¿Volver a empezar?

30 de noviembre de 2013

Carlos Leyba

Desde que Carlos Menem despachó, sin anestesia, que si él hubiera dicho lo que iba a hacer en el gobierno, nadie lo hubiera votado, quedó claro que los “ganadores” de  las nuevas generaciones de la política no buscan el Poder para poder realizar los sueños que prometen. Los “ganadores” buscan al Poder por lo que éste brinda.  Y a partir de allí hacen lo que sea necesario para quedarse en el Poder. Convierten el Poder en un objeto y en un objetivo en sí mismo; y no en un servicio.

Carlos Vladimiro Corach escribió para La Nación una nota doctrinaria acerca del oportunismo como virtud política de la que, sin duda, se desprendió el discurso del Senador Miguel Pichetto cuando votó, por verticalismo, en contra de lo que pensaba. Lo hizo en materia de fondo como es el proyecto de Código. Pero lo que es mucho peor, Pichetto declaró que lo hizo esperanzado en que los diputados de su partido no iban a hacer lo que él hizo. Lo primero es escandaloso. Lo segundo es patético. ¿Cuál es el límite de la solidaridad partidaria? La ley “Banelco” fue votada por decisión del bloque y algunos fueron capaces de no votar lo que les parecía que iba en contra de sus convicciones. Y lo mismo pasó con la privatización de YPF; muchos menemistas de entonces y kirchneristas de hoy votaron por ella por disciplina partidaria y por disciplina partidaria votaron por la expropiación: las mismas personas. Siempre hay excepciones y son más valiosas porque son pocas.

Pero esta conducta es algo que está instalado en la política. El tema da para mucho más pero no lo vamos a desarrollar. Pero sirve como introducción a un tema menos profundo, pero más inmediato que es el del marxismo dentro del kirchnerismo. ¿Cómo?

Me explico. Sus representantes más encumbrados son el ministro de economía Axel Kicillof y sus jóvenes condiscípulos, que han ocupado cuanto cargo público ha quedado disponible. Ese marxismo no es de origen y factura revolucionaria; es en realidad el que deriva de ese más que ingenioso predecesor de Woody Allen que fue Groucho Marx, cuya doctrina se sintetiza en esta afirmación “estos son mis principios y si a Usted no le gustan, tengo estos otros”.  El elogio de uno de los hermanos Bulgheroni al nuevo ministro es una demostración precisa de esa doctrina.

Nadie puede olvidar las afirmaciones de Kicillof acerca del vaciamiento que habían realizado los administradores de YPF durante la privatización; y nadie puede dejar de contrastarla con el súbito reconocimiento de que la ley “obliga a indemnizar”. Bulgheroni ¿ingresará a Vaca Muerta?

La primera afirmación revela que la expropiación tuvo como fundamento expulsar a unos vaciadores del control de una empresa estratégica (un tercio del mercado) para el país. La segunda revela una particular estrategia de compra de empresas con un telón que dice “mirá como los mato”. Página 12, siguiendo la vena de humor marxista, ha planteado esta oferta argentina como si se tratara de una que le ha quebrado el brazo a Repsol.  ¿?

Lo cierto es que lo que ofrece la Argentina (más allá de las desprolijidad y de los ocultamientos, que llenan de sospecha todos los pasos; y del desprecio a la opinión pública argentina, a la que se le oculta lo que seguramente saben aquellos presuntos vaciadores) a los “expropiados” es más que el valor de mercado de sus acciones al día anterior a la expropiación. Debiendo aclararse que la “exigencia española de dinero líquido” supone que, al pagar en bonos, el descuento, a partir de las tasas que paga argentina a través de las cotizaciones del mercado, implicará para quienes efectivamente paguen, que el costo será mucho mayor. Pero además, anote, significa que comienza la etapa del endeudamiento, por las razones que sean. El dinero es fungible: no hay asignación específica.

Es relativamente grave la continuidad de la cultura menemista implícita que enseña que aquello que escribo con la mano, lo borro con el codo; y que lo único que cuenta es mi oportunidad. Y por cierto con la ayuda intelectual de Página 12 para digerir los sapos.

Pero lo que es realmente grave, en la cadena de cosas graves que están detrás de YPF, es que cuando se tomó la decisión de intervenir a YPF (sólo una parte del mercado) sea por la gravedad de la crisis energética o por el filón de Vaca Muerta o para rescatar a los Eskenazi de la debacle patrimonial, lo que correspondía era, no una inmediata expropiación (que obligaría a un pago), sino una previa intervención con el cargo de una auditoría integral sobre todo el proceso de administración de la compañía.

Se trataba de verificar la existencia o no, de un vaciamiento por parte de los administradores. Para ello contadores y abogados, de prestigio internacional, debían verificar los decisiones que pudieran ser tipificadas como acción de vaciamiento y programación del mismo. Hay más que sospechas acerca de esto. La firma del contrato de compraventa de acciones de YPF, por parte de la empresa australiana de los Eskenazi y de Repsol, por la que los Eskenazi prácticamente no ponían un peso, sino que el precio lo pagaba la propia YPF, bajo la administración del deudor, da lugar a sospechar un perjuicio contra el objeto de la concesión. Y de la misma manera cabe al adelantamiento de utilidades distribuidas realizada al momento en que asumía Néstor Kirchner.

Antes que fuera designado como principal de YPF, tuve la oportunidad de conversar con Miguel Gallucio sobre la entonces probable expropiación. Le expuse que, a mi criterio, el mejor camino era intervención y auditoria. Con esa acción (recuerde Enron) el gobierno argentino no habría perdido la “respetabilidad” de los mercados; y no hubiera tenido que pagarle a los que, si así hubiera sido y comprobado, habrían vaciado la compañía. Como siempre, no haber hecho lo que se debía; y actuar ahora contradiciendo los afirmaciones iniciales, implica necesariamente “pagar de más” que es lo que vamos a hacer a partir de ahora, al menos con YPF.

Lo que esta decisión evidencia es un cambio en la manera de relacionarnos con los mercados de capitales. La tesis de Amado Boudu, que él no lo podrá capitalizar, es la triunfadora después de la derrota electoral. YPF más el CIADI y ahora, más las buenas relaciones con el FMI, es una sucesión de etapas en “la vuelta a los mercados”. Esto es lo que sostenía el escuadrón nacional y popular formado en el CEMA. Y esto es lo que está aplicando el escuadrón nacional y popular de la militancia marxista. No importa el origen, importa el resultado.

¿Por qué vamos por ese camino que es exactamente el que fue vituperado durante todos estos años? Simple. Como en el campo de la economía real este gobierno K, desde el primer día, más allá del discurso, renunció a toda política estructural y a toda política de transformación estructural, se encuentra ahora con una realidad de angustia de la caja en dólares – después de la mejor década de términos del intercambio de la historia argentina – que le amenaza la movilidad de los brazos y las piernas. Sin la movilidad no se puede ni caminar ni alimentarse estando sólo. Uno se vuelve dependiente.

El paso a paso practicado hasta el extremo, al igual que la política del endeudamiento de la convertibilidad, terminan de la misma manera: necesitados de los otros por carecer de la independencia que sólo surge de la transformación por inversión.

De esto se trata todo lo que está ocurriendo en el frente externo: el reconocimiento tardío de la necesidad. Puede ser un paso adelante. Pero no sabemos, todavía, hacia donde.

Ahora bien ¿Qué pasa hacia adentro? La nueva gestión del BCRA ha acelerado el ritmo de devaluación del dólar oficial. Juan Carlos Fábrega corre el doble de rápido que Mercedes Marcó del Pont. Desde el cepo, el dólar oficial viene corriendo al paralelo desde atrás. Mercedes, en los últimos tiempos, devaluaba al 3 por ciento acumulativo mensual (equivalente al 43 por ciento anual). Y si bien a ese ritmo superaba largamente a la tasa de inflación real, el paralelo agrandaba la brecha con el oficial. En otras palabras su estrategia cambiaria fracasaba porque el oficial corría y el paralelo volaba. Merece un comentario. Y otra vez tiene que ver con la cuestión del marxismo a la Groucho y la doctrina menemista de “si te digo lo que pienso” me echas. Marco del Pont fue en 2002 una de las integrantes del equipo devaluador de Ignacio de Mendiguren con Eduardo Duhalde. En realidad ellos devaluaron 40 por ciento (poco) y el mercado le pegó una patada al peso que lo elevó al cielo hasta eyectarlos del poder con 50 por ciento de pobreza.

Mercedes, junto con su maestro Héctor Valle, fueron los críticos más implacables del atraso cambiario durante la dictadura y la convertibilidad. Esa era la principal herramienta de su pensamiento económico. Pero inexplicablemente, cuando le fue entregada por los K la conducción de la política cambiaria y monetaria, Mercedes protagonizó un período de atraso cambiario cuyas consecuencias están a la vista. Sobre esto volveremos: sólo reiteramos que con la idea de “tengo estos principios, pero si no le gustan tengo estos otros” los costos que paga la sociedad siempre son mayores. También en este caso.

Desplazada del cargo por un funcionario de carrera bancaria, que jamás imaginó estar en la conducción del Central y cuyas opiniones sobre el papel de la política cambiaria en el desarrollo económico del país son desconocidas, se ha producido una aceleración del ritmo devaluatorio a un ritmo difícilmente sostenible.

El primer resultado positivo es que la brecha cambiaria ha comenzado a achicarse; en la carrera, el dólar oficial ha comenzado a descontar distancia al paralelo. Acompañando ese proceso, el ANSES y el Banco Central, han comenzado una masiva oferta “a la baja” de títulos públicos nominados en dólares. El objetivo es incentivar el desvío de los compradores de billete, en el mercado paralelo, hacia el mercado de bonos en dólares. La mesa de operaciones del BCRA logró bajar el precio del arbitraje que se realiza entre títulos locales y activos del exterior; y así indujo a la compra de títulos y acciones, desalentando la compra de billetes en el paralelo.  La brecha entre el oficial y el paralelo, por la mayor oferta de títulos y la aceleración devaluatoria, como dijimos, se ha reducido. Si ese era el objetivo, la conclusión es que se está cumpliendo. Pero el ritmo devaluatorio, dada la tasa de interés más baja que el ritmo de devaluación, ha incentivado el atraso de las exportaciones y el de los ingresos de divisas en el mercado oficial; y ha acelerado las importaciones y los giros permitidos al exterior. La consecuencia es que la baja de la brecha ha estado acompañada de una sustantiva caída del nivel de las reservas.

La caída de las reservas es la que, volviendo a los párrafos de adelante, ha generado la puesta en marcha del gobierno sobre el camino de Boudu, cuya meta es abrir el financiamiento externo. El objetivo se “legitimará” señalando que se trata de financiar inversiones públicas.

En realidad endeudarse en dólares, deuda externa, para financiar obras públicas de altísimo componente local implica “pan dólar” para hoy y “hambre dólar” para mañana. La inversión local, realizada con financiamiento externo, tiene sentido toda vez que su balance proyectado en dólares sea positivo.  Es decir cuando se trata de proyectos exportadores.

Jorge Capitanich dijo en la Cámara de la Construcción (ahí) que Cristina Fernández le pidió “trabajar en la búsqueda de financiamiento internacional para asignar los recursos necesarios para obras estratégicas que permitan reducir costos”. Julio de Vido, después del fracaso en China del amigo del “chino” Zanini, el dueño de Electroingeniería, en conseguir financiamiento para las represas de Santa Cruz; se puso a la búsqueda de plata en China y Rusia al hombro. Ni Brasil ni Venezuela, ahora China y Rusia, pero también “los mercados”. Cuándo uno va para todos lados, más que ir está saliendo desordenadamente.

Están tratando, con la filosofía paso a paso y la doctrina Boudu, de juntar caja en dólares sin realizar las transformaciones estructurales. Veamos.

Custodiar la caja en dólares de la gestión pública necesita el crecimiento de las exportaciones netas de importaciones, el incremento de los términos del intercambio o el flujo de créditos o de inversiones externas. El primer término mencionado, está notablemente acotado por la dependencia energética y de las industrias más alentadas por la política (automotriz, Tierra del Fuego); el segundo atraviesa un período de estancamiento con tendencia a la baja; el tercero está en franca contradicción con la política de desendeudamiento y el cuarto es difícil  aliento, entre otras causas, por la prevalencia del cepo que impide salir a lo que quiera entrar.

Es decir en la dinámica del stock de reservas hay un problema muy serio. Y, por otra parte, la decisión de acelerar la tasa de devaluación, con la política de tasas de interés vigente, incentiva el retraso de las exportaciones y la aceleración de las importaciones (y en ambos casos de los movimientos financieros) lo que contribuye a la perdida – al menos transitoria – de reservas.   Con esta política, en el corto plazo, puede achicarse la brecha pero difícilmente aumenten las reservas. Difícil. El endeudamiento amenaza volver.

La deuda, en la angustia, es un remedio eficaz. Pero, demostrado está, que no alimenta y que mas tarde o mas temprano, enferma.

Conclusión: la primera condición de una buena política es exponerla completa y articulada y con honesta convicción. Cuando la sociedad la comprende la acompaña y espera que se cumpla. Cuando la política se contradice se hace difícil que la sociedad a acompañe hasta que no vea el éxito. Sobretodo después de las mentiras.

Y ese es un circuito sin solución de continuidad: no hay éxito si la sociedad no acompaña y acompañar significa ahorro e inversión. Lo que por ahora no está en la agenda es la verdad, el ahorro y la inversión. Y eso es el riesgo de volver a empezar la economía de la deuda.

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30 noviembre 2013

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