Textos confusos de campaña

5 de octubre de 2013

Carlos Leyba

“Ella nos ha marcado el camino del futuro, de esta década de recuperación, tras la cual viene una gran década de desarrollo, si somos capaz de cuidar estos logros y construir un futuro mejor” Daniel Scioli. “La obligación que tenemos es el desarrollo”. Así termina un aviso radial de la campaña de Martín Insaurralde (MI) que ha lanzado un nuevo modelo de comunicación a causa de su magra cosecha en las PASO. ¿Qué es lo nuevo?

Primero, dejó de lado a Cristina Fernández y Daniel Scioli ¿fueron esos abrazos los que redujeron sus posibilidades electorales?

Segundo, puso en valor un mensaje propio que, trascendió, es producto de un consultor de marketing político que antes asesoró a Sergio Massa.

Tercero, el nuevo mensaje resultó mellizo al de Massa.

Nota al pie: aires de familia, rasgos comunes, un fenómeno nuevo en la política que responde al orígen de su producción en agencias de marketing. Los candidatos han adoptado como padres putativos al matrimonio de la encuesta y el marketing; y por eso la mayor parte de ellos tienen aire de familia: es dificil identificar la diferencia. Massa ha desplazado (¿es parte de su éxito?) a Daniel Scioli del lugar de protagonista de la armonía (¿causa de la declinación?) apropiándose del “vamos para adelante”; e Insaurralde, más nuevo en las lídes publicitarias, exhibe un estilo paralelo a sus predecesores y comprovincianos que incluye (imita Scioli) a una modelo exhibida como compañera.

Volvamos al texto de campaña. Decir sin más, “la obligación que tenemos es el desarrollo” (MI) es reconocer que “el desarrollo” está pendiente. Si hiciera falta la expresión de Scioli no deja dudas. No es lo mismo decir “hemos cumplido o, mejor, estamos cumpliendo la obligación del desarrollo” que decir que es “una obligacion” a secas. Al igual que la afirmación de Scioli, en boca del opositor Massa, sería una propuesta de reemplazo; pero en boca del candidato oficialista suena a contradicción. ¿Entonces en 10 años no hubo desarrollo? A confesión de parte relevo de prueba.

Es que si el oficilista dice lo que podría decir el contrario, el discurso de la política está vacío de contenido. ¿Causa? Los candidatos compran formas publicitarias con la lógica de producto y mercado. Siempre hay excepciones.

Las campañas dicen ¡conózcame!; no demasiado. Tratan de abolir el pasado; cambiar la percepción de lo que me enccontraba haciendo; disipar compromiso preciso con el futuro. ¿La razón? Es que las explicaciones del pasado, del presente y del futuro de todos esos candidatos pueden llevar demasiado lejos y así exponer contradicciones dificiles de sostener.

Por eso se producen y se distribuyen mensajes licuados que se adaptan a lo que el receptor (votante) quiera entender.

A causa de esa nueva forma de producción de la política, ser candidato es muy caro (en muchos sentidos). Contratan encuestadores, que relevan lo que “la gente”quiere; más consultores de marketing que proponen los escenarios (dónde y a quiénes) para exponer (las piezas de campaña) con la finalidad que los votantes piensen “éste dice lo que yo pienso”. Y todos cobran.

¿La política está al revés? Sí. La política debe ser pedagogía, señalamiento de camino, liderazgo de conducción. Primero programa; después discurso que lo exprese, lo fundamente y lo haga atractivo. Campaña para convencer del programa y con vencer de vencer juntos los obstáculos identificados para resolver los problemas colectivos, único escenario en el que los problemas individuales se resuelven realmente.

Hoy estamos al revés. El discurso es eco del lugar común. De ahí surge la poca confianza que, a esta versión de la política, le tiene la sociedad. Las personas se preguntan ¿para qué necesito al eco?

El vaciamiento de la política se deber a la renuncia al contenido pedagógico y propositivo. La consecuencia es la erosión de la confianza y la exacerbación del individualismo; de ahí un paso a la muerte de la política y del sentido moral de autoridad. Y además la orfandad de pensamiento amenaza de vaciamiento intelectual a las tareas de gobierno. El pez se pudre por la cabeza.

La publicidad de Insaurralde “la obligación que tenemos es el desarrollo”, que debería ser de los opositores, tiene razón. El desarrollo es “la” obligación incumplida y por eso contradice al discurso oficial. ¿Fue dicho sin querer? Por lo pronto Insaurralde no define el desarrollo.

Definirlo sería poner en claro lo que el oficialismo no ha hecho; y también lo que se propone hacer y, fundamentalmente, los precios que habría que pagar por ello.

Decirlo ¿fue un paso en falso? ¿o un acierto? Si consideramos que Scioli lo dijo más claro aún, estamos ante un diagnóstico certero. El problema de ésta década – en la que hubo crecimiento –es el inclumplimento de la obligación del desarrollo. Excelente síntesis que sorprende en la voz oficialista porque no es propio de la entraña K afirmar carencias propias.

¿Qué pasó en esta década? Crecimos hasta agotar la infraestructura económica y social; y sin acumular (desacumulando) en lo prioritario. Carencias energéticas y de transporte (balance energético, trenes, barcos, rutas); o las deudas impagas en materia social (pobreza, educación, ejercito ni ni, inseguridad y violencia social); o los problemas financieros (finanzas municipales, provinciales, nacional; capacidad de financiamiento externo, mercado cambiario paralelo, etc.), ponen en evidencia que pasó el crecimiento y no llegó el desarrollo.

Dijo bien MI “la obligacion que tenemos es el desarrollo” y es una obligación vigente y pendiente desde el primer año de ésta década (2003).

El abuso del marketing llevó palabras a bocas equivocadas lo que evidencia que hay más preocupación por construcción de imágenes que de proyectos: faroles, cordón cuneta, etc.

Las palabras equivocadas por los consejos de imagen están en todos lados.

Por ejemplo en las filas de Massa, quien se autodefine como “el economista de Massa”, en un reportaje a la Agencia Paco Urondo, dijo “Tenemos una visión continuista de reconocer los importantes avances de estos 10 años” “hasta el año 2010,2011, el gobierno llevó una política razonable” “este es (el de Massa) un proyecto que no rompe con el pasado” “la verdad es que Argentina no tiene problemas estructurales. Con muy poquito se podrían hacer cosas que no están haciendo”. APU 5/7/2013

Notable, el oficialista reclama el desarrollo, es decir, el reconocimiento de problemas estructurales; y el principal opositor los niega. Señala que “con muy poquito se podrían hacer las cosas que no están haciendo”. Banalidad del marketing.

Desarrollo.Está década fue la de los emergentes (BRICS más Aguilas). Y el mundo cambió. A paridad del poder adquisitivo, Asia representa 42 por ciento del PBI mundial y de eso la mitad China más India. Un cambio oceánico. Hay un sorprendente cambio en los precios relativos a favor de las materias primas y de bajas tasas de interés. El poroto de soja, nuestra estrella, entre 1996 y 2002 tuvo un precio promedio de 236 dólares por tonelada y en la década 2003/2012 tuvo un promedio de 411 dólares por tonelada. Incremento de 74 por ciento en dólares. En el período 2012/2003 la tasa activa de interés en Estados Unidos fue de 4,9 por ciento; y fue 8 por ciento de 1983 a 2002: bajó a la mitad.

Una década de muchos cambios, muchas oportunidades y muchos desafíos heredados de décadas de estancamiento y horror social y económico.

Pero, con cualquier herencia, diez años es mucho tiempo; es el horizonte habitual para las estrategias de desarrollo. Por ejemplo, Francia está en el proyecto “¿Qué Francia en los próximos 10 años?” Un debate nacional de fondo promovido por el Presidente F. Hollande.

Los pilares de esta década han sido los problemas que nos condicionaron, que nos amarran; y las inmensas oportunidades que podían ayudar a liberarnos.La “liberación” no ocurrió. Es lo que dice Insaurralde y compartimos; y lo que niega el economista de Massa. ¿?

¿Por qué ocurrió? El estilo K renuncia al Plan y valora la sorpresa y la astucia del corto plazo; lo que atenta contra la productividad de la gestión que termina siendo una administración, acertada o  no, sometida a la capacidad de imposición que tiene lo urgente aunque, finalmente, sea portador de una problemática trivial mirada desde el largo plazo.

¿Por qué diez años, además de ser lo habitual, pueden ser claves para desarrollar un país?

Miremos una magnitud para decodificar el significado económico de una década. Según el INDEC en la década la tasa de inversión ha sido del 21 por ciento del PBI. El capital así acumulado– sin amortizaciones – representa 2,1 veces el PBI de un año. Esa relación capital/producto de 2,1 es similar a la del stock de capital acumulado hasta 2006 (2,2) en relación al PBI de ese año.

Es decir, diez años bien puedens ser suficientes para reponer e incrementar el stock de capital heredado: ese es el valor estratégico de 10 años. Como es obvio la velocidad de reposición e incremento dependen de la tasa de acumulación. Toda transformación depende de la tasa de acumulación y del destino que se le asigne.

El proceso de acumulación de 2003/2012 ocurrió en un período de crecimiento. Una primera etapa de recuperación, que concluyó en 2005, cuando el PBI alcanzó el nivel de 1998; y una segunda (desde 2005) de crecimiento. Hasta 2012 el PBI creció 7,7 por ciento anual (promedio simple) según INDEC y 6 por ciento anual según Ariel Coremberg (UBA).

¿Qué hicimos con esa acumulación? Se puede acumular para seguir haciendo lo mismo. En ese caso crecemos sin desarrollarnos. O podemos acumular para cambiar lo que producimos y el modo de hacerlo: en ese caso nos desarrollamos.

Acumular para hacer lo mismo, reproduce la misma sociedad que tenemos. Es decir reproduce la pobreza, y la tendencia a la concentración urbana que tenemos; y repite el nivel de productividad y el patrón de distribución que surgen del modelo productivo dominante.

Para no repetir la estructura de la distribución y la productividad; y no reproducir la pobreza y la concentración urbana, es necesario acumular para el desarrollo. Y eso consiste en cambiar lo que producimos y el modo en el que lo hacemos. Eso es el desarrollo.

Ningún país se desarrolla o se ha desarrollado (menos pobreza, menos concentración, más productividad, redistribución) sino cambia o cambió, el modo de producción.

En estos diez años nos recuperamos y crecimos. Pero el modelo de producción no cambió.

Ningún país se desarrolla haciendo más de los mismo, aunque haga muchísimo más de lo mismo. El desarrollo supone un cambio radical del patrón productivo. Y eso no ocurrió: los aumentos de producción no estuvieron acompañados de la dimensión del Desarrollo. Nuestra economía sigue siendo dependiente del patrón exportador primario y de una infaestructa precaria para la dimensión alcanzada por nuestra economía.

La soja, incluyendo toda la producción primaria, pagará la cuenta del déficit comercial externo de la industria; y deberá pagar el déficit energético que, a pesar de la reducción de los compromisos de la deuda externa pública, obliga a complejas ingenierías para impedir que esa dependencia se convierta en estancamiento.

Esta situación se origina en no haber dirigido la acumulación al desarrollo como proceso de transformación del patrón productivo.

No han sido sólo las oportunidades y el crecimiento sino que, en los años que lleva el kirchnerismo en el poder, logró, lo que es sin duda su mayor mérito, una notable recuperación del comando de la economía por parte del Estado.

Esta década fue, entonces, el tiempo necesario para el diseño estratégico, tuvo el comando logrado del Estado y las oportunidades de contexto, todas las herramientas para la transformación del modo de producción. No sólo por el monto de la acumulación – condición necesaria para la transformación – sino por la disponibilidad de todas las dimensiones que requiere, en estos diez años tuvimos la posibilidad de lograr una etapa del desarrollo. ¿Lo logramos?

La industria, en el período 1993/2002, representó 17 porciento del PBI; en el período 2003/2012 bajó a 16 por ciento: no hubo inudstrialización.

La estructura de la inversión (construcción, maquinaria y equipo, y material de transporte) mantuvo las mismas proporciones en ambas décadas.

El 57 por ciento de las exportaciones hoy tiene origen primario o de primera elaboración de esas materias igual que en 1993/2002.

No hubo transformación.

Esto se refleja en la dinámica de la estructura del empleo (trabajo en negro, empleo público, planes) y su productividad; y en la estructura social: en la década no se ha modificado la proporción de las personas que tienen un ingreso anual por debajo de la mitad del PBI por habitante.

Crecimos, engordamos; pero, como dice el candidato oficialista no hay señales de desarrollo porque es una obligación pendiente. La musculatura sigue fofa.

Una pena que es dificil que se cure si la política sigue en las manos de los marketineros que, en realidad, vacían de pensamiento, propuestas y pedagogía los semilleros de la política.

El desarrollo, que significa cambiar, siempre es obra de la política mayúscula. No lo producen ni el marketing, ni el viento, ni la promesa. Ellos se agotan en textos de campaña mientras todos tenemos la pena de desarrollo.

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05 octubre 2013

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