La economía de Dos Caras

3 de agosto de 2013

Por Carlos Leyba

Como en la historieta de Batman en la que Dos Caras, que fuera el bondadoso fiscal de la Ciudad, reveló una personalidad maligna cuando el ácido le desfiguró la cara; existen ácidos reveladores de la “personalidad profunda de las economías”. Hay fenómenos que ponen al descubierto las entrañas. Una vez reveladas es tarde. El ejercicio sano de la profesión es descubrir “las entrañas de la economía” y el de la política, con el diagnóstico en la mano, conducir para que las heridas se curen de adentro para afuera y no de afuera para adentro. El maquillaje no dura.

En la historieta de Batman el fiscal de la Ciudad era un buen tipo. Un mafioso, con un ácido, le desfiguró la cara e hizo surgir lo peor de su personalidad. Dos Caras se convierte en un azote. El ácido no transforma; revela lo latente.

Las buenas intenciones pueden velar esencias malignas ignoradas. Otra realidad puede estar detrás. La prueba ácida las revela. El ácido reveló al malo que había en el fiscal de marras; el mal estaba en sus entrañas; el ácido lo desenmascaró.

¿Puede haber una economía de Dos Caras?

La economía, en los últimos años, ha venido dando muestras de múltiples signos de salud. Corrió a velocidad china. Generó maravillosas expectativas.

Dejando de lado, por ahora, la posibilidad de que haya una “cara mala” detrás de la buena; hoy en esa “cara buena” – la que vemos – aparecen en superficie “algunas ñañas”. Aun a criterio del oficialismo.

Los funcionarios, han tratado, están tratando y tratarán de remediar esas ñañas (achaques del tiempo en una política) y recauchutar la cara para que aparezca saludable. Sin esos afeites la “cara buena” no exhibe salud.

El recauchutaje se nota y se hace de afuera para adentro. Y no de adentro para afuera. Es como el maquillaje. Toda operación de superficie no está hecha para curar ni para durar. Y lo que no cura ni dura, porque oculta, tarde o temprano, si no mata, complica.

Mirando los parches identificamos cuáles son las ñañas que preocupan a los funcionarios.

Cepo, control de importaciones, promoción de “comprar exportaciones que igual se harían” a cambio de permisos de importación, blanqueo, etc., son recauchutajes. ¿Para recauchutar qué?

Por ejemplo, para problemas del tipo de cambio, la vocación de fuga y la falta de posición competitiva de la industria, y el horror de la política energética que está generando un agujero negro. También son recauchutajes las intervenciones estadísticas, los controles de precios “aleatorios”, los parates exóticos de exportaciones, etc., para disimular la herida de la inflación.

El maquillaje a los problemas serios genera, además, nuevos maquillajes que tienen costos inesperados. Si las estadísticas de la economía se alteran para arriba –

consecuencia de otros disimulos – habrá nuevos costos para la sociedad. Un ejemplo: riesgo de tener que pagar el Cupón PBI 2014 que son miles de millones de pesos, muchos pagaderos en dólares.   Pagando por lo que no crecimos. Mal.

Las preocupaciones oficiales, las de todos,  están centradas en el dólar y en la inflación. Pero, a pesar del maquillaje, la “cara buena” es protagonista. Nadie ha tirado ácido y  si es que algo malo vive en las entrañas de nuestra economía,  ese lado de la cara mala no ha sido revelado.

¿Cuál puede ser el ácido revelador?¿Podemos bucear en las entrañas para conocer el verdadero estado de salud?

¿Hay buena salud? Los síntomas feos, las cosas que el gobierno trata de recauchutar, pueden ser las consecuencias de pequeños virus que pasarán casi sin medicación. O por el contrario pueden ser  indicios de males mayores. Poco podemos decir con absoluta solvencia. ¿Por qué?

La medición está en crisis. No sabemos cuánta inflación tenemos. Tampoco a qué ritmo crecemos. Ni qué grado de problema sufrimos en materia de empleo. Veamos.

Las cifras del INDEC nos hablan de precios creciendo a menos de la mitad que lo que todas las estimaciones privadas estiman y al ritmo de un tercio de lo que miden las expectativas de la población. La secuencia es, por ejemplo, 10 para el Estado; más de 20 para los privados; y 30 para las expectativas.

Para la estadística oficial el crecimiento del PBI es más del doble que lo que estiman los privados y que nada tiene que ver con las expectativas negativas que acerca de la economía tiene la mayoría de la población. El gobierno cree un crecimiento que para los privados es, más o menos, casi 1 por ciento por habitante y por año; y dos tercios de la población cree que la economía está mal.

Y nos informa el INDEC de mejoras en el nivel de ocupación que difieren con el estancamiento que observan los privados; y también con la idea que muchas de las personas tienen acerca de la estabilidad del empleo.

El gobierno se ufana de la estabilidad, del crecimiento y del empleo; pero una parte mayoritaria de la sociedad sufre la inflación, nota el estancamiento y teme por el empleo. Dos miradas sobre una misma realidad y dos discursos opuestos: eso es lo que se deriva de la discrepancia en los hechos que es un fenómeno absolutamente nuevo en lo que hace a inflación, crecimiento y empleo que es lo que debería medir sin discusión el INDEC.

Pero, en esta contradicción, entre cifras oficiales y las otras, el gobierno toma medidas que van en la dirección que indicarían que lo que el gobierno toma en cuenta son las cifras no oficiales.

Y sino ¿para que controlar los precios? De las tasas de inflación se derivan las de pobreza. Ellas afectan los cálculos del crecimiento y el valor real del tipo de cambio. En materia de información oficial estamos como cuando vinimos de España.

Para unos estamos sin problemas y vamos para adelante en inflación, crecimiento y empleo. Estos son indicadores de “resultados”.  Y para otros estamos, al revés, es decir en estanflación o más o menos.

Estos datos – inflación, crecimiento, empleo – son los equivalentes médicos a los de una primera consulta clínica.

Si los datos oficiales fueran los verdaderos,  ningún clínico pediría estudios más profundos. Las apariencias dirían que la realidad es saludable.

Pero si los oficiales no fueran verdaderos y lo aproximado a la realidad fueran los datos de los privados y las expectativas de la sociedad, entonces estaríamos en problemas para los que vale descubrir las causas.

Según los datos “no oficiales” no gozamos de buena salud. Hay que profundizar los estudios. No es “normal” tener alta inflación, estar estancado en la actividad;  y – naturalmente – tener problemas de empleo.

Los candidatos con alguna probabilidad de formar opinión y de generar decisiones – opositores u oficialistas –, en general, según sus discursos, coinciden en otorgar un grado de escasa complejidad de los problemas que a ellos le sugieren los datos.

El discurso político, hay excepciones, coincide en que los problemas – hacen énfasis en la inflación – son problemas de “gestión”. Ninguno de los principales candidatos se interroga públicamente por causas más profundas. Digamos estructurales. Se llega a considerar que “el problema” es Guillermo Moreno.

Volviendo a Batman – con problemas – la economía sigue siendo, para la mayoría de los opinadores, básicamente buena.

Para los discursos, las entrañas – suponen y dicen – no acusan problemas profundos. Y en última instancia, el problema es del maquillador, del recauchutador. Como si la necesidad de maquillaje no refiriera que haya problemas de salud en el organismo económico. En el extremo, dicen no pocos “opositores”, cambiar el maquillador es lo principal. ¿Será así?

Antes de entrar a la prueba ácida reveladora de la “otra cara”, permítame el lector señalar las distancias entre las apariencias y la realidad. Por ejemplo, muchas veces haber adelgazado se reputa como un indicador de  “¡que bien que estas!”.  Pero la buena imagen exterior puede estar revelando que, por ejemplo, una furia parasitaria puede estar consumiéndonos de adentro para afuera. Y puede ser que ningún análisis lo detecte . Básicamente por que no se está buscando la causa. “No hay realidad sin teoría”.

¿Cuál es la teoría que hay detrás de está simplificación generalizada que hace repetir, a unos y a otros, que el problema – si lo hay – es de “gestión”  o de Moreno. Y que por lo tanto no está en las entrañas de la economía?

Permítame llamarlo el síndrome de la economía estética. Un ejemplo “¡qué enorme superávit fiscal!” pero ¿qué significa conviviendo con 30 por ciento de pobreza?; ¡”qué extraordinario superávit externo”! pero ¿qué significa conviviendo con una extraordinaria primarización y agotamiento de reservas energéticas?. La economía estética se detiene en la impresión primera de los gemelos. Todo es de una manera en la superficie y bien puede ser de otra en profundidad. Por eso siempre hay que volver a las entrañas. Allí anida el futuro que, para ser mejor de lo que las entrañas auguran, debe ser gobernado. Esa es la teoría de las estructuras profundas de la realidad.

Entonces ¿qué sabemos de las entrañas de la economía?

Una mirada a vuelo de pájaro. El trabajo. ¿Qué hacen los que están dentro de la población económicamente activa (PEA)? La tasa de actividad, nuestra relación de la población que trabaja o busca trabajo, sobre la PEA total, es  baja en términos globales. Hoy y aquí, buscan trabajo y trabajan menos que en algunos países vecinos. A su vez casi el 40 por ciento de esas personas está trabajando en condiciones informales. Dos o más de dos millones de personas, dependen de planes públicos especiales de empleo, justamente, porque “el mercado” no los crea. Y sólo el 10/12 por ciento de las personas trabajan en sectores de alta productividad. La creación de empleo formal ha estado en los últimos años más vinculada al sector público que al privado; y muchas de las personas empleadas trabajan menos de 35 horas semanales. Un resultado de esa estructura laboral es un alto porcentaje de pobreza: con los datos privados un 25 por ciento de la población. Por eso la población en las Villas ha crecido notablemente en los últimos años. Eso es el presente demográfico. Vamos al futuro: de 2003 a 2011 el número de egresados de la escuela secundaria declinó el 12 por ciento. Son estos problemas reales de las entrañas que están detrás de las cifras del empleo presente y del empleo futuro. Son problemas de entraña que no se reparan con “mejor gestión”. Necesitan de un giro de estrategia: la que hubo y la que hay, por lo dicho, no ayudaron.

En segundo lugar, en la cavidad de las entrañas está la estructura de la inversión. La economía nacional experimenta un estancamiento o aún un retroceso en materia de inversiones reproductivas y en materia de infraestructura. Las intenciones de inversión en 2013 resultaron, en el primer semestre, un 30 por ciento inferiores a las de 2012. Pero no han sido significativas, en los últimos años,  las cifras de inversiones en plantas nuevas de envergadura competitiva a nivel de exportaciones industriales. Y las deficiencias de infraestructura abarcan todas las áreas; pero en particular las ramas del transporte. Es un problema tan conocido como son escasas acciones de envergadura para su superación. Los desequilibrios regionales, las diferencias de nivel de vida y oportunidades geográficas, están estrechamente relacionados con las carencias de infraestructura. ¿Cómo calificar la precariedad de la vivienda y de muchas de las infraestructuras urbanas? La infraestructura social deficitaria es la resultante de la pérdida de capacidad del Estado para proveer en cantidad y calidad bienes públicos. Hace muchos años que nuestra economía no recibe un impacto de inversión; y ha perdido por falta de inversión, como en el caso de la energía, stocks de los que supo disponer, E incluso en materia agropecuaria ha disminuido, por ejemplo, la cantidad de cabezas de ganado y el número de productores. Hemos ido profundizando el monocultivo sojero con una enorme gama de consecuencias negativas en materia estratégica que, los buenos precios, han logrado sólo disimular.  Pero nadie puede ofrecer seguro de por vida para ello.

Y además, carecemos de un sistema financiero que merezca el nombre de tal; mientras los ahorros nacionales habitan fuera de ese sistema.

Estas, y otras muchas entraña, una vez examinadas no revelan salud y explican las grietas en la “cara buena” que el maquillaje oculta.

El presente del corto plazo, aún en la versión más crítica, es infinitamente mejor que lo que surge del inventario de las entrañas y que compone el potencial en riesgo de la Argentina mientras no haya capacidad y decisión de gobernar el mensaje que sale de las profundidades.

¿Cuál puede ser el ácido que revele, la otra cara mala o el diagnóstico velado del presente? El papel del ácido lo cumplirán las condiciones externas porque mucho de lo bueno e inclusive la financiación del maquillaje tiene origen exógeno.

Ellas, las condiciones externas,  impulsaron con entusiasmo lo mejor de nosotros en esta década enfrentándonos a las cosas malas heredadas (la deuda, la convertibilidad, la desindustrialización). Fue el tiempo pleno del viento de cola.

Ese viento puede que amaine. O que torne en viento de bolina. En cualquier caso se trata de efecto ácido. Poco o mucho. Pero de manera más o menos lenta o más o menos rápida, si se corta el empuje de cola cumplirá la función de ácido y se revelarán los problemas no resueltos de las entrañas que el viento generoso ha ocultado a la vista de los cómodos.

Las entrañas de nuestra economía, que la mirada superficial sobre el cuerpo oculta, nos pueden deparar desagradables sorpresas. La sorpresa puede llegar si seguimos mucho tiempo maquillando; y sin diagnosticar la condición de las entrañas. O bien, lo peor y esperemos menos probable,  la sorpresa puede llegar con el dolor de una corrosiva lluvia de ácido en forma de una sostenida baja de precio de la soja y de las materias primas. Puede que no pase. Lo deseamos.

Pero mientras tanto a Dios rogando y con el mazo dando. Lo más criterioso sería empezar a discutir sobre los males verdaderos, no sobre los maquillajes o acerca del maquillador.

Tenemos que estar preparados ante el riesgo de los males que la revelación de “la otra cara de la economía” pondrían en el tapete después de la lluvia ácida o del largo transcurso del tiempo sin hacer nada. No es bueno vivir en una economía de Dos Caras.

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03 agosto 2013

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