SORPRESA

17 de agosto de 2013

Por Carlos Leyba

La Gran Encuesta Electoral deparó sorpresas. Las encuestas señalaban que el oficialismo estaría lejos de la extraordinaria adhesión mayoritaria de hace dos años. Pero nadie imaginaba al kirchnerismo acumulando sólo voluntades tan cercanas a su 22  por ciento de 2013. Ni que la oposición podría vencer en nítidamente en Buenos Aires, Catamarca, Chubut, La Rioja, Mendoza, Neuquén y San Juan. Los “votos” y “el territorio”, se han vuelto esquivos para el oficialismo.

Es cierto que en 2009 sumó 33 por ciento del electorado; y fue primera minoría. Pero, salvo Buenos Aires, la performance territorial fue consistente. No es este el caso.

Restan algo más de dos meses para revertir ese resultado. La campaña oficial necesita o bien un giro de 180 grados o, de confirmarse la misma dirección, deberá profundizarse para generar y explotar una dicotomía más nítida.

A favor del giro de la campaña están los que han señalado la derrota: Mario Ishii, intendente del conurbano calentó la pista con una expresión escatológica; Horacio González, de Carta Abierta contribuyó a la confusión con una expresión que esconde que sólo quiere decir “hagamos algo” por que así no; y entre los “políticos”, el apoderado del FPV pidió escuchar a las urnas: escuchar es siempre un peligro para los convencidos a priori. Ellos expresaron una preocupación generalizada por no repetir y por generar propuestas de cambio. Inquietudes en los gobernadores perdidosos que, sugieren, desnacionalizar la campaña.

Del otro lado, La Cámpora y los más próximos a la Rosada, apuestan a profundizar; reiterar el discurso de lucha y desoír, cualquiera sea, el mensaje de las urnas. “Esto” tal cual es o el caos y la crisis. Ese es el mensaje indivisible y que por definición tiene un único emisor que es CFK.

Después del último discurso de Cristina,  no es difícil imaginar que se tratará de profundizar en el discurso y en los hechos.

Profundizar no es “dejar todo como está”.  Es una manera de cambiar. Por ejemplo, hacer un pozo en otro lado no es lo mismo que cavar más hondo en el mismo lugar. Y cavar más hondo no es un cambio por desplazamiento. Profundizar es alejarnos de las alternativas de superficie. La superficie es dónde corretean viejos aliados y muchos votos.

Profundizar es la palabra más reiterada después de la derrota en las huestes de paladar negro. Implica seguir en la misma dirección. En todos los planos.

No cabe esperar cambios en las relaciones del poder con la política: seguirán crispadas. No cabe esperar cambios con los sectores sociales: seguirán como hoy.

No cabe esperar cambios en la economía: seguirán los mismos métodos, objetivos y descripciones de la realidad que surgen de la percepción oficial.

Si en Octubre estos guarismos, más o menos, se repiten ¿nos auguran que el kirchnerismo está volviendo a sus orígenes electorales cuando sumaba alrededor de un cuarto de los votantes? Los números pueden ir por un lado. Pero no será así ni en la confirmación de la derrota ni en una eventual recuperación del patrimonio electoral.

El punto de partida de Néstor Kirchner no tiene relación con el 26 por ciento de CFK.

Los votos de Néstor eran un favor de Eduardo Duhalde por intermediación de dos personajes menores en esa jerarquía, Aníbal Fernández y José Pampurro, duhaldistas que no tenían una gota de “progresismo”  y más bien todo lo contrario.

Ahora los votos de CFK son propios. Además de la mayoría peronista que hay en esa suma de votos y territorio, también se cuenta, como elemento distintivo, la “atracción progresista” que ha convertido en socios del “peronismo K” a viejos militantes del Partido Comunista  aproximados por el previo paso por la Alianza y en la presidencia Duhalde.  Este núcleo ahora se ha fortalecido gracias a la reducción de los votos acaecida en esta encuesta electoral. Y este grupo es el que alimenta la idea de la profundización.

La gestión K transformó votos prestados en propios. Y votos peronistas clásicos en una nueva versión del peronismo que, hasta esta encuesta, aparecía como una nueva edición corregida por el progresismo y aumentada por el 54 por ciento de los votos.

Como dicen los chicos “la edición aumentada ya fue”; y lo que queda es una edición resumida pero corregida por el progresismo. Veamos.

Néstor Kirchner – según Torcuato Di Tella – postulaba el bipartidismo y aspiraba a convertir al peronismo en la fuerza de centro izquierda; y reservaba para la oposición el papel de la centro derecha. E imaginaba esas dos fuerza poderosas y tal vez en alternancia. Esa era al menos la traducción o la influencia de Di Tella procedente de la social democracia en viaje a las mayorías populares. Podemos decir – tal vez con Arturo Jauretche – una versión liberal del peronismo.

Cristina Fernández se alimentó de las traducciones de Ernesto Laclau que, por el contrario, no alienta la alternancia sino más bien el predominio del populismo entendido como un destino histórico sin intermediaciones entre el pueblo y el liderazgo y sin interrupciones en el ejercicio del poder.  Otra versión exótica del peronismo fundacional.

La edición corregida es esta última. El discurso de CFK en Tecnópolis lo aclara. No hay – en su comprensión – otros partidos o fuerza políticas que hayan concitado , si bien dispersas, el 74 por ciento de las voluntades. Para ella hay intereses económicos concretos y agrupados, que son los verdaderos titulares de esas opiniones.

Es decir, en la visión K, la sociedad argentina tiene, de un lado, la voz propia y la representación legitima de los intereses populares, que esta personalizada por el liderazgo de CFK; y del otro la voz de intereses sectoriales (bancos, industrias).

Los votos que se oponen a “la voz propia y la representación legítima de los intereses populares” no pueden ser tenidos en cuenta como una expresión legítima de una voluntad popular ya que, en realidad, son votos condicionados por los intereses del establishment.  Eso significa que el espacio tradicional de la política es un vacío que no se debe ni se puede llenar.

La versión K actual es que el poder político, el Estado, lo ha ocupado una mayoría de 54 por ciento y esto es de una vez y para siempre. Entonces lo que hay es, de un lado, el poder del Estado en manos de la mayoría de 2011 que representa la verdadera voluntad popular; y del otro, una simulación, un velo, que al ser despejado – como lo hizo Cristina en su discurso – revela “los intereses” de bancos e industriales que están detrás de esos votos.

Esta es la visión política K; y la profundización parte de esta definición. En ella los votos son accesorios. Lo que importa es que el FPV representa los intereses populares en exclusiva. Y los votos de las demás expresiones son una simulación de los intereses sectoriales que, las mayorías del FPV, han desplazado y que vía electoral pretenden retornar. Este – a grandes rasgos – es el sustrato del discurso de la profundización. Y la dicotomía que se expondrá en la campaña.

Volvamos al principio: ¿cuál es la sorpresa? El 54 se convirtió, por ahora, en 26 por ciento. En el juego del poder territorial para el oficialismo se perdieron 7 provincias; y el control territorial oficialista quedó electoralmente reducido a 10.

Lo más importante, por parte de CFK, como construcción del futuro escenario político es su decisión de extinguir de su consideración a los partidos de la oposición como representación de voluntad popular; y en su lugar subir al debate a los representantes sectoriales de los intereses económicos. Esta es la carne de la sorpresa. Pero no sabemos qué debate ni qué método de decisión está implícito. Ni quiénes participaran.

A partir de ahora, reducida la capacidad electoral y la presencia territorial del kirchnerismo, el discurso se evade de sostener a los contendientes políticos – los ignora como suplentes en el banco – y sube a los titulares que es la presencia directa a los intereses sectoriales. ¿Quénes y  para qué?

La metáfora de “titulares” (los intereses) y “suplentes” (los políticos), usada por Cristina, es una creación que huele a Guillermo Moreno y hace imaginar cual es la profundización en el área económica.

El escenario planteado tiene de un lado el 26 por ciento y el control del aparato del Estado en su poder; y del otro los intereses económicos. La representación política ha sido derogada. Esta afuera.

Sobre el escenario, convidados por CFK, los intereses económicos y sociales y el Estado condensado en la expresión del 26 por ciento y el liderazgo de Cristina.

La interpretación de CFK es que los “suplentes” y los intereses económicos titulares conforman una unidad monolítica enfrentada a las siguientes realizaciones o propuestas de su gobierno que, en este discurso, resumió como lo esencial.  Primero señaló, textualmente, la recuperación de millones de puestos de trabajo y de salarios que han aumentado 1700 por ciento; luego relató la recuperación del ANSES, la AUH y el aumento de 1551 por ciento de las jubilaciones mínimas. En principio sugirió que los “suplentes” y los “titulares” aspiraban a liquidar esas conquistas.

Luego señaló lo que los “suplentes” y “titulares” aspiraban a hacer y citó, entre esas cosas, la devaluación y las metas de inflación, decisiones acerca de las cuales ella estaba en contra básicamente porque afectaban a los salarios. Finalmente mencionó su intención de profundizar la política de industrialización, aclaró que revisará los subsidios que recibe el sector; la educación universitaria, las políticas de ciencia y tecnología; y la reactivación del consumo – sugiriendo que tampoco estas ideas rondan el interés de los “titulares” y según su  interpretación de los “suplentes”.

La primera aclaración es que, el retorno a la jubilación pública o estatización del ANSES, es una medida reclamada a Néstor Kirchner por muchos dirigentes políticos durante su presidencia. Entre ellos se destaca Fernando Pino Solanas. La AUH (Asignación Universal por Hijo) es una propuesta de Elisa Carrió que Néstor durante su presidencia no permitió fuera tratada; y en el mismo orden el tratamiento de las jubilaciones que ha sido reclamado por casi toda la oposición.

Estas medidas originadas en los “suplentes” las tomó después de 4 años CFK. Los aumentos nominales de salarios y de jubilaciones, por no descontar la inflación y el crecimiento del PBI, son números sin significación. Pero nadie puede discutir que ha habido una recuperación de los ingresos reales de los trabajadores y de muchos pasivos en todos estos años. Y tampoco se puede negar que, el Estado ha generado una masa de pagos de transferencia (subsidios, planes, etc.) que han beneficiado a sectores populares más allá que, en su aplicación concreta, ha habido transferencias injustificadas de ingresos a sectores sociales que no los necesitaban.

Acerca de esto, es cierto, muchos sectores de la oposición reclaman un replanteo de esa estrategia de subsidios pero, básicamente, para no privilegiar a sectores privilegiados. Respecto de la “devaluación” el ritmo de devaluación diaria del BCRA, en la actualidad, supera largamente la tasa de inflación del INDEC e incluso está por encima de la estimación del Índice del Congreso.  El gobierno está devaluando. Aunque, es cierto, como la tasa de inflación verdadera de los últimos años fue mucho mas elevada que la tasa de devaluación oficial, hay un retraso del tipo de cambio para algunas exportaciones regionales e industriales.

En esto los sectores de oposición coinciden en el diagnóstico pero, salvo alguna excepción, la mayor parte siente terror de pronunciar la palabra “devaluación”. Comparten la actitud de CFK.

Allí donde el discurso plantea una distancia, con la mayor parte de los opositores, es con el tema de la inflación. CFK engloba a los opositores en la línea de “metas de inflación” para la política monetaria. Pocos son los opositores que se han pronunciado a favor de las metas de inflación. En realidad, por ejemplo, el grupo de economistas de Sergio Massa, que gestionó la política de  NK y en parte de su gestión al BCRA, nunca suscribió la política de “metas de inflación”. Lo cierto es que, y así lo refleja el INDEC, para CFK la inflación es menos de la mitad de lo que percibe la sociedad. Y no es lo mismo tener 37,1 º de fiebre que 39,7º. De eso se trata. Para unos hay un problema inflacionario y para CFK no.

Finalmente, la industrialización. CFK está convencida que el proceso económico es uno de industrialización. Pero no hay un solo dato (y ninguna política) que avale esa convicción.

En síntesis, los que CFK cita como sus logros económicos, que serían la causa de los ataques electorales de los “suplentes” enviados por los “titulares”, no parece que sean causa de antagonismo con la sola excepción de la inflación.

Y es cierto que, en el método acerca de cómo combatirla, hay una discrepancia básica. CFK, dado que cree que no existe, no se propone nada para combatirla. Pero existe. Y ahí si que – en la oposición – hay pocas propuestas sólidas. Muy pocos han propuesto métodos ortodoxos que implican la sangría recesiva. Pero no son muchos los que han esbozado una estrategia que sea compatible con resolver la inflación y el problema del empleo al mismo tiempo. Porque, y CFK no lo mencionó, estamos enfrentando un problema de inflación y de empleo.

La suma de “ocupados” – en la estadísticas – incluye a muchos que no lo son y esto genera un problema de sustentabilidad de la tasa de empleo que exige una masa de inversiones que, como está, la economía no tiene atisbos de realizar.

Para el miércoles Cristina ha convocado a los “titulares” ¿Para qué? El escenario del encuentro es el puntapié inicial de la represa Cordon Cliff La Barrancosa rebautizada. Una obra – muchas veces amagada – que realizará, entre otros, el grupo Electroingeniería uno de los más conspicuos miembros de la nueva oligarquía de los concesionarios nacidos a la fortuna en esta década.

Lo que sería una sorpresa positiva es que “los titulares” pidieran la unificación del diagnóstico del presente y del futuro; y que CFK admitiera la discusión a fondo; y que pudiéramos concertar , también con los suplentes, como evitar que los problemas reales de inflación y desempleo no se profundicen.

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17 agosto 2013

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