MALESTAR, PREOCUPACION, DESCONCIERTO

18 de enero de 2014

Carlos Leyba

Malestar en la economía, la sociedad preocupada y la política desconcertada. ¡Lindo coctel para empezar el año¡ La economía,  manifiesta signos que apuntan al estancamiento; la tasa de inflación se acelera; el empleo privado se estanca y los nuevos puestos son de bajísima productividad; las cuentas negativas externas de la energía y de los sectores del consumo ponen en jaque las cuentas externas a pesar del ritmo devaluatorio, lo que se constata con la brecha de más del 70 por ciento del paralelo y la caída de Reservas del BCRA. Axel Kicillof va a por la deuda.

Malestar en la economía, la sociedad preocupada y la política desconcertada. ¡Lindo coctel para empezar el año¡. ¿Cómo haremos para terminarlo bien?

¿Podrá la política por lo menos dejar de desconcertar a la sociedad? ¿Podrá la sociedad pasar a ocuparse de sus problemas en lugar de estacionarse en la preocupación? ¿Podrá la economía reemplazar malestar por bienestar?

Se trata de cambiar la tendencia general, el ánimo, porque de instalarse el predominio de las fuerzas negativas, el conflicto nos puede arrastrar al viaje que nadie desea. ¿Es tan así? ¿No es esta una visión demasiado negativa de una realidad que no es tan dura ni tan compleja? Observemos los hechos.

El lunes probablemente ocurrirán cosas hasta ahora inesperadas.

La primera cosa inesperada es que el ministro Axel Kicillof estará en Paris tratando de acordar el fin del default con el Club de Paris. Se trata de acordar acerca del pago de una deuda que monta, más o menos, 9 mil millones de dólares. Y tal vez ese acuerdo implique que el Fondo retorne a la Argentina para la revisión del artículo IV del Estatuto del FMI. Ese paso abriría la vía al endeudamiento externo de las empresas; y también algunas líneas para el gobierno. Esto se suma a la decisión de pagarle a REPSOL por sus acciones y al acuerdo con los acreedores con demandas cerradas en el CIADI. Buena letra con el establishment. Todo sumado señala una nueva vocación por recursos externos. Nueva porque Kicillof ya había emprendido un viaje a la sede del Partido Comunista Chino a la búsqueda de financiación no imperialista procedente de la arcas chinas. Lo nuevo, en este caso, no es la vocación por los recursos externos (que ya estaba) sino el retorno a las fuentes viejas. Por ejemplo uno de esos viajes a las viejas fuentes es el de la venta de los bonos de la deuda externa de la ANSES para aplacar el mercado paralelo: esa que era deuda en poder del Estado paso a manos privadas. Así se empieza. Y también a esta contribución al “clima financiero” hay que sumar el exagerado cálculo de crecimiento del PBI que dispara el pago de 3 mil millones de dólares a los tenedores de cupones de crecimiento del PBI. El lunes en Paris toda esta secuencia puede ser coronada.

Surgen al respecto dos consideraciones. La primera es que el gobierno, o el delfín Kicillof de Cristina designado por Edgardo Depetri como candidato presidencial por el kirchnerismo, han pasado a privilegiar los flujos externos como el arma primordial para terminar con el malestar de la economía. Sabe a conocido. Pero inesperado. Decimos privilegiado porque es una movida mucho más audaz e innovadora en el universo K, que los “precios cuidados” que son apenas unos bocaditos antes de poner la mesa. La segunda consideración es que con estas señales vamos camino al cierre del ciclo de la política de desendeudamiento. ¿Cómo entender estos pasos del candidato a la presidencia K por la “izquierda K”, “el marxista”, y de La Cámpora – sino es en el contexto de sanear la economía con recursos externos? ¿Qué es eso? Digamos que estas acciones destinadas a revertir el malestar de la economía, que no son complementarias de otras de mayor densidad, como mínimo son una contribución al desconcierto de la política: la patada en el arco contrario.

La segunda cuestión inesperada es la convocatoria a candidatos presidenciales del peronismo por parte de los sindicalistas encabezada por Hugo Moyano. Convocatoria que se supone se reiterará a otros candidatos procedentes de otras corrientes. El movimiento obrero que en su mejor tradición, como lo fue la conducción de José Ignacio Rucci, ha sido el motor de grandes acuerdos del universo político democrático y popular y de los sectores de la vida económica  y social, está más que calificado para convocar a todos los sectores. Por esta vía da los primeros pasos para una convocatoria al acuerdo en las grandes líneas de política para salir de una situación que, como encabezamos en esta nota, es la de un malestar de la economía, desconcierto de la política y preocupación de la sociedad.

El gobierno, a pesar de su reciente renovación, ha manifestado un absoluto desinterés por arribar a un acuerdo con los que no están de acuerdo. Y ha montado la “mise en scène” de un acuerdo entre los que ya están de acuerdo o que no están dispuestos a mostrar un desacuerdo. Es decir, nada.

Cuando los acuerdos no se procuran desde “el poder”, los acuerdos gestados desde abajo producen “el poder”. Hay experiencias acerca de ello. La de Rucci, Jose Gelbard y Juan Perón en 1973 realizada desde el llano y enfrentada al “poder”. Estamos lejos de un acuerdo capaz de generar esa situación. Pero la voluntad de los dirigentes sindicales es poderosa y positiva. Lo que juega en contra es que acerca de los grandes temas de la economía y de la sociedad, hay una enorme falta de claridad derivada de la ausencia de debate. Y la dirigencia política permanece ausente de las grandes definiciones y se limita a comentar las decisiones del gobierno que, por otra parte, no son más que respuestas a los problemas emergentes como lo son estos periplos que van del Celeste Imperio a la Ciudad de las Luces a la búsqueda del “mango que te haga morfar”.

El lunes, entonces, puede ser un día en que quede en claro que el gobierno va en una dirección inesperada; y que el sindicalismo comienza un camino a la búsqueda de acuerdos que definan una dirección deseada.

Nada de eso cambia, ni augura cambios próximos, respecto de la situación presente.

Empecemos preguntándonos ¿qué es lo que está mal en la economía?

Cuando se hace el chequeo del estado general de una economía, primero se interroga por el crecimiento del nivel de actividad, el nivel de la tasa de inflación, la evolución del empleo y el estado de las cuentas externas. Esa es, digamos, la revisación a la altura del suelo.

La economía, que se había recuperado en 2013, manifiesta signos de fatiga que apuntan al estancamiento; la tasa de inflación riesgosamente se acelera; la creación de empleo privado se estanca y los nuevos puestos de trabajo son de bajísima productividad; las cuentas negativas externas de la energía y de los sectores del consumo (automotriz, turismo, electrodomésticos y electrónicos) ponen en jaque las cuentas externas a pesar del giro descomunal en el ritmo devaluatorio, lo que se constata con la brecha de más del 70 por ciento del paralelo contra el dólar oficial y la caída de Reservas del BCRA.

Esto es lo que se ve a nivel de la superficie (las cuatro variables mencionadas). Bajemos a los cimientos. Allí observamos con claridad que el malestar de la economía está la crisis de infraestructura energética, de transporte y de comunicaciones ámbitos en los que la demanda – derivada del nivel que alcanzó la economía – supera largamente la capacidad de la oferta. Todas las proyecciones que realicemos desde el subsuelo nos señalan que cualquier crecimiento de lo que está en la superficie se enfrenta a la fenomenal carencia de infraestructura y se convierte en un inevitable cuello de botella.

Es decir el malestar de la economía es el reflejo de como se ha ido encogiendo la realidad presente en términos de menos estabilidad, crecimiento, empleo y solvencia externa y además de cómo se han ido acrecentando las carencias de estructura que deben ser medidas en años de atraso.  ¿Cómo pasar a construir un nuevo piso si los cimientos aflojan y en la superficie lo que tiene que andar bien cruje?

Todo eso compone el malestar de la economía acerca de lo cuál nos preguntamos cómo se refleja en la sociedad.

¿Qué es una sociedad preocupada?

La sociedad está preocupada porque los ingresos se han ido evaporando con la inflación y en las áreas urbanas el cierre de locales comerciales, a la vista de todos los transeúntes de todos los  barrios, se presenta como un alerta adicional al problema del empleo. La plata vale menos y ganarla puede estar en peligro. Claro que ese es el panorama que inquieta a quien tiene trabajo formal. Otra perspectiva es la de los jefes de las familias que componen la escandalosa cifra de los 10 millones de pobres. La preocupación  de ellos es la de la supervivencia en un plano inclinado; cuya inclinación se hace cada día más marcada. La pobreza dejó de ser un estadio de lo que la mayor parte está saliendo, para convertirse en un proceso de consolidación y esclerosis de los que están;  y de contagio de los que por aproximación pueden serlo más adelante.

En ese marco de ingresos débiles y pobreza muy consolidada, la sociedad está preocupada por varios problemas que están claramente en la superficie. Primero el narcotráfico y lo que aparece como vinculaciones con el poder. Asediada por el narcotráfico y todas sus violencias; y  la sensación de desamparo que provoca la idea de una vinculación entre espacios de poder y el narcotráfico. La cultura de la droga ha avanzado sin que todavía la sociedad haya podido generar una contracultura capaz de detenerla. Es un drama en sí mismo que se expresa con una violencia inusitada y genera, es evidente, una atracción enorme sobre el poder. La sociedad está preocupada por los problemas que la debilitan, la aíslan y generan conductas individualistas y a la vez erosionan el sentido de bien común en la política y en el Estado. Hay un vacío, un campo de nadie, entre la sociedad – sometida al aislamiento y el individualismo de la nueva cultura de la droga – por una parte,  y el Estado desprovisto de las energías y las capacidades del bien común. La acción directa cotidiana, la prepotencia, el uso del abuso y de la fuerza contribuyen al aislamiento de la sociedad y al divorcio de la sociedad y el Estado y – lo que es peor – al divorcio de la política de la sociedad y del Estado entendido como promotor del bien común.

Esto nos lleva a la tercera componente del coctel. El desconcierto de la política. Habrá excepciones. Pero la realidad es que verlos mover a los actores políticos, oficialistas u opositores, remeda a la comedia de Luiggi Pirandello. Los actores tienen su historia. Y qué historia. La mayor parte de los opositores peronistas al kirchnerismo fueron participantes activos del gobierno K. Dos Jefes de Gabinete!!! Y varios ministros de economía!!! Dos presidentes del BCRA!!!. ¿No asumen ninguna responsabilidad por lo que hoy critican? Pero en el radicalismo y en UNEN no le van en saga: un Vicepresidente y un ministro de economía. Todos pasaron por ahí y dejaron su impronta: la 125, el tren bala, convivieron con el INDEC y la política agropecuaria y de precios de Guillermo Moreno. Y fundamentalmente compartieron la política de la ausencia de programa de largo plazo y la falta de incentivos a la inversión y conformaron con entusiasmo el “estado fiscal consumista”.

Por otro lado la mayor parte de los oficialistas u opositores fueron parte del modelo menemista. En esas condiciones y sin una autocrítica y una profunda reflexión propositiva ¿cómo no van a estar desconcertados? ¿cómo no van a desconcertar? La política tiene una crisis de identidad y una crisis de argumento. Y en esas condiciones es difícil que pueda aportar lo que la sociedad y la economía esperan de la política.

¿Podrá la política por lo menos dejar de desconcertar a la sociedad? La iniciativa de Hugo Moyano es una primera contribución al exigir a los candidatos presidenciales una explicitación de sus grandes opciones en los temas centrales. Ese es el camino. Propuestas programáticas profundas.

¿Podrá la sociedad pasar a ocuparse de sus problemas en lugar de estacionarse en la preocupación?

Eso requiere de todos y cada uno un grado importante de participación. Las cosas malas que le pasan al país son en parte la consecuencia de la ausencia de compromiso ciudadano en la participación en la vida política. No de la esporádica e inconclusiva táctica de la acción directa, sino la participación permanente en la construcción de derechos y obligaciones sociales.

¿Podrá la economía reemplazar malestar por bienestar?

Es cierto que se han acumulado enormes errores a lo largo de estos años. Pero no es menos cierto que el horizonte en materia de recursos naturales, del bono demográfico y del potencial que nos ofrece el mundo exterior sólo requieren de una estrategia de largo plazo, concertada para poder ser cierta, para poner el país en la vía del desarrollo. Nuestros problemas están en la cabeza. En el pensamiento. En la falta de apetito por pensarnos a futuro.

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18 enero 2014

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