¿Decile al futuro que no venga?

29 de diciembre de 2013

Por Carlos Leyba

Nada de lo que hoy nos pasa, y que realmente pese, es consecuencia del futuro. Parece una frase surrealista. Pero lamentablemente es una frase de un realismo doloroso. Si lo que hoy pasa fuera consecuencia del futuro estaríamos viviendo un período, por ejemplo, de  incomodidades pero en vistas a un futuro próximo, visible, palpable y apetecido. Así  son los dolores, las incomodidades, el sofocón del embarazo, de lo que está por venir; aquello que, desde hace tiempo, deseamos que llegue y en lo que hemos invertido imaginación, deseo, esfuerzo, ahorro.  Eso es el progreso. Una construcción a futuro. La construcción del camino nuevo que nos obliga a transitar reduciendo velocidad y avanzando; haciendo cola y a veces despejado. Un presente atascado para un  futuro liberado. El horizonte se desplaza y cada vez el punto de mira es más generoso. Eso es el progreso.

Entonces ¿si lo que estamos viviendo, aquí y ahora, no es consecuencia del futuro; si los desequilibrios y el desorden no son la consecuencia de una marcha acelerada hacia una meta informada publicamente y apetecida; entonces de dónde proviene?

Lo que estamos viviendo es consecuencia del pasado. De un pasado que se proyecta con fuerza inusitada sobre el presente. Un pasado que nos amarra y que requiere de un esfuerzo enorme sólo para sobrevivir el presente. Un pasado no superado.

Hay varias vertientes del pasado que inundan el presente. Una de ellas, de todos conocida pero poco tenida en cuenta, es que  casi todos quienes tienen hoy a cargo el gobierno, en todas las dimensiones del Estado, han formado parte del poder a lo largo de dos décadas. No exagero. Enfrente del gobierno, en casi todos los alineamientos, tenemos a las “viudas del poder”. En todas las oposiciones hay quienes fueron funcionarios responsables de la política K. Y no es cierto que lo que pasa hoy no tenga correlato con la concepción del primer día. Es decir las “viudas” son responsables como mínimo en grado de condescendencia. Estos son los opositores que lo son a partir de la expulsión. Y en el gobierno, qué paradoja, militan con fervor los funcionarios y legisladores de la convertibilidad y de la Alianza.

La pregunta es ¿ qué tienen en común veinte años de liberalismo y de kirchnerismo? No el discurso. Las palabras son opuestas. Pero ¿los hechos? Mirados en perspectiva, elimando las formas, viajando al nudo, al germen, los hechos están asociados a la misma ausencia, lo que falta, aunque el escenario exterior y el parlamento de los actores sea distinto. Veamos los hechos.

Una frase poco criptica puede aclarar la idea: en economía el pasado no superado equivale al agotamiento de los stocks. El presente, en economía, es un flujo que se abastece de múltiples fuentes que, de no mediar inversiones relevantes, se agotan. Y una vez que las fuentes se agotan, poco importa cuántas, basta una; el proceso se hace más y más complejo, más y más desequilibrado.

Tan simple como eso: el pasado nos gobierna porque la carencia de inversiones agota las fuentes que fluidifican los flujos del presente. Cuando a Domingo Cavallo, en su versión “progre” de la Alianza, le cerraron la puerta del crédito usurario externo, cuando se agotó el stock de endeudamiento posible, se derrumbó el escenario de papel maché: todos los desequilibrios afloraron cuando dejaron de estar cubiertos por la lluvia de dólares de la deuda.

¿Cómo es posible que la política como función, la que ejecutan aquellos que se han procurado un lugar en la cabina de mando, y aquellos que controlan la marcha y que están despiertos a la espera de hacerse cargo del comando, oficialistas y opositores, no puedan, no sepan, no quieran – como si lo dispuso el ángel de Klee leído por Walter Brenjamin – abrir las alas de la historia para levantar vuelo al amparo del huracán del futuro?

¿Cómo y porqué se repite una y otra vez la misma actitud? ¿Será que son las mismas personas, las mismas cabezas, los mismos paradigmas  que gobiernan? Suena extraño. Pero ¿Usted realmente no recuerda o no sabe, quienes hicieron posible las privatizaciones?¿O el crecimiento descomunal de la deuda externa? ¿Quiénes formaban parte de los gobiernos que produjeron la explosión de pobreza, de la inequidad y de la desindustrialización?¿No es extraño que realmente sean los mismos que recitan las críticas a las privatizaciones, la deuda, la pobreza, la inequidad y la desindustrialización? El mismo mal se repite.

La ausencia de una propuesta expresa del futuro hace ilegítimo el ejercicio del poder. ¿Para qué necesitamos del Estado sino es para que provea y ejecute el proyecto de vida buena en común?

¿Acaso en nuestra sociedad – aquí y ahora – estamos escuchando, reflexionando, debatiendo acerca del futuro deseado?

Me repito: recorra las librerias (o los programas de la TV gubernamentales o progrubernamentales) y encontrará un aluvión de obras (programas) acerca del pasado que se incorporan día tras día y que se instalan – con particular delectación – en los 70; y ni una sola obra (programa) sobre nuestro futuro, sobre nuestras posibilidades, ni sueños ni propuestas. Ni la política ni los intelectuales visitan el futuro. ¿Qué es lo que hace que vivamos en un escenario tan particular? ¿Acaso rige aquí ese miedo a lo porvenir que hace decir “si ves al futuro decile que no venga”?

Nada mas equivocado. Otras generaciones vivieron hacia el futuro en la convicción de los dones que nuestra Nación tenía para conquistarlo. No se trataba de que ocurra. Se trataba de irlo a buscar.

El gran desafío para 2014 es romper este giro sin solución de continuidad que se va cerrando progresivamente.

¿Alguien puede ignorar que ninguno de los problemas que nos afectan tiene solución si no es a partir de una mirada prospectiva del futuro deseable y posible?

Y sin embargo frente a un problema concreto, elemental, primario, como lo es el corte del suministro de electricidad la respuesta pública oficialista es una explicación acerca de la culpa y una amenaza de sanción; y la respuesta pública crítica, también es otra explicación acerca de la culpa y un reclamo de sanción.

Por ejemplo el gubernamental diario Página 12 nos recuerda que Jorge Capitanich “volvió a exigir”!!!!: “Las empresas tienen que resolver rápidamente los problemas que demanden los usuarios”. El Jefe de Gabinete intervino descriptivamente como un comentarista. Los usuarios demandan un derecho y las empresas tienen la obligación de resolver en tiempo y forma. ¡Vaya! Pero el ministro Julio De Vido aclaró “Primero, que resuelvan lo más importante y después nos vamos a sentar a discutir a ver cuáles son las obras que se hicieron y cuáles se tenían que hacer”. ¿Recién ahora vamos a discutir las obras que tenían que hacer? Clarito, el futuro está denegado. Pero además puso en claro que el Estado no sabía cuáles eran “las obras que se tenían que hacer” y que, si lo sabía, nada hizo para exigirlo y demandarlo en tiempo y forma. Nos gobierna el pasado.

Otra muestra extraordinaria de un Estado que corre detrás de los acontecimientos, gobernado por el pasado, es la  nota del diario oficial Página12 que se anoticia que “Sin regulación estatal… (se colocan) préstamos (con) tasas de interés llegan al 165 por ciento anual”. La primera pregunta es ¿porqué no hay regulación estatal, es decir, cuál es la razón por la cual quien puede pagar 165 por ciento anual por un crédito de consumo no califica para un crédito del sistema bancario? La respuesta que da la nota de Página12 es un documento oficial que dice que el  crecimiento de los créditos para el consumo es explicado por “la realidad económica y social que atraviesa la Argentina desde el año 2003”. El documento, dice Pagina12, “precisa que este fenómeno debe rastrearse en el aumento de los ingresos que hicieron que la clase media recupere su capacidad de consumo, en el incremento del empleo y en las políticas redistributivas. Estas tuvieron como consecuencia el aumento del consumo y, a su vez, el incremento de esos créditos”. (Página12, 28 de diciembre de 2013).

Vera el lector que, cualquiera sea el fenómeno – corte de suministro de energía o expansión del crédito de consumo a tasas de interés de expoliación – todo tiene el mismo origen: el éxito de las políticas que dieron lugar a la expansión del consumo.

Para la usina de propaganda oficialista o para los funcionarios, la gente sacada de sus casas por falta de electricidad o embargadas por créditos impagables, tiene el mismo origen: “el éxito de la expansión del consumo”. En el pensamiento oficialista las desgracias son la consecuencia del éxito. Es como si en el pensamiento oficialista se acuñara el apotegma de: “tanto va el éxito a la sociedad que al final se rompe”.

Aún esa explicación es un argumento de que el pasado se proyecta sobre el presente. ¿Cómo negarlo? Lo que no hicimos para evitar los males que se acumulaban y lo que hicimos por impericia para instalarlos, suman de un lado; y del otro lo que resta es aquello positivo que hemos acumulado.

Los problemas del presente, en ausencia de la construcción a futuro, resultan de un balance de esos dos vectores de fuerza del pasado que condicionan el aquí y ahora. Vemos.

El resultado de la cuenta del presente es que se ha achicado el nivel de las reservas del Banco Central, el superávit fiscal, el margen de competitividad externa, la tolerancia social a la pobreza, a la inequidad, a la inflación y a la presión fiscal. La crisis energética, desde la materia prima hasta la generación, transporte y distribución electrica, amenaza la vida cotidiana. El conjunto de la infraestructura corre riesgo de saturación (inimaginable el pandemonio de transporte con una cosecha de 140 millones de toneladas).El fracaso escolar se ventila delante de nuestros ojos; y cientos de miles de jóvenes no estudian ni trabajan. El déficit comercial externo de la industria crece. El desacople del sistema salarial asegura un clima de conflicto; y la informalidad laboral consolida una estructura inequitativa. A ello ha de sumarse una concentración y extranjerización de la riqueza que continúa la catástrofe de la convertibilidad. Se ha sumado la “nueva oligarquía de los concesionarios”: nuevos megamillonarios de fortunas amasadas de manera inexplicable y sostenidas por gobiernos de toda adscripción ideológica. Todos ellos tienen en común las fuentes de ingreso en reemplazo de señorajes estatales y la protección de trabajar en áreas de bienes no transables en el comercio internacional. ¿La nueva burguesía?

Nada de esto, que es “lo que pasa y además lo que pesa”, es la consecuencia de la situación derivada de un futuro deseado. No. Nadie se ha puesto estas cosas como meta; y ninguna meta nos haría atravesar por estos pantanos. Todo esto es consecuencia de las fuerzas del pasado, de lo que no hicimos, de lo que no supimos conducir. La pérdida de reservas es consecuencia de una política cambiaria e instrumentos asociados, y de ingresos lisa y llanamente equivocadas; como también lo es el esquema irresponsable de la política de subsidios origen del desequilibrio fiscal. ¿Qué meta de futuro habría de justificar esos costos? Lo mismo cabe para la perdida del margen de competitividad externa ¿en qué programa hacia el futuro figura?¿O el estancamiento de cifras enormes de pobreza, abismos de inequidad, galope de inflación y presión fiscal, en qué inventario de precios del futuro figuran? ¿Cómo explicar desde el futuro el paso por la crisis energética y de toda la infraestructura? ¿Qué mensaje desde el futuro avala el fracaso escolar y los jóvenes que no estudian ni trabajan?  O ¿qué programa está detrás del déficit comercial externo de la industria y el desacople del sistema salarial y la informalidad laboral, de la concentración y extranjerización de la riqueza, y de la  “nueva oligarquía de los concesionarios”?

Nada de lo que nos pasa y que mucho pesa, es una meta. Ni tampoco el paso obligado hacia una meta futura.

Justamente todo esto que nos pasa es la consecuencia de un afincamiento en muchas vertientes del pasado. Sin duda el paradigma, la cabeza, de muchos que ignoran lo que realmente piensan y que es lo que gobierna sus actos. Sin duda cuenta el peso de las estructuras previas que nadie ha tratado de transformar, justamente por aversión al futuro. O peor aún. Porque, en quienes tienen el poder, domina la idea del poder sustantivo (tener y conservar “el poder”) en lugar de la virtuosa idea del poder verbo: poder hacer las cosas. Jostamente la virtuosa idea del poder pasajero. Virtud que en estos años hemos perdido. Y que tal vez sea lo primero que tenemos que recuperar para vivir la democracia para construir el futuro.

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29 diciembre 2013

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