La mala gestión económica está provocando inestabilidad política

23 de diciembre de 2013

REPORTAJE A JUAN CARLOS SCHMID realizado por Diego Genoud, publicado en Política On Line

El titular del gremio de Dragado y Balizamiento es para muchos el sindicalista más lúcido que sigue con Moyano. Vaticina un 2014 muy complicado por la inflación y el conflicto social y advierte que con sus zigzagueos el Gobierno “parece un ornitorrinco. No se sabe si es un mamífero, un pescado o qué corno es”.

Perfil bajo y palabras claras. Juan Carlos Schmid es para muchos el más lúcido de los sindicalistas que siguen acompañando a Hugo Moyano. El secretario general del gremio de Dragado y Balizamiento afirma que 2014 va a ser un año de mucha tensión, defiende la sindicalización de la policía y dice que los saqueos de hoy son protagonizados por los hijos de la década kirchnerista. Desde la sede de su sindicato ubicado en Barracas, el dirigente rosarino advierte sobre el fracaso de la política y opina que la crisis de los partidos que estallaron en 2001 nunca se resolvió. Critica al oficialismo por haber abandonado a la clase trabajadora, a De la Sota –hasta hace poco aliado de Moyano- por el desgobierno en Córdoba y asume autocríticamente la opción de acompañar a Francisco de Narváez en las últimas elecciones. Con menos exposición que Omar Plaini y Julio Piumato, pero con más predicamento en muchos sectores, Schmid dice que hoy no existe ninguna CGT sino apenas cinco expresiones del movimiento sindical. Y asegura que eso no le conviene a la estabilidad del país.

¿Cuanto hubo de reclamo salarial y cuanto hubo de extorsión en las recientes protestas policiales?

Difícilmente podría establecer porcentajes pero hay por un lado un problema que tiene como telón de fondo la inflación. Y por otro lado, un fracaso de la política que abre las puertas a la extorsión. Lo más grave es que, si de verdad hubo una extorsión, el poder político ha cedido y nosotros lo manifestamos en el último documento de la CGT, que se titula “La culpa es del otro”.

¿Por qué defienden la sindicalización de la Policía?

Hace más de un año que presentamos un proyecto de Facundo Moyano y Omar Plaini para que exista un instrumento de negociación, de mediación. ¿Desde dónde lo hacemos? Desde la experiencia histórica. El sindicalismo argentino nunca ha provocado una situación de abandono del servicio público, nunca ha habido cortes de luz generalizados por medidas de fuerza ni abandono en los hospitales, siempre ha habido una autorregulación. La sindicalización hubiera sido muy útil para evitar estos desbordes.

¿Con o sin derecho a huelga?

Sin derecho a huelga y con autorregulación. La propia OIT no ve ningún impedimento en que se organicen las fuerzas policiales, que de hecho tienen sindicato en diversos países tanto del mundo desarrollado como del propio continente. Estamos hablando de que los sindicatos se sienten a negociar en una mesa paritaria sin ninguna otra arma que la fuerza de sus argumentos.

Ahora hay algunos que dicen que así como la policía no tiene derecho a huelga, los docentes y los enfermeros tampoco deberían tenerlo porque también son servicios básicos.

La jurisprudencia internacional es clara. Menem lo quiso hacer con el transporte y no pudo. La intención de impedir el derecho a huelga es un argumento complicado porque cuando se llega a una situación de esa naturaleza es porque han fallado otras instancias. Fracasa el diálogo, la responsabilidad, la prevención. Hay escalones previos de la política que fracasan para llegar a ese punto.

Saqueos de ayer y de hoy

¿Cómo ve el panorama en este fin de año con tanta tensión?

Lo veo difícil y complicado, primero porque la mala gestión económica está provocando problemas políticos e inestabilidad política. Por otro lado, hay organismos que tienen que hacer inteligencia en Argentina. Quiero creer que había funcionarios y oficinas que conocían el clima de rebelión que se estaba preparando en las fuerzas policiales y no fueron capaces de tomar ninguna prevención. Estamos frente a una ausencia del Estado preocupante.

¿Qué rol puede jugar el sindicalismo en esta situación?

Nuestra primera reacción ha sido sostener al gobierno y condenar la metodología pero, al mismo tiempo, señalar las causas.

¿Qué responsabilidad le asigna a De la Sota en el inicio de la crisis, que después se expandió a todo el país?

Una responsabilidad central. De la Sota es un irresponsable. Porque él no puede resolver la cuestión como finalmente lo hizo. Pero no le cabe menor responsabilidad al gobierno nacional porque Córdoba es parte de la Argentina y podría haber evitado que todo estalle. La crisis de estos últimos acontecimientos termina fagocitando por lo menos tres candidatos. Acá hay tres hombres muy dañados. El primero es Capitanich. El segundo es De la Sota y el tercero es Uribarri, que también salió con la cola chamuscada.

¿Qué reclama hoy como prioritario la CGT de Moyano?

Primero, que se reconozcan los problemas. La inflación es importante pero no es lo único. Yo puedo compartir con el gobierno que se debe a un conjunto de factores: la culpa no es solo del gobierno, sino de los sectores dominantes o de lo de los grupos que marcan la tendencia de los precios en Argentina y que también están jugando con fuego. Particularmente en el rubro alimentos, hay una escalada de precios que no se justifica. Pero cuando se habla de un acuerdo de precios, todo el mundo aumenta antes para tener un colchón que le permita tener mayor rentabilidad. Es más viejo que el agujero del mate.

Lo otro que tienen que reconocer es la necesidad de un diálogo con todos los sectores. Que la Presidenta revise quién quiere que sean los titulares y quién quiere que sean los suplentes en esta nueva lógica. Tendrá que escuchar a todos, por más que tengan una posición crítica sobre el gobierno. Si lo ha hecho con Macri porque no lo puede hacer con sectores como el de Moyano, que la acompañó gran parte de todo este proceso.

¿Cuál es la agenda que el gobierno priorizó en los últimos tiempos?

Parece que ni el gobierno lo tiene claro. Se anuncia la pesificación y la valoración de la moneda nacional y al poco tiempo se anuncia un blanqueo de capitales. Se teatraliza una posición de dureza con los fondos buitres, el FMI y el CIADI y, al poco tiempo, se termina negociando con ellos. Es una agenda bastante difusa. Parece un ornitorrinco. No se sabe si es un mamífero, un pescado o qué corno es.

Hay que volver a generar las condiciones para un círculo virtuoso. Queda demostrado que crecimiento y consumo sólo no alcanzan para llegar al desarrollo y resolver los grandes problemas. No tenés puertos, te quedaste sin el ferrocarril… no se trata de dinero nada más sino también de mejorar la calidad en muchos aspectos.

¿Es comparable esta situación con la del 2001?

Nunca creo que la historia sea una secuencia lineal. Hay escenas parecidas por el efecto del saqueo pero no existe la misma situación socioeconómica. Es grave que no tengamos la capacidad política para evitar que eso se reitere y de esa manera.

El saqueo, más allá de las pérdidas económicas y de la situación de estabilidad que provoca, lo más duro y preocupante que hace es abrir una brecha al interior de la sociedad. Detrás de los vidrios rotos y del negocio violado, se rompe algo mucho más profundo entre los argentinos.

En 2012, el gobierno culpó a Moyano por los saqueos.

¿Y ahora a quién le va a echar la culpa?. Es decididamente lamentable que el gobierno haya dicho eso. Los saqueos son protagonizados por jóvenes que tenían 10 o 12 años cuando comenzó este proceso y ahora tienen 20 o 22 y salen a robar. Entonces, hay alguna cosa que hicimos mal, alguna cosa que los que están conduciendo no pusieron en la computadora.

El salto fallido a la política

¿Se equivocó Moyano al romper con el gobierno?

Al revés. Creo que el gobierno se equivocó al romper con Moyano. Está muy claro que ha habido una declinación a partir de que se ha roto el frente con la clase trabajadora, que era un factor de sostenimiento concreto. El gobierno no ha tenido quien lo sostenga de la misma manera. En las urnas, acaba de perder millones de votos entre los cuales hay muchos trabajadores que se sienten contrariados.

¿Y se equivocó con la opción electoral de acompañar a De Narváez?

Creo que, en todo caso, la construcción política del sindicalismo no obtuvo los resultados que se esperaban. Pero el senador Guillermo Pereyra de Neuquén y los diputados que entraron son una expresión del sindicalismo que va a dar batalla dentro del Congreso. Fue una reacción directamente vinculada con las condiciones que gestó el propio gobierno: la Presidenta decía: “Armen un partido y vayan a elecciones”. Bueno, eso fue lo que pasó.

¿No genera una confusión entre la misma base de Moyano tener una agenda como la que usted describe e ir con De Narváez?

Es probable. Pero creo honestamente que el grueso de esos trabajadores tenían claro también que el gobierno no estaba dispuesto a dar ninguna de las respuestas que se venían reclamando. Y por eso es el resultado electoral.

¿Entonces, lo que falla es el salto a la política que siempre buscó Moyano?

Bueno, es un proceso de maduración de la clase trabajadora con legítimo derecho a construir su propia expresión política. Le pasa también a la izquierda, que tiene un programa mucho más punzante en algunos aspectos y que también quiere organizar a los trabajadores para incidir en la política nacional. En nuestro caso, tiene que ver con la crisis de los partidos políticos y en particular del peronismo que, como dijo Moyano, es una cáscara vacía. Eso afecta mucho al campo sindical porque uno no tiene dónde confluir para discutir desde dónde aportar a un proyecto. Mientras esto no ocurra, la clase trabajadora tiene que madurar un proceso, porque por nosotros –queda claro- no lo van a hacer los políticos.

Facundo Moyano y el futuro

¿Usted dice que la política volvió a estar cuestionada como antes?

Kirchner puso en valor de nuevo la práctica política pero los partidos siguieron sumergidos en falta de debate. Kirchner y Cristina nunca convocaron al partido y el partido nunca hizo ningún esfuerzo para discutir lo que iba pasando. La transversalidad, las testimoniales, el dedo que decía “vas vos”. Estábamos convencidos de que podíamos contribuir al proceso. Pero ellos no entendían el aporte del sindicalismo. Y yo tengo todo el derecho como representante de los trabajadores de decir: “No, yo de suplente no juego”.

Hubo un momento en el que el kirchnerismo parecía sobrevolar esa crisis de legitimidad.

Así es, parecía. Porque los sobrevoló efectivamente, pero los problemas estaban por debajo. La falta de discusión interna de cómo se sostiene un proyecto nos lleva otra vez a la crisis. Esa falta de contención genera que desde adentro de tu propia construcción política terminen saliendo los adversarios que más daño te hacen. Eso pasa por que el que conduce no tiene mucho tacto que digamos.

¿Cómo ve el acercamiento de Facundo Moyano a Sergio Massa en ese marco?

Facundo es un compañero muy interesante. Yo aposté mucho a él. Son 40 años menos. Nuestra esperanza y nuestro futuro están depositados en compañeros de su edad. Nosotros tenemos la experiencia pero somos hijos de otro proceso. La mayoría de los jóvenes que ingresaron a trabajar en estos años nunca vivieron lo que vivimos nosotros. El tiene que ir construyendo y viendo cómo abrirse camino, siempre y cuando respete su primera condición: la clase trabajadora.

¿Usted cree que el sindicalismo expresa a esas nuevas generaciones?

Si lo miramos desde el punto de vista del crecimiento de los padrones y de los sindicatos, diría que sí. Pero adentro de los padrones no está toda la clase trabajadora. No todos forman parte de los que tenemos convenios colectivos y salarios en blanco. Todos sabemos que hay mucho cuentapropismo, hay mucha precarización. El flagelo del trabajo en negro en Argentina es una cuenta pendiente de la democracia.

Ahí está la negativa persistente del Frente para la Victoria en el Congreso para tratar el tema de la tercerización. ¡Cacarearon mucho con el crimen de Mariano Ferreyra pero no hicieron nada en el Parlamento para resolver este tema!

Hay una nueva generación de trabajadores que ingresaron en los sindicatos y por otro lado hay una demanda de una reformulación de nuestras prácticas. No podemos seguir manejándonos de la misma forma con millones de jóvenes que entraron al mundo sindical.

¿A qué atribuye el crecimiento electoral y político de la izquierda que antes mencionaba?

A las fallas nuestras. Del movimientos sindical y del peronismo. Somos los responsables. Y no hay que desmerecer, desde mi punto de vista, la tarea territorial, política y social que ha hecho la izquierda. La mayoría de la dirigencia sindical no sabe ni siquiera cómo se llaman los diputados de izquierda que acaban de entrar al Congreso. Yo sé. Y sé también cuál es el problema con la cuarta diputada que no le reconocen en Córdoba. Si uno quiere dirigir y entablar un debate democrático tiene que conocer esa realidad. Han hecho un trabajo que nosotros hemos abandonado y han hecho un trabajo interesante. Ha habido una subestimación de nuestra parte y hay que notarlo.

La interna sindical

¿Se va a unificar el sindicalismo peronista?

¿Para qué? Repito lo que dice Moyano: nos vamos a unificar si es alrededor de un programa. Si la idea es unificarse para ir a aplaudir las cortinas de humo del gobierno, no.

Hoy hay cinco CGT…

¡No! ¡No hay ninguna CGT!. Hay cinco expresiones del movimiento sindical. Nosotros tenemos gran cantidad de sindicatos que no nos acompañan. El otro sector queda atrapado en la cercanía con el oficialismo. Yasky casi hace seguimiento de los anuncios del gobierno. Micheli intenta tener una expresión de dureza que muchas veces no termina respondiendo a una estrategia eficaz.

Cuando empiecen a valer los reclamos, muchos van a empezar a mirar otra vez para la calle Azopardo. Pero Moyano ya dijo que si le dicen a dónde vamos, él no tiene ningún problema en sentarse a negociar y correrse. El tema es para qué.

Que haya cinco expresiones no le conviene a nadie y no le conviene a la estabilidad del país. Los trabajadores quieren que estemos unidos para hacer valer los reclamos.

¿Qué figura puede surgir como para reemplazar ese liderazgo?

No tengo la más mínima idea. Los liderazgos fuertes no se reemplazan con otro hombre, se reemplazan con equipos de conducción. A la clase trabajadora argentina le costó más de una década volver a construir un liderazgo como el de Saúl Ubaldini: ese fue Moyano, después de muchas batallas y de mucho tiempo. Me da la impresión de que habrá que armar una conducción colegiada y tener una CGT que pueda ir madurando hasta que encontremos un nuevo liderazgo.

¿Ve que 2014 va a ser un año de muchas batallas?

Me parece que sí. Ya empezó el despelote. La puja salarial, que se esperaba para el año que viene, estalló en diciembre. No me refiero a la policía. Están pidiendo aumentos todos los sectores estatales. Nosotros ya le presentamos a la armadora estatal la necesidad de empezar a discutir en nuestro sector. Y hemos lanzado a todas nuestras seccionales la advertencia de que empiecen a hacer asambleas porque vamos a entrar en quilombo el año que viene. Si la subsecretaría de Puertos y Vías Navegables quiere que esté en marcha el operativo del Dragado en el canal Martín García, la profundización que estamos haciendo en el Alto Paraná del Paraguay en un acuerdo bilateral con Paraguay, si quiere que mantengamos Mar del Plata y los accesos portuarios, va a tener que entender que no se puede pagar lo que nos están pagando. Es casi un 30 por ciento menos que el sector privado. Eso no va poder ser.

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23 diciembre 2013

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