LA TORMENTA (o encerrona) DE SANTA ROSA

30 de agosto de 2013

Por Carlos Leyba

Al igual que Santa Rosa, CFK desencadenó no una tormenta sino tres para detener otros tantos avances piratas. Primero, el sitio electoral; segundo, el sitio energético; tercero, el nuevo sitio de la deuda. Cada tormenta puede detener un avance. Pero el desembarco ya ocurrió. Se detienen a costa de la quiebra de la propia voluntad. Una encerrona.

Tal cual. Leyenda. Cinco días antes o cinco después del 30 de agosto, se desata una tormenta que remeda la que, en 1651 y en la ciudad de Lima, produjo la oración de quién luego fue Santa Rosa. Los ruegos de Isabel Flores de Oliva desencadenaron la tormenta que impidió el avance de los piratas holandeses.

Pero, si las tormentas impiden llegar, también impiden salir. ¿Una tormenta genera una encerrona? Encerrona: “situación preparada de antemano en que se coloca a alguien para obligarle a que haga algo contra su voluntad” (RAE).

¿Cristina quería aumentar el mínimo no imponible? No.

¿Cristina quería reabrir el canje para los buitres? No.

¿Cristina quería entregarle un pedazo con promesas en Vaca Muerta al capital híper imperialista de Chevron? No.

¿Quién la metió en esta encerrona? ¿Quién le saqueo la voluntad prima ?

Viernes 30 en Casa Rosada no hay asomo de agua. Pero en la semana se habían desatado desde allí varias tormentas.

Una tormenta fiscal; otra legislativa; y una tercera ¿institucional?

La fiscal es el cambio en ganancias; la legislativa es la apertura del cepo cerrojo del canje de la deuda; la institucional es la presión para la sanción de la entrega de una concesión clave con cláusulas confidenciales.

Todas esas tormentas tienden a detener desembarcos de problemas mayores: electorales, financieros y energéticos.

La tributaria procura detener una derrota electoral mayor en Octubre. Y hasta procura – bajo el rigor del agua – descontar distancias y recuperar viejos aliados. Siete por ciento más para Martín Insaurralde impedirían la diáspora de los aún leales y provocarían el retorno de algún apresurado.

La apertura del cepo cerrojo del canje de la deuda y las demás derivaciones, serán sancionadas por ley para intentar evitar un default técnico. Ese default dos haría virar el blue al red. Mantener la liquidez en ese marco adverso sería titánico. Difícil pronóstico.

La sanción de las normas que habilitan la concesión a Chevron, intermediada por YPF, intentan evitar la desesperanza (¿desinversión?) en materia de superación de la descomunal crisis energética que seguiremos sufriendo igual por unos años.

Puede que la tormenta tributaria impida el avance de los piratas del Tigre que quieren llegar a Octubre bien pertrechados para intentar el asalto al poder en 2015. Pero la tormenta también puede empantanar el acceso a recursos para el Estado Fiscal Consumista que ha sido la Fuente de Juvencia electoral de Cristina.

Puede que la apertura del cepo cerrojo al canje de deuda, genere comprensión por parte de la Corte de los Estados Unidos o el apoyo del gobierno americano y una vía a la negociación con los buitres. Pero esa tormenta, que deshoja el “no pagaré” que hasta ayer no más regía, puede llover lavandina para el discurso del desendeudamiento si la consecuencia fuera generar nuevas concesiones de pago. ¿Qué otra?

Y finalmente la cesión del área de Vaca Muerta, en condiciones que ignoramos, puede generar esperanzas de superación de la crisis energética si hay acompañamiento de nuevas y mayores inversiones de grandes petroleras. Pero eso es lo que puede provocar mermas impensadas en la épica del discurso dominante de la liberación.

¿Riesgo de erosión de caja en pesos, riesgo de erosión del discurso de la deuda, riesgo de erosión del discurso de la soberanía energética?

Desde el punto de vista electoral, que no paguen impuesto a las ganancias más de un millón de personas, puede arrimar boletas electorales a las urnas kirchneristas.

Desde el punto de vista financiero internacional, la propuesta de la apertura del canje para negociar, puede generar un espacio de buena voluntad. Negarlo es tozudez.

Desde el punto de vista del futuro energético, bueno o malo, lo de Chevron es un paso hacia la explotación de recursos abundantes cuyo costo – en todo sentido – ignoramos.

Pero esas tormentas de “beneficios para el poder” tienen costos. Pero atención, los costos alternativos de no hacer nada eran francamente demoledoras para la gestión K: no tocar ganancias, no reconocer la crisis energética y no hacer nada por el canje implicaría perdida en el corto, mediano y largo plazo.

¿Arriesgar una derrota, aún mayor que la de Agosto, inmolándose por una arbitrariedad tributaria? Cumplir con la sentencia pro buitres antes de 2014, sin apelarla, ¿no llevaría a multiplicar el endeudamiento y a una catástrofe financiera? Dejar las cosas como están en materia energética, más allá de la existencia de otras salidas, condenaría la economía a una vida de escasez absolutamente insostenible para el Estado Fiscal Consumista.

CFK lanzó tres tormentas. Las tres para detener el avance pirata. Pero el desembarco ya ocurrió. Y a las tres tormentas aplica la definición de encerrona: quiebre de la voluntad originaria.

En el origen de los problemas que llevan a la tormenta y a la encerrona, hay una metodología común: ausencia de enfoque sistémico, ausencia de plan, ausencia de previsión del futuro. Eso es la consecuencia de consagrar la política del paso a paso y la estrategia del secreto y de la sorpresa. Ese método tal vez puede funcionar en la abundancia. Pero no en la escasez que es el estado natural de la economía y de la política. Recursos escasos ante los objetivos. Votos son escasos cuando las decisiones afectan el largo plazo. En todo caso, a ese método, lo puede sostener la mística. ¿Pero cómo aguantarla haciendo lo contrario de lo que queríamos?

“Cada presente está cargado de la presencia de lo que será” (Jean Guitton, Historia y Destino); y no tener en cuenta esa dimensión transforma a la política en gestión; y al poder en administración.

Es que llegamos a estas tormentas a causa del encogimiento de la política. Un mal local y de época, que surgió con la dictadura. Veamos.

La cuestión ganancias es hija de la inflación destratada; la cuestión de la Justicia yankee es hija de los errores desde su primer día (sí, con el diario del lunes) de la gestión del canje; la cuestión de Chevron es hija de los horrores de la política energética. Nada cayó en paracaídas. Todo es de una larga marcha de la infantería en la dirección equivocada.

Entonces en el origen los desembarcos de los problemas fueron de fuerzas interiores. En el trayecto se produjo su metamorfosis. “El presente estaba en las entrañas del pasado”. Y el pasado no se exorciza con relatos. Hay que sacarle la ponzoña que contiene o nos envenena.

Recemos todos para que escampe en lo fiscal, en la deuda y en lo energético. Que salgamos de la encerrona. ¿Cómo en el laberinto de Leopoldo Marechal del que sólo se sale por arriba?

Volvamos a las causas de la amenaza de los piratas. Ellos ya han saqueado la voluntad. ¿Quiénes son?

De atrás para adelante. Empecemos por la energía. ¿Quién es el pirata que primero desembarcó en ese territorio? El Presidente de YPF dijo “En la Argentina tenemos un déficit energético que es serio, y si no hacemos algo va a empeorar”. El “algo” que propone M. Galuccio es el contrato secreto con Chevron que podrá o no,  impedir que de aquí a cinco años las cosas sigan como están o que empeoren. Pero nada puede hacer en lo inmediato. Seguiremos con un “déficit energético serio” que significa problemas serios en toda la economía. Siempre que es urgente es tarde.

Desde que llegó Galuccio, mayo de 2012, el problema “serio” no dejó de agravarse. Se arrastra desde la privatización e incluyó la gestión K. Los rastros del menemismo se revelan en la ausencia de objetivos nacionales energéticos y de controles de los recursos. Saqueo energético. Al desembarco pirata (privatización) provocador de esta crisis,  Néstor Kirchner lo multiplicó con la indefendible incorporación a YPF de los Eskenazi, concesionarios menemistas nacidos a la fortuna con el favor de los 90 favores prorrogados hasta hoy. Una vergüenza para los argentinos entrampados por aventureros.

Cristina, en defensa de Chevron, dijo “ Se requiere mucha inversión …; algunos a los que no les importó durante los años 90 cuando se desnacionalizaba nuestra empresa energética, hoy se han puesto muy quisquillosos”.

Sí ¿ Quiénes? La desnacionalización de YPF tuvo como desaforado miembro informante a Oscar Parrilli, con el apoyo explícito de Néstor y Cristina. Ellos no tienen la responsabilidad del desmadre de los 90. Desmadre que podría haber sido menos grave. Pero los K sí tienen responsabilidad por todo lo ocurrido desde  2003. Venimos barranca abajo. Durante ocho de estos diez años, los responsables del área negaron la carencia. Hace dos años reconocieron el desastre. Desde entonces lo profundizaron.

¿Qué es lo que permitió el saqueo? El método y las personas. Se pueden cambiar las personas. Pero nada cambia si no cambia el método. ¿Con el contrato de Chevron cambian los métodos?

La segunda tormenta es la vinculada a la deuda con los buitres y con la Justicia yankee. ¿Quién eligió la jurisdicción de Estados Unidos y quién inventó la cláusula del ajuste por PBI y por Precios?

El cash flow de la deuda, como demostró Alberto Muller de la FCE UBA, constituye una quita efectiva de 35,9 por ciento o bien de 0,7 por ciento, según sea la tasa de descuento que se utilice. No la alharaca del 70 por ciento del marketing al revés.

¿Acaso no pagamos mucho más de lo que efectivamente pusieron la mayoría de los acreedores?

¿Para que alardear que no pagamos, si en realidad pagamos – para la mayoría que compraron los bonos a valor de quiebra – una cifra más que satisfactoria y según algunos, igual al valor facial de los bonos originales?¿

Por qué, al igual que lo hizo la Patria Financiera, pagamos comisiones y elegimos lugares de pago que no controlamos?

¿Por qué no hicimos un censo del valor real de compra de los tenedores?

¿Por qué no usamos al Banco Nación para todos los trámites?

Es cierto, es fácil hablar con el diario del lunes. Pero todas estas cosas se sabían antes del domingo; y se dijeron también antes del domingo.

Quien cree en la quita no puede condenar el default.

Quien paga – como dijo la Presidente – 170 mil millones de dólares!!, debería haber contado con la experiencia legal, financiera y diplomática para no quedar desamparados en ajena jurisdicción. Y también contar con la profesionalidad local para no agigantar los números de crecimiento del PBI y así pagar mas deuda, en lugar de los números mas probables que hubieran permitido “agrandar en la práctica la quita”.

Para el relato  INDEC, entre 2006 y 2012, crecimos 41 por ciento. Para los cálculos sólidos de Ariel Coremberg 25 por ciento. Esa diferencia en nada cambia la vida de las personas. Pero crea un abismo en el rendimiento de los bonos atados al PBI.

¿Cuál fue entonces el primer desembarco que hace ondular la bandera corsaria por la deuda? ¿Por qué no denunciamos los Convenios del CIADI en 2003? Tantas cosas. Lo hecho, hecho está y los errores (descuidos, imprudencias) forman parte de la realidad que debemos enfrentar.

Está bien que Cristina haya señalado “que Dios ilumine” a la Corte. Los buitres han obscurecido la verdad; y nosotros, con nuestras actitudes poco astutas, hemos encandilado a los jueces.

Ahora se trata de iluminar la verdad: los buitres tienen que cobrar como los demás. Es lo justo, es la lógica y es lo que fortalece el orden jurídico internacional.

Si la Corte decide en contra de la Argentina (o deja las cosas como están)y a favor del pago integro reclamado, es porque permanece en la oscuridad de los buitres o en el encandilamiento de los argentinos. Y esa es una verdadera encerrona.

Se podrá rechazar, desacatar o lo que se quiera. Pero nada nos hará bien.

El desembarco empezó con la deuda en 1976 y siguió, como en el desfile de Aída, con dólares que entraban por una puerta y salían para volver a entrar, cobrar tasas de fuga, y así.

Pero después del default, y lo que nos pasa lo demuestra, la negociación de la deuda no fue todo lo exitosa que se proclama. Los piratas siguen ahí. Una encerrona: quien decide no está pudiendo hacer su voluntad. La tormenta no los dejará pasar pero nos quedamos encerrados.

La tercera tormenta es la fiscal. ¿Cuál es el primer desembarco? No lo dude: la inflación y la comparsa de su negación. Si hay algo de la economía de lo que se dan cuenta los ciudadanos es de la inflación y el desempleo. Felizmente, a pesar de un crecimiento fuerte, aunque menor que el que se predica acerca de la década ganada, y de la ausencia de inversiones reproductivas, el desempleo está lejano. O en todo caso está lejos la situación de masas de argentinos sin ingresos.

La gestión de CFK en esto ha sido enfática. La AUH, las cooperativas, los planes, la pensiones, las jubilaciones han perforado el muro de la indigencia y generado recursos para que muchos hayan salido de la pobreza (no nos referimos a los número del INDEC) y muchos otros, siendo pobres, estén por lo menos en un borde de supervivencia. Esta estrategia es un antídoto eficaz contra las consecuencias del desempleo. Pero no es una herramienta de la productividad.

Y, finalmente, el Estado Fiscal Consumista, si no alienta a la inversión reproductiva, más tarde o más temprano, se encuentra con una tasa de inflación que, aunque controlada por debajo del 30 por ciento, se comporta como una barrera para la inversión.

Los males de la inflación, del lado de los ingresos, se pueden remediar con ajustes nominales; pero los males de la inversión, derivados de la inflación, no se curan sin políticas específicas para ello.

La tormenta fiscal que, seguramente habrá de permitir el empantanamiento de los piratas del Tigre para que no sigan avanzando, también es una encerrona. Se tuvo que hacer lo que no se quería hacer para evitar el asalto. Pero ¿quién y cómo traerá ahora al Estado Fiscal Consumista vituallas similares a las que traía ganancias que ahora se diluyen debajo de la tormenta?

Aquí estamos. En una encerrona. La lógica de la tormenta de Santa Rosa impide tanto entrar como salir. Laberinto. El arte de la política es salir por arriba. Pero para volar alto y sereno hay que tener alas de Cóndor; y un alma generosa. Oremos.

compartir nota
30 agosto 2013

LA TORMENTA (o encerrona) DE SANTA ROSA

Los comentarios están cerrados.