Camino erróneo

11 de octubre de 2013

Carlos Leyba

La expresión “camino erróneo”, con la que calificará  Carta Abierta a la política ferroviaria y energética, en el documento que se dará a conocer el 12 de Octubre, difícilmente le caiga bien al supervisor político de ese grupo. El  doctor Carlos Zanini, conocedor de los textos de Mao Tsetung, recordará que al respecto su líder escribió: “Un partido revolucionario es el guía de las masas, y no hay revolución que no fracase cuando ese partido las conduce por un camino erróneo” en Análisis de las clases de la sociedad china, 1926, Obras escogidas, Ediciones en Lenguas extranjeras, Tomo I, Beijing, 1971. Una expresión infeliz. Los kirchneristas, que se autocalifican como intelectuales y practican un lenguaje elitista, se reúnen en  el espacio público de la Biblioteca Nacional bajo el nombre privado de “Carta Abierta”. Ha trascendido que mañana darán a conocer que acaban de descubrir dos errores estratégicos y estructurales, sencillamente gigantescos, en los diez años de política K. Los intelectuales se toman su tiempo. Y está bien. Pero sorprende que errores estratégicos (dirección) y estructurales (bases) gigantescos (de tamaño mayor a nuestras capacidades) se descubran diez años después, a pesar de los ruidos catastróficos que ambos errores han generado en todas las líneas de interpretación de la política.

Este descubrimiento bien que tardío – en el año 10 – y por lo tanto sin consecuencias como para revertir los daños ya ocasionados, se produce al mismo tiempo que la mayoría de los ciudadanos, con distintas visiones acerca de la realidad, manifiestan su disconformidad con la gestión gubernamental. La disconformidad en el terreno electoral implica un pronóstico de parte de los ciudadanos. Ese pronóstico es que el futuro, en manos de los actuales administradores, no será, como mínimo, mejor que el presente. Y tres cuartos de los votantes mandan un mensaje de “cambien o los tendremos que cambiar”.

Si los intelectuales de un programa tienen una misión esa es la de señalar los errores que pueden provocar el fracaso de ese programa. ¿Lo hacen, lo hicieron, los de Carta Abierta?

Los intelectuales orgánicos K, miembros de Carta Abierta, ante lo inevitable del fracaso, finalmente cuestionan la política del gobierno en materia ferroviaria, que es decir la política de transporte; y en materia energética, que es decir referido a la política de “independencia económica”.

¿Cuándo una crítica es honesta? Sin duda que, como mínimo, lo es cuando se trata de una advertencia. Y lo esencial de la advertencia es que procura evitar que ocurra lo indeseable. No resulta muy productiva una crítica formulada diez años después. Para los amigos es meterles el dedo en la llaga. Y para los sufrientes ciudadanos es sencillamente una cargada.

Se supone que quienes forman ese grupo son profesionales, militantes, todos adultos; y comprometidos con un proyecto que, ellos interpretan, es el proyecto nacional único que, para ellos, es el proyecto kirchnerista. No es un grupo de intelectuales que conforman un colectivo de ideas que creen que sus ideas pueden estar morando en otras agrupaciones políticas. No. Carta Abierta es una identidad con la gestión K. Por eso los desvíos se señalan sólo cuando es inevitable. Nunca como advertencia previa. Veamos.

¿Quiénes privatizaron YPF, quiénes sancionaron la ley corta, quiénes prorrogaron las concesiones petroleras años antes de que venzan? Todos los nombres de la gestión K están ahí. ¿Quiénes formaron parte del directorio de YPF, desde cuándo no hay prácticamente exploración de nuevas áreas petroleras o gasíferas, desde cuándo se giran utilidades de las petroleras, quién controló las exportaciones y el costo de las importaciones energéticas, quién auditó el nivel real de las reservas, quien introdujo a los Eskenazi gratis (para ellos) en YPF, cómo se “la llevaron” estos empresarios australianos residentes en el país? No hace falta recordar que este proyecto empezó en 2003 y no cambió salvó la expropiación de Repsol que, a su vez y seguramente de rebote, salvó el patrimonio de los Eskenazi.

La lista de preguntas de respuesta obvia es más larga y los hechos más viejos. Tan viejos como el silencio de Carta Abierta. Todos ellos son pasos que, si se hubieran evitado, habrían evitado la crisis energética descomunal que atravesamos. Y tampoco el precio irracional que estamos pagando para enmendarla y el precio irracional que pagaremos para paliarla, serían lo que son. Es más, los intelectuales de Carta Abierta, en materia energética, en estos años han criticado a los que advirtieron de estos hechos que ellos negaron hasta hoy.

En el texto de la nueva carta que hoy darán a conocer trascendió que dicen: “La política ferroviaria y la energética han transcurrido por caminos erróneos en una larga fase del proyecto nacional en curso. Las consecuencias fueron dolorosas y costosas”.

La inocuidad de la crítica deriva de que lo evitable no fue evitado; y hoy es inevitable una catastrófica realidad cuyas secuelas serán gravísimas.

El documento señala “Esos desvíos hoy se encuentran en vías de corrección”. La pomposa declaración no es un análisis crítico sino una justificación para lo que ellos llaman “vías de corrección” y que seguramente son, en materia energética, los contratos y concesiones para la exploración y eventual explotación de recursos no convencionales de gas y petróleo; las importaciones de petróleo de Nigeria, etc. Y en materia de transporte ferroviario la importación masiva de material ferroviario chino.

¿Pero qué pesa más? Decir “los caminos erróneos en una larga fase del proyecto nacional en curso” . O decir que esos “erróneos” están “en vías de corrección”.

La primera expresión “camino erróneo” difícilmente le caiga bien a uno de los supervisores políticos de Carta Abierta, el doctor Carlos Zanini, conocedor de los textos de Mao Tsetung el que al respecto escribió: “Un partido revolucionario es el guía de las masas, y no hay revolución que no fracase cuando ese partido las conduce por un camino erróneo” en Análisis de las clases de la sociedad china, 1926, Obras escogidas, Ediciones en Lenguas extranjeras, Tomo I, Beijing, 1971.

No hay que ser ni maoísta ni un iluminado para comprender que diez años de camino erróneo le infieren a la sociedad la pérdida del camino equivocado más el costo de recuperar diez años de errores y avanzar para ganarle al tiempo perdido.

La cuestión del transporte en nuestro país es mucho más que la cuestión ferroviaria. Se trata de un retraso previo a la era K en materia de transporte automotor, fluvial y marítimo, ferroviario y aéreo; y un retraso de mayor envergadura en materia de las industrias proveedoras de esas actividades. En todas esas actividades proveedoras hay un pasado mejor que el presente. Ejemplos sobran. Y sobran las decisiones equivocadas y todas ellas como consecuencia de la ausencia de un pensamiento estratégico presidiendo la acción de la política. La industria aeronáutica, que provee a Aerolíneas Argentinas, es el desarrollo en el Brasil de una semilla industrial argentina que comenzó en los años 20 con el presidente Marcelo T de Alvear. De la misma manera que supimos integrar el 90 por ciento de los automotores que fabricábamos en el país y hace 40 años procurábamos que esa industria fuera fuente de divisas y no la rémora de un balance comercial negativo en siete mil millones de dólares por año como lo es hoy. O de una industria naval que supo asistir el desarrollo de una flota que hubiera podido ser dueña de esa vía de transporte y hoy no lo es. O de una industria ferroviaria que fabricó locomotoras y vagones antes que nadie en América Latina. Y hoy la “vía de corrección “ es la importación masiva.

Es gravísimo que no se haya advertido a tiempo el “camino erróneo” porque muchos lo señalaron desde el primer día de gobierno K. Muchos que acompañaron terminaron siendo opositores justamente a causa de entender que esos caminos erróneos en cuestiones estratégicas, llevarían a un fracaso a causa de la falta de vocación por el pensamiento estratégico.¿A quién se le puede, con un mínimo de sentido común y planeamiento, pensar en el “tren bala” a Rosario? Para muestras basta un botón y hay más.

Justamente, este documento de intelectuales K, que le viene a poner palabras a destiempo a un silencio voluntario, bien podría ser el paso hacia una apertura mayor en el seno del oficialismo, apertura respecto inclusive de eso que ellos llaman “vías de corrección”.

¿A quién le cabe duda acerca de la necesidad y conveniencia de explotar nuestros recursos naturales? Pero ¿no sería justo que tanto respecto de los lugares y los métodos contáramos primero con el permiso científico de la comunidad académica? ¿Quién sino los científicos están en condiciones de establecer el consenso acerca de la viabilidad de cada explotación? Cuidado. La ligereza de impedir explotaciones puede cancelar el futuro. Pero también la ligereza política de aprovechar aquí y ahora de cualquier manera puede llevar a un fracaso ecológico fatal. Y los mismo vale para la minería. Es decir sí a la explotación, pero previo permiso científico consensuado. Y eso no sólo no está sino que ni siquiera se ha buscado. ¿Qué dice Carta Abierta? Y además, el principal contrato de YPF con Chevron tiene cláusulas reservadas u ocultas. Es un sin sentido defender (o atacar) un convenio cuyas cláusulas (así sea una) no se conocen. Lo que hay que exigir es transparencia para conocer cuánto nos estará costando el precio de la desesperación generada por el error. Y – más o menos – lo mismo nos pasa en materia de transporte. Es hora que si las voces críticas de quienes no son oficialistas no son escuchadas por el gobierno, los intelectuales orgánicos procedan a reconocer con Mao que el camino erróneo lleva al fracaso.

Y nos preocupa a todos porque en el colectivo que va por el camino estamos todos y también los hijos de nuestros hijos. Por el camino erróneo ya sabemos lo que pasó; pero las vías de corrección, por ahora, no sabemos cuánto cuestan y cuánto rinden. No nosotros que sería grave. Sino los que las defienden lo que es mucho peor.

Hemos tomado los trascendidos de la que será la Carta Nº 14 como la base de una reflexión sobre el sentido de la “advertencia” y la crítica de cosecha tardía que como el vino resulta dulce.

Pero en el mismo ramo se encuentran los pagos a las empresas que han litigado en el CIADI; el índice de precios avalado por el FMI, el festival de rendimiento de los Bonos Cupón PBI calculados al voleo; y la sopera abierta para recibir los créditos en dólares del Banco Mundial para gastar aquí y en pesos.

Una seguidilla de pasos que, en otras dimensiones, significan “vías de corrección” que siguen sin apuntar a las causas de los problemas que son, como los de la energía y el transporte, estructurales. No es cierto que en estos diez años nos hayamos industrializado y tampoco que nuestro perfil exportador haya dejado de ser primario; o que el empleo dinámicamente se asigne ahora a actividades con productividad creciente.

El discurso es una cosa y los hechos son otra. Las palabras convencen. Pero sólo los hechos vencen los problemas.

Y los problemas que cuentan son los estructurales. Es decir las estructuras que reproducen los males. Y esos, los problemas; y esas, las estructuras; están aquí con una presencia vigorosa. Ninguno de los grandes problemas los hemos superado porque a ninguna de las estructuras las hemos sustituido.

Y así como los males no desaparecen si  las estructuras que los producen siguen vigentes; ninguna estructura deja de estar realmente vigente si no es reemplazada por otra que ha sido pensada y construida para terminar con los problemas que la reemplazada reproducía.

Están aquí las estructuras y los problemas trabando el futuro. Tengámoslo en cuenta cuando respondamos a la pregunta ¿estamos en el camino erróneo?

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12 octubre 2013

Camino erróneo

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