SECRETO Y SORPRESA PERO AIRE DE FAMILIA

8 de noviembre de 2013

Carlos Leyba

Publicado en El Economista

El inminente retorno de Cristina Fernández ha generado expectativas proporcionales al tiempo que lleva en estricto silencio médico, lo que ha permitido asegurar el habitual secreto de lo que, seguramente, anunciará y se convertirá en sorpresa.

La expectativa tiene la dimensión de los problemas presentes multiplicada por la variedad de las suposiciones acerca de los anuncios.

La expectativa, en su acepción más general, supone la asignación de una cierta probabilidad a algo que se espera ocurra en el futuro. Pero, en este retorno de Cristina, es tan grande el rango de alternativas que, la expectativa, no tiene ni remotamente el carácter de previsión o predicción.  En rigor la situación se compadece con una suerte de expectativa en blanco; ese es el estado de ánimo preparado para una sorpresa. Y es lo que ocurrirá. Lo inesperado, no necesariamente extraño, deviene de la falta de señales previas. Y eso es esencial al estilo K: secreto y sorpresa.

No obstante tenemos algunas ¿certezas? Con todo respeto una es de carácter zoológico. Antes de que Cristina fuera ungida candidata, Néstor Kirchner anunciaba “será pingüino o pingüina”. La sucesión estaría en manos de alguien que, por naturaleza, no puede caminar para atrás; que no puede retroceder sobre sus pasos, una propiedad de la especie. Claro que los pingüinos pueden girar hacia la dirección contraria. Pero no “retroceder” sobre los propios pasos.

En efecto, no hay que esperar que Cristina, por ejemplo, reconozca que la inflación de toda su gestión  ha sido similar a  los ajustes salariales de los convenios o a la mayor parte del incremento de la recaudación tributaria. Tampoco que convalide que viven debajo de la línea de pobreza aproximadamente entre 8 a 10 millones de personas. Esa marcha atrás no ocurrirá. Y eso será un problema de qué estamos mirando para que el oficialismo pueda comunicarse con la mayor parte del electorado que no lo votó que es la mayoría más que absoluta.

Por naturaleza CFK no puede retroceder. Pero puede dar vuelta y avanzar en dirección contraria. Emblemáticas son las idas y vueltas respecto de YPF. Néstor fue un adalid de la privatización de los 90 y uno de los funcionarios más próximos a Cristina fue diputado informante de la entrega. Néstor dio luz verde para el regalo, llamado “nacionalización de YPF”, a la empresa australiana de los Eskenazi; y CFK estatizó el paquete mayoritario de YPF. La Ley de Medios, otro ejemplo, es un giro completo, más allá de lo razonable y positiva que pueda ser la ley, sobre una medida de Néstor que permitió a Clarín acrecentar su red de cable. Giro copernicano. No deshizo lo que se había hecho o contribuido a realizar; no se asumió como propio el problema detectado. Se adoptó una decisión, de dirección contraria mediante un giro. El retroceso evidencia que uno reconoce un avance equivocado. El giro hasta puede llamarse continuidad o profundización.

De la magnitud de esos ejemplos es el potencial de sorpresa que es propio del estilo K.

Ese potencial denota también una formidable capacidad de iniciativa política que ha regido 10 años, sea en el éxito o en el fracaso que de los dos hay. Nunca perdieron la iniciativa y siempre marcaron la cancha. Esa también es una certeza.

En síntesis, la reaparición y la sorpresa representarán la recuperación de la iniciativa. Sea agenda original propia o agenda ajena de segunda mano.

¿Cuáles son los problemas económicos dominantes que preocupan a todos? Hacemos un listado incompleto; en la macro de corto plazo se destaca la inflación, empujada por todos los bienes y servicios que no son regulados o regulables; el atraso cambiario efectivo para todas las actividades de mayor valor agregado (desde cultivos industriales regionales y ganadería hasta industrias frigorífica y manufacturera); la formación de expectativas negativas creadas por la brecha cambiaria, que – para el cambio efectivo del sector más competitivo (soja, por ejemplo) – es abismal; las cuentas externas deficitarias de la industria automotriz, de la electrónica más Tierra del Fuego, de la energía y de la fuga hormiga de la cuenta turística; el acoso de los restos de la deuda externa y de deudas en suspenso; el drenaje de las reservas en poder del BCRA; el peso fiscal de los subsidios de todo tipo, independientemente de su necesidad y productividad social en distintas áreas; la situación financiera de la mayor parte de los gobiernos locales; el estancamiento en la creación de empleo; y la baja tasa de crecimiento.

Cada uno de esos problemas se agravan por el mero transcurso del tiempo porque los elementos que los provocan, librados a su dinámica, no tienen freno. Ninguno es fácil de resolver. Y las magnitudes ya alcanzadas son difíciles de explicar dada la bonanza que hemos disfrutado casi sin solución de continuidad.

En el mediano y largo plazo los problemas dominantes son la baja oferta de energía producida localmente, la más que difícil financiación de las inversiones imprescindibles en YPF; la debilidad y falta de contribución a la productividad sistémica de toda la infraestructura; la bajísima tasa de inversión reproductiva y la cuestión social, que por estanca se agrava, derivada de la pobreza de larga duración.

Por cierto el listado de problemas es incompleto y desordenado. Y por cierto dejamos de lado el inventario de recursos extraordinarios de los que dispone nuestro país para mitigar o resolver todos y cada uno de esos problemas, que son problemas, justamente porque tienen solución.

¿Qué podrá anunciar CFK? Secreto y sorpresa. Pero sabemos que

la concepción de la política económica del kirchnerismo es la de circunscribirse a tratar todos los problemas como problemas inversos: es decir administración de calmantes y remedios. Es decir a partir del resultado y paso a paso. Los problemas inversos se plantean frente al “resultado” y ante él hay que encontrar la causa (pueden ser infinitas) y la solución (puede ser ninguna). Este es el dilema con el que lidian los que conciben la política económica como un sistema de respuestas (soluciones) a cada problema (resultado).

Hay una concepción alternativa de las cuestiones económicas que es la de plantearse los “problemas directos”. En este enfoque se identifican todos los términos que componen las variables del sistema económico, se pondera el peso de cada uno de ellos, se le asigna un valor y – consecuentemente – se espera un resultado. Planteo una ecuación y espero  resultado. Hay – en esa concepción – ecuaciones de términos y resultados de largo plazo. Un resultado clásico es la expansión del producto potencial: desarrollo. Hay ecuaciones de corto plazo, las de la política macroecónomica que, por ejemplo, trata de obtener el resultado de que la actividad alcance el potencial sin generar tensiones que desequilibren al conjunto de la economía. Ambas ecuaciones se formulan para tener resultados. Si el resultado se hace escaso entonces se corrigen los términos de la ecuación. Las ecuaciones de largo plazo son “el plan”  y las de corto plazo “el programa”. Ese planteo es el del problema directo.

Esa concepción, que es plan y programa, no está en el ADN kirchnerista. La sorpresa no va a ser la existencia de un plan y de un programa que merezcan tal nombre. No lo esperemos.

Sabemos que hay decisiones que no se tomarán. No hay retroceso, entonces el INDEC no se toca. No hay programa macro; y definitivamente no hay plan de mediano y largo. El “plan” implica “concertar” y la puesta en común de lo que realmente ocurre. No está en el ADN K hacerlo.

La sorpresa estará sólo en el área de los remedios, paso a paso, de uno a uno, y referido, más o menos, a los problemas inversos que hemos señalado. Todas las decisiones serán sorpresa básicamente por la magnitud. Pero todas tendrán aire de familia con las que ya se han tomado.

Aire de familia quiere decir que la manera de ver la realidad, de identificar los problemas y las soluciones será la propia del ADN K. Sin retroceso- En ese sentido no habrá sorpresa. Por otra parte, la inmensa mayoría de los opositores (muchos de los cuales tienen aire de familia cualquiera sea el origen) tampoco conciben a la política económica como otra cosa que no sea el tratamiento del problema inverso: es más donde vea oposición, verá un funcionario que contribuyó a las huellas K. La sorpresa no será un programa ni un plan que amerite ese nombre. La sorpresa será el remedio y la dosis: y eso puede ser un giro. En definitiva, una concesión a la oposición que piensa también en la lógica del problema inverso.

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09 noviembre 2013

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