En la Argentina cometimos un industricidio

REPORTAJE A CARLOS LEYBA DE LA REVISTA INGENIAR DE LA FACULTAD DE INGENIERIA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA SEPTIEMBRE 2013 RESPONDIDO EL 1 DE AGOSTO DE 2013

1 ¿Por qué Argentina no puede salir de la primarización de su industria? ¿Qué factores lo impiden?

Primero, la industria en nuestro país – siendo un sector importante – no tiene una dimensión que se compadezca con lo esperable de nuestra trayectoria histórica; con la expectativa que, acerca de nuestro desarrollo industrial, teníamos a principio de los años 70 del siglo pasado. En ese tiempo ocurrió el quiebre de una tendencia positiva.

Ejemplos. Inauguramos una fábrica de aviones en 1927. Treinta años después fabricamos aviones a reacción. Hoy esa industria está en Brasil. En la mitad de los 70 producíamos 300 mil vehículos integrados al 90 por ciento. Con la mitad de la población producíamos 270 mil unidades equivalentes. Hoy triplicamos la producción pero la integración es apenas del 30 por ciento. Como somos el doble de habitante producimos la mitad de unidades equivalentes por habitante. Fabricábamos, desde los 40, locomotoras: ya no. Entonces éramos la vanguardia electrónica en Latinoamérica.

Las fundadas expectativas no se verificaron.

Hoy, nuestra industria, no tiene la estructura para generar un salto en la productividad media de la economía.

Su pregunta dice cómo “salir de la primarización de su industria”. Es cierto la industria se primarizó. Un famoso economista brasilero dijo que cometimos “industricidio”. Este es un punto.

Otro sentido de la pregunta es que la economía argentina es muy dependiente del sector primario y con tramos muy cortos en la cadena de valor agregado. Ejemplo: hoy exportamos muchas proteínas vegetales (soja) y pocas proteínas animales (carne) que consumen proteínas vegetales para ser producidas.

El proceso de agregar valor y mejorar la calidad de vida pasa por la industria.

No hay posibilidad de incrementar la productividad y la distribución equitativa de la misma si no es con una estructura industrial moderna exportadora.

El rendimiento extraordinario del sector primario termina siendo una limitación: la abundancia y la productividad primarias – sin políticas de desarrollo – son una virtud que ahoga por abundancia al desarrollo integral necesario.

La abundancia de recursos, la idea que una buena cosecha nos salva, aunque no se diga expresamente, condiciona la voluntad de hacer políticas transformadoras: es un relajante del músculo de la política.

Cuando no existen políticas de transformación estructural consistentes, las economías – orientadas por el mercado – reproducen el modelo productivo que surge de su natural y original dotación de factores. Eso es lo que nos ha pasado en los últimos cuarenta años y pasará mientras no haya un cambio de paradigma. Nadie ignora el potencial de la producción primaria agrícola, y la minera; y la abundancia del recurso agua en nuestro país. Pero una suerte de “naturalización de la enfermedad holandesa” hace que nuestra competitividad, a precios de mercado, se reduzca a medida que avanzamos en la cadena de valor: es decir a mayor valor agregado menor competitividad. Eso es la primarización: la escasez de recursos de capital y conocimiento, asignados a la estructura de transformación.

Y finalmente, la economía argentina está primarizada porque, el primario, es el único sector productivo que es consistentemente excedentario en el comercio exterior; en tanto que el sector industrial es extraordinariamente deficitario. Y a la vez la industria avanza poco en las etapas de transformación compleja y no tiene grados importantes de integración local en el caso de los sectores complejos.

Somos ricos en naturaleza; tenemos  know how acumulado e innovación derivada de la modernidad sectorial, y eso hace que tengamos el sector agrario más productivo del planeta.

¿Por qué no puede superarse ese proceso? Porque no acumulamos años de políticas nacionales consistentes que procuren salir de ese proceso.

Y lo que lo impidió, lo que lo impide, lo que hace que esa política no esté en oferta, es lo que está en la cabeza de la dirigencia política, tanto del oficialismo -hoy y ayer en el gobierno – como de la oposición. Pero también en los más destacados empresarios y en la dirigencia del sector.

Lo podemos poner de esta manera “la política no lo ofrece” y “el empresariado no lo demanda”. Los críticos trabajan básicamente sobre estrategias complementarias que son, por ejemplo, las centradas en el apoyo a las PYMES que está muy bien pero no produce la ruptura conceptual necesaria.

Las ideas cuentan siempre. El lavado de cerebro que produjo el neoliberalismo, desde mediados de los 70 del siglo pasado, instaló la idea que el mercado resuelve estructuralmente “bien”; y que no está bien “estructuralmente” ir en contra de él.

Los discursos están en contra; pero lo que importa son las medidas y sus consecuencias. Hasta aquí nada apunta a una transformación estructural consistente. Esto merece una aclaración.

Ni el control de precios, ni el control de cambios, ni los subsidios son políticas de transformación estructural. Todas ellas han sido utilizadas, desde José A. Martínez de Hoz en adelante, por todas las gestiones económicas que han construido o mantenido la primarización.

Las políticas de transformación estructural consistentes requieren estrategias más ambiciosas:

a) un plan sistémico de largo plazo destinado básicamente a la industrialización;

b) herramientas ad hoc;

c) recursos consistentes para llevarlos a cabo;

d) duración del plan, las herramientas y los recursos durante el largo plazo, es decir, más de 10 años;

e) esto implica que esas políticas necesitan más que una mayoría electoral, de un consenso social, económico y político.

La ausencia de estos requisitos impide romper la primarización.

Por eso no tenemos política industrial.

Hoy en todo el plantea ha retornado la cuestión de la política industrial, en Canadá y en Europa y en la India. En todos los países donde se plantea la recuperación de la política industrial se asocia a la política territorial. Y ambas, política industrial y territorial, son parte de un Plan Estratégico de Largo Plazo que obviamente exige la elección de sectores sobre los que colocar masa de recursos.

La Argentina desde 1976 no tiene Planeamiento Estratégico de Largo Plazo con recursos y elección de sectores protagónicos de la industria. El país ha seguido el trayecto del que no tiene un proyecto propio. Eso es adoptar un proyecto ajeno: ser proveedores de materias primas.

En síntesis lo que impide salir de la primarización está en la cabeza; algunos son conscientes y lo dicen; y otros son insconscientes y lo niegan. El obstáculo es que el paradigma primarizante silencioso es dominante.

2 Según escribe en uno de sus artículos, en 1974, los pobres en el país eran el 5 por ciento de la población; el desempleo era de 3 por ciento y el país crecía al ritmo de Estados Unidos, ¿Cuáles fueron los principales errores que se cometieron para que en poco más de tres décadas  crezca el nivel de desocupados y se frenara el crecimiento?

Ratifico esos datos que fueron el resultado del Pacto Social propuesto por Juan Perón en 1973. Pero también fue el resultado de lo acumulado. El PBI per capita de la Argentina, desde 1944 hasta 1974, creció al ritmo del de Estados Unidos. Pero no crecimos lo suficiente como para descontar la distancia de bienestar que teníamos con Estados Unidos.

Los períodos siguientes, de 1974 en adelante, tenían no sólo el desafío de repetir aquella trayectoria sino la necesidad de mejorarla. Eso que no ocurrió. La decadencia es el abandono de la línea de progreso. Nos apartamos  de esa la línea, nos desindustrializamos, empobrecimos al 30 por ciento de la población y  generamos una sociedad dual.

A nadie escapa que así como el progreso acumulado es un capital contra la crisis, la decadencia acumulada es todo lo contrario. De ahí los sufrimientos crecientes hasta la explosión de 2001/2002.

A partir de 1975 predominó el paradigma del mercado: el Estado y la política nada debían señalar, orientar, proteger. Pero, además del marco conceptual del liberalismo, la política económica propiamente dicha, el manejo de la macroeconomía de corto plazo, fue – en todos estos años- una suma de errores. Fueron años de muy mala praxis de la política económica, aún en los términos del neoliberalismo.

El Estado dejó de ofrecer bienes públicos y siempre el escenario del futuro está condicionado por esa realidad. Negarla es el peor de los posicionamientos para resolverlo. Pero lamentablemente las pérdidas de entonces siguen sin ser reparadas.

Un ejemplo extraordinario es el sistema ferroviario: un ejemplo único en el mundo.

En algunos temas los avances, de los primeros años de este siglo, fueron importantes pero insuficientes, desaprovechando una oportunidad de los mercados mundiales que no se repetirá. Por esto el proceso de acumulación imprescindible será más difícil del que podría haber sido.

En los primeros quince años del período (1944/74) las ideas de la generación, conducida por Juan Perón, se materializaron en la inclusión de millones de argentinos que, incorporados a la vida urbana, dispusieron de empleo, salario y acceso a una vida digna. El mercado interno se constituyó en el dinamizador de la economía nacional.

En los segundos quince años, a partir del mercado interno desarrollado, se instaló la idea y la política de un avance en la industrialización. El sector dominante fue la industria automotriz. La productividad de la industria, entre 1964 y 1974, creció a un ritmo chino. Esta década de productividad de la industria tuvo dos problemas estructurales: a) no transfirió esa productividad a precios (se acumularon ganancias extra) para ganar mercado externo para la industria; b) y se estancó la transferencia de esa productividad (ganancia extra) a salarios lo que produjo, hacia 1971/72, un retroceso de la distribución del ingreso; y luego del empleo y esto impidió ampliar lo necesario el mercado interno para mantener el nivel de actividad. La “no salida”, por competitividad externa o por salarios reales, provocó la desaceleración, la inflación, y el estancamiento que dominó el proceso político de 1972/1973.

En ese contexto estanflacionario, el Pacto Social de  Perón, gestó el consenso para crecer reduciendo la inflación; redistribuir el ingreso; y abrir el mercado externo para la industria que más había crecido.

El Pacto Social se montó sobre esa productividad ganada para redistribuir y hacer una industria exportadora. Los resultados de esa política fueron inmediatos en los tres planos: inflación, redistribución del ingreso y conquista del mercado externo. En tanto, en el largo plazo, el Plan Trienal apuntaba a lo estructural, tanto en el interior de la economía como en el comercio exterior. Los resultados están en su pregunta; y le puedo agregar otros como el nivel de las Reservas o del PBI por habitante record por muchos años.

En los segundos quince años (1959/1974) de este período se avanzó en la industrialización lo que se profundizó con el Pacto social.

Pero a la muerte de Perón esa política fue abandonada. Si algo se abandona no fracasa.

Lo que hay que explicar es cómo ocurrió el abandono y las razones de los que lo provocaron.

¿Por qué se abandonó? Primero el asesinato de José I. Rucci – a los dos días en qué Perón logra el 64 por ciento de los votos – asestó un golpe desequilibrante al Pacto Social: la guerrilla socialista revolucionaria atacaba al Pacto Social, a la CGT, a José Gelbard y a Perón, porque consideraban, según ellos, que ese proyecto era “de la burguesía nacional” y por ello impedía la marcha al socialismo; y por lo tanto apostaban – con la violencia – a “lo peor es lo mejor”. Esa fue una “razón” para provocar el abandono. Segundo, en diciembre de 1973, se produce la crisis mundial del petróleo, se cierran los mercados desarrollados, y se produce el fenómeno de la inflación importada, que obliga a redefinir la política inicial con un Pacto políticamente debilitado por el asesinato de Rucci. A los seis meses muere Perón. El Pacto Social pierde el liderazgo sindical y el político, en el marco del clima de violencia de la guerrilla y la triple A y la crisis internacional.

Tercero, estaban fortalecidas, por la debilidad política, las razones de interés económico que querían abandonarlo. La presión de las multinacionales pugnaba por evitar el costo que les infería el gobierno al obligarlos a darle una cuota parte del mercado internacional a las filiales argentinas. Nuestra política era que la industria producida en la Argentina estuviera en los mercados mundial  y al hacerlo modificábamos las prioridades de asignación de mercado de las multinacionales. Nuestra política era un costo para ellas y mientras tuvimos liderazgo la pudimos imponer y obtener los primeros resultados.

El golpe de Palacio de José López Rega y sus Caballeros del Fuego (Celestino Rodrigo, Ricardo Zinn), cuyo propósito era eliminar las bases del  Pacto social, fue el prologo de la dictadura.

El proyecto estructural de transformación de la economía de 1973 fue abandonado a la muerte de Perón en un escenario externo adverso y una situación interna convulsionada por la violencia entre las facciones minoritarias de la guerrilla socialista y el fascismo criminal de la triple A.

La consistencia política del consenso y de los liderazgos son elementos centrales para cualquier política de transformación democrática. Logramos resultados concretos. Pero el cambio de paradigma, instalado con la violencia de la dictadura genocida, es lo fundamental para comprender lo que pasó. Todo lo que paso es el resultado consciente de lo que se quiso hacer.

3 ¿Qué rumbo debe tomar el país para acercarse a esos niveles de desocupación y crecimiento que se tenían en 1974?

Como dije hay que tener en cuenta porqué perdimos aquello. En ausencia de partidos políticos sólidos y de instituciones sociales vigorosas y esclarecidas, en la defensa de los intereses colectivos, los liderazgos de consenso se convierten en piezas esenciales. La sucesión de dictaduras desde 1955 erosionó a los partidos y a las instituciones. Es difícil imaginar el rumbo necesario, sin liderazgos capaces de interpretar y conducir una etapa de transformación incluyente.

Todo proceso excluyente es menos complejo políticamente; pero es incapaz de proveer los elementos del consenso y por lo tanto no es, por definición, un programa democrático de largo plazo. Y eso significa el riesgo de la inviabilidad democrática del trayecto.

Y además es necesario llevar a cabo un programa macroeconómico (fiscal, monetario y de ingresos) en el marco de un Plan consensuado Estratégico de largo plazo destinado a la Industrialización e Integración del Territorio Nacional con inversiones de infraestructura de Transporte y de Energía y la decidida apuesta a los sectores industriales a privilegiar, como consecuencia del Plan y del consenso.

Sin el Plan, no solo no lograremos los niveles de desocupación, pobreza y calidad de vida aceptables (y posibles) sino que inexorablemente lograrlo será cada vez más difícil.

Debo aclarar que las tasas de crecimiento y de desempleo que hoy reporta el INDEC están seriamente cuestionadas. Respecto del desempleo, y lo pongo como ejemplo, una provincia que señala una tasa de desempleo inferior a la de 1974 incluye como empleados a un número monumental de personas que reciben planes de los gobiernos.

¿Una persona a la que el mercado no emplea o que el Estado no emplea para sus servicios, es “empleada” o justamente, como no está empleada, el Estado “la auxilia”? ¿Qué sentido tiene computar como empleado al que no lo está y por eso necesita ser auxiliado? Si en esa provincia computamos como desempleado a los que reciben esos “planes” la tasa de desempleo se multiplica por 10.

¿Cuántas cientos de miles de personas reciben planes?¿Los reciben porque estaban desocupados?¿Entonces?

Cuando uno observa que el desempleo, en algunas regiones, es notablemente bajo se pone en tela de juicio toda la información para tomar decisiones.

El trabajo en negro es más de un 30 por ciento de la fuerza de trabajo. Sólo el 10 por ciento de la fuerza de trabajo está operando en sectores de alta productividad. La AUH – como todos los subsidios  que no apuntan a cambiar la dirección de la inversión – es una reparación, un remedio. Bien por ello. Pero denuncia la ausencia de proceso de transformación. La política, oficialismo y oposición, desconocen el problema del trabajo en negro y se consuelan con la AUH.

Hay razones para cuestionar el crecimiento actual de la economía: fuerte expansión del sector servicios, expansión del sector financiero. Mal provistos de información es muy difícil trazar un rumbo.

No puede haber consenso en el rumbo si no lo hay en el punto de partida. Unos creen que estamos creciendo con estabilidad; otros que estamos estancados con inflación.

¿Cómo podemos ponernos de acuerdo dónde queremos ir?

La política no habla de estas cosas. Estamos en un período de mucho Management y Marketing y poca discusión de política trascendente.

4 ¿En qué estado se encuentra hoy la industria? ¿Qué sector productivo  se reactivó?

Le voy a contestar con las cifras del Ministerio de Economía que a veces no cumplen el requisito de periocidad comparable. Pero son indicativas. El empleo total desde 2006 hasta 2012 creció 27 por ciento; y la industria incrementó su plantel en 14.3 por ciento. El plantel del sector automotriz lo hizo en 40 por ciento. Eso habla de la dinámica de ese sector.

Desde 1998 hasta 2012 el Estimador Mensual Industrial creció 50 por ciento. Y dentro del EMI automotores creció 80 por ciento. Confirmación del giro sectorial.

Miremos el gran agregado. La industria, en el primer trimestre de 2013, representó el 17 por ciento del PBI: un valor idéntico al del primer trimestre de 1998.

La industria no ha crecido más que el PBI; no ha sido el motor ni del empleo ni de la economía; sigue con un balance comercial negativo del orden de los 25/30 mil millones de dólares anuales.

El motor de la industria es la automotriz que, por ser una industria desintegrada, o no reintegrada en estos años, tiene un balance negativo anual de 6000 millones de dólares producto de un comercio administrado que no nos ha sido favorable.

¿Qué otro puede ser el estado de la industria después de 25 años de política de desindustrialización y en ausencia de una vigorosa política de industrialización en los últimos años?

El sólo aliento del consumo de los sectores medios (automotores baratos en dólares marginales) no genera “industrialización” aunque aumente el PBI industrial.

Ejemplificamos con la automotriz, pero son varios los sectores en que la ausencia de inversiones y las políticas macro consistentes, desde hace años, nos ha sacado de competencia.

5 ¿Como se detiene la inflación?

Si tenemos un diagnóstico correcto del crecimiento real y de la inflación real recién entonces podremos proponer una estrategia.

Desde el INDEC el diagnóstico es que estamos en crecimiento y sin inflación. En ese caso ¿qué sentido tendría preocuparse por la “inflación”?

Es cierto que, mirado desde la perspectiva más ortodoxa aún el 10 por ciento es una tasa importante. Mundialmente es, comparativamente, elevada.

Pero si la economía crece como dice el INDEC  esa tasa de inflación (10 por ciento)no es un problema.

Y menos si tenemos en cuenta que los salarios se están ajustando por encima de esa inflación y por encima de esa inflación sumada al crecimiento (ambos oficiales). Si las cifras oficiales son verdaderas, el aumento nominal de los salarios es “redistributivo”

Pero no lo es si la inflación es la no oficial que es mas del doble de la del INDEC.

Entonces, la inflación que hay que detener (la no oficial) no pasa por el ajuste de los salarios que solo la compensan. ¿Pasa por la utilidad? Difícil con importaciones industriales superiores a las exportaciones industriales y con arancel cero con Brasil.

Pesan mucho las expectativas, los servicios no subvencionados, el deterioro y no desarrollo de la infraestructura, la ausencia de financiamiento, etc.

En síntesis, la inflación que hay que detener, es la que genera la inorganicidad de la política económica.

Y para eso también es necesario un consenso porque el crecimiento que hay no es alto, no es urbano, no es generador de empleo; y resolverlo implica una arquitectura integral. La palabra es política y consenso.

Un nuevo pacto, acuerdo, concertación es una condición necesaria. No suficiente. Ese pacto debe realizarse en el contexto de un Plan Estratégico. Y ambos deben ser administrados con eficiencia. Y controlados para corregir y evitar los desvíos.

6 ¿Funciona el control de precios?

Hay dos respuestas. Una de nivel teórico: la respuesta es, Sí, “los controles de precios pueden funcionar”; pero requieren acuerdos y normas precisas.

No son posibles las  imposiciones sobre muchos productos y por mucho tiempo.

La respuesta del nivel práctico, referida al actual control, es “no lo sé”. Porque no sé cuáles son los precios y el INDEC tampoco.

Este es el primer problema de la inflación.

A nivel de la información cotidiana y al de las expectativas de la población, este control no funciona porque la mayor parte de la población sufre, percibe, una inflación elevada y las expectativas encuestadas, hace meses que están en 30 por ciento.

7 ¿Puede funcionar el CEDIN?

El CEDIN es el intento de crear una moneda – o cuasi moneda – que, además de servir a las transacciones, tenga la capacidad de transferir valor en el tiempo, dado que esta denominado en dólares y es transferible por endoso. Los bancos al recibirlo lo tienen que convertir en dólares y no pueden aplicar el multiplicador bancario.

En lugar de un valor fijo tendrá un valor de mercado.

¿Qué es funcionar? Para el gobierno funcionará si lo que se blanquea en dólares ingresa al BCRA y nadie lo reclama; es decir, si se siguen endosando esos títulos para comprar cosas. Si hay muchos blanqueadores dispuestos a comprar pisos a grandes desarrolladores de Puerto Madero y estos se quedan con los CEDIN  puede caminar. ¿Pero cuánto es eso?

La pregunta es ¿puede funcionar para quien?

Para reactivar el mercado inmobiliario en serio, por ahora no lo veo.

Para juntar dólares para las reservas tampoco.

Puede que funcione para otra cosa.

En realidad uno de los mega problemas argentinos es la ausencia de una moneda plena capaz de conservar el valor.

La Argentina no tiene sistema financiero que merezca el nombre de tal, porque hay mas ahorro de los argentinos fuera del sistema que dentro de él; y el sistema financiero no significa prácticamente nada en el financiamiento de la producción y de la inversión.

En ese sentido estamos en un escalón más debajo de lo que se puede llamar “sistema capitalista” en el que la inversión y la innovación se financian con crédito. No es nuestro caso. Y esa es la consecuencia de no tener moneda.

La convertibilidad lo intentó sin darse cuenta que habían convertido al peso en un vale. Lo mismo que CEDIN aunque menos riguroso que éste.

Este tema amerita una discusión. Pero sólo tendrá sentido en el marco de un programa de transformación. Es una cuestión sistémica. Obviamente el CEDIN no se pensó para esto y ni remotamente puede aportar algo a este debate.

8 ¿Es necesario devaluar el dólar?, ¿Qué valor debería tener?

El gobierno está devaluando el peso; mucho si es que la inflación es la que determina el INDEC. Por ejemplo entre junio de 2008 y los días que corren el dólar oficial pasó de 3,02 a 5,46 pesos. Es decir se “devaluó” 81 por ciento. En ese período la inflación INDEC fue de 56 por ciento.

Pero la inflación “real” superó largamente el doble de la tasa oficial y en ese caso hemos estando revaluando y no devaluando el peso frente al dólar.

La revaluación no afecta por ahora a las exportaciones primarias (que tienen super ventaja competitiva) ni al comercio administrado ni a las materias primas de bajo valor agregado con precios históricamente altos.

La revaluación se beneficia con la pérdida de valor del dólar por la política de liquidez de Estados Unidos.

Si esto se revierte, y si el ciclo de las materias primas se estanca, con esa política, nos la veremos oscura. Pero hoy acerca de esto, lo del ciclo de materias primas, sólo hay dudas.

La falta de información seria le impide a quien maneja la política económica saber lo que hace: ¿la política cambiaria a quién favorece?. ¿Compradores con dólares de autos de alta gama?¿Habrá un cierto “déme dos” del turismo de clase media alta? ¿A qué sector productivo?

Si el BCRA le cree al INDEC, ha devaluado realmente el 30 por ciento al peso en estos últimos años.

Si le cree al resto de las estimaciones ha revaluado nuestra moneda.

¿Qué dice la información real? Entre junio de 2008 y los días que corren, el BCRA perdió 10 mil millones de dólares y, en ese lapso, fugaron más o menos 60 mil millones de dólares. Y el déficit comercial de la industria debe de haber sido aproximadamente la misma cantidad.

Sirva esto para poner algunas cosas en claro:

a) sin información seria, es imposible gerenciar correctamente la política económica cualquiera sean sus objetivos;

b) si los objetivos de la política económica son acumular productivamente los excedentes y revertir las tendencias negativas (déficit sectorial, caída de reservas, fuga de capitales) y

c) dado las sospechas que sobre el verdadero desempleo de mercado (de productividad mayor a cero) y el verdadero crecimiento del producto (y del producto potencial) ; cabe concluir que el tipo de cambio no es de equilibrio ni tampoco el de los objetivos. Por ahora es uno apto para sostener la primarización, la fuga y la caída del producto potencial (baja tasa de inversión reproductiva)

El valor del dólar depende de clarificar la estadística de precios, de producto y de empleo. Y en base a eso establecer el valor teórico. ¿Cómo llegar al valor teórico partiendo del presente?

El sendero depende de la política económica y esta del diagnóstico global: a mi criterio la situación (intuitivamente a causa de la inexistencia de información) es del tipo estanflación; y de esa se sale por un acuerdo  a mediano plazo fijando sendero de precios, salarios, tasas de interés y tipo de cambio. Es una negociación en la que todos ceden algo. Y la suma de lo que se cede es igual al éxito posible. Un cambio muy, pero muy fuerte. Se trata de recuperar la concertación.

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13 octubre 2013

En la Argentina cometimos un industricidio

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