Dos meses es mucho tiempo

25 de agosto de 2013

Por  Carlos Leyba

¿Puede ponerse a la economía entre paréntesis durante dos meses? Es decir, puestos en perspectiva gubernamental, ¿pueden dejarse las cosas de la economía como están, mientras, después de las PASO, nos ocupamos de juntar votos hasta octubre? Más allá de “cómo están” las cosas de la economía, o sea bien, mal o regular, quede claro que – lo que viene léalo en sentido positivo – “algo hay que cambiar para que todo quede como está”.

Las palabras de Giuseppe Tomasi di Lampedusa pueden ser tomadas, en versión negativa, como una sabio consejo del cinismo. Es decir, las medidas del disimulo, para simular un cambio y mantener las cosas que otros, menos yo, pretenden cambiar.

O bien, y esto rara vez se hace y este es el caso, referirse con el autor de El Gatopardo, a un principio sistémico que captura el dinamismo de la vida y se parece más a las ideas de Alicia en el País de las Maravillas: aquél espacio en el que hay que correr para seguir estando en el mismo lugar.

En buen romance, cualquiera sea la idea que tenga el gobierno del estado de la economía, ésta exige cambios o correr, para poder estar en el mismo lugar. Cambiar aunque estemos bien. El inmovilismo inexorablemente atrasa.

Esto es necesario aclararlo porque, de las palabras de la presidente en el Sur y de sus mensajes electrónicos, surge su convicción, aparentemente basada en el ejercicio del análisis comparativo, que estamos mejor que Canadá y Australia. Al menos, según la información propuesta por la presidente, para el conjunto de indicadores que, a su criterio, permiten evaluar el estado de las tres economías.

Siendo que ambos países, con los que decenas de estudios académicos nos han comparado, integran el pelotón de los países exitosos, el estar hoy – Cristina dixit – mejor que ellos (aclara, al menos en el contexto de la “macro”) sería su argumento para fundamentar el “de acá no me muevo”.

Y si a esas expresiones comparativas indirectas le sumamos los comentarios directos que refieren que, para el gobierno, la economía crece a un ritmo tal que deberemos pagar el premio a la deuda refinanciada asociada al PBI; y que los precios crecen muy por debajo de los aumentos salariales  – lo que implicaría una constante y sorprendente redistribución del ingreso –; y que a consecuencia de ello la indigencia habría sido exterminada y la pobreza iría en vías de serlo, la conclusión es obvia: estamos bien y vamos bien. En términos absolutos y ahora, según CFK, en términos comparativos. Guau.

Tentación uno: ¿para qué cambiar?. Tentación dos: profundizar.

¿Rechazó ambas  tentaciones el gobierno después de la derrota en las PASO? ¿Las rechaza después de los movimientos y declaraciones próximos a la diáspora anunciada a partir de la probable derrota de Octubre según cantan las PASO? ¿Las rechazará después de las declaraciones de Daniel Scioli anunciando que acompañará al gobierno para que no termine mal, es decir, para que termine lo mejor posible?

La invitación al debate con los dirigentes empresarios y sindicales, fue realizada en la idea de que ellos deberían exponer sus problemas y sus propuestas de soluciones. Se interpretó como una invitación al debate. ¿Pero quiénes eran los invitados a debatir? La parte más notable de los empresarios allí presentes, cabe aclarar, no son precisamente empresarios. Son ricos, poderosos, emprendedores …  Pero ¿por qué “no son empresarios”? Los más notables en la foto, Eduardo Eurnekian o Jorge Brito o los miembros de la Cámara de la Construcción, etc., propiamente dicho no son empresarios. Al menos si lo son en alguna actividad (bodega, campo, industria, etc.) no estuvieron allí por esas actividades. Siempre están invitados por ser “concesionarios” del Estado. Unos por banqueros. Los bancos son una concesión pública a tiro de una resolución del Banco Central y la confianza de los clientes está dada por la autorización a funcionar del BCRA. Sin ella son más que peligrosos castillos de naipes. Los banqueros están limitados a cumplir las decisiones de la autoridad. Otros por que tienen la concesión de los aeropuertos o de las obras públicas, generosas en rentabilidad. Dependen del oxígeno de las decisiones administrativas.

De una u otra manera, unos y otros, forman parte (sin que los legisladores tengan plena conciencia) de las líneas presupuestarias y dependen de la gracia de la administración. Como es obvio, en esas reuniones, están presentes “para comentar” y recibir algún cachetazo, porque forman parte exquisita de la “nueva oligarquía de los concesionarios” que, en estos años, se han enriquecido al ritmo del crecimiento del presupuesto público y de las cargas financieras del Estado.

Como consecuencia de quienes estaban presentes allí el debate no existió porque no podría haber existido. Más allá de que los presentes sean o no “titulares” de la lista de suplentes que le ganó, en su propia cancha, al joven Martín Insaurralde, a Daniel Scioli y a Cristina Kirchner (los que dieron batalla) ellos no formarán parte nunca de ningún debate, salvo interés particular, por las razones apuntadas.

En síntesis, entre las comparaciones con los países exitosos  – respecto de los cuáles nos va mejor según los indicadores que CFK considera la clave de la macro para la vida cotidiana (la cuota, etc,) – más los datos que produce el INDEC sobre crecimiento, estabilidad y distribución; más el silencio y acuerdo de los concesionarios; nada sugiere que – en estos dos meses – algo vaya a cambiar.

Una salvedad. Durante todo el período K – más precisamente en vida de Néstor – el gobierno se caracterizó por el método del secreto, la sorpresa y el paso a paso. De atrás para adelante, nada global, nada esperable, nada anunciado.

Siguiendo esa tradición la frase “nada va a cambiar en estos dos meses” responde a una idea externa al universo K. Esa idea es que las políticas son globales (responden a un sistema); son debatidas (no son secretas) y son anunciadas (no son sorpresa). Pero esa no es la tradición de esta gestión. Por lo que si bien las cifras y las comparaciones, los silencios y los consentimientos, señalan que, para el gobierno y muchos sectores, todo esta bien y vamos bien; y que – por lo tanto – nada va a cambiar, quedan en pie el secreto, la sorpresa y el paso a paso. Aquí no hay un pronóstico sino la mera constatación que no hay anuncio.

¿El manejo de la economía puede asimilarse al Jenga, juego de 54 maderitas, con el que se construye una torre y desde la cual se van cambiando de lugar las maderitas de modo que la torre no se caiga? Para pensar acerca del “no anuncio”.

No es bueno vivir en los recuerdos. Pero nuestra historia reciente es pródiga en ejemplos de desacertados pronósticos. Y ella nos enseña que dos meses, que en la vida de cada uno es poco, pero en la vida social pueden conformar un escenario de giros copernicanos sorpresivos y globales. Dos meses en la vida colectiva son una enormidad. Miremos un ejemplo propio.

Aquí, quede claro, no pretendemos ni remotamente sugerir la más mínima similitud con los tiempos previos a la implosión de la convertibilidad (2001/2002). Las condiciones económicas, sociales y políticas de hoy son distantes a años luz de los tiempos de la Alianza (aunque los miembros de la Alianza entonces, sean hoy de los más profundizadores K).

La política, aún en la derrota, se perfila como de una enorme estabilidad territorial: la mayor parte de los gobernadores e intendentes de todo el país son aliados del gobierno y aliados entre sí; y además están sostenidos por el discurso que lidera la presidente de la Nación.

La sociedad, aún con las manifestaciones populares masivas de rechazo a muchas decisiones gubernamentales, transita un período de razonable confianza que, a pesar de que las expectativas no sean las mas auspiciosas, deposita alguna fe en la capacidad resolutoria de la autoridad. Las encuestas refieren esos datos.

Y la economía, aunque no navegue la calma chicha que describe el gobierno, ni transite las playas soleadas de la bonanza australiana o canadiense, tiene capacidad de resistencia para aguantar los caminos bacheados y sinuosos que otros vemos. Capacidad que también tiene que ver con la ausencia de vocación por el largo plazo.

Vamos al recuerdo, Página 12 de entonces no era como lo es hoy el órgano de pensamiento oficial del gobierno, no era el líder de la prensa oficialista en 2001. Una de sus plumas más conocidas escribía el 4 de noviembre de 2001:“ El nuevo paquete de Domingo Cavallo probablemente no repercutirá de manera espectacular en la actividad económica. Pero su principal logro ya es evidente: amplió la base de sustentación política y empresaria del gobierno de Fernando de la Rúa. Sectores antes excluidos de la discusión, como el Grupo Productivo, se sienten ahora interlocutores de la nueva política.” ¿Qué tal?

El Grupo Productivo, entonces, tenía como uno de sus portavoces a José Ignacio de Mendiguren, a la sazón Jefe de la UIA, y su foto acompaña la nota que acabó de citar.

Dos meses después de ese paquete económico, que diera lugar al concepto “ampliación de las bases de sustentación”, no sólo Fernando de la Rúa había volado literalmente por el aire, sino que habían entrado a la Casa Rosada, aunque más no fuera por un rato Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde y … de Mendigueren fue ministro.

La desestabilización política, la crisis social y el desastre económico estaban incubados. Pero “el cambio” – al que aludía la pluma de Página 12 – fue llevado a cabo en la “versión cínica”. El “paquete” al que la pluma de Página 12 le asignaba “la ampliación de la base de sustentación política” dejó lo esencial “como estaba” y todo voló por los aires. A dos meses de aquella evaluación esperanzadora no quedaban ni rastros del paquete. Dos meses siempre es mucho tiempo.

Jorge Remes tuvo la tarea de romper aquél paquete y además el 1 a 1 de Cavallo.  Fue un cambio de reversión de fuerzas. Lo que empujaba en una dirección comenzó a empujar en la dirección contraria. Lo que siguió fue una retahíla de buenas noticias, tipo de cambio competitivo, retorno de capitales fugados, explosión de los términos del intercambio, y consolidación política del gobierno, empleo, solvencia fiscal, etc.

Volvamos a hoy. Hasta las elecciones faltan dos meses. Mucho tiempo para la economía. Y mucho más cuando, durante ese tiempo, pasan no pocas cosas sino demasiadas (por ejemplo, las consecuencias de mercado de las decisiones provisionales de la justicia de Estados Unidos) y cuando toda la ciudadanía está atenta y en suspenso a la espera de un resultado electoral cuyas consecuencias los votantes ignoran. Aunque, en cada voto emitido, entiendan que va un paquete de esperanza. Sea porque el voto sea emitido como castigo por el presente; o sea porque el voto emitido es portador de entusiasmo por el futuro. Y mucho tiempo porque las señales de reacomodamiento político son siempre perturbadoras.  Y las hay.

Por todas estas razones, las de las experiencias pasadas y las del escenario presente, aún para que la economía quede como está es necesario introducir “cambios”. En la versión positiva de esa expresión, hay que introducirlos por la dinámica vital de la economía; y en la versión negativa, la del cinismo de Lampedusa, porque de una derrota política, en lo inmediato, se sale cambiando la discusión.

Las palabras, las comparaciones de CFK y el resultado del diálogo del convite a la mega obra hidroeléctrica que ganó la PYME cordobesa de 2003, sugieren que las tentaciones de tipo 1 (¿para qué cambiar?) y de tipo 2 (profundizar) están incidiendo en el ánimo de la mesa chica.

Esto sugiere dos comentarios. En el juego del Jenga, sacar una tablita y lograr que la torre no se caiga, es para pulsos firmes y personas afortunadas. Sobre el pulso no tengo información. Pero sin duda la proverbial suerte de Néstor, Cristina no la heredó. Y en ese caso la mitad de la biblioteca indicaría que lo menos riesgoso es dejar la torre como está y no tratar de ganar el concurso. El segundo comentario es que, como decía aquél sabio político de la DC italiana, cuyo nombre no recuerdo, “en política la categoría del éxito no existe y por lo tanto lo que la sostiene es la “mística”, una cualquiera, por ejemplo el rito Umbanda”. Las comparaciones, los números del INDEC, las reformas anunciadas – sin duda – fortalecen la mística del 26 por ciento de votantes de todo el país (aunque sean minoría) y la adhesión de los jefes territoriales leales. Las dos son buenas razones para cambiar la interpretación  de los hechos, tarea en marcha; y no la política.

Y esta disfruta de lo que todos sabemos; la oposición no encuentra, con la sola excepción de personalidades vitales como Fernando Pino Solanas, una mística que enamore (¿dónde la perdió?).  Y con la torre como está, además, el oficialismo le deja el turno de sacar la tablita a la oposición. Seguramente por eso dos comentarios, que son razones, CFK no cambió sino que le preguntó a sus elegidos concesionarios “titulares”; y por interpósita a los demás ¿cómo lo van a hacer?

“La única verdad es la realidad” Y el vacío nacional consiste en que, en materia económica, no tenemos acuerdo mínimo sobre cuál es la realidad presente. Tampoco sobre la responsabilidad del pasado, lo que no es muy importante. Pero menos acuerdo tenemos sobre la dirección del futuro, lo que hace aún más incierto el presente.

Una incertidumbre grave porque no estamos de acuerdo dónde estamos y todas las comparaciones, en ese caso, pedagógicamente son absolutamente inútiles.

Dos meses es mucho tiempo cualquiera sea la idea que tenga el gobierno del estado de la economía. Esta exige cambios o correr, para poder estar en el mismo lugar. Cambiar aunque estemos bien. El inmovilismo inexorablemente atrasa. Noviembre

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