ENSILLAR LA HISTORIA

Ensillar la historia

20 de septiembre de 2013

Carlos Leyba

Nota publicada en “El Economista”

La presidente de la Nacion introdujo el reportaje como un nuevo formato de comunicación semanal. Apeló a un periodista con dedicación a temas históricos. Como era de esperar surgieron algunos juicios acerca del último gobierno del fundador del movimiento peronista gracias al cual, Nestor y Cristina Kirchner, acumularon lo necesario para iniciar y alcanzar el protagonismo político que los llevó al poder,primero en el municipio de Río Gallegos, luego en la provincia de Santa Cruz y finalmente a la presidencia de la Nación. Un periplo, salvando tiempo y distancia, similar al de Carlos Menem.

El origen es, simplificando, el mismo. La marca es la misma. Los caminos, hasta aqui y – al menos para esta etapa en la que faltan dos años para que finalice – han sido en principio de sentido contrario pero con cosas en común.

Menem fue gobernador durante la tercera presidencia de Perón. Y los jóvenes Kirchner, en aquellos años, formaban parte de la legion de universitarios que habían descubierto en Perón un líder que habia construido una fuerza politica treinta años antes. Ambas gestiones tienen en común el rechazo de la concertacion como método de gobierno. Pero la concertacion fue el método del último Perón. CFK recordó el Pacto del 73 como revolucionario. ¿Qué fue lo revolucionario de ese programa? Veamos.

A Peron se le reconocen muchas maximas. Como a todas ellas  las hace ricas la oportunidad. En momentos de extrema tension, el viejo lider aclaró que “la historia se cabalga”. Una fuerza vital a la que el jinete conduce en la dirección consciente y deseada, sorteando o evitando obstáculos según la dimensión de los mismos y las fuerzas de esa cabalgadura llamada historia. Todo importa.

Hay momentos llanos y una historia briosa y la mirada del jinete es la única información que realmente cuenta. Los hay en los que la historia acumula fatigas; y tiene por delante un camino escabroso, y si bien nunca el jinete debe perder el horizonte para cumplir con la tarea de conducir, no es menos cierto que, en esos casos, los pequeños movimientos, mas que la proyección de la mirada, marcan la calidad de la monta.

El camino a la que fuera la tercera presidencia de Perón, comenzó con un acuerdo político que inspiró y puso en marcha su adversario de años, don Ricardo Balbin. La Hora del Pueblo (1971) constituyó la alianza de todos los partidos políticos democráticos que fundó las reglas del diálogo con la finalidad de coincidencias básicas para una comprensión única de la vida institucional en nuestro pais. Quienes la firmaron hacían el reconocimiento de responsabilidades por la vida institucional de baja calidad y la interrupción de las reglas constitucionales. Un mea culpa necesario para revitalizar instituciones y terminar con el régimen autoritario que, como elemento central, disponía la proscripción del peronismo y especialmente del propio Perón. Este es su método revolucionario en tiempos de violencia irracional.

El segundo paso, que incluye a otros mas pequeños pero imprescindibles, fue el de las “Coincidencias Programáticas de los partidos políticos y las organizaciones sociales y económicas”. Ese documento contiene objetivos económicos y sociales y una detallada agenda legislativa. Fue una respuesta de consenso a la recesión,  con inflación (80 por ciento anual) que había dejado, decía, “a hombres y mujeres sin trabajo” en los primeros años de los 70. En el marco de un largo periodo de expansión industrial, la coyuntura pasaba por un periodo de veloz crecímiento de la desocupación.

Las fuerzas políticas, el sindicalismo unificado y los empresarios nacionales, coincidían en que la productividad ganada  y no distribuida conformaba un freno al crecimiento de la economía. Reactivar reclamaba acuerdos para acrecentar la productividad y distribuirla. Por eso convocaron a la política para darle institucionalidad futura.

Esos acuerdos fueron la base de los partidos y las organizaciones sociales y económicas, para lograr la democracia plena sin proscripciones; y para poner en marcha un ambicioso programa de desarrollo con redistribución progresiva del ingreso en todas las dimensiones, incluida la territorial. Transformar y democratizar el país implicaba un mandato para terminar con los desequilibrios regionales. Ese acuerdo programático para el largo plazo fue su contenido revolucionario.

Perón aportaba su liderazgo de mayoría electoral y de los jóvenes.

El poder institucional estaba ocupado por la fuerza militar y en las calles la guerrilla aspiraba a sustituirlo, por la fuerza y para instaurar el socialismo.

Perón, acompañado por los partidos y las fuerzas sociales que representaban realidades concretas, formulaban una alternativa sólida a la ocupación del poder por la fuerza, por parte de los militares, y a la pugna por ocuparlo de parte de la guerrilla.

En 1973 se abre la instancia electoral. La primera convocatoria mantuvo la proscripción a Perón.

Las Coincidencias Programáticas, firmadas mucho tiempo antes de las elecciones, formaron parte de la plataforma de todos los partidos. Al asumir el Frente el gobierno, se firma el Acta de Compromiso entre el Estado, la CGT y los representantes de la CGE con el acuerdo de la conducción de la UIA presente en el acto de la firma. Ese Acta, a la que se llama Pacto, es ratificada luego por todas las organizaciones empresarias del país. Una revolución del entendimiento.

El “Pacto” no sólo fue la base de un acuerdo de política de ingresos para contener la inflación y redistribuir la productividad ganada en una década, sino que contiene 20 leyes que, poco después, el Parlamento aprueba por unanimidad. Sobre esa base se puso en marcha la elaboracion de un Plan de Desarrollo concertado con todas las autoridades provinciales y las fuerzas sociales regionales.

Durante su gestión, ni el presidente Campora ni sus colaboradores, participaron de la elaboración de las medidas. Las apoyaron como consecuencia del compromiso de Perón.

Las minorías, agrupaciones políticas que comandaba Álvaro Alzogaray, la versión temprana del neoliberalismo; y los grupos guerrilleros – de todas las tendencias – se movilizaron,estos con violencia, contra del Acuerdo.

Eran minorías irrelevantes desde el punto de vista electoral, como quedó demostrado con la elección de Perón para la presidencia la que concitó mas del 60 por ciento del electorado a lo que hay que sumar otro 30 por ciento de votos a partidos que formaban parte de las Coincidencias.

Horas después de ese triunfo, aquí cabe la palabra, los enemigos del Pacto asesinaron a José Ignacio Rucci que había tejido esos acuerdos desde 1971.

CFK recordó el Pacto en el reportaje. Y un apreciado colega hoy crítico, pero que en aquel momento lo elogiaba, lo comparó  – para criticarlo – con el Pacto de la Moncloa. Más allá que Moncloa se firma años después de la crisis del petroleo – y de la muerte de Perón – y de que mantuvo en España’20 años la tasa de desempleo en 20 porciento, lo cierto es que la Moncloa no se abandonó. No es el caso del Pacto del 73. Lo que se abandona no fracasa.

El Pacto, legado político e ideológico de Perón, dejo resultados, pero sufrió desde la descomunal crisis del petróleo hasta el brutal e increible asesinato de Rucci a manos de la guerrilla con la finalidad de reprimir a Perón y acabar con su programa.

Sin Perón, los adversarios y enemigos de las Coincidencias, sin apoyo popular, dieron el golpe de Palacio para abandonar el Pacto. Lo que se abandona no fracasa.

En realidad el gran fracaso del peronismo, la dirigencia política toda, y la económica y social, en estos años, es haber abandonado ese legado del tercer gobierno de Peron destinado a encontrar la revolución de las coincidencias para el desarrollo, el incremento y la distribución de la productividad.

En la práctica y más allá de las palabras en contrario, el abandono del diálogo y el acuerdo, ha significado bajarse del caballo y dejar a la historia desensillada y al galope.

Hoy – en medio de un clima electoral ríspido – más que nunca, vale la pena ensillarla. Sigue habiendo oportunidades. Lo hicieron en un brutal clima de violencia Perón,Balbin, Óscar Alende, Horacio Sueldo, Jorge A. Ramos, Rucci, José Gelbard, Humberto Volando y tantos otros políticos, sindicalistas y empresarios, de distintas tradiciones, pero de un gran sentido de Nación y de futuro. Hoy eso sería la revolución moral necesaria del método y del contenido. Vale la pena repasar  y ensillar la historia.

idto

ni terminó con el líder conduciendo el Estado. La breve presidencia de Héctor Cámpora concluyó con el despido que le propinó el propio Perón. A su muerte lo sucedió Estela Martínez.

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20 septiembre 2013

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