Economía y política a los tropezones

5 de febrero de 2014

Publicada en El Economista

Carlos Leyba

No es para tanto. Las cosas no están como para que el candidato presidencial ferroviario, Florencio Randazzo declare “No se ilusionen, no nos vamos a ir antes”. Si su mensaje fue para brindar tranquilidad debió haber dicho “No se preocupen, no nos vamos a ir antes”.

Algunos opositores, oficialistas hasta hace unas horas, con dichos difícilmente inocentes pero irresponsables, le han dado pie a Florencio para enojarse. Sin ánimo de ofender, creo que a ese pie, que le han brindado, le cabe la de Francisco de Quevedo Buen pie, mejor coyuntura,/ diríase que yo soy el herrero/ y vos, la cabalgadura”. La política está rondando el territorio de “a lo bestia”. Entonces, mejor mirar la economía que, por lo menos, tiene algunos parámetros objetivos.

En economía el año también entró a los tropezones. Las reservas del Banco Central han caído aceleradamente; la inflación se mueve rápido en la dirección contraria a la deseada; la actividad económica da señales de freno, las que amenazan al empleo; y la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, genera una sensación de provisoriedad en todas las balizas convenientes para navegar en la economía.

No es el mejor escenario para pensar en el futuro. El futuro para la economía son las inversiones. Complicadas. Y para la política el futuro es cómo organizamos las elecciones. La novedad, es que para el candidato J. M. Urtubey, no será el dedo de Cristina sino las PASO las que decidirán la sucesión del oficialismo. Complicado.

En ese contexto político, con variables díscolas en la economía y el telón de las medidas correctivas de Axel Kicillof, CFK hizo dos apariciones subrayando su concepción de la economía.

CFK se identificó con el teorema que reza: “el consumo es la variable que empuja a la inversión” Proposición liberal. El consumo, respecto de la inversión, es necesario pero insuficiente. Excepto para el liberalismo para el cuál el mercado abre el apetito empresario para invertir y el Estado sólo debe ser un creador de condiciones; no planificar ni generar incentivos específicos para inversiones transformadoras del patrón de consumo y de las exportaciones. Nada más alejado de la heterodoxia. Tal vez por eso las palabras van por un lado y las cosas por el otro.

En los países como el nuestro gobernar es generar inversiones transformadoras ya que, con las estructuras productivas vigentes, el consumo sin inversiones, amenaza las cuentas externas (p.ej. energía, automotriz, electrónica) las que, finalmente, bloquean el empleo y nos ponen en el pipe line de volver a la deuda externa. No hay pasado inocente.

En esa concepción “consumista de mercado” radica la razón ideológica que explica las carencias de inversión que están en el origen de los tropezones que hoy nos preocupan: inflación, actividad, empleo, reservas. El problema surge de lo que ayer no se invirtió, entonces, los problemas de fondo no tienen solución inmediata. Queda compensar daños. Hasta empezar de cero.

Esto nos lleva al segundo elemento del discurso presidencial: el de las medidas compensadoras frente a los problemas sociales de fondo. Nadie puede dejar de aplaudir una medida compensadora que aproxima justicia. Los anuncios de los Plan Progresar y el ajuste de las jubilaciones, compensan y aproximan justicia.

Pero detrás del ajuste nominal de las jubilaciones está la inflación. Y detrás del nivel del 70 por ciento de las jubilaciones hay un problema de distribución; un problema de productividad de la economía y del sistema social.

La mayoría de pasivos pagan el precio de la mora en el crecimiento de la productividad “económica” y de la baja productividad del sistema social. A falta de políticas de fondo sobre la inflación y la productividad, esta compensación es buena noticia. Pero la ausencia de estrategias de fondo augura una nueva postergación de la verdadera superación del problema.

De la misma manera detrás del Plan Progresar está el drama de las raíces de la pobreza y el desempleo de dos generaciones, que han estado madurando sin que hayamos reaccionado a tiempo. La compensación, medida sensata, es para la foto de los jóvenes que ni estudian ni trabajan.  Pero ellos son parte de una película que empezó a rodar hace 40 años y no se ha detenido. La escuela primaria es una estación de recuperación que no logra su objetivo. Y más atrás de ella, la vida de sufrimiento de nacer en la pobreza y el desempleo, es un condicionante que vela oportunidades. Y hacia adelante se hace evidente la falta de oportunidades atractivas, en un medio que incita a la propia destrucción.

La compensación está muy bien. Pero, como en el caso de las jubilaciones, no ataca al problema de fondo. No se resuelve de un día para otro; pero no se resolverá sin un primer paso hacia el origen.

La palabra de CFK ratificó su visión en el sentido que los problemas “se compensan”. Lamentablemente los remedios no alimentan.

Y en la misma frecuencia están las decisiones económicas adoptadas, devaluación, freno a las importaciones, alza de las tasas de interés, presión por liquidación de divisas, etc. En gran medida son “compensatorias”; y como tales aspiran a tener resultados respecto del presente sin ir al hueso: tienen mucho de photoshop y claro que pueden mejorar la imagen. Y tal vez las expectativas.

Precios cuidados publicados y otros conversados con productores de insumos difundidos, convergen a la búsqueda de la “paz Kicillof” en el frente interno; mientras que para fuera se siguen tirando líneas de esa “paz” a la pesca de unos dólares de largo plazo y se espera la llegada de la soja. Nada nuevo, como decía, Roberto T. Aleman “una cosecha nos salva”.

Lo diferente, con otros tiempos, no parecen ser los remedios.

Pero respecto de los problemas no tenemos una brújula del cómputo de la inflación y hasta la del cálculo del PBI. Y en esas sombras puede ser que no reaccionemos a tiempo si es que ingresamos demasiado rápido al escenario de precios que, en el mejor de los casos, sigan como ahora; mientras el PBI puede ajustarse al ritmo veloz de la tasa de interés. Las tasas de sobregiro bancario están arriba de 100 por ciento anual. ¡Cuidado! No hay peor ortodoxo que el que no quiere oír.

Fíjese que en esas sombras nos pueden encandilar la baja de la brecha, la mejora en la dinámica de las reservas, la desaceleración de los precios y – con suerte – el estancamiento del producto; y hasta el control de las paritarias, si es que comienzan a erosionarlas las presiones de la flojera en el empleo.

¿En esas condiciones será difícil mejorar las expectativas previas a la devaluación y al mazazo (con z) de las tasas?

La confianza en el gobierno, según la medición de la Universidad Di Tella, estaba cayendo aceleradamente; y lo mismo pasaba con la medición de la confianza de los consumidores. La primera medición refleja la confianza en la capacidad de la presente administración para resolver los problemas. La otra es la medición de cómo imaginan los ciudadanos que serán sus condiciones de vida en lo inmediato. Ninguna de las dos rebozaba optimismo. Pero ha habido momentos peores. ¿Los últimos pasos ayudarán a revertir la tendencia?

El Índice Líder de la UTDT nos anunciaba una fuerte probabilidad de economía a la baja mientras; la medición de las expectativas de la inflación se mantienen en el 30 por ciento para todo el año. Es decir, antes de las medidas, las expectativas eran de alta probabilidad de estanflación.

Las medidas tomadas en estos días, después de un primer impacto y en particular como consecuencia del efecto de las tasas de interés, pueden ayudar a frenar la inflación pero a costa de menor actividad. La búsqueda de dólares si tiene éxito puede hacerle el aguante a la soja. Y todo eso conformar el combo compensador. Pero después de la soja sigue el calendario. Y ese nos dice que el invierno es caro. La manta que puede cubrir esa sábana demasiado corta que aparece en pantalla, es la de la inversión. Y esa se construye en un escenario concreto que consiste en una política de desarrollo. La que todavía no se presentó.

Todos, opositores y ahora los oficialistas, sueñan con las PASO para resolver las listas; pero para resolver como aprovechar nuestras oportunidades y salir del circulo vicioso de que “ya viene la soja o vamos por la deuda”, hace falta reflexionar en serio sobre lo qué nos pasa, porqué nos pasa y cómo garantizar que no nos pase más.

Y aquellos políticos que no están preparados para esa tarea, lo mejor que pueden hacer, si van a seguir en silencio sobre lo principal, es despejar el campo y decirnos “por ahora paso”.

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05 febrero 2014

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