CUIDADO CON EL POZO

8 de marzo de 2014

Carlos Leyba

Primero las buenas. El gobierno, devaluando fuerte y aumentando las tasas de interés a lo macho, ha logrado reducir la brecha entre el paralelo y el oficial. Con eso logró sacar de los diarios los titulares que producen nerviosismo financiero. Paz cambiaria. No es poco. Batalla ganada.

Recordemos cómo ocurrió.  La brecha fue la consecuencia del cepo. Y el cepo consecuencia de la fuga de capitales, el ahorro nacional que se exporta con nada a cambio; y la fuga fue consecuencia, entre algunas otras causas, de la ausencia de una moneda nacional capaz de preservar su valor en el tiempo.

El gobierno aflojó el cepo y cerró la brecha. Pero no ha hecho mucho en pos de fortalecer la moneda. Salvo que, en subsidio y siguiendo la más férrea versión de la ortodoxia neoliberal y fondomonetarista,  apeló a la suba de la tasa de interés.

Esa suba obliga a liquidar posiciones que aflojan las tensiones cambiarias y tiene efectos depresivos en la demanda del sector privado y es una fuerza de carácter recesivo que tiende a morigerar el “efecto demanda” sobre los precios. Pero del lado de los costos privados, que presionan sobre los precios, hay que computar la devaluación, los mismos intereses que la acompañaron, la inflación heredada y los costos fiscales (tarifas, subsidios), entre otros; y además hay que computar las expectativas de que se sumen otros costos y que pasan – entre otros – por la discusión salarial.

Este comentario, ligero por cierto, tiene la misión de tratar de comprender que detrás de la paz cambiaria – el éxito – se agolpa una presión a la baja de la actividad y una presión al alza de los precios. Si las dos cosas se dan en magnitudes mayores a las que ya tenemos, el éxito será más que efímero. O el silencio previo a la tormenta.

Esa situación de estancamiento en la actividad y nerviosismo en los precios, tiene un nombre y es el de “estanflación”. Un escenario económico al que se entra sólo por acumulación de errores. Nunca ocurre de golpe. Siempre ocurre por dosis tolerable que una vez acumuladas producen una enfermedad de difícil tratamiento. Se entra sin que se note. Muy difícil salir con un solo operador. Me explico.

Las herramientas keynesianas son excelentes para salir del estancamiento de la actividad, generalmente asociado a precios en retirada. Las herramientas ortodoxas son eficaces para aplacar la inflación cuando el nivel de actividad es muy próximo al producto potencial.

Pero para la estanflación ninguna de las dos, más allá de las consecuencias no deseadas que tuvieren, sirve para resolver el problema. El gobierno por ahora metió el freno ortodoxo de devaluación fuerte y tasas de interés muy fuertes. Mantiene por ahora en el mismo nivel el nivel del gasto público que podría llevar una etiqueta keynesiana.  Nadie espera que la actividad levante y que la inflación desacelere en dosis interesantes.

Es que la única herramienta razonable para esa situaciones es la cooperación tripartita. El acuerdo social. No hay otra.

El ajuste ortodoxo genera, en estas condiciones desempleo. Y en estas condiciones el combate al desempleo por vías puramente keynesianas genera más inflación. Ahí estamos. La actividad se ha estancado y amenaza tornarse recesiva; la inflación no aterriza; y tenemos señales de problemas de empleo. El escenario de corto plazo nos anuncia un bache. La profundidad del mismo no la conocemos. Ahora bien, como dijo el actor Alfredo Casero, en la vida, “Todo se empieza desde abajo; lo único que se empieza desde arriba es un pozo”.

Claramente en este evento, la reacción del gobierno ha sido enfocar todo desde arriba, es decir tirar misiles o ponerle un techo al incremento de los salarios nominales o, lo que es lo mismo, apuntar a una baja del salario real. Eso es empezar desde arriba. Pozo. Para muchos esa es la única manera de lograr una verdadera devaluación.

Uno de los graduados en economía que ocupa un lugar destacado en el oficialismo, Roberto Feletti, nos aclaró que la devaluación había sido una decisión oficial para lograr mayor competitividad. ¿Qué cosa es “la competitividad”? Veamos, un producto, un sector, una economía es más competitiva, cuando ese producto, ese sector o esa economía ganan participación en el respectivo mercado mundial. El mercado mundial incluye a la economía de la nación, el sector o el producto de cuya competitividad se habla. Si mi industria de zapatos ha aumentado su participación en el mercado mundial, entonces, es más competitiva. La primera restricción es que no se puede alegar más competitividad si para alcanzarla aumentó la desocupación o bajaron los salarios en términos reales. La segunda restricción es que todas las intervenciones sobre el comercio internacional distintas al tipo de cambio – incentivos o barreras – no forman parte de “la competitividad” básica, sino de otro concepto que podemos llamar “competitividad dinámica”. Es decir intervenciones ajenas al tipo de cambio para alcanzar, en un tiempo determinado, el nivel de competitividad básica. Lo que está claro es que lograr competividad por la vía de una devaluación que baja los salarios o el empleo, no es precisamente un escenario ni de competitividad básica ni de competitividad dinámica, sino el escenario de un ajuste sobre el nivel de vida de los sectores asalariados.

Tan en el centro del debate está esta cuestión que el gobierno ha mandado dos señales muy fuertes, todas por arriba, la primera, su participación en la paritaria docente ha sido ponerle un techo a los salarios por debajo de la inflación pasada y por debajo de la inflación esperada, si es que el gobierno no hace nada expreso para contener la inflación y nada ha anunciado en ese sentido. Es decir el grueso de la administración pública tendrá un frenazo en los salarios. La segunda es la reunión con la cúpula de la UIA a la que le ha señalado que no convalidará aumentos de salarios “desmedidos”.  Es decir el techo salarial en 2014 será para todos y todas. Una ratificación de que el camino de la ortodoxia, al menos por ahora, ha sido tomado a pecho, tasas de interés arriba y salarios reales abajo, como únicas armas contra la inflación. El gobierno puede decir, hasta ahora, que “no hacemos lo que decimos, ni decimos lo que hacemos”. Néstor Kirchner repetía, frente a algunos empresarios, “no se guíen por lo que digo sino por lo que hago”. El hacer de CFK hoy – en política económica – es elegir como armas potentes las de la ortodoxia. No todas. Pero si la tasa de interés y la baja del salario real. A la manera de Deng Xiaoping nos dice  “no importa el color del gato, sino que cace ratones”. Pero esos gatos ¿cazarán al ratón de la inflación?

Los ortodoxos puros le dicen “no si no reducís el gasto público no financiado sin emisión monetaria” no bajarás la inflación. El consejo apunta a volver al mercado de la deuda. Axel Kicillof transitó ya varios caminos por fondos más o menos frescos, y nada logró. Así que el gobierno ha decidido ya sumar a la “paz cambiaria” la “paz financiera”. Dio varios pasos para esa conquista: pagó cuentas en el CIADI; pagará cuentas por YPF; trató de calmar a los holdouts asociándose a algunos buitres y haciéndole mohines al gobierno americano; CFK viajará a Francia a buscar el acuerdo con el Club de Paris; reconoce la inflación real; pagará por un crecimiento inexistente los cupones ajustados al PBI; aceptará de alguna manera el monitoreo del artículo IV del FMI; y seguramente abrirá una nueve fuente de negocios financieros llamado “nueva deuda externa”. Para la ortodoxia, que celebraba los superávit gemelos de la era K, se habrán hecho así gran parte de los deberes. Pero si la inflación no baja, dirán que el financiamiento externo del déficit es insuficiente y seguirán pidiendo más ajuste.

Es que el camino hasta ahora emprendido es un clásico “desde arriba” y desde ese lugar lo único que se hace es “un pozo”. Construir desde abajo es aceptar que la inflación es una enfermedad que exige un tratamiento integral en el que los trabajadores, los empresarios y el Estado tienen que aportar. Nada se construye desde abajo sin ceder. Y para construir en serio hacen falta muchos elementos y el primero es acordar el plano. Y como es una tarea larga que va mas allá de lo que resta hasta 2015, el gobierno debe aceptar la presencia de otros: la política de las oposiciones no puede estar ausente. Ningún sector empresario ni  ninguno del trabajo tampoco.

No es sólo que tenemos inflación alta y que la economía se está frenando y que las expectativas sean negativas. Es que, además, no tenemos una dinámica de inversión que nos augure un futuro de expansión por encima de las dificultades presentes; y – lo que es más grave – tenemos a un cuarto de la población viviendo en la pobreza desde hace tres generaciones. Más bien que esa responsabilidad excede a este gobierno.

Y esto vale apuntarlo porque ninguna solución a la inflación o a la recuperación de un nivel de actividad será sana, será desde abajo, sino genera una dinámica de inversión y no ayuda a reducir drásticamente las condiciones de la pobreza.

Nuestro país está sufriendo la presencia del narcotráfico, no sólo con la “alegría” VIP de la ola de nuevos ricos al comando, sino con la devastación de los jóvenes de los sectores sociales más vulnerables; y la radicalización de las mafias asociadas. Ese nuevo escenario es la amenaza de un polvorín social si la simplificación del ajuste – la medicina de la sangría y la amputación, que tanto prestigio tiene en el neoliberalismo y que ha conquistado la cabeza de muchos funcionarios de este gobierno – se convierte en el gato más a mano para cazar ratones. Ya pasamos experiencias dramáticas, como las de la convertibilidad que nos dejaron el porcentaje de pobreza que aún nos acompaña. Estamos a tiempo de empezar en serio desde abajo. Tenemos por delante una cosecha extraordinaria con precios en alza. Un escenario clásico de “una cosecha nos salva”. Lo peor que nos podría pasar es que el oficialismo crea que esas abundancias son producto de su política y que, en consecuencia, pierda la oportunidad de ponerse generosamente a la búsqueda de un acuerdo para hacer el plano de una construcción desde abajo que es la única que perdura y que no se olvide que desde arriba lo único que se construye es un pozo.

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08 marzo 2014

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