá la lista opositora Solanas y Carrió o la interna del peronismo en Entre Ríos en la que Héctor Maya lo desafía al gobernador K. Relevante no hay mas nada. Todo a dedo. Pero lo que se decidir de aquí en adelante es quién va a estar en la Casa Rosada en 2015. Y los números reales de la economía van a ser parte de la decisión.

En las elecciones no se va a decidir dónde iremos después de 2015. Y eso es justamente porque una de las características del “vuelo rasante” es no debatir acerca de las cuestiones fundamentales de largo plazo de la Argentina. Y si no se debate acerca de ello y no se identifica a cada candidato con una visión del futuro, el voto ciudadano, no puede eligir rumbos. Sólo se eligen personas y sin disimulo. El reino del marketing.

Por eso decimos que se va a decidir – además de senadores y diputados  – quién va a estar en la Rosada en 2015.

Decidir quién va a estar en la Casa Rosada no es lo mismo que decidir quién va a gobernar.

Y menos aún una orientación de gobierno, un programa.

Cuando se eligen personas y no partidos y programas, se otorga a quien lidera un poder tal que puede hacer lo contrario a lo sugerido; y hacerlo gobernando con los que aparecían como adversarios. Tenemos ejemplos. No hace falta recordar.

Cada elección de personas, en esas condiciones, es la elección de una política azarosa. No hay partidos y al no haberlos no hay partidos que compartan el gobierno. Eso genera mas incertidumbre. Y dado que no hay programas. Todo eso deja un espacio en blanco para el futuro. ¿Quién lo escribe?

Sólo elegimos quién estará en la Casa Rosada. Y eso seguirá siendo así hasta que el debate político adquiera envergadura.

En estas condiciones, lo que estamos decidiendo, es que se decidirá si habrá posibilidad o no de reelección  de Cristina Kirchner. El único resultado que cierra esa posibilidad es uno en el que CFK orille no más del 33 por ciento. Si así fuere la migración de muchos peronistas hacia las afueras del Frente para la Victoria puede ser determinante del cierre de la reelección. Sí la reelección se habilita y se hace posible continuarán las tendencias ya reveladas por la última etapa del gobierno K. La continuidad es con las personas elegidas, los métodos utilizados y las concepciones del “paso a paso”.

Pero ningún resultado que implique la no reelección permitirá cerrar el listado de los posibles sucesores.

La derrota de CFK genera un final abierto dentro del FPV y también dentro de la oposición. La derrota acrecienta, por ahora, a la incertidumbre: durante los próximos dos años deberá producirse la emergencia de un liderazgo que, si surge del marketing, es decir sin partido y sin programa, nada aportará per se al futuro. El reemplazo, la sustitución, requiere de un liderazgo programático y partidario. ¿Y si no?

El milagro de Francisco sería que sus palabras despertara una discusión sobre “la política” porque los que hoy “hacen política” – hay excepciones – están muy alejados de interrogarse por las “ideas claras para desde el Estado construir una Nación”.

Pareciera ser que eso es lo que nos pasa con los políticos – en general – y con la política que hacen. Marketing de personas y ausencia de reflexión y de ideas. No hay recursos abundantes que compensen la falta de ideas.

Ahora la economía. ¿De qué depende que CFK supere el 33 por ciento en una magnitud tal que no haya migraciones de leales hacia afuera?

CFK necesita una economía que crezca con más empleo en blanco, menos inflación de la que hay, y que el nivel del paralelo no este asociado a la caída de las Reservas.

El horizonte externo no ayuda. Las expectativas inflacionarias, la demanda laboral y los indicadores que prevén la marcha de la economía no son auspicioso; pero – si bien en niveles bajos – en los últimos meses se recupera la confianza de los consumidores y de los ciudadanos en la gestión gubernamental.

La batalla por aumentar las reservas (cepo más blanqueo) no ha terminado, pero no hay signos de un triunfo oficial y el rumbo del paralelo no es hacia abajo.

Pero en este segundo trimestre creció el nivel de actividad económica y como consecuencia de ello, el primer semestre del año 2013 superó en, aproximadamente, 3,5 por ciento al de 2012.

Para calificar ese incremento recordemos que el primer semestre del año pasado sufrimos un clima negativo para la agricultura, el clima negativo de Brasil y el derrumbe del sector inmobiliario. Es decir, problemas de oferta por la sequía y problemas de demanda por Brasil respecto del sector automotriz y problemas de demanda provocados por la política y en particular por la herramienta del cepo cambiario.

Pero para el oficialismo, en este primer semestre de 2013, la economía estaría creciendo mucho más que 3 por ciento.

Los números oficiales tienen, además de marketing, una consecuencia “no electoral”: podría alcanzarse el número necesario para que se tenga que pagar el Cupón PBI en 2014. Eso costará 3000 millones de dólares y casi 5 mil millones de pesos.

Pero si los oficiales fueran los números reales del crecimiento, y estuvieran acompañados por el crecimiento del empleo, entonces el oficialismo se encontraría con el mejor escenario posible.

Pero si la realidad de la economía es la que estimamos no habría un impacto positivo en el empleo y el clima económico no sería un mejorador de la imagen actual del oficialismo. Pero si los números oficiales no reflejan esa realidad y si la exageración habría que pagar el cupón PBI 2014. “Con la mentira se puede avanzar, pero con ella no se puede volver” Proverbio ruso.

La marcha de la economía, percibida por la ciudadanía (ingresos reales, estabilidad laboral) determinará si hay o no reelección: porque la buena marcha suma o le resta algunos puntos a la base propia. Lo inmediato. ¿Y en una elección no se habla de programas? Parece que no.

La influencia del General Julio Argentino Roca es notable, el dijo que, en política, “El que habla, se jode”.

Y por lo que estamos viendo ni la convocatoria de Francisco es capaz de mejorar el prestigio que otorga, en la política de vuelo bajo, hacer silencio de las cosas importantes.

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27 julio 2013

“El que habla se jode” Gral. Julio A. Roca

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