MALESTAR, PREOCUPACION, DESCONCIERTO II

21 de enero de 2014

Por Carlos Leyba

Publicada en El Economista

Malestar en la economía, sociedad preocupada y política desconcertada. Complicado 2014. ¿Podrá la política concertar con la sociedad; la sociedad ocuparse activamente de sus problemas en lugar de sólo preocuparse por ellos; el bienestar reemplazar al malestar de  la economía?

La afirmación inicial conforma una visión tal vez negativa del presente. Pero tiene el mérito de genera preguntas pertinentes que sólo pueden responderse afirmativamente con un programa de acción que nos lleve de este presente a ese futuro. Veamos.

El chequeo del estado general de corto plazo de una economía, interroga por el crecimiento y la tendencia del nivel de actividad, de la tasa de inflación, del empleo y de las cuentas externas. Esa es la revisación de superficie.

Hoy el PBI manifiesta signos de fatiga con tendencia al estancamiento; la inflación se aceleró; la creación de empleo privado se estancó y los nuevos puestos son de baja productividad; las saldos externos negativos de la energía y de los sectores del consumo (automotriz, turismo, electrodomésticos y electrónicos) ponen en jaque las cuentas con el exterior, mientras la brecha cambiaria se abisma, el ritmo devaluatorio de los últimos tiempos más que duplica la inflación; más que triplica la tasa de interés; y las Reservas del BCRA caen y la fuga, menor, continua.

Si saliendo del nivel de superficie bajamos a los cimientos, observamos la crisis de infraestructura (energética, transporte y comunicaciones). Cualquier crecimiento en las variables de la superficie se enfrentará a cuellos de botella que amenazan un retorno de la economía de la deuda. Atención: fuga y deuda. Algo estará mal.

La sociedad está preocupada. Los inflación evapora los ingresos y estos se disipan en las malas razones que empujan al consumo defensivo. Razones que son malas toda vez que no empujan a la inversión al mismo ritmo. En las áreas urbanas se dibuja – tal vez prematuramente – una alerta sobre la suerte del empleo. La plata vale menos; y en el hábito de ganarla se filtra una duda. Otra es la perspectiva de los 10 millones de pobres. Un escándalo agobiador. La supervivencia está en plano inclinado; la mayoría no está saliendo de la pobreza que tiende a consolidarse.

El marco de ingresos débiles y pobreza resistente, agiganta los problemas sociales de superficie. Primero el narcotráfico y las vinculaciones con espacios de poder, sus violencias cotidianas, que generan una sensación de desamparo frente al avance de la cultura de la droga que penetra por las heridas no cicatrizadas de la sociedad. ¿La contracultura capaz de detenerla? Esos problemas debilitan el sentido de bien común, nos aíslan y generan conductas individualistas que diluyen el valor de la política y del Estado. Se generó un vacío, un campo de nadie, entre la sociedad, por una parte;  y por la otra el Estado desprovisto de las energías y las capacidades del bien común, las que sólo puede brindar un proyecto de un ideal histórico concreto; y una vocación de servicio sostenida por un compromiso moral.

La apelación recurrente a la acción directa y al espíritu de prepotencia, contribuyen al divorcio de la sociedad y el Estado. Y peor aún al divorcio de la sociedad con la política.

El desconcierto de la política y la política del desconcierto dominan la escena pública. Hay excepciones: la de quienes pueden exhibir trayectoria con sentido, que es el CV del compromiso moral. Pero la pantalla, expone a numerosos actores, oficialistas u opositores, a la comedia de Pirandello. Es que muchos de esos actores tienen una historia que no es precisamente una trayectoria política que esclarezca. Muchos de los opositores peronistas al kirchnerismo fueron ejecutores de los modos y las políticas K. Dos jefes de gabinete, varios ministros de economía,  dos presidentes del BCRA ¿no son protagonistas de lluvias que han dado lugar a estos barros?¿y si no qué hacían? Los opositores no peronistas no le van en zaga: un vicepresidente y un ministro de economía.

Todos “gobernaron” sin programa de largo plazo, sin política industrial y sin incentivos a la inversión para sostener la infraestructura y transformar el aparato productivo, que rigió desde el primer día con el paso a paso; y conformaron el “estado fiscal consumista”. Muchos convivieron con el INDEC y la política agropecuaria y de precios de Guillermo Moreno; y algunos acompañaron la 125 y el tren bala, entre otros errores que se apilan hasta el presente. No es sano el “yo no fui”: ni para lo bueno que lo hay ni para lo malo que sobra. Por otro lado la mayor parte de los actores (oficialistas u opositores) fueron parte de la destrucción económica, social e institucional del menemismo y de la Alianza que fue su epílogo involuntario. En esas condiciones y sin una autocrítica y una profunda reflexión propositiva ¿cómo no van a estar desconcertados y desconcertar, los actores?

La política tiene una crisis de identidad y una crisis de argumento. Y si no suspera esas crisis es difícil que pueda aportar lo que la sociedad y la economía esperan de la política. No hay éxitos inmediatos posibles, ni en este escenario ni en el futuro próximo; y entonces- en ese extremo – para sostenerse, la construcción política, requiere de una enorme credibilidad cuyo fundamento es trayectoria, identidad y argumento. Examen de conciencia, confesión y propósito de enmienda.

¿Podrá la política dejar de desconcertar a la sociedad? El lunes pasado, Hugo Moyano no tuvo suerte en la convocatoria al examen programático a los candidatos que pretenden los votos del peronismo. Pero lo cierto es que la única manera en que la política puede dejar de desconcertar y dar certezas a la sociedad, es profundizando las propuestas programáticas. Una sociedad sin proyecto sufre de depresión colectiva, aunque cada uno individualmente tenga su propio proyecto y optimismo. El examen programático no se brinda en una campaña.  Requiere discutirlo con las organizaciones sociales.

Decía Juan Perón que, para gobernar, nada importante puede quedar afuera. Lo que propuso Moyano no tuvo éxito porque hay políticos que, por ahora, no están en condiciones de responder qué quieren, saben y pueden hacer; y qué es lo que no quieren y no están dispuestos a hacer. Eso no surge de un discurso, que está plagado de memorias selectivas,  sino de un intercambio. El intercambio es democratizar la política que hoy está encerrada en oligarquías electorales.

Para la esperanza de todos, entre los opositores y los oficialistas, hay quienes quieren programar y debatir y así romper la esclerosis de la política.

¿Podrá la sociedad pasar a ocuparse de sus problemas en lugar de estacionarse en la preocupación? Eso requiere participación. La ausencia de compromiso ciudadano en la vida política es lo que hace que no nos gobiernen los mejores; sino los que están en el momento oportuno en el lugar adecuado y que no necesariamente son los mejores.  La participación esporádica, la acción directa, las marchas, suman pero no multiplican. Lo que multiplica y cambia las dimensiones, es la participación permanente en la construcción de derechos y obligaciones sociales. Pensemos, por ejemplo, en la escuela de nuestros hijos.

¿Podrá nuestra economía reemplazar malestar por bienestar? Es cierto que se han acumulado enormes errores a lo largo de estos años. La inmensa mayoría de los errores fue consecuencia de mal diagnóstico, improvisación y voluntarismo.

Pero no es menos cierto que, aquí y ahora, nuestro horizonte de recursos naturales, de bono demográfico y de potencial que nos ofrece el mundo exterior; sólo requieren de una estrategia de largo plazo concertada – para que pueda generar certidumbre – para poner el país en la vía del desarrollo.

Desde hace 40 años nuestros problemas están en la cabeza. En la manera de pensar la Nación. En esa incapacidad, de las tres generaciones que gobiernan desde la muerte de Juan Perón, de pensar desde el interior profundo, desde el futuro y desde el consenso, pero – eso sí – invocándolo a Perón que es la manera de ganar.

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23 enero 2014

MALESTAR, PREOCUPACION, DESCONCIERTO II

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